Infokrisis.- Aquí terminan estos apuntes sobre la "doctrina Zapatero" considerada como "pensamiento escéntrico". El Diccionario de la RAE, dice: "Excéntrico: dícese del artista de circo que busca efectos cómicos por medios de ejercicios extraños y que, generalmente toca varios instrumentos musicales". Sería difícil encontrar una síntesis que resumiera todo lo que ha supuesto el zapaterismo. en esta última parte analizamos la Ponencia Marco del XXXVIII Congreso del PSOE confirmando que su contenido es acorde con la hipótesis que hemos expuesto en las entregas anteriores de esta serie.

El título de este capítulo es retórico. A decir verdad, del partido de Pablo Iglesias no queda nada salvo la sigla y ni siquiera ésta, arrinconada por la ZP y, finalmente, en 2008, apocopada por la Z, significativamente, última letra del abecedario después de la cual no va nada. Si el PSOE no se ha decidido a cambiar de nombre es precisamente porque el voto cerril tiene su peso y aun hay algunos cientos de miles de jubilados que a estas alturas de su vida consideran que no hay vida política más allá de las siglas de “socialismo obrero”…

La lectura de los textos de los tres últimos congresos del PSOE (el XXXV que entronizó a ZP en la secretaría general, el XXXVI ya en el poder en 2004 y el XXXVII tras la victoria del 9-M) genera una inconmensurable tristeza: pocas ideas, ninguna propia, análisis erróneos, no por ingenuos menos criminales y partícipes, como Carlos Castaneda, de “una realidad aparte”. Han ganado, claro, gracias a imponderables primero (bombas del 11-M, cuya versión oficial solamente puede satisfacer a los poco exigentes, a los conformistas y a los apáticos) y a un solo muerto después, Isaías Carrasco, unido a una versión idílica de la situación económica que oscilaba entre la mentira y la fatuidad. Victorias sí, pero no por méritos propios.

La lectura de los textos de los tres últimos congresos del PSOE demuestra que los problemas de la España real tienen poca cabida en el imaginario colectivo del zapaterismo. En el XXXVI Congreso apenas un folio sobre 60, estaba dedicado a la economía, y ya por entonces podía preverse que un desarrollo basado en aumento ficticio de la población para estimular el PIB (mediante la inmigración masiva) y en el binomio ladrillo-especulación no podía seguir durante mucho tiempo. Es sólo un ejemplo. Esta tendencia a ignorar al país real y zambullirse de cabeza en un proyecto utópico –y frecuentemente suicida- de ingeniería social es el leit-motiv del XXXVII Congreso en donde, prácticamente, no se habla más que de eso, ante un país paralizado por el terror a una crisis que está ya encima y que el gobierno se negaba a reconocer utilizando todo tipo de eufemismos.

Fue absolutamente increíble y los medios lo interpretaron como una estrategia para quitar hierro a la crisis y evitar que planeara sobre el sarao socialista. Zapatero fue reelegido a la albanesa o a la búlgara con el 98% de los votos. La prensa opinó que todo, absolutamente todo en este congreso se hizo de cara a la galería y para transmitir a la sociedad una imagen progresista radical que evitara contemplar el rostro de Medusa de la crisis económica. Así pues, los llamamientos al laicismo, al aborto y a la eutanasia serían solamente “señuelos” para evitar que la población advirtiera la situación real. La derecha y la Iglesia entrarían al trapo y, al menos, durante unas semanas el zapatiesto político giraría solamente en torno a estos temas que hurtarían la cabecera de la información a las cada vez más dramáticas noticias sobre la crisis y encenderían los ánimos de los tertulianos conservadores. En nuestra opinión, la interpretación era errónea.

El zapaterismo tiene prisa. Se ha quedado como único exponente de la izquierda que gobierna en Europa y la crisis económica puede acortar extraordinariamente su margen de maniobra. A la que se descuide, deja de ser el último gobierno de izquierdas en Europa, para ser un partido de izquierdas más en la oposición. No es éste, desde luego, el mejor momento para hablar de “laicismo”, ni el gran tema es la ampliación de los supuestos del aborto, como tampoco lo es de legislar la eutanasia, espinoso problema pero irrelevante salvo para los que lo tienen que afrontar. Pero, a decir verdad, tampoco en 2004 era el tiempo para legalizar las uniones gays, para una ley de divorcio exprés o para una ley de violencia doméstica cuando ya había un código penal operativo, por no hablar de la ley de igualdad. Y, sin embargo, Zapatero lo hizo a la que tuvo el poder entre las manos. Tenía prisa. Zapatero es un hombre con prisa por cambiar la sociedad. Y es tan sincero en esto como inconsciente en su forma de operar este cambio.

Claro está que ahora le va a ser mucho más difícil aplicar las resoluciones del XXXVII Congreso a la vista de las simetrías parlamentarias y de que día a día, la situación económica empeora. Con tres millones de parados, que en 2009 serán cuatro, el horno no está para bollos, ni la sociedad para ingenierías socialistas. Zapatero está ante un drama insuperable, ignora por completo que puede hacerse ante los problemas reales (el medio folio sobre sesenta dedicado a economía en el XXXVI Congreso es significativo, a Zapatero nunca le ha gustado la economía y, por extensión, siempre se ha sentido ajeno a la realidad, en buena medida construida por la economía) y su modelo de sociedad, lo único que verdaderamente le interesa, no puede implantarlo por decreto. Cuando se cerraron las urnas de marzo de 2008 ya escribimos en nuestro blog y en la revista IdentidaD[1] que estábamos ante una victoria pírrica, que quien tuviera que bregar con la crisis económica que se prolongará durante toda la legislatura, quedaría completamente quemado para siempre, que la negativa a reconocer la gravedad de la crisis e incluso su existencia misma (y no solamente durante el período pre-electoral, sino en los cuatro meses siguientes) no iba a ser olvidado con facilidad.

Al acabar el año 2009 la situación del zapaterismo se habrá hecho insoportable y recordará extremadamente a la de Felipe González en 1993 cuya última victoria supuso tres años más de agonía, declive y frustración. Es posible que un líder desprestigiado y liquidado políticamente pueda ganar unas elecciones. De hecho, el electorado se conforma con poco y siempre que existan detrás apoyo mediático suficiente es fácil atraer el voto de ciudadanos poco exigentes. Harina de otro costal es si un política así de chamuscado es capaz de estimular las inversión, generar confianza en los mercados, ganarse el respeto de otros gobiernos (cuyos embajadores están obligados a enviar informes sobre la “realidad” del país y no sobre quién ha ganado unas elecciones), aunar voluntades sólidas y remontar las horas bajas… algo que no se consigue con unos votos de más buitreados de aquí y de allí con técnicas de marketing electoral habitualmente poco éticas. Zapatero ganó en Marzo: le bastó con un concejal asesinado que, por sí mismo, victimizaba a Zapatero y hacía olvidar –el electorado carece de memoria colectiva– los dos años de errores acumulados en la lucha antiterrorista (¡y errores de qué gramaje!) y negar la existencia de la crisis (sinceramente, por ignorancia, o por marketing electoral y, por tanto, por mala fe) le permitió seguir alardeando de que España estaba a la cabeza de Europa en crecimiento económico y destilando triunfalismo) para hacerse con la victoria.

El 14 de marzo de 2004, el pueblo español votó bajo la presión de un terrorismo de origen desconocido –y sigue siendo desconocido ya que sigue sin haber autor intelectual– pero que construyó el puente de ZP hacia La Moncloa. Había vencido, pero de manera discutible. Como Bush en 2000, por los pelos y con dudas. A diferencia de Bush que alcanzó una mayoría absoluta cuatro años después, Zapatero volvió a repetir resultados ajustados. Era inevitable que se le recordara que si en el 2004 ganó gracias a 192 muertos, cuatro años después su victoria se asentó sobre un solo muerto y una mentira. No habrá, verosímilmente, una tercera victoria. El electorado tiene mala memoria para las cosas de la política, pero muy buena cuando se trata de recordar sus propias situaciones de angustia y desesperanza: alza brutal en los precios de los alimentos, la vivienda imposible, los contratos basura como destino laboral, la inestabilidad en el empleo, el bregar con las hipotecas entre el 1 y el 5 de cada mes… No, definitivamente no habrá una tercera oportunidad para Zapatero. Su proyecto acaba en esta legislatura. Y tiene prisa por remodelar la sociedad y por entrar en la historia.

El proyecto zapaterista de nueva sociedad

A la historia se entra por la puerta grande o por las cloacas. Todo depende de si la huella que se deja en la historia es positiva o negativa. Y Zapatero quiere ser recordado como el “reformador progresista que abrió España al siglo XXI”, tal es su imperativo categórico. En esta última fase de nuestro trabajo sobre el “pensamiento excéntrico” nos aprestamos a comprobar si todo lo que hemos dicho sobre Zapatero y el pensamiento humanista universalista se corresponde con la realidad. Era inevitable que tuviéramos que recurrir a los documentos y a las intervenciones del XXXVII Congreso del PSOE para ver si existían contradicciones entre lo que hemos expuesto aquí y las líneas maestras del zapaterismo. No solamente no existen, sino que nuestra tesis se adapta como un guante a la realidad del socialismo español.

Llama la atención el último parágrafo de la Ponencia Marco, titulada “El PSOE como centro de referencia internacional del proyecto socialista en el siglo XXI”, lo que equivale a reconocer que, dentro del socialismo mundial, el actual PSOE tiene un carácter excepcionalidad. Dicho con otras palabras: está al margen de la corriente socialista internacional y es, al mismo tiempo, como se dice “uno de los referentes principales de gobierno progresista a escala internacional”. Ya no se mencionan ni terceras vías socialistas, ni renovaciones socialdemócratas, ni se solidarizan con ninguna figura socialista concreta, ni siguen los intentos renovadores del socialismo francés o italiano. Es llamativo este “espléndido aislamiento” que es, al mismo tiempo, voluntad de liderazgo.

En el punto 475 se dice: “Muchos retos requieren de una perspectiva transnacional porque han de ser abordados desde la adopción de medidas que trascienden a nuestras fronteras”, están aludiendo a “fenómenos como el cambio climático, los movimientos migratorios, la economía internacional derivada de la globalización o la bioética”; por el contexto en el que se inscribe la Ponencia Marco, el redactor ha olvidado citar la lucha contra la pobreza, la ayuda al desarrollo o los acuerdos de cooperación con los más olvidados países del tercer mundo. Todos estos temas llevan a una conclusión a la que la Ponencia Marco llega en varias ocasiones a lo largo de sus 57 páginas: afrontar estos problemas solamente puede hacerse dentro de la perspectiva diseñada por NNUU y, evidentemente, en su marco jurídico. No es de extrañar, pues, que el socialismo español tenga cierta sensación de ser algo diferente a cualquier otra forma de socialismo que redimensiona a niveles mucho más modestos el papel de NNUU y la ideología que emana de ella hasta el punto de que en el punto final –el 477- puede leerse: “tenemos la obligación de aumentar la “exportación” de pensamiento político ante la gran demanda existente en el entorno internacional de políticas que están siendo aplicadas en nuestro país por un gobierno socialista y que están siendo ejemplo fuera de nuestras fronteras”.

Ese “pensamiento político” a exportar es lo que hemos llamado en el título de esta obra “pensamiento excéntrico”. Lo excéntrico es para el Diccionario de la Real Academia algo “raro y extravagante”. En su segunda acepción se le define en función de la geometría como “algo que está fuera del centro, o que tiene un centro diferente”. Y finalmente, en mecánica, lo excéntrico sería aquella “pieza que gira alrededor de un punto que no es su centro”. La doctrina Zapatero es excéntrica por todo esto: es extravagante y extraña, hemos viajado a su génesis y visitado sus orígenes y su gestación y la palabra “pensamiento mágico” nos ha acompañado con frecuencia en la medida en que emana de la ideología de NNUU. Está fuera de su “centro” (que no es el centro político, sino el de su tradición histórica) y gira en torno a un punto que no es su “centro”. Zapatero ha desplazado desde el XXXV Congreso (año 2000) al PSOE desde la tradición de la izquierda y del socialismo español hasta una mixtura extraña y extravagante, frecuentemente caricaturesca, grotesca en muchos aspectos, de contenido universalista surgida de allende fronteras del socialismo. Ha encontrado razones para hacerlo, son las que aparecen en el texto de la Ponencia Marco: cosmopolitismo, globalización, fenómenos migratorios, pobreza en el mundo, etc. Los lugares comunes que encontramos repetidos hasta la saciedad en los documentos de la UNESCO y de NNUU. Esta asimilación de la ideología humanista universalista a la ideología de un partido socialista, no lo hacho dirigente alguna del socialismo mundial. Como máximo, Olof Palme hubiera podido ser considerado como un discreto precedente, pero es lícito decir que, en este terreno, ningún dirigente socialista ha ido tan lejos como Zapatero.

La cuestión que puede plantearse es la siguiente: ¿no será que Zapatero es un “adelantado” y que ha llevado a su partido por el sendero de la ideología humanista universalista porque identifica en NNUU la única estructura internacional que puede aportar algo a la humanidad en esta fase de la historia? La respuesta no puede ser sino precedida por una sonrisa de conmiseración hacia quien la formula…

En efecto, ha fracasado en su misión de asegurar la paz mundial. En los años de la Guerra Fría, ésta ha sido garantizada por doctrinas militares como el “equilibrio del terror”, la “destrucción mutua asegurada”, etc, que impedían a las dos superpotencias ir más allá de las amenazas so pena de destruirse mutuamente. Así pues, NNUU no ha hecho nada para paliar los grandes conflictos, las propias superpotencias han modulado soluciones y estrategias para afrontarlos. En cuanto a los pequeños conflictos NNUU ha actuado siempre ante ellos de manera ineficiente, tarde y mal, o bien ha estado ausente por completo. Los dos handicaps de NNUU están por “arriba”, en la medida en que cinco superpotencias tienen derecho de veto, es decir que cualquier decisión que pueda afectarles negativamente es cortada de raíz y por “abajo”, cuando países que hemos definido como “de calderilla” y que carecen de razón suficiente y de medios para asegurar su existencia, tienen el mismo peso que potencias de tamaño medio… Una organización así configurada, no es de extrañar que nunca haya dado grandes resultados.

Luego está la “lucha contra la pobreza, el analfabetismo, etc.”. Durante nuestra estancia en París conocimos a muchos funcionarios de la UNESCO de distintos países, así que sabemos de lo que estamos hablando. UNESCO tiene dos vertientes. De un lado muchos delegados lo son como cobertura a sus verdaderas actividades (espionaje político e industrial, agentes de influencia, observadores destacados para seguir otros temas), de otro difundir un modelo cultural universalista (del que la Educación para la Ciudadanía ha extraído lo esencial de sus enfoques). Evidentemente, la primera vertiente permite que la segunda se manifieste (asumida especialmente por funcionarios de plantilla) y el producto es esa ideología universalista tan característica de esta organización internacional.

Sea como fuere, hoy el analfabetismo y la pobreza están más extendidos que nunca, lo que no dice mucho en favor de una organización que ha cumplido cincuenta años y que no ha estado en condiciones más que de redactar bonitos boletines, declaraciones de ambición faraónica y convocar congresos y foros en los que, como hemos visto, frecuentemente se cuelan sectas destructivas.

Así pues, todos estos organismos internacionales de los que Zapatero se siente tan solidario y de los que dice en el punto 141: “Nosotros, los socialistas, trabajamos por esos objetivos en el seno de Naciones Unidas. Creemos en su capacidad de acción, en la de todas y cada una de sus agencias y programas para avanzar en ese objetivo y apoyaremos decididamente que refuercen su papel”. E incluso en el punto 141 añaden: “Nosotros, los socialistas, trabajamos por esos objetivos en el seno de Naciones Unidas. Creemos en su capacidad de acción, en la de todas y cada una de sus agencias y programas para avanzar en ese objetivo y apoyaremos decididamente que refuercen su papel”. Por si esto no fuera poco en el punto 200, insisten: “Ahora, ante emergencias concretas proponemos que no solo actúen los países, sino también las organizaciones internacionales, en especial Naciones Unidas, cuya acción seguiremos apoyando financieramente”. Triste destino el de estos “socialistas” ganados para una estrategia que no es la suya y que unen su destino a unas organizaciones internacionales que hoy como nunca tienen su prestigio a mínimos.

Así pues, no es por sus logros por los que el zapaterismo se siente próximo a estos organismos internacionales. Esos “logros”, sencillamente, no existen. El apoyo deriva de una proximidad doctrinal y se da a nivel de principios mucho más que de práctica.

Es evidente que, como hemos dicho en el capítulo anterior, los compromisos de poder impiden al zapaterismo adoptar posturas netas y opta por el compromiso: aceptan la globalización –un hecho fundamentalmente económico– del que, evidentemente, derivan una serie de injusticias difícilmente compatibles con su carácter socialista. Naturalmente, se preocupan de explicar que hay que corregir las tendencias problemáticas de la globalización, insertando el elemento humanista universalista. Dice la Ponencia: “los socialistas debemos aspirar a un nuevo modelo económico  caracterizado por una globalización más justa de la actual y un proceso de cambio tecnológico beneficie cada vez a un número mayor de personas”. Pero en todo esto existe un error de apreciación.

La Ponencia Marco explica que la globalización es el producto del “cambio tecnológico anterior” y añaden, “[este cambio] resume en la expansión sin precedentes de las tecnologías de la información y la comunicación a todas las esferas de la producción, el consumo, los intercambios comerciales y financieros, e incluso a los estilos de vida de las personas. Y como consecuencia de la globalización y de la conexión y competencia entre más empresas e individuos, el cambio tecnológico está, a su vez, acelerándose”. Pero no es exactamente así como se ha producido el fenómeno. La globalización no es más que un fenómeno derivado de la acumulación de capital que ha ido creciendo a medida que el capitalismo se iba desarrollando. Tras haber pasado por su etapa artesanal, luego por su etapa industrial, más tarde por su etapa multinacional, la etapa siguiente, no podía ser más que la globalización, es decir la optimización a escala mundial de la producción y de los beneficios, junto a la creación de un mercado global… y para que este sistema viera la luz, indudablemente la informática y las nuevas tecnologías han ayudado, pero en absoluto han sido esenciales, ni motores del cambio que, repetimos, encuentra su principal impulso en la naturaleza expansiva del capitalismo. La misma estructura económica podría mantenerse mediante un sistema de comunicaciones mundiales a través del tan-tan y realizando los cálculos a base de ábacos o de máquinas mecánicas como en los años cincuenta… Es evidente que, un partido “progresista” como el PSOE y de origen “anticapitalista”, al mismo tiempo que en su lógica interna debe fetichizar la técnica, no puede reconocer que esa globalización que aceptan y glosan tiene en su origen en la evolución del capitalismo hacia niveles cada vez más ofensivos y radicales. Pero de un análisis erróneo como este parten consecuencia no menos erróneas.  

La primera de todas afecta a la ecología. Aquí, el PSOE no tiene doctrina propia. Es la aprobada por Naciones Unidas en sus distintos foros y conferencias. En la Ponencia Marco esta temática ocupa de las páginas 16 a la 28 y puede resumirse así: “desarrollo sostenible”… Es la palabra que se instauró en el imaginario colectivo a partir de la Conferencia de Río, organizada por NNUU, en 1992. Lamentablemente, desde entonces ya ha llovido mucho. Hoy sabemos que no hay desarrollo sostenible: el desarrollo de 6.000 millones de personas no puede ser sostenible para la biosfera. Es duro reconocerlo, pero es así. “Desarrollo sostenible” implica desarrollo lento, pero constante, por tanto, ilimitado. Difícilmente el planeta Tierra podría embarcarse en un desarrollo ilimitado cuando sus recursos son limitados. Las doce páginas que contiene la Ponencia Marco no son más que la traducción y resumen de las distintas orientaciones de NNUU sobre la materia que surgen de compromisos y ambigüedades.

El segundo error es la percepción que el zapaterismo tiene de la inmigración. La postura del zapaterismo en inmigración es una constante como hemos visto, desde que salió del anonimato en el 2000 y presentó su programa ante la ejecutiva del PSOE de León: la inmigración era el primer punto y su posición era un indisimulado “papeles para todos”. Desde entonces su posición no ha variado. Dice el punto 33 de la Ponencia Marco: “España es un país cada vez más abierto, con una sociedad más cosmopolita y con una aspiración de progreso que inspira permanentemente al PSOE”. A continuación, individualiza tres “megatendencias” del cambio”. La tercera es la “del cambio social y demográfico, caracterizado por sociedades más individualizadas, más informadas, más igualitarias (en términos de género), más cosmopolitas y más diversas, que requieren nuevas políticas”. No hay ningún punto, más adelante, que aclare a que “cambios” se está refiriendo, especialmente, cuando la mayoría de la población tiene la sensación de que ya se ha llegado demasiado lejos en materia de inmigración y que el fenómeno, especialmente en tiempos de crisis, debe reducirse urgentemente: falta trabajo incluso para españoles y las cajas del Estado están vacías.

Pero lo sorprendente es que no hay ni una sola línea en todo el documento que aluda a la necesidad de frenar el fenómeno migratorio, algo que la sociedad española percibe cada vez más como una necesidad urgente. ¿Hay que recordar que NNUU es hoy la principal institución internacional que promueve, favorece y estimula la inmigración hacia Europa? ¿Vamos a olvidar que un estudio de NNUU en 2000 afirmaba con una seriedad pasmosa que Europa necesitaba  90.000.000 de inmigrantes? Si NNUU y UNESCO estimulan este fenómeno es por buenas razones inherentes a su “pensamiento mágico”: “gobierno mundial”, “revolución mundial”, “raza mundial”… Esta raza mundial, se identificaría con el mestizaje que tanto promueven desde esos ambientes. El resultado de todo esto es un barrido de identidades, consideradas como bastiones reaccionarios contra el cambio y el tiempo nuevo. Para ello hay que estimular la inmigración. Sólo la inmigración facilitará la creación de una “raza cósmica”[2] y allanará el camino hacia el mestizaje.

Pero lo importante son las consecuencias que la Ponencia deduce de este proinmigracionismo. Dice el punto 233: “Para dar respuesta a este nuevo enfoque, debemos apostar por más gobernanza a nivel global. Ya nada se puede resolver exclusivamente desde el Estado-Nación. A los desafíos de la globalización económica, ya considerables en su magnitud y complejidad de trato, se han añadido una serie de desafíos que configuran una globalización política, si cabe aún más compleja”. Así pues, la inmigración generará mestizaje y la abundancia de inmigración (no lo olvidemos, promovida desde el ámbito de NNUU y en absoluto un movimiento espontáneo de gente huyendo de la pobreza) hará preciso “una gobernanza a nivel global”, puesto que el marco del Estado-Nación queda desbordado… y eso nos lleva de nuevo a NNUU como escenario más adecuado. Por demasiados caminos –y todos excéntricos– la Ponencia revaloriza el papel de NNUU hasta límites inauditos.

Ciertamente, la Ponencia no alude en lugar alguno al “humanismo universalista” que nosotros estamos considerando como el eje central de la doctrina Zapatero. No hace falta. La ponencia utiliza un adjetivo para evitar definiciones compometedoras. Ese adjetivo es la palabra más utilizada y más vacía de la ciencia política moderna: “progresismo”. Dice la Ponencia: “El pensamiento progresista se centra en liderar los cambios. De lo que se trata es de gobernar la nueva sociedad, con nuevas políticas y nuevas instituciones, para explotar las oportunidades que ofrece y minimizar los problemas que genera. El Partido Socialista lleva muchos años instalado en este enfoque  de la política, siempre a la vanguardia, intentando transformar la sociedad en beneficio de la ciudadanía y, sobre todo, de los que menos tienen. El PSOE del Siglo XXI ha de seguir esta senda. Ha de ser esa fuerza política transformadora que lidere los profundos cambios que nos han tocado vivir. Somos progresistas, modernos, innovadores. No nos asusta la evolución de la sociedad. La vemos como una oportunidad, no como un problema. Pero esa evolución se ha de liderar desde los poderes públicos para que el progreso económico y social que supone llegue a todos por igual, para que en esta nueva sociedad que estamos construyendo haya más igualdad, más democracia, más confianza en la ciudadanía, más gobernanza global y mejor convivencia”… y nuevamente, toda la divagación bobalicona sobre el “progresismo” culmina con la idea de “gobernanza global”.

El concepto de “gobernanza global” es relativamente reciente. Fue teorizado por James Rosenau, miembro de uno de los círculos mundialistas, la Asociación de Estudios Internacionales y la revista Foreing Policy. La idea de Ronesenau es que la “gobernanza global” consiste en regular las relaciones entre los grupos sociales internacionales mientras no exista una autoridad mundial única. La palabra fue utilizada públicamente por primera vez en el Foro Barcelona 2004 en el “diálogo” Del consenso de Washington a una nueva gobernanza global, en el que participó Jeffrey D. Sachs, asesor especial del Secretario General de Naciones Unidas sobre los Objetivos del Milenio, así como el Premio Nobel de 2001, Joseph E, Stiglitz.

En el marco doctrinal el zapaterismo esta idea se utiliza con la intención de tranferir espacios de soberanía propios del Estado-Nación (cuya época la ponencia dice que ha acabado) a las instancias internacionales. No creemos exagerar si decimos que esta es la línea del sector funcionarial más involucrado en la gestión de NNUU.

A partir de todo esto no puede extrañar que la Ponencia insista en los lugares comunes a la ideología de NNUU: la causa de todos los males del mundo, absolutamente de todos, reside en la “pobreza”. España, en tanto que nación “rica” (¿?) está obligada a solidarizarse con “la pobreza” y ayudar a estos países a que mejoren su situación. Todo esto supone ignorar que el atraso del tercer mundo no se debe solamente a la pobreza y que ésta existe también en el primer mundo. De hecho, las acumulaciones de dinero más insultantes se producen con frecuencias en los países más atrasados del mundo. Ahí tenemos a nuestra entrañable Guinea Ecuatorial para demostrarlo. Junto a la miseria convive la ampulosidad y el lujo propios de Obiang y de su camarilla. Seguramente, si Obiang distribuyera su fortuna personal, la “pobreza” desaparecería, al menos estadísticamente, de Guinea Ecuatorial. Ese diagnóstico realizado por NNUU sobre la pobreza es erróneo. Existen causas antropológicas, culturales e históricas que explican el atraso de amplias zonas del tercer mundo. Es inevitable interpretar el papel de la religión islámica como una de las causas, sin duda más importantes, de las que deriva al atraso de todo el mundo árabe, incluido de los países más ricos en material primas. Sin embargo, el PSOE de Zapatero hace de la “pobreza” el eje central de su discurso en política exterior.

Es sorprendente, por ejemplo, cuando la Ponencia se las ingenia para buscar excusas para enviar más fondos al Tercer Mundo. Se dice, por ejemplo, en el punto 106: “Europa podría liderar el movimiento para extender los derechos de los trabajadores en el mundo. También podría liderar las nuevas políticas de cooperación al desarrollo, a través de iniciativas originales como la reinversión en origen como compensación por la descapitalización que se produce en los países más pobres cuando sus élites intelectuales y profesionales emigran para trabajar en los países desarrollados”. Lamentablemente, resulta difícil explicar qué “élites intelectuales” nos llegan de Mali, Níger, Camerún, Marruecos o América Latina. Es, justo lo contrario lo que ocurre: élites culturales y científicas europeas se establecen en EEUU, Japón, incluso en China, para poder llevar a cabo proyectos científicos por no haber fondos suficientes en España… En la medida en que todo el diagnóstico sobre la “pobreza” es erróneo –aun inspirado por UNESCO y NNUU-, es inevitable que las soluciones propuestas sean a menudo grotescas.

Inútil extendernos en todas las consideraciones que el documento hace sobre la “igualdad” en materia sexual. La temática es suficientemente conocida por su superficialidad y banalidad. Como ya hemos visto, todos los ataques contra la homofobia y el sexismo tienen su origen en material elaborado por NNUU y UNESCO desde mediados de los noventa. No hay nada en la Ponencia Marco que sea, en este terreno, ni propio, ni original.

Los compromisos con la realidad hacen que, como hemos visto, en lo relativo a la globalización no se tengan arrestos suficientes como para clamar por el final de un sistema mundial injusto, sino que se aluda a “otra globalización” o a la “humanización de la globalización”, o finalmente a la “globalización positiva” (punto 66). En el fondo esto es coherente con el espíritu del humanismo universalista. A fin de cuentas la globalización, es injusta… pero es una forma de universalismo que contribuye a barrer las identidades nacionales, desfigurarlas, crear un sistema jurídico internacional, arrinconar al Estado-Nación, etc. Es decir, la globalización es un “más” en relación al Estado-Nación, pero in “menos” en relación al “universalismo” que, a fin de cuentas es lo que esta doctrina de Zapatero y matriz de NNUU tiene en mente. Además, esta posición tiene la ventaja de facilitar la coexistencia con el núcleo del capitalismo mundial, el verdadero y único poder, ante el cual solamente se exhiben algunos tímidos deseos de reforma sintetizados en la aséptica expresión “globalización positiva”, para acto seguido, condenar enérgicamente el “proteccionismo inviable”, el gran enemigo de la globalización. Toda la tendencia del documento se sintetiza en el punto 95 en el que se alude a las “dos lógicas”: por un lado la “lógica de la apertura” relacionada con la integración, (…) asociadas al concepto de ciudadanos cosmopolitas; y por otro lado, la “lógica del cierre”, la selección y la exclusión sobre la que se basan los sistemas nacionales de bienestar y solidaridad tradicionales”. El enemigo son, pues, los Estados-Nación y los sistemas identitarios. Paradójicamente, todo esto está proclamado por un partido que gobierno en un Estado-Nación, no puede extrañar, por tanto, que buena parte de su esfuerce esté dirigido a desmantelarlo y centrifugarlo.

Esto es el Zapaterismo. Se comprenderá que le hayamos considerado “pensamiento excéntrico”. Su gran logro consiste en haber absorbido la doctrina propaganda por NNUU y UNESCO y haberla transferido íntegra y, sin prácticamente retoques, al PSOE. En la óptica de Zapatero, NNUU es intocable e indiscutible. En la nuestra algo es intocable porque sus aciertos así indican y sus realizaciones lo confirman. NNUU, en este terreno, tiene poco en su activo. Algunas ideas universalistas, buenistas, y poco más. ¿Realizaciones? Pocas y todas cuestionables. La segunda mitad del siglo XX, el tiempo de NNUU, ha sido el período de la historia en el que las guerras, las hambrunas, la miseria y la pobreza se han apoderado de sectores cada vez más amplios del planeta. Finalmente, la globalización, esa globalización que Zapatero quiere “humanizar” y “positivizar” ha conseguido que la distancia entre ricos y pobres aumente asindóticamente. ¿De que logros estamos hablando?

Nuestra breve excursión por todo este mundo nos ha llevado a identificar sectas y grupos anclados en el “pensamiento mágico” fuertemente imbricados en la estructura funcionarial de NNUU. Sabemos que el pensamiento que hoy informa a esta organización internacional se gestó a lo largo del último tercio del siglo XIX en medios ocultistas y que A.A.B. y su marido, realizaron la adaptación final. Todo esto no son garantías, precisamente, de solvencia y respetabilidad. El pensamiento excéntrico es el Zapatero, sí, pero no por sí mismo. Al presidente del gobierno español se le puede achacar el tener prisa por encajar a martillazos un esquema de estructura social creado idealmente en estos foros internacionales, con la realidad español.

Todas las iniciativas del zapaterismo (leyes de igualdad, alianza de civilizaciones, promoción de los homosexuales, educación para la ciudadanía, erosión de la Iglesia Católica, puertas abiertas a la inmigración, pensamiento positivo en economía, desvalorización del matrimonio heterosexual, globalización positiva, desarrollo sostenible, paridad de la mujer, etc, etc, etc) tienen un autor intelectual que está en el edificio de NNUU en Nueva York y en la sede de la UNESCO en París. De ahí parten TODOS los vectores ideológicos del zapaterismo.

Por eso, cuando hemos iniciado estas conclusiones, hemos aludido a la crisis de la izquierda. La opción de Zapatero –a sus biógrafos y a los tertulianos corresponderá el averiguar cómo se operó el fenómeno y cómo Zapatero, ese páramo cultural, llegó a estas conclusiones- no es ni siquiera propia, ni ha nacido en el seno de la izquierda. Es otra cosa. Se ha gestado en organismo internacionales, en sus niveles funcionariales (quedaba por decir la obviedad: una cosa son los delegados de cada país en NNUU y otra muy distinta su escala funcionarial, la ideología propia de este organismo internacional ha nacido aquí, no desde luego entre los delegados) y en sus laboratorios de ideas anexos. El gran hallazgo de José Luis Rodríguez Zapatero ha consistido en remediar la crisis de senectud y el vacío que se abre ante la izquierda europea, enmascarándolo con el recurso a los principios humanistas universalistas de NNUU, asumiendo una tendencia que ya había aparecido en los años 90 en algunos sectores de Izquierda Unida. No es raro que se haya quedado solo. Tampoco parece muy probable que el socialismo europeo vaya seguir sus pasos a la vista de la debacle que se avecina en España.

A decir verdad, la crisis del socialismo solamente se pondrá de manifiesto en España al final del zapaterismo, cuando el espejismo de su pensamiento excéntrico se manifieste como tal. Algo que está por llegar, pero que no está tan lejos en el tiempo. Parece difícil que un partido acostumbrado a no moverse para salir en la foto, revalidando al líder máximo, gran timonel y ayatolah del humanismo universalista por un 96-98% de los votos, que apenas tiene tiempo para pensar en los buenos negocios que se hacen a la sombra del poder, pueda encontrar fácilmente un sustituto para la averiada doctrina Zapatero.

Después de la Z de Zapatero, tan enarbolada como paradigma de su doctrina, no hay nada. El abecedario concluye con ella. Probablemente el socialismo español haga otro tanto.

 

 

 

 

 

 



[1] Revista IdentidaD – http://www.revistaidentidad.com – Infokrisis, blog personal de Ernesto Milà – http://infokrisis.blogia.com

[2] La raza cósmica, tal era el título del ensayo de José Vasconcelos publicado en 1925. Vasconcelos sostenía que América debería ver el nacimiento una "quinta raza" del continente americano que surgiría de la mezcla de todas las razas que vivían sobre el continente americana (blanca, negra, amarilla, cobriza), dando lugar a la “quinta raza” mestiza e indiferencia que no tendría identidad ni distinción y que poblaría “Universópolis”. La idea de Vasconcelos era trascender a las ideas de raza y nacionalidad en nombre de un futuro único para la humanidad.

 

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