Infokrisis.- Hace quince años, a medida que fuí comprobando la naturaleza de las terapias de la Nueva Era, me sorprendió que una parte no desdeñable derivaban del viejo psicoanálisis. La parte que Carl Gustav Jung tenía en este movimiento era extraordinaria. Pero no sólo Jung, sino también Freud y en gran medida incluso Wilhelm Reich. Así pues, decidí que para estudiar las terapias de la Nueva Era era preciso realizar un viaje a lo esencial de estos tres psiquiatras. Los apuntes están completados por un vídeo sobre la vida y la obra -la más problemáica- de Wilhelm Reich.

 

EL TRIO DE LA PSIQUE: FREUD, REICH, JUNG

          Regresemos a los orígenes. Era inevitable que lo hiciéramos, por que las referencias a Freud y a sus discípulos, van a ser, a partir de ahora, continuos. No son muy lejanos, apenas un poco más de un siglo, allí en la consulta del doctor Freud.

          En otro tiempo incontestable, el psicoanálisis sufre hoy ataques  por todos los frentes. Se duda de su eficacia terapeutica, se  cuestionan sus bases e incluso se pone en entredicho la  estabilidad mental de su fundador y de muchos de sus exponentes. Cuando se ha cumplido un centenario desde los primeros trabajos  de Freud, es lícito preguntarse que queda de la psiquiatría freudiana y de sus continuadores... pero ello implica realizar una excursión por un terreno resbaladizo en el que frecuentemente se cae en lo paranormal.

          El 2 de junio de 1884 un hombre escribía a su novia: "...si te  atreves, veremos quién es el más fuerte, una dulce chiquilla que  no come lo necesario o un hombretón fogoso que lleva cocaína en  el cuerpo". El autor de la carta era Sigmund Freud que a  continuación añadía: "En mi última depresión seria tomé de nuevo  la cocaina y una pequeña dosis me llevó a las alturas de manera  prodigiosa"; la frase bien parece un slogan publicitario del  Cartel de Medellín...

          Es importante subrayar que este párrafo no tiene nada que ver con el interés médico‑científico de Freud por la cocaina: refleja solo una adicción viciosa. En 1886 el doctor Erlenmayer, definió a la cocaina como "el tercer azote de la humanidad", despues del alcohol y la morfina. Cuando Freud experimentaba con cocaina, otros muchos muchos científicos ya habían dictaminado lo peligroso de esta droga y estudiado sus efectos nocivos sobre el organismo.

          La fijación de Freud por la cocaina y su afición a ingerirla es  significativa en más de un aspecto. Hace falta considerar el poder afrodisíaco de esta droga para advertir que ya, desde su juventud, el factor erótico tenía un peso anómalo en su ecuación personal. La cocaina efectivamente, no es solo un tonificante muscular, el sector que activa con más violencia y de manera más compulsiva es la imaginación erótica.

          El flujo de sugerencias e imágenes eróticas que invaden el cerebro son el principal elemento creador de adicción. Y en Freud esto no fue diferente. Sin embargo, Freud intentó durante unos años edificar una teoría médica, acaso para justificar su adicción, afirmando contra toda lógica que la cocaina curaba distintos tipos de enfermedades, desde la morfinomanía, hasta el dolor de estómago, pasando por las enfermedades cardíacas y las manías depresivas.

          Es innegable que Freud, a lo largo de toda su vida, fue un paciente y minucioso observador de sí mismo: lo que valía para él, aquello que le atraía, tendía a generalizarlo hasta alcanzar valor para los demás. No es de extrañar que, sobre esta base tan poco científica, estableciera la sexualidad como nudo de todos los conflictos de la psique.

          Probablemente si la cocaina no hubiera estimulado la mentalidad  erótica de Freud como solo esta droga puede hacerlo, el psicoanálisis no hubiera colocado tanto énfasis en la sexualidad. De ahí que el episodio de la cocaina no sea un mero accidente en el freudismo, sino la primera piedra sobre la que se edificó luego todo el sistema.

          El nacimiento de la terapia psicoanalítica debe también mucho al  fracaso de Freud como hipnotizador. En la última década del siglo  XIX, famosos psiquiatras como Charcot (de quien Freud se decía discípulo y con quien trabajó en la siniestra clínica parisina de la Salpetriere para enfermos mentales), Bernheim, Liebeault o Breuler, utilizaban la hipnosis para curar ciertas depresiones y afecciones histéricas. Freud fue uno de ellos.

          Aprendió la técnica del propio Charcot, pero hacia 1890 empezó a  convercerse de que jamás sobresaldría como hipnotizador. No es que dudara en aquel momento de la eficacia de la hipnosis, era que carecía de cualidades de hipnotizador. Se terminó convenciendo cuando, tras la preparación previa, con el consabido péndulo moviéndose ante los ojos de una paciente, le ordenó que se durmiera; por fin, sentenció imperioso: "Ya está dormida". La muchacha, sin inmutarse abrió los ojos: "No, doctor; no me he dormido".

          Todo esto no se situaba precisamente dentro de las coordenadas  positivistas y científicas que dominaron la evolución del saber entre finales del siglo XIX y principios del XX. Más parecen propias de un espectáculo de variedades.

          El psicoanálisis tuvo mucho más contactos con lo irracional. Wilhem Fliess, amigo íntimo de Freud, frenólogo, tenía ciertos conocimientos de khabala hebrea, en particular, estaba obsesionado por la numerología y supo transmitir esta obsesión al propio Freud, hasta bien entrada la madurez. Este, inducido por Fliess, creyó hasta 1920  que la vida del hombre se gobernaba por ciclos de 28 días en la mujer y de 23 días en el varón. Las relaciones hombre‑mujer estarían marcadas por las cifras 5 (28 ‑ 23) y 51 (28 + 23).

          Es curioso pero todo este delirio de Fliess goza de gran predicamento entre los fieles de la Nueva Era. De aquí, efectivamente, ha derivado toda la teoría de los "bioritmos". Fliess colaboró con el doctor Hermann Swoboda quien intuyó la existencia de estos ciclos de 23 y 28 días que, creían, influenciaba en el terreno de la biología individual. He conocido algunos oficiales del ejército que calculaban los biuoritmos de sus soldados para conocer si estaban en disposición biológica de hacer guardias; he conocido tarotistas que utilizaban el mismo sistema para completar el perfil psicológico de sus clientes. Y en los ambienttes "new age" se le tiene por infalible; abunda toda una literatura relacionada con el tema distribuida en los mismos circuitos que cualquier otra terapia del a Nueva Era. Y sin embargo, los bioritmos, a pesar de ser avalados por Swoboda y Fliess, y durante un tiempo por el propio Freud, a pesar de su actual reputación, carece completamente de base científica; es pura y simple superchería. No queda claro el motivo por el que los biorritmos empiezan a calcularse en el momento del nacimiento, y no en el momento de la concepción. Esta es la objeción más simple, pero existen otras igualmente pesadas: por ejemplo, la absoluta ineficacia de las previsiones, que solo muy difícilmente tienen algo que ver con la realidad. Una gripe no depende del ritmo físico, sino de una serie de circunstancias muy diversas; de la misma forma que los lunes el ritmo emocional está más amuermado que los viernes por la tarde. Inútil seguir por este camino.

-        Fliess, como Freud, eran judíos. Como se sabe la khabala (=  tradición) es el compendio de esoterismo hebreo que atribuye gran importancia a la numerología. Cada letra del alfabeto hebreo tiene un valor numérico y la suma de las letras de una palabra da una cifra concreta. Esta técnica se llama guematría y goza de gran predicamento en el ámbito de la Nueva Era. Puede darse el caso de palabras con distinto significado, cuyo valor numérico sea el mismo: se dice entonces que ambas palabras contienen conceptos identificables. Junto a la guematría, el "senderismo" es otra de las aportaciones de la tradición khabalística en la temática de la Nueva Era. Ya habrá ocasión de insistir en este tema en otro lugar de este libro, baste decir ahora la khabala floreció en el judaismo medieval y lo que se encuentra en tandem Fliess‑Freud es un eco remoto y cortado de todo contacto con la tradición hebrea.

          Pero hay otro eco, igualmente lejano, del hebraismo en la obra de  Freud y que tiene desembocaduras excepcionalmente vivos en el ambiente de la Nueva Era. Nos referimos a los sueños. El hebraismo, ya desde los  tiempos bíblicos, había hecho de la interpretación de los sueños una especialidad sacerdotal. Existía toda una codificación de los  distintos tipos de sueños, que se suponía albergaban contenidos  premonitorios.

          Todas las civilizaciones tradicionales insistieron en el análisis de los sueños: era en el sueño, cuando el espíritu se liberaba  expontáneamente de la cárcel de la materia y volaba solo. Esta  experiencia incondicionada, estaba más allá del espacio y del tiempo, por tanto, podía ser utilizado con fines paranormales: adivinación, videncia, etc. siempre dentro de un contexto sagrado: era el sacerdote, quien interpretaba el sueño, no un profano.

          Freud, lo que hace, es abordar el estudio de los sueños desde una perspectiva laica y pansexual. Los reflejos del sueño, no serán otros que los que deriven de la líbido, condicionante universal, no tendrán ningún poder premonitorio, sino que serán un reflejo de los bajos fondos de la psique, que sacarían a la superficie y permitían intuir lo que el paciente, inconscientemente, se negaba a revelar a su psicoanalista.

          El gran mérito de Freud consistió en enunciar, en un momento en el que el materialismo y el positivismo inhundaban todos los aspectos del universo científico, la existencia de una región inferior a la conciencia ordinaria pero que influye en ésta, el "subconsciente" y lo condiciona.

          La idea de esta región situada por debajo de la conciencia ordinaria no era de Freud, si bien la popularizó él. En el remoto pasado védico, los sabios hindúes ya habían teorizado sobre la diferencia entre "samskara" y "vasana". El mundo clásico greco‑ latino aludió a las "oscuras profundidades del reino de Neptuno en donde moran terribles monstruos", aludiendo al subconsciente o inconsciente. En los relatos graélicos y en las sagas nórdicas se aludía a la enigmática presencia de espadas rotas que el héroe debe unir, haciendo referencia a las dos partes de la conciencia que debe unificar y sacar a la superficie.

          En un período más reciente, desde Gustav le Bon hasta von Hartman  aludieron a un mismo orden de ideas. El propio Franz Messmer, -redescubierto por la nueva Era y que hizo furor a principios del siglo XIX con su teoría sobre el magnetismo animal y sus capacidades como hipnotizador- pueden ser considerados como redescubridores de esta dicotomía entre conciencia ordinaria y subconsciente.

          Ahora bien, el concepto freudiano adolece en un aspecto fundamental: Freud considera solo los aspectos negativos de una componente "infernal" en la mentalidad humana, en absoluto de una componente "divina". Freud solo se fija en lo que está "por debajo" de la conciencia ordinaria, nunca en lo que puede estas "por encima" de la misma.

          De la misma forma que la personalidad humana puede sufrir dos tipos de disolución ‑en el seno de la masa o disolverse en el curso de una experiencia mística disolucion "hacia abajo" una y "disolución por arriba", la otra‑, también la conciencia ordinaria puede ser trascendida. El hombre así considerado, desde el punto de vista freudiano, es un hombre roto, lejos de una integridad totalizadora, amputado de toda aspiración hacia la trascendencia que es considerada como una neurosis.

          El aspecto más extremista de la teoría psicoanalítica es precisamente el percibir en la sexualidad el origen de toda neurosis, y más específicamente en la sexualidad infantil. "El niño tiene un deseo innato de tener relación sexual con su madre, pero se siente amenazado en la ejecución de estos deseos por el padre, que parece tener derechos de prioridad sobre la madre. El niño desarrolla ansiedades de castración al darse cuenta de que su hermana no posee un pene, el maravilloso juguete que tanto significa para él y su miedo agravado le hace rendirse y "reprimir" todos esos deseos inconvenientes, que viven, como en el famoso Complejo de Edipto, en el subconsciente, promocionando toda suerte de terribles síntomas en la vida posterior". Tal es el resumen que el profesor Eysenk hace de la médula de la teoría  freudiana.

          Solamente la historia de la cultura occidental ha alcanzado un grado tal de aberración, cuando Lutero definió el alma humana como un burro que no importa si es montado por Dios o por el Diablo... Cualquier persona de espíritu sano que sienta por sus padres y hermanos un normal y natural amor desinteresado y puro, puede percibir en las teorías de Freud un aroma insano y  enfermizo y si escarba un poco más y comprueba la ausencia absoluta de pruebas científicas que demuestren tales perversiones, no dudará en atribuir a una mente enferma tales  enunciados: de la misma forma que el GULAG estaba implícito en Marx, la  enfermedad mental anidaba en Freud.

          El freudismo buscó organizarse en la Asociación Psicoanalítica de Viena, primero y luego en la Asociación Psicoanalítica Internacional. En ambos casos, estuvo presente un aroma sectario. La secta del doctor Freud, como cualquier otra secta 1) rendía  fidelidad acrítica al "gurú", 2) se creía detentadora absoluta de la "verdad" ("Estamos en posesión de la verdad; tanto ahora como hace 15 años". Freud), 3) toda desviación de la verdad oficial establecida por el "gurú" era castigada con la expulsión y el ostracismo (casos de Adler, Rank, Jung), 4) la secta tiene sus propias joyas y signos de reconocimiento: una entalladura griega antigua, en un anillo de oro distribuidos por el propio Freud a los más fieles, y 5) la secta tiene su "capítulo secreto": compuesto por psiquiatras psicoanalizados por el propio Freud, quien impuso el carácter secreto de este "comité". ¿Se trataba o no de una secta?

          El profesor Eysenk en su libro "Decadencia y caida del Imperio  Freudiano" recuerda las características del paciente ideal:  "Preferentemente debería ser joven, bien educado, no demasiado  seriamente enfermo y razonablemente rico...", aun así no se le  garantiza, ni el tiempo que va a durar el tratamiento, ni si va a dar resultado. Si finalmente el paciente se cura es por obra del  psioanálisis, si persiste en su patología es que no ha alcanzado a saber explicar en qué consiste su problema. Ahora bien, cuando en medicina un tratamiento fracasa es que la teoría sobre la que se basa es incorrecta; Freud insiste en que un tratamiento puede no funcionar ‑por motivos desconocidos‑ aunque la teoría sea correcta. Por el contrario, no duda en descalificar tratamientos alternativos que tienen éxito en pacientes sobre los que el psicoanálisis ha fracasado, en tanto que se basan en "teorías erróneas".

          Así por ejemplo el psiquiatra freudiano que trate un caso de agrofobia se preocupará por conocer el origen del mal e interminablemente obligará al paciente a que se explaye sobre los más nimios recuerdos de su infancia con la esperanza de poder encontrar una pista que le permita comprender las motivaciones profundas. Aun en el caso ‑estadíticamente no muy alto‑ que consiguiera conocer el origen infantil de la fobia, no se asegura que la psiquiatría analítica pudiera curarlo. Un psicólogo no freudiano, conductivista, se limitaría a acompañar al paciente al campo y, por mucho que sea su inquietud inicial, le conminará a que siga allí; hasta que el terror a los espacios abiertos se disipe por sí mismo y el paciente comprueba ‑a la fuerza‑ que nada debe temer. El adiestramiento basado en la educación, es anatemizado por los freudianos. En efecto, es más simple, menos  costoso para el paciente y aporta menos beneficios al terapeuta...

          Sin embargo, es cierto que algunos pacientes del psicoanálisis se  curan. Esto no demuestra en absoluto la bondad de la teoría. Generalmente los pacientes acuden a un psiquiatra cuando ya están muy destrozados por la enfermedad; en ese momento ya existen pocas posibilidades de que puedan empeorar más. Por otra parte, es cierto que un porcentaje alto de neurosis se curan por sí mismas despues de hacer crisis, sin ayuda de nadie. En el resto, entra en juego el llamado efecto placebo.

          Y en ocasiones el "nocebo". Obsérvese sino el siguiente relato que tiene como protagonistas al propio Freud y a una de sus pacientes más famosas "Dora", entresacado del libro de Janet Malcom "El psioanálisis, profesión imposible": "Freud trató a Dora como un  adversario mortal. La acorraló a gritos, la puso trampas, la empujó hasta los rincones del estudio, la bombardeó con sus interpretaciones, no le dió cuartel, fue tan intratable, a su  manera, como cualquier miembro del siniestro círculo familiar de la enferma, fue demasiado lejos y finalmente la echó" (...) "Dora la dijo que había sufrido un ataque de apendicitis. El Freud lo  negó bruscamente y perentoriamente decidió que la apendicitis había sido, en realidad, una preñez histérica que expresaba sus  insconscientes fantasías sexuales".

          Dora era Ida Bauer, apenas tenía 18 años, era inteligente y hermosa, sufría desmayos, catarros y pérdida ocasional de voz, y otros trastornos. A Freud le importó poco el cuadro médico de la joven, muy sensible por lo demás, ni siquiera se tomó la molestia de proceder a un reconocimiento médico clásico. Puede suponerse el trauma que representó para la muchacha el encontrarse sola, encerrada y sin posibilidad de abandonar la sala, con un sujeto que la acosaba con obscenidades, gratuitas por lo demás. A las pocas semanas Dora abandonó el tratamiento en el mismo estado en que llegó.

          No ha sido el único caso. Frecuentemente los psiquiatras inducen en los pacientes el tipo de respuestas que quieren obtener: los psiquiatras freudianos obtienen de sus pacientes "sueños freudianos", los psiquiatras "junguianos", obtienen sueños  "junguianos"; los pacientes, poco a poco, a lo largo de los extensos tratamientos, cotejan las preguntas y los comentarios realizados por sus terapeturas y, en muchos casos, suelen dar aquellas respuestas que los psiquiatras esperan obtener de ellos. Solo así logran evitar el acoso y eludir terrenos que les parecen insoportables. A partir de aquí, a la dolencia específica del paciente se añade una preocupación suplementaria: el evitar el  asedio del psiquiatra. No es raro que pacientes que han llegado en momentos en los que se enfermedad remitía, hayan vuelto a recaer en las más profundas depresiones.

          Más aun que Freud, Wilhem Reich y Gustav Jung han influido extraordinariamente en la Nueva Era; de Reich han derivado distintas terapias: CORE-Energética, bioenergética, rolfing, etc. Incluso los catálogos de objetos de "new age" se han visto repletos de acumuladores orgónicos, cañones para romper nubes y otras lindezas a precio de mercado.

          Lo terrible es que Wilhem Reich murió completamente loco y todo este material fue creado precisamente en el momento en que ya empezaba a demostrar desequilibrios paranoides. No puede extrañar que algunos de sus herederos hayan terminado por regresar a aquello que siempre ha estado tan cerca del psicoanálisis: el ocultismo; ya veremos más adelante por qué decimos esto.

          A principios de los años setenta se habían publicado algunos libros de Reich en español, pero ya antes había suscitado el interés en algunos psiquiatras como el doctor Ramón Sarró, amigo personal de Reich y alumno suyo en la Policlínica de Viena, o Ramón García, profesor de la Escuela de Psiquiatría de la Universidad de Barcelona. Pero no fue sino hasta la primavera de 1978 cuando Carlos Frigola, que había sido alumno de Eva Reich -hija de Wilhem Reich- en la Tavistock Clinic de Londres, la invitó a dar unas conferencias y seminarios en las Universidades de Valencia y Barcelona. A raíz de estos cursos se organizó un encuentro en Figueras (Gerona) en donde, asistiendo la propia Eva Reich, fue creada la "Fundación Wilhem Reich" que todavía realiza cursos, seminarios y edición de la "Revista de Ciencias Orgonómicas".

          Me han explicado varios y varias veces la esencia del pensamiento reichiano. He leido varias biografías del controvertido psiquiatra y debo reconocer que, salvando los escritos que publicó antes de llegar a Estados Unidos y que lo único que hacen es llegar a las últimas consecuencias de la teoría freudiana sobre la importancia de la sexualidad en el comportamiento humano, el resto me parece pura locura. Reconozco, eso sí, que su "Psicología de Masas del Fascismo" es un análisis bastante lúcido de lo que fué el movimiento nacional-socialista alemán y que superaba con mucho al resto de análisis de la época en que fue publicado. Pero me veo obligado en parar aquí las alabanzas.

          Creo que es bueno decir que los datos en los que me baso para afirmar que Reich murió completamente loco los he obtenido de una biografía tan ingenua y favorable como la escrita por Ilse Ollendorff, esposa de Reich en su período americano. Después de colaborar durante 12 años ininterrumpidamente con Reich, la Ollendorff reconoce que a medida que iba pasando el tiempo cada vez enténdía menos de las teorías de su marido. Es patético cuando explica la fabricación del primer acumulador de energía orgónica -apenas una caja de cigarros, "con cellotex en la parte exterior y una hoja de acero en el interior, con respiraderos en la tapa"- y acto seguido explica que Reich se sentía increiblemente solo, "necesitaba hablar y yo estaba allí para escucharlo, pero no comprendía las implicaciones de lo que decía ni tampoco las entendía ninguna otra persona de su alrededor".

          Reich escribió a Einstein en 1940; se entrevistó durante 5 horas con él en Princetown en enero del 41, habló con él sobre la "energía orgónica" e incluso le llevó un "acumulador". Einstein se comportó gentilmente con él, lo despidió y no quiso volver a saber nada más del asunto. Reich atribuyó esta repentina indiferencia a "una conspiración general de inspiración comunista". El caso supuso un grave quebranto moral para Reich que ya se veía trabajando junto a Einstein y otros cerebros científicos. Estaba harto de tratar neuróticos, quería abrirse campo en el terreno de las ciencias físicas y encontrar el nexo de unión entre psique y materia. En 1942 Reich empezó a tratar pacientes de cáncer con los acumuladores orgónicos y a venderlos. Hay que decir que el acumulador no era vendido como remedio contra las enfermedades sino como una forma de fortalecer el cuerpo, y por tanto a hacerlo inmune a las enfermedades y capaz de derrotar a las que ya estaban en curso. La administración americana prohibió en 1956 la venta de estos aparatos. La venta apenas había llegado a las 300 unidades.

          Probó también un motor de energía orgónica, pero en esa época su manía persecutoria se había ido ampliando. Uno de sus ayudantes, un muchacho problemático, desapareció, Reich sostuvo la teoría que el "joven había sido había sido secuestrado por conspiradores comunistas que querían el secreto de la fuerza motriz en la energía orgón". El joven nunca apareció, pero la Olendorff sostiene que había sido internado en una clínica psiquiátrica. En 1950 las cosas no mejoraron; Reich concentró esfuerzos en la realización de un "rompenubes" o "cloudbuster" que no era otra cosa más que "un dispositivo de tubos huecos ubicados en una suerte de placa giratoria que podía manipularse para que apuntara en la dirección deseada. Los tubos estaban conectados con cables que debían introducirse en la tierra o en una fuente de agua corriente. La teoría era que los tubos extraerían la energía orgón de las nubes, y que el agua a su vez extraería la energía recogida de los tubos y neutralizaría sus efectos". Claro está que las nubes se rompían, pero es que es preciso ver una nube para saber que es la muestra más clara de lo impermanente.

          Reich en los últimos años de su vida desarrolló toda una teoría sobre los OVNIS; la mayoría de sus herederos han preferido cubrir un tupido velo sobre la última etapa de evolución de su pensamiento,  especialmente entre 1942 y 1957. De todas formas existen artículos y rastros que permiten reconstruirlo.          

          Al llegar a EEUU Reich se radicó en Maine creando la comunidad que llamó "Orgonon". luego veremos el porqué del nombre. Todo se inició en 1952 cuando algunos miembros de la comunidad afirmaron haber visto "platillos volantes". Poco a poco fue obsesionándose con la idea de la presencia de naves extraterrestres que supuestamente observaban a la comunidad de "Orgonon". El las llamaba "EA" iniciales de las palabras "Energía" y "Alpha"; sus tripulantes eran llamados CORE, siglas de "Cosmic Orgone  Engineering".

          Llegó a obsesionarse con la idea de que algunas estrellas eran, en realidad, naves extraterrestres situdas sobre la comunidad de "Orgonon" para vigilarla; aprovechó el "cloudbuster", más adelante denominado "cañón espacial", que disiparía la energía orgónica negativa ‑DOR‑ liberada por las naves extraterretres y causante de las enfermedades del hombre. Estaba convencido que gracias a este instrumento había logrado debilitar algunas "luces azules" estacionadas sobre Orgonon.

          Por lo demás la presencia de naves extraterrestes en nuestro planeta estaría dictada por su necesidad de cargarse aquí de energía orgónica positiva (OR) y desprenderse de la negativa (DOR) en forma de polvo negro que provocaría una lluvia y la consiguiente nausea, cianosis y malestar general.

          En 1956 es condenado a dos años de cárcel por tráfico ilegal de  "acumuladores de energía orgónica" que consideraba el único  remedio contra el cáncer... Murió en la penitenciería de  Willisburg el 3 de noviembre de 1957. En la última fase de su  vida Reich había abandonado la práctica psiquiátrica y proyectaba un nuevo culto basado en la eugenesia y denominado "Hijos del Porvenir"; una parte de sus seguidores renunciaron a sus extravagantes teorías enunciadas tras su llegada a EE.UU., mientras que otros asumieron todos los contenidos, incluidos los ufológicos.

          La "teoría orgónica" habla de que una parte del universo está  compuesto por "materia orgónica" que se manifiesta en nosotros en  el momento de las relaciones sexuales. Contra más acumulación de  "orgón" haya, más posibilidad tendremos de llevar una vida  equilibrada. De aquí que Reich y discípulos vendieran ‑y vendan todavía‑ "acumuladores" de energía orgónica, cuya  comercialización fue causa de las desgracias de Reich.

          Woody Allen satirizó la imagen de Wilhem Reich en la figura del científico loco de su película "Todo lo que usted quiere saber sobre el sexo y no se atreve a preguntar".

          Con Carl Gustav Jung estamos ante otro estilo. Se trata de una persona irreprimiblemente atraida por el ocultismo -algunos dicen que estuvo incluso obsesionado- y por lo que en la época se llamaban "fenómenos parapsíquicos" y que intentó darles una explicación psiquiátrica. Si lo consiguió o si se perdió en su búsqueda, ya es harina de otro costal. Cuando aun era un adolescente su prima Helene Preiswerk empezó a ejercer de medium y Jung gustaba de asistir a las sesiones de oui-ja y a hablar con los muertos. Todo esto le servirá más adelante para componer su estudio "Fundamentos psicológicos de la creencia en los espíritus", muy ponderado en el que explica que los fenomenos espiritistas son meras "proyecciones de la mente inconsciente". Su abuelo, Samuel Preiswerk, catedrático de hebreo, tenía visiones y decía vivir con dos esposas, una viva y otra muerta; una vez por semana, a falta de poder hacer otra cosa, se encerraba en una habitación para hablar con la esposa del más allá. Está demostrado que varios familiares de Jung tenían facultades paranormales. A Helene le pasó lo que a muchos otros mediums, fue perdiendo sus capacidades psíquicas poco a poco, hasta que finalmente -según confesó a Jung- terminó simulando sus trances.

          A lo largo de toda su vida tuvo experiencias paranormales o contactó con gentes que las tenían. Cerca de Londres alquiló una casa de campo en la que aparecía el fantasma de una ancianita, se oían golpes y carreras de animales. Abandonó la casa que, poco después, fue derruida por invendible. Sus sueños eran extraordinariamente vivos y sentidos, frecuentemente alucinatorios.Tanta importancia dió a los procesos oníricos que terminó estableciendo que era posible "soñar" despierto y crear un mundo imaginario con tal intensidad que podría convertirse en realidad. Aquí está el origen del llamado "pensamiento creativo", una de las líneas de la Nueva Era que cuentan con más seguidores.

          En marzo de 1909, Jung visitó a Freud en Viena. No se sabe por qué ambos psiquiatras estaban discutiendo sobre la realidad de los fenómenos paranormales. Freud no creía en su existencia, cuando de repente un gran estruendo salió de un armario próximo. "!Ahí está! ese es un ejemplo", dijo Jung. Freud no quedó convencido y Jung pronosticó otro estruendo inmediato que efectivamente se produjo. Freud empezó a creer en la fenomenología paranormal; Jung murió convencido de que era él quien había provocado el ruido y escribió que durante la conversación había sentido como su vientre se iba recalentando poco a poco.

          Un año después Jung empezó a pensar en la existencia de lo que llamó "inconsciente colectivo". Collin William resume así el origen de su meditación: "En un papiro mágico griego llamado "La liturgia de Mitra", encontró una referencia a un tuvo que cuelga del Sol y que es el origen del viento. Esto le recordó que en 1906 un paciente ezquizofrénico le había contado que veía un falo ereccto en el Sol y que "de ahí venía el viento". También recordó un cuadro de un antiguo pintor alemán que mostraba un tubo que bajaba del cielo y pasaba por debajo de las vestiduras de la Virgen María, y al Espíritu Santo descendiendo por el tubo para fecundarla. ¿Sería posible -se preguntó- que estas tres imágenes hayan salido de la misma fuente profunda del inconsciente?". El pansexualismo freudiano no le convencía. Para Jung el sexo que se evidencia en todos los ritos primitivos no es una muestra de que el eros sea el impulso fundamental de nuestra vida, sino porque forma parte del impulso religioso, aun más profundo. Terminó rompiendo con Freud.

          Por esas fechas ya le interesaba extraordinariamente el "noble arte de la alquimia". Creo que no entendió ni su espíritu ni su forma. La idea de Jung es que los alquimistas vivían tan intensamente sus obsesiones y deseos que los proyectaban sobre su trabajo. Al estar ante el horno de fusión, exacervaban estas fijaciones, hasta que se producían "experiencias psíquicas" que el alquimista tendía a asimilar a experimentos químicos. El alquimista no sería sino alguién que utilizaba sin saberlo su "imaginación creativa", frecuentemente utilizando arquetipos universales, en un proceso que equivalía a soñar despierto. Con "Psicología y Alquimia" ocurre lo mismo que al leer "El misterio de la flor de oro", dedicado al taoismo chino. En ambos textos, Jung ha reunido un material preciosísimo y muy poco conocido. Si vale la pena leer ambos libros es precisamente por esta selección de textos; por lo demás, quien tenga una mínima formación en taoismo o tradición hermética, sonreirá con las interpretaciones junguianas. Este, en el fondo, no hacía sino proyectar sus obsesiones e inquietudes sobre la alquimia. Racionalizar lo que se desarrolla en un plano supra-racional puede ser tan complicado como vaciar todo el agua del mar.

          A principios de los años 50, Reich y Jung compartían la certidumbre en la creencia en los OVNIs. Una sobrina de Jung comentó las conversaciones en las que él afirmaba la existencia del fenómeno OVNI como realidad tangible, pero eso significaba admitir lo que en aquel momento era irracional -la posibilidad de los viajes interplanetarios- por tanto, cuando escribió en 1958 "Un mito moderno sobre cosas que se ven en el cielo", intentó racionalizar el fenómeno. Una vez más se trataba de proyecciones del subconsciente a la búsqueda de un salvador. Discutió con el gran aviador Charles Lindberg sobre este tema sin que lograran ponerse de acuerdo. Limberg comentó luego: "Uno presiente algo de misticismo y grandeza en él, aun cuando esto pueda estar mezclado, a veces, con algo de charlatanería". Freud opinaba lo mismo.

          Se ha dicho que el libro sobre los OVNIs no fue sino mera propaganda de su teoría sobre los "arquetipos" y "proyecciones", relanzándola a través de un tema que entonces empezaba a gozar de gran popularidad. Así mismo, cuando empezó a hablar de la "Nueva Era de Acuario", Jung adaptó el tema a su particular esquema teórico. Aceptaba que la salud mental procede de un encaje entre consciente e inconsciente y la Era de Acuario, en tanto que modélica edad de oro futura, debía de ser el producto de una nueva síntesis. "Nos encontramos -había escrito- en una necesidad mucho mayor de ampliar nuestra conciencia reflexiva, de modo que podamos darnos cuenta con claridad de las fuerzas opuestas dentro de nosotros, y dejemos de intentar hacer a un lado el mal, o de negarlo, o de proyectarlo, como hemos hecho hasta ahora". La Nueva Era decía ser el producto de esta conjunción. Explicó estas ideas en "Respuesta a Job", el libro más popular de todos cuantos escribió y que prefigura toda unla tendencia terapéutica de la Nueva Era.

 

LA HERENCIA TERAPEUTICA

          Freud, Jung y Reich se han convertido en los últimos cuarenta años en un semillero terapéutico, de sus teorías han derivado decenas de sistemas que los tienen como fuentes. Cada una de estas terapias está impartida por uno o varios centros dependientes de centrales internacionales que otorgan títulos y forman terapéutas. La mayoría toman como modelos a la "Asociación Psicoanalítica Internacional" que ya fundara Freud y presidiera Jung. Es fácil reconocer en cada una de estas terapias el modelo original y los añadidos que le han dado una personalidad propia y un factor diferencial. A pesar de las pretensiones científicas y terapéuticas de todas estas escuelas me permitirán si les digo que he observado en ellas un parroquialismo y provincialismo demasiado evidentes.

          Al igual que casi todas terapias de la Nueva Era, las derivadas del psicoanálisis originario pretenden educar al paciente y ayudarle a que sea él quien resuelva sus propios problemas. El tiempo que dura esta auto-educación es variable y depende de cada escuela. Unos prefieren procesos largos y prolongados (en torno a 500 horas), otros, en cambio, consideran que con una sola sesión basta. Parece que en esto rige una especie de ley física de compensaciones: a fin de cuentas, unos y otros y también los que no se sitúan en los extremos, vienen a cobrar, más o menos lo mismo.

          Como en todo esto los años sesenta fueron pródigos en el nacimiento de estas terapias. El freudismo cada vez se vió más cuestionado y terminó estallando en decenas de corrientes. H.C. Potter y G.T. Stanton divulgaron hacia 1970 su llamada "Terapia de Gestión Pecuniaria" en lo que puede considerarse un avance de las inquietudes que luego desarrollarán los "newagers". Dos años después M. Shepard difundió su "Love Treatment" sosteniendo la conveniencia de que psicoterapeutas y pacientes se involucren cuanto más mejor para la resolución de sus problemas mutuos, sin tabúes de ningún tipo. Shepard describe el caso de un terapeuta que trató a un paciente sobre sus problemas matrimoniales. En aras de la terapia, lo sedujo, pero aquí no acabó la historia. El terapeuta convenció al paciente para que integrara a su esposa, que no sería el tercer vértice del triángulo, sino la "co-terapeuta"...

          Pero había derivados más serios del freudismo. Merece reseñarse, por su antigüedad, la "psicosíntesis" fundada por Roberto Assagioli un italiano afincado en Nueva York, freudiano de estricta observancia y uno de los introductores del psicoanálisis en Italia. En el curso de la disputa entre Freud y Jung, Assagioli se aproximó más a éste último, pero intenta ir más allá. En su análisis del inconsciente, Assagioli se acerca a la idea junguiana de los "arquetipos", concepto que modifica y rectifica llamándolo "Inconsciente Transpersonal".

          Si traemos a colación esta escuela es por que prefigura lo que serán luego las "terapias holísticas". Assagioli dedicó buena parte de sus esfuerzos a trazar mapas de la personalidad. Su idea que coincidía con la investigación de los surrealistas de la época, se sintetizaba en la frase "mis yos son legión"; nuestra personalidad es un agregado de componentes, en ocasiones contradictorias; en "psicosíntesis" se trata de analizar cada una de estas partes, procurar establecer su origen, e integrarla en el todo. La fórmula en que la psicosíntesis ha cimentado su éxito es la que propone "volver consciente lo inconsciente y hacer inconsciente lo conciente". Para ello se precisa ejercitar la "mirada interior"; cuando esta sea lo suficientemente clara, deberemos "desidentificarnos" con aquellos elementos negativos o que nos bloqueen. Luego se trata de integrar el resto de componentes y en una fase final lograr la síntesis con lo "transpersonal". Es llegado a este punto cuando finaliza la relación con el psicoanálisis y ya se entra en el del misticismo, pues el alcanzar esta etapa de "síntesis" superior, el abrirse a los estadios transpersonales,  equivale a abrirse a algo parecido a lo que Koestler llamaba "conciencia oceánica". Algo muy parecido a lo que propone Eric Berne, psicoanalista aficionado que trabajó en el Instituto Psicoanalítico de san Francisco, un verdadero semillero de terapias psicológicas. Berne, después de coquetear con el freudismo terminó separándose de él, creando su propio método, al que llamó "Análisis transaccional". También aquí de lo que se trata es de "integrar" los distintos niveles de la personalidad. Lo de "trasaccional" viene a cuento de que toda relación social implica necesariamente un proceso de negociación-transacción, en el que unos condicionan a los otros y en donde entran en juego tres modelos (Padre, Niño, Adulto) cada uno con sus rasgos distintivos. A fin de cuentas, el Análisis Transaccional no intenta otra cosa que convertir al paciente en un "triunfador", darle una posibilidad de éxito social, infundirle seguridad en sí mismo, o en su jerga un "adulto" bien preparado para la vida moderna. A este respecto, algunas empresas norteamericanas han utilizado esta terapia para su personal y en Argentina, ha ido ganando terreno a los psiquiatras lacanianos.

          Los productos derivados de Wilhem Reich son, igualmente abundantes hasta el punto de ser casi imposible enumerarlos. Los conceptos que se tienen de la "bioenergética", por ejemplo, son muy variados, CORE-Energética, está en la divisoria entre las terapias psicológicas y el "channeling". Por su parte el "masaje biodinámico" es extremadamente parecido a las técnica de "Armonía Corporal" de la que ya hemos hablado. Y en cuanto a la Gestalterapia agrupa elementos procedentes del entorno reichiano y un bagaje propio no desdeñable.

          El doctor John Pierrakos es el alma de CORE-Energética. Su extraño apellido indica un origen griego; se trasladó cuando apenas tenía veinte años a los EE.UU., allí conoció a Wilhem Reich, de quien se convertiría en uno de sus más próximos colaboradores, junto con Alexander Lowen. El y Lowen fundaron el "Instituto de Análisis Bioenergético". En 1975, Pierrakos creó el Instituto para la Nueva Edad del Hombre, difundiendo CORE-Energética. Ya por entonces su sistema era una extraña mezcla de ocultismo, videncia y psiquiatría. Se había casado con Eva Broch, judía austríaca exiliada, que recibía informaciones "canalizadas" en las que se basó buena parte de su sistema; Pierrakos, por su parte, afirma ser un lector consumado de auras. Pierrakos decía que su esposa semanalmente recibía al dictado el texto de una conferencia o un capítulo entero para algún libro, y ello ante cientos de personas. Eva Brock, por este sistema escribió "Parthwork for Self Transformation". Como en el caso de muchas otras canalizaciones, hay muy poco de original en el material así vertido: referencias al amor como fuerza creativa, la consideración del odio como factor destructor o disociativo; importancia de la "energía", de su contracción y expansión, y de su visualización en forma de aura para diagnosticar enfermedades, reconocimiento de la autocuración, integración del hombre en el todo cósmico y poco más... La misma palabra "CORE" que para Reich eran las iniciales de "cosmic orgon engineering", para el tandem Pierrakos-Broch se convierte en sinónimo de "sede del amor" y esta sede es el corazón... aquí, Pierrakos, enlaza con temáticas místicas; se sabe la importancia que  las doctrinas sapienciales conceden al corazón y a la concentración en esta víscera, para alcanzar la posibilidad de acceder a otros estados de conciencia. El tema místico se complica si tenemos en cuenta que Pierrakos, a diferencia de Reich, acepta el hecho de las reencarnaciones, fundamentalmente porque este tema es característico de la nueva Era y aunque rechaza las teparapias regresivas y afirma estar preocupado por el "aquí y el ahora", la creencia en la reencarnación es algo así como una concesión oportunista.

          Todas estas orientaciones separaron a Pierrakos de Alexander Lowell. Este último siguió aferrado al "análisis bioenergético" que se situaba en una órbita más próxima a la enseñanza reichiana. Lowell consideraba que lo importante es que los terapéutas sean capaces de liberar la energía reprimida en sus pacientes y regularizando su circulación; para ello, la técnica bioenergética recurre al control de la respiración, liberación de las emociones y en algunos casos masages y fijación sobre el lenguaje corporal. La idea es que cualquier represión o contención de las emociones provoca bloqueos y termina generando una "coraza" corporal que solo podrá romperse siguiendo las técnicas relacionadas.

          Habrán observado los lectores que hay todo un contingente de ideas no específicamente reichianas, ni freudianas en todos estos grupos y tienen todo el derecho de preguntarse de dónde diablos proceden. Abraham Maslow fue quien estableció la famosa clasificcación de las categorías de la psicología occidental en cuatro ramas: el psicoanálisis, el conductismo, la psicología humanista y la psicología transpersonal; el propio Maslow se identificaba con la tercera. Esta clasificación peca en la actualidad de excesivamente esquemática; hoy no existen tipos puros, ¿dónde se puede incluir la Programación Neuro-Lingüística o el Rebirthing? en realidad participan de una u otra categoría y son, igualmente, novedosas. Pero en los años sesenta y setenta, en los albores de la New Age las cosas se veían de manera más simple.

          La probeta y, al mismo tiempo cocktelera de todas estas corrientes psicologistas fue el Instituto  Esalen situado -¿podría ser en otro lugar?- en California y fundado en 1962 por Michelael Murphy y Richard Price como base del Movimiento de Potencial Humano. Este lugar fue considerado como el laboratorio de ensayo para nuevas ideas; allí trabajaron hasta 100 personas dando cursos, seminarios, conferencias, dirigiendo grupos de trabajo, comisiones de investigación, estructurando círculos de simpatizantes. El Instituto Esalen fue el primero en utilizar el término de "psicología humanista" para etiquetar sus trabajos. Abraham Maslow fue uno de sus teóricos, desde su fundación hasta el momento de su muerte acaecida en 1970.

          Nacido en 1908, este judío ruso, se interesó particularmente por las culturas aborígenes americanas. Conoció a los psiquiatras disidentes del freudismo, en especial a Adler -el primero que abandonó a Freud- y a Eric Fromm. A Maslow lo que le interesaban no eran los psicópatas, ni los cerebros disociados, sino las mentes privilegiadas y se preguntó por qué  eran individuos superiores y en plenitud de facultades. Estudiando a genios y a personas autorealizadas se podían inferir las pautas de educación y comportamiento.

          En su libro "La personalidad creadora", Maslow explicaba que las personas con un alto nivel de realización interior "participan, sin excepción, en una causa exterior a su propia piel, en algo fuera de sí mismos. Trabajan en algo con devoción, algo que es muy preciosos para ellos, una llamada o vocación en el viejo sentido sacerdotal. Trabajan siguiendo una llamada del destino en algo que aman, de modo que la dicotomía trabajo-gozo desaparece en ellos". Es ahí en donde el interior del individuo entra en contacto con algo exterior a él.

          Maslow se interesó particularmente por el fenómeno religioso y estableció las tipologías del esoterismo y el exoterismo. Vio que existían dos tendencias religiosas contrapuestas, una de carácter mistico e individual, una forma interiorizada de religión para la que los símbolos y las experiencias personales constituían el centro y el único interés de su temática; la otra tendencia opuesta 180º, se abría a lo cultual, era "legalista y organizativa", daba pie a la formación de las grandes religiones estructuradas.

          La otra tendencia, que va un paso más adelante, respecto a la psicología humanista difundida desde Esalen, es la transpersonal. La idea es que la conciencia puede expandirse más allá de los límites del espacio y del tiempo. Satanislas Grof y Ken Wilber fueron sus profetas. Grof se interesó por las experiencias alcanzadas mediante la utilización de hongos alucinógenos y de LSD. Creyó ver la existencia de correspondencias entre la vida del individuo desde el momento de la concepción y la experiencias religiosa. A la vida intrauterina corresponde la "conciencia oceánica" o si se prefiere la experiencia de lo Absoluto. El proceso de salida del seno materno sería el proceso de muerte-renacimiento.  El momento del parto equivaldría a la experiencia de la muerta y al renacimiento del yo. Y así sucesivamente. Básicamente coincide con Wilber, otro psicólogo transpersonal, que estableció la existencia de distintos niveles de conciencia perfectamente jerarquizados, de los que el más bajo equivale a la conciencia egoista y el más alto a la experiencia cósmica.

          Por Esalen también pasaron los líderes de la contracultura, Allan Watts, Thimoty Leary y Richard Alpert (antes de que pasara a llamarse "Baba Ram Dass"). Allí se experimentó la Gestalterapia ideada por Fritz Perls, Paul y Laura Goodman, altamente tributaria del reichismo;  allí en Esalen también se experimentaron los "grupos de encuentro", popularizados en los años sesenta y setenta en donde se ejercitaba la comunicación, el psicodrama y la autocomprensión entre los asistentes...

          La Gestalterapia proponía curiosas técnicas. El paciente en su proceso de toma de conciencia de su propio mundo hablaba con una silla vacía, luego se sentaba y respondía a las preguntas que él mismo se acababa de plantear. Se le pedía que fuera consciente de su realidad presente, lo que le interesaba era vivir intensamente el aquí y el ahora. Una receta universal y de todos los tiempos.

© Ernesto Milá – infokrsis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

 

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