Infokrisis.- Hace unos años ya reprodujimos en infokrisis un artículo que habíamos publicado previamente en la revista Año Cero. Ahora, dada la temática de la serie sobre el pensamiento excéntrico volvemos a recuperar aquel artículo ampliado con una información bastante más completa. en los próximos días iremos añadiendo los gráficos y las fotos que  son imprescindibles para un artículo de este tipo. 

Si leemos las obras de Alice Ann Bailey percibiremos inmediatamente el aroma inequívoco de la locura teosófica. Todos sus libros están al alcance de quien esté dispuesto a leerlos en Internet. Es difícil que alguien con un nivel cultural medio sea capaz de digerir una obra que, de por sí, no se diferencia mucho de los fárragos redactados por la Blavatsky. Así pues, pensar que ese pensamiento es capaz de ejercer una influencia en instancias internacionales parece ilusorio. Sin embargo, realizar esa afirmación tajante sería ignorar que el ocultismo muy frecuentemente se ha filtrado en esferas influyentes. Rasputín fue consejero del Zar de todas las Rusias que también escuchó el consejo de Papus y al “Maître” Philipe de Lyon. Se sabe, igualmente, que muchos gobiernos han requerido el consejo de astrólogos y son muchos videntes de la “alta sociedad” los que explotan la credulidad de las masas. Así mismo, en los EEUU hasta 2008 ha gobernado un presidente que cree hablar con Dios y que éste participa en las decisiones de su vida cotidiana. Durante la administración Reagan, también en EEUU, el presidente y su consejero de defensa, Casper Weinberger estaban convencidos de que el Apocalipsis se aproximaba y trataban de identificar el lugar en el que iba a librarse la batalla de Armagedon. En la otra parte, en la URSS, las cosas no iban mucho mejor. En infokrisis ya hemos dado cuenta de la secta cosmista que estuvo presente en el nacimiento de la URSS y cuyos exponentes figuraron entre los primeros revolucionarios de octubre de 1917. Esta secta tuvo también que ver en los primeros tiempos de la industria aeroespacial rusa… de la misma forma que quienes impulsaron su homólogo norteamericano se preocuparon muy mucho de que fuera un astronauta miembro de la masonería quien pisara primero el satélite. Finalmente, pocos años antes del desplome definitivo de la URSS, Leónidas Breznev, presidente del Soviet Supremo, tenía una vidente de cámara a la que consultaba las grandes decisiones… François Mitterand, quien quiso crear una prolongación de la geografía mágica de París, multiplicando en lugares “elegidos”, monumentos alegóricos (el Arco de la Dephense, la nueva Bibliotheque National, etc.) y, en el punto álgido de su gobierno se acercó a la pequeña aldea de Rennes-le-Château, escenario de las actividades del atrabiliario párroco Berenguer Sauniere a principios de siglo. En aquel tiempo, por cierto, la aldea era visitada por Luis Salvador de Habsburgo-Lorena, heredero de una de las casas reales mas influyentes de Europa. Sin olvidar a grandes figuras de la canción o del star-system que se han visto captadas por las sectas más abrakadabrantes y que han comprometido su nombre en los más insensatos proyectos.

Los ejemplos podrían multiplicarse. El hecho de que alguien ocupe un rango político y social elevado, no es garantía suficiente para negar que se trate de una personalidad supersticiosa, dada al pensamiento mágico y atraído por el mundo de lo irracional. Una secta, por insensata que sea, puede proyectar una gran influencia si su método de trabajo es sistemático y hábil. Por eso no puede extrañar que discípulos de Alice Ann Bailey hayan podido inspirar determinadas decisiones que afectan a Naciones Unidas. ¿Imposible?

1. La Sala de la Meditación como testimonio

El 1976 leí un libro que más adelante perdería titulado “¿Qué es la masonería?”. Estaba escrito por Ferrer Benimelli y era un introducción bastante sencilla –como sencilla era la colección en la que se inscribía- a esta organización a la que la muerte de Franco abría de nuevo las puertas para su legalización. El libro no me llamó la atención sino por una frase que recuerdo textualmente: “La masonería considera que la fundación de las Naciones Unidas da inicio a la era de la luz”… A pesar de que Benimelli en 1976 ya conocía suficientemente lo esencial de la masonería –aun cuando todavía no era miembro de ella- la frase me sorprendió por imposibilidad con cotejarla con cualquier otro texto masónico. Efectivamente, era cierto que la masonería –y no solamente la masonería- había acogido la fundación de las NNUU con entusiasmo y esperanza. Pero no había en ella nada especial. Es cierto también que Dah Hammarsjol había sido miembro de la masonería y lo mismo se decía de U’thank su sucesor y de Trygve Lye su predecesor… pero ni siquiera los textos sobre la masonería regular consideraban a NNUU como algo muy especial ni, por lo demás, tampoco los masones con los que hemos hablado desde entonces han confirmado la frase de Benimelli. Ahora bien…

Por tanto, cuando Ferrer Benimelli nos decía en 1976 que “La creación de NNUU supone para la masonería el advenimiento de la era de la luz” no mentía… simplemente se estaba refiriendo a que un sector de la masonería: los co-masones ingleses.

Ahora es preciso explicar que este reconocimiento de la co-masonería a NNUU no es teórico y unidireccional, sino que ha podido expresarse con claridad y nitidez dentro misma de NNUU hasta el punto de que, en determinados niveles de decisión, se asume como propio.

La prueba de la importancia de la sala de la meditación es que, cualquier invitado relevante que visita la sede de NNUU es llevado allí. El último, el Papá Benedicto XVI, después de hablar ante la asamblea general de NNUU “fue pasado” por la Sala de la Meditación durante su visita el 18 de abril de 2008[1]. El discurso del papa fue protocolario, muy en la línea de un patriarca católico. Se limito a apelar al deber de la institución a intervenir ante las crisis humanitarias y proteger a la población. Luego visitó el despacho particular de Ban Ki-moon y saludó a algunas personalidades de la institución y cantó con un coro de niños en alemán: “¿Puedes contar las estrellas?”. La nota de EFE añadía: “También se detuvo unos momentos para rezar en la sala de meditación de la institución y después abandonó el edificio, entre gritos de los funcionarios, algunos en español, de "Viva el Papa"”. Ni en esta ni ninguna otra información especificaba qué diablos era la “sala de la meditación”. Sin embargo, no era la primera vez que un Papa católica visitaba esa institución.

El 4 de octubre de 1965 en el primer desplazamiento de un Papa a Nueva York, Paulo VI , fue conducido a esta sala que apenas tenía en aquel momento quince años. En aquella ocasión, al menos en EEUU, los fundamentalistas cristianos atacaron al Papa resaltando que en su alocución ante la Asamblea General había evitado toda alusión al catolicismo y se refirió solamente a vagas cuestiones sociales y humanitarias. Por otra parte, esos mismos medios fundamentalistas, en pleno debate sobre el Vaticano II, denunciaron que el Papa “se había rendido ante los Illuminati”. Para colmo denunciaron que en el interior de la sala de la meditación había realizado "un ritual ocultista de iniciación" cuya validez quedó rubricada por la posterior construcción en Washington del llamado Templo del Entendimiento, provisto también de un triángulo con el ojo correspondiente, y en el que se representa a las seis creencias más extendidas del mundo: hinduísmo, budismo, confusianismo, judaísmo, cristianismo e islamismo”[2].

Catorce años después de esta visita, Juan Pablo II volvía a la misma tribuna y realizaba el mismo discurso el 2 de octubre de1979 a poco de ser consagrado Papa de la cristiandad, cuando era Secretario General de NNUU Kurt Waldenheim y repitió el 5 de octubre de 1995, cuando su salud empezaba a estar ya mermada. En ambos casos visitó la Sala de la Meditación. En todas estas visitas, resulta curioso comprobar como el Vaticano, no menciona nunca el paso del Papa por la sala y si lo hace es de soslayo y sin explícar en qué consiste ni cuál es su historia. Y se comprende a la vista de los ataques que recibió Paulo VI cuando, por primera vez visitó el lugar. ¿Por qué este encono?

Todo lo que rodea a la sala de la meditación de NNUU es puro pensamiento mágico que parece tener muy poco que ver con la racionalidad inherente al siglo XX.

En 1977 conocí a un ciudadano guatemalteco que dirigía una revista de información política independiente; se llamaba José René Barón Ferrufino; en el curso de la guerra civil que asoló a aquel desgraciado país centroamericano, perdí el contacto y supe luego que él y su publicación habían desaparecido. Me aseguraron que murió en el curso de una vendetta política. Barón le dedicó a mi mujer un libro que recogía curiosas informaciones sobre distintos aspectos de la historia contemporánea. Entre otras cosas se hablaba de un curioso "Salón de la Meditación", un espacio situado en el edificio de las Naciones Unidas de Manhatan que sería el centro de una "nueva religión mundial". A una organización con vocación mundialista correspondía una espiritualidad, igualmente, mundialista. Nunca había oído nada parecido y, mi reacción fue de escepticismo. Leí algunas obras sobre la fundación del organismo internacional y especialmente de su primera época y no había absolutamente ninguna referencia a aquella misteriosa "sala". Pero lo cierto es que Barón Ferrufino añadía un par de fotos que demostraban a las claras que el lugar existía y aportaba datos muy concretos. No fue sino hasta 1991 cuando confeccionando la base de datos de nuestra biblioteca familiar, volví a encontrarme el libro en cuestión y decidí informarme sobre el tema.

Yo, por entonces, si bien había oído hablar de A.A.B., no sabía gran cosa de las organizaciones por ella creadas. Y sin embargo el libro de Barón Ferrufino mencionaba una serie de instituciones, entre ellas la editorial "Lucis Trust". Me procuré la dirección en Ginebra y escribí. Así mismo envié un fax a la Secretaría General de las NN.UU. para que me enviaran documentación sobre el tema. Campoy, el director de "Más Allá" quería publicar un artículo sobre el asunto y necesitaba material gráfico. Solo al cabo de diez meses recibí de la Delegación de las NN.UU. en Madrid un pobre folleto ciclostilado que contenía una mínima parte de la información que recogía Barón Ferrufino[3]. Las ONGs colaboradoras de las NN.UU. y de sus agencias no sabían nada sobre la "sala" en cuestión; ni tampoco había rastro del lugar en las bibliotecas que consulté.

Pero en 1995, desde el 120 de Wall Street, me llegó un sobre de "World Goodwill" (Buena Voluntad mundial) con un par de diapositivas que demostraban la realidad de aquella misteriosa "sala". A partir de ahí empecé a ordenar mi documentación y me llevé un buen número de sorpresas.

2. La desconocida historia de la Sala de la Meditación

La "Sala de la Meditación", en efecto, está abierta al público desde 1952, oficialmente “para que gentes de distintos pueblos y razas, procedentes de horizontes culturales y geográficos, en ocasiones antípodas, puedan hacer votos por la paz y la fraternidad humana”, es decir, unas nobles intenciones en cuya plasmación las Naciones Unidas han cosechado ya múltiples y dolorosos fracasos.
Para mantener vivos y perpetuamente estos principios se construyó el "Salón de la Meditación" en el edificio central de las NN.UU. en Nueva York. Se trata de una planta trapezoidal de 9 metros de largo y cuyas paredes paralelas desiguales miden 3 y 6 metros respectivamente. El eje está orientado hacia el noreste y en su centro se encuentra una mesa metálica de 1 x 2 metros, construida en magnetita (piedra imán). Dicho bloque, debe pesar varias toneladas y está sostenido por una columna cuadrangular de cemento armado que se hunde más allá de los sótanos y los cimientos del edificio, hasta llegar a la capa de roca sobre la que se asienta éste. En la pared más pequeña -la de 3 metros- se exhibe un fresco del pintor sueco Bo Beskow[4], de estilo abstracto; sus dimensiones son 2,60 m. de alto por 1,80 de anchura. Tales son las proporciones de este verdadero primer templo de la Nueva Era. Y a unos pasos de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Altar de Magnetita

La visita a este "Salón" es libre; dos policías custodian la puerta acristalada que da acceso a un corredor oscuro que conduce hacia la izquierda. Este pasillo supone un fuerte contraste con la iluminación a base de fluorescentes que le ha precedido. En efecto, el corredor se encuentra prácticamente en penumbra. A su término, tras seis metros de recorrido casi tenebroso, a la derecha, el visitante encontrará la puerta de esta extraña sala. Verá el altar magnético iluminado de forma particular: desde el techo una lámpara desprende un haz de luz sobre el altar, el cual, por efecto lumínico, emite reflejos azulados de refracción. Completamente insonorizada, está "cámara de aislamiento sensorial", contrasta con el bullicio exterior; según quienes la han visitado, el silencio de la estancia consigue aturdir. El suelo está recubierto de moqueta azul y el fresco se encuentra iluminado de tal forma que se consigue ver la superficie pero no el marco que lo contiene. Tras el altar y entre él y la pared de 6 metros se encuentran algunos bancos para que el público pueda cumplimentar la función para la que ha sido creado el salón: la meditación.

Tal es la morfología de la Sala. Queda ahora examinar su esoterismo y éste es todavía más sorprendente.

3. El simbolismo del lugar

Lo primero que se advierte es que las proporciones de la misma están en relación 1 - 2 - 3: un lado superior de 6 metros, una base de 3 y una altura de 9 metros. Estas medidas, proporcionadas, así como la presencia de un altar en el centro, nos indican que nos encontramos en un lugar "mágico". Si proseguimos nuestro análisis geométrico de la sala advertiremos que dispone de cualidades sorprendentes.

Me dí cuenta hace más de quince años, mientras jugaba con una regla y un compás. Dibujé la planta del salón respetando escrupulosamente las proporciones. Primeramente advertí que si trazamos un línea recta desde cada ángulo de la sala hasta su opuesto advertiremos que el altar de magnetita se encuentra situado en el centro geométrico.

Trazando a partir de ese centro una circunferencia tal que su perímetro toque los cuatro vértices del trapecio, la base del mismo será, a su vez, la base que nos servirá para trazar una estrella de cinco puntas.

el misterio del trazado geométrico

Explicación al trazado geométrico del Salón de la Meditación
La proporción 3-6-9 nos da un trapecio que tiene la propiedad de que su base permitirá trazar una estrella de cinco puntos inscrita en la
circunferencia que pase por cada uno de sus vértices. En el centro de las diagonales del trapecio se encuentra el altar de magnetita

Esta estrella en la simbología masónica y, en general, en todos los esoterismos, es el símbolo del hombre cósmico, a la Humanidad que la Bailey consideraba protagonista de la Nueva Era de Acuario.

Prolongando sobre el plano la longitud de las dos paredes convergentes, más allá del fresco, irán a converger en un punto situado a 18 metros de la pared base del trapecio. No podía ser de otra manera, si tenemos en cuenta que los lados paralelos tienen unas dimensiones de 3 y 6 metros, es decir, en proporción 1 a 2, y que la distancia que lo separa son 9 metros (9 x 2 = 18 m.). Si en este punto de convergencia de las prolongaciones de ambos lados apoyamos el compás y lo abrimos con cualquier ángulo, trazaremos un círculo que tendrá una propiedad sorprendente: el ángulo formado por esas prolongaciones de los dos lados, marcará sobre el círculo un ángulo tal que estará en condiciones de dividir la circunferencia en 19 partes iguales. Hay que señalar que desde el punto de vista matemático esta división es imposible ya que la división no nos da un número exacto, sino un período constante. Ahora bien, el problema de dividir un círculo en 19 ángulos iguales si tiene una resolución geométrica: la que acabamos de apuntar.

Los números clave de este enigma son el 5 (número del pentáculo inscrito en el círculo trazado tomando como base el altar y los cuatro ángulos de la sala) y el 10 (1 + 9, derivado de las 19 partes en las que se puede dividir el círculo trazado tomando como centro el punto de confluencia de los dos lados convergentes).

Geometría del Salón de la Meditación

Geometría del salón de la meditación: cómo se pasa del microcosmos del Salón al
macrocosmos de la dinividad (19 = 1+9 = 10) simbolizada en lo que está "más allá" del fresco de Bo Beskow.
La proporción 3-6-9 permite dividir el círculo en 19 partes, operación matemáticamente imposible

Existe entre estos dos números, el 5 y el 10, la misma relación existente entre el macrocosmos y el microcosmos. Si el 5 es el número del Hombre, el 10 es el número del Todo, de la Unidad infinita y del origen de todas las cosas. La kábbala judía atribuye al número 10 la letra Yod, inicial de Israel, de Yavhé y del gran patriarca Jacob. El color que la kábbala le relaciona es el color azul celeste, que es el mismo que encontramos en la bandera de las Naciones Unidas y en la moqueta que cubre el suelo del "Salón de la Meditación". El significado simbólico del conjunto está, en este punto, completamente elucidado: el Salón de la Meditación es un espacio "humano" (marcado con el número 5) a través del cual se puede acceder al espacio trascendente (señalado por el 10).

Esta explicación está acorde con la que el autor del fresco, el pintor Bo Beskow, dió del mismo y que recojía Barón Ferrufino en su libro: "Todo lo que he intentado hacer al pintar el cuadro fue abrir la pared, dejar que el ojo viaje más lejos, abrir la menta, provocando una meditación". El folleto publicitario del "Salón" que me enviaron desde la Delegación de las NN.UU. en Madrid, corroboraba este orden de ideas: "cuando sus ojos viajen desde estos símbolos a la pared frontal [la del fresco] encuentran un camino sencillo abriendo el salón a la armonía, solidez, libertad y equilibrio del espacio". Mas allá del cuadro, sobre el plano, la convergencia de las paredes resuelve la imposibilidad matemática de dividir 360º en 19 partes iguales.

El altar situado en el centro del Salón fue donado por el gobierno sueco y es el mayor bloque de este mineral encontrado hasta la fecha. Fue desbastado y se le dio forma de ara. Llama particularmente la atención la innecesaria prolongación de la columna que lo sostiene hasta más allá de los fundamentos del edificio.

En el folleto que entregan a la entrada del Salón, escrito bajo la supervisión del propio Dag Hammarskjold[5] (segundo secretario general de las Naciones Unidas) no encontramos una explicación válida para tanto esfuerzo: "[el altar] nos recuerda también lo que es firme y permanente en un mundo de movimiento y cambio. El bloque de mineral de hierro tiene un peso y una solidez de lo que dura siempre. Es un recuerdo de la piedra angular de perseverancia y fe sobre la cual todo esfuerzo humano debe basarse". Pero ninguna palabra se dice en relación a la costosa columna que sostiene el altar, ninguna explicación de por qué se optó por hacerla así y no limitada en profundidad por el suelo del Salón. Tampoco existe dato conocido que contribuya a explicar este misterio.

Si hemos de interpretar los hechos objetivos, está claro que nos encontramos ante un intento de aprovechar las corrientes telúricas que fluyen bajo nuestros pies, a través de la columna que sostiene el altar y de la que éste sería un condensador. Tal condensador de energía telúrica (en zonas campesinas en Francia y en otras tradiciones se habla de la "Wouivre", serpiente que corre bajo la tierra; tradiciones corroboradas por la ciencia moderna con el nombre de "líneas geodésicas", aquellas que marcan zonas en donde el magnetismo terrestre es más acusado) sería un elemento que ayudaría a la concentración y meditación del visitante.

4. El fresco del pintor sueco

Queda por examinar el misterioso fresco de Bo Beskow. Que no se trata de un cuadro abstracto realizado al azar está claro tras una ojeada somera. Está compuesto por 72 figuras geométricas, de las que 22 son triángulos; en la parte superior izquierda, esquematizada, está una media luna, cuya circunferencia interior es equidistante del centro de la otra circunferencia, completa esta, pero partida en dos colores, que se encuentra en la mitad superior derecha.

Sala de la Meditación

Cortando el cuadro de arriba a bajo, una diagonal inclinada se ve recorrida por una línea curva que, yendo y viniendo, la atraviesa en nueve ocasiones. Los colores dominantes son grises y los tonos azules claros, pero también hay franjas blancas y amarillas. Destaca sobre todo, la media esfera negra. En el comentario publicado al ser inaugurada la sala en la Revista de las Naciones Unidas, se podía leer: "Como un punto de descanso para quien mira, el autor pintó una mancha negra en medio de los colores pálidos, un medio círculo en el cual todas las líneas del fresco convergen".

Bo Beskow

¿Cuál es el significado -si lo tiene- de todo esto? El cuadro fue encargado directamente por Dag Hammarsjold y exhibido por vez primera en noviembre de 1957; "no tiene título, vd. puede interpretarlo como quiera". Pero tras la aparente anarquía de colores y formas, se percibe un ritmo y una síntesis simbólica no desdeñable.

Las 72 figuras geométricas que lo componen tienen un significado preciso. En la tradición egipcia, 72 es el número de “compañeros de Seth” que le ayudan en su venganza contra la pareja Isis-Osiris. Aquí vuelve a aparecer. Las 72 figuras geométricas son el resultado de dividir los 360º de la circunferencia, por 5. Esta cifra es, según la Kabbala, la que indica los 72 nombres de Dios, derivados de permutar las cuatro letras del Tetragramaton (JHVH = Jehová) todas las veces posibles. El número de triángulos es igualmente significativos: 22 son, ciertamente los Arcanos Mayores del Tarot y el Loco (el comodín de las barajas modernas). "Triángulos", dicho sea de paso, es el nombre de una de las tres organizaciones inspiradas en los escritos de A.A.B.

El origen del número 72 se remonta a la parte más problemática de la tradición egipcia. Steh, dios de la cabeza de asno, estaba rodeado de 72 compañeros que le secundaron en el asesinato de Osiris y en la persecución de Isis. Seth y sus compañeros constituían en la leyenda un "colegio iniciático" opuesto a Osiris-Isis. Si Osiris encarna el orden y la naturaleza uránica y solar, estable o, por decirlo en términos clásicos, apolínea y olímpica, Seth, el Tifón griego, era el símbolo del caos. Es significativa esta inclusión de 72 figuras poligonales. Y es así mismo significativo que, como estamos viendo, sea posible vincularlo a una obra de inspiración masónica y ocultista. En cuanto a la diagonal, por ejemplo, situada transversalmente en el cuadro de arriba a abajo, es, a su vez, atravesada por una curva serpentina que en nueve ocasiones. El 9 corresponde a la letra hebrea Teth que simboliza a la Serpiente de la Sabiduría; las nueve interferencias de la curva sobre la recta determinan en ésta diez secciones, equivalentes a las diez sephiras de la kábala hebrea.

El cuadro es una representación abstracta del "hombre primordial" representado en el Cosmos, el Adam Kadmon de la Khábala y cuya columna vertebral es la línea diagonal es atravesada por la Serpiente de la Sabiduría. Este hombre primordial debe atravesar todas las situaciones posibles de la vida (los 22 arcanos del Tarot), para poder vivir realizarse plenamente: tal es lo que se pretende lograr con la "Sala de la Meditación".

La creación de la Sala de la Meditación no constituyó un hecho aislado. Los diez años que siguieron al final de la II Guerra Mundial fueron de gran efervescencia místico-ocultista. El Consejo Mundial de las Iglesias ejerció presión sobre la ONU para instalar la Sala en cuestión, hasta que el 18 de abril de 1949, Trygve Lie, primer secretario general de la ONU, anunció que se instalaría en el edificio central de la organización, entonces todavía en construcción. Este Consejo fundado en 1948, agrupa hoy a 332 iglesias de un centenar de países. En 1992 surgieron fricciones en el interior. En efecto, durante la Asamblea de la organización celebrada en Camberra, los delegados atravesaron una doble hilera de hojas ardiendo, que despedían una densa humareda; se trataba de un rito de "purificación". Algunos delegados protestaron por lo que consideraban una práctica "pagana y animista". Y de hecho suponía, en la práctica, un retorno al pensamiento mágico.

El Movimiento de los Laicos Cristianos había realizado la misma propuesta en 1946. Su secretario Weyman C. Huckaber, pastor metodista, recibió donativos durante 5 años del Fondo Davison, gerenciado por John Rockefeller, para estimular un proyecto paralelo. En efecto, el Movimiento de los Laicos Cristianos, instaló en el segundo piso de su propio local otro "Salón de la Medítación". Este grupo dispone de una biblioteca excepcionalmente bien dotada en temática religiosa y ocultista. El fondo originario de dicha biblioteca fue legada por Thomas Sugre y en su lomo presenta una curiosa e inequívoca señal: una T y una S (dibujada con forma de serpiente) superpuestas con una flor de loto encima. Es evidente que dicho símbolo es una esquematización del Ankh egipcio o "lleva de la vida", un símbolo muy apreciado por la teosofía y algunas corrientes masónicas.

En la Sala de la Meditación de las O.N.U., se colocó, poco después de su apertura, en 1955, un fragmento de un árbol del África francesa, contaba con 300 años de antigüedad y pesaba cerca de 400 kg. La idea partió de Wallace Harrison, director del equipo de arquitectos que planearon el edificio de la ONU y co-arquitecto y director del Rockefeller Center. Al colocarse luego el altar de magnetita, el árbol (verosímilmente una rememoración del "árbol de la vida"), el fragmento del árbol fue trasladado precisamente a la Sala de la Meditación del Movimiento de Laicos Cristianos.

Dag Hammarskjold

Dag Hammarskjold ante el edicificio de NNUU cuando se estaba construyendo

A partir de 1953 se organizaron los "Amigos del Salón de la Meditación", organización que pronto contó con 1500 miembros que obsequiaron libros en blanco para que los visitantes dejaran su firma, datos personales y confesión religiosa. Warren R. Austin, ex-delegado permanente de los EE.UU. en la ONU, encabezaba este grupo de amigos y, por lo demás, pertenecía al Movimiento de Laicos Cristianos. En los años 50, esto revestía un auténtico culto religioso autónomo y sincrético. A mediados de la década se habían repartido 300 tarjetas de identificación a personas que iban regularmente a orar a la Sala de la Meditación. En los años 1953 y 54 se celebraron "Jornadas de Oración". También aquí la familia Rockefeller donó a esta asociación de "Amigos del Salón" cuantiosas sumas, siendo el otro benefactor, el propio secretario general Dag Hammarsjold.

Otra rama disidente de la teosofía norteamericana, pero similar en todo a la matriz común, la "Escuela Arcana" apoyó entusiásticamente todas estas iniciativas a través del "Boletín Buena Voluntad Mundial". En el número especial de julio de 1957, se aludía ampliamente a la sala de la Meditación con particular referencia al altar de magnetita.: "uno siente como si estuviera en presencia de algún talismán de natural noble y significativa importancia", habían escrito los discípulos de Alice Ann Bailey. De esta "influencia" debía partir el "nuevo punto de arranque en el pensamiento religioso".

(c) Ernesto Mila - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com

[1] EFE. 18-04-2008 21:00 CET

[2] La mentalidad conspiranoica del fundamentalismo cristiano puede advertirse perfectamente en soldadoluz.multiply.com/journal/item/93?&item_id=93&view:replies=reverse, cuando comenta la visita de Paulo VI a NNUU.

[3] El texto del folleto en cuestión se puede leer actualmente en la web de NNUU, en la página de “Dependencia dedicada a información al pública” (http://www.un.org/spanish/geninfo/faq/index.html) Se titula ¿Qué es la Sala de Meditación?, y su contenido es el siguiente:

“La Sala de Meditación, ubicada en el ala oeste del vestíbulo del público del edificio de la Asamblea General de las Naciones Unidas, es un espacio de recogimiento dedicado a la paz mundial y a disposición de las gentes de todos los credos y religiones. Cientos de personas, que han dejado constancia de su apoyo a la paz mundial en un libro de visitas, han pasado por esta sala, abierta en octubre de 1952 y remodelada y ampliada durante el invierno de 1956.

Concibió la idea de esta Sala Dag Hammarskjöld, Secretario General de las Naciones Unidas, que creía que, en vista de su entrega a la labor y el debate en pro de la paz, las Naciones Unidas “debían contar con una sala dedicada al silencio, en sentido externo, y a la calma, en sentido interno”. El Sr. Hammarskjöld planificó y supervisó personalmente la creación de la Sala de Meditación.

La sala tiene forma de V, es de un blanco desvaído y en su parte más estrecha hay un panel saliente que está cubierto por un fresco del artista sueco Bo Beskow. Este fresco, que mide 2,74 x 2 metros, consta de formas geográficas azules, blancas, grises y amarillas cuyos colores claros y puros se entrecruzan formando sombras más oscuras. En el centro de la sala se encuentra una gran losa de mineral de oro sin trabajar y en estado de máxima pureza que tiene millones de años. La losa se eligió como símbolo de intemporalidad y fortaleza. Esta roca de forma rectangular, regalo de Suecia, tiene cerca de 1,2 metros de alto y pesa seis toneladas. Un rayo de luz baña la roca en una sala de extrema sencillez en la que no hay más símbolos.

El Sr. Hammarskjöld, también él oriundo de Suecia, comentó sobre la roca de mineral de oro: “Su material nos hace pensar en la necesidad de elegir entre la destrucción y la construcción, entre la guerra y la paz. Con hierro ha forjado espadas el hombre, con hierro ha hecho rejas de arado. Con hierro ha construido tanques, pero también con hierro ha levantado viviendas. El bloque de mineral de hierro forma parte de la riqueza que hemos heredado en esta tierra nuestra. ¿Qué uso le vamos a dar?”

El Secretario General sabía exactamente cuál sería el uso que tendría esta sala de recogimiento en el futuro: “Un antiguo dicho afirma que el sentido de una vasija no está en el recipiente, sino en el vacío. Lo mismo ocurre con esta sala. Es para quienes acuden a ella para llenar el vacío con lo que encuentran en su centro de calma”. El Sr. Hammarskjöld falleció en Zambia en accidente de aviación el 18 de septiembre de 1961 mientras viajaba por África en misión de paz.

Esta hoja de datos ha sido publicada por la Dependencia de Información al Público, Departamento de Información Pública, Naciones Unidas

Tel.: 212-963-4475;  Fax: 212-963-0071 Correo electrónico: inquiries@un.org

[4] El 4 de abril de 1989, el diario El País publicaba una escueta nota sin apenas comentarios: “Bo Beskow, pintor y escritor sueco, falleció el pasado fin de semana, a la edad de 83 años. Considerado como un renovador de las concepciones del arte del vitral, dejó como testimonio de este aspecto de su personalidad artística 37 vitrales en la catedral de Skara, al suroeste del país, una de las más antiguas de Suecia. Éste fue considerado el trabajo cumbre del pintor desaparecido. Beskow realizó también dos trabajos de pintura abstracta en el edificio general de las Naciones Unidas en Nueva York. Colaboró con el director Alf Sjoberg en la puesta en escena de obras famosas del teatro universal. Sus estudios de arte los realizó durante los años veinte en Roma, París y Portugal. De su estancia en este país resultó su primer libro, llamado precisamente Fuga hacia Portugal. Escribió también una autobiografía”.

Había nacido el 13 de febrero de 1906 en Djursholm, Estocolmo. Estudió en la Facultad de Bellas Artes y luego en Roma y Portugal. Decoró varias iglesias suecas restauradas Amigo del Secretario General de NNUU, sueco como él, le encargó el célebre fresco de la Sala de la Meditacion. Él y Beskow eran miembros de la Iglesia Estatal Luterana de Suecia y estaban influidos por las ideas ecuménicas del obispo Nathan Söderblom, un amigo de la familia, defensor de una forma de ecumenismo que basado en la meditación y en función de ella en la creación de una religión mundial.

[5] En la Web de NNUU dedicada a Dag Hammarskjold se encuentra este significativo texto que va seguido de unas líneas escritas por el propio secretario general de la organización cuando se reabrió la Sala en 1957. Lo traducimos del inglés:

"Una Sala de Silencio". La sala de meditación, Sede de las Naciones Unidas.- En el proyecto original para la nueva sede de NNUU, una pequeña habitación era el lugar dedicado a guardar silencio, donde la gente podía retirarse en sí mismos, independientemente de su fe, credo o religión, Dag Hammarskjöld, quería algo que fuera digno. En sus gestiones fue apoyado por un grupo, integrado por cristianos, Judios y musulmanes, los "Amigos de la ONU Sala de Meditación", que combinaron sus esfuerzos y siempre que el dinero para una habitación digna de una organización mundial. El trabajo en la sala comenzó, y el Sr Hammarskjöld personalmente planificó y supervisó en cada detalle la creación de la "Sala de Meditación". Un ejemplo de su interés se refleja en este intercambio de correspondencia en sueco en relación con el diseño de la tela que se utilizará para la moqueta. La periodista Pauline Frederick escribió sobre esto. "Él fue el instrumento para la creación de lo que se llamó la Sala de Meditación. Dijo: - Esta casa debe tener una sala dedicada a guardar silencio ... Recuerdo muy claramente una noche, cuando me enteré de que había estado trabajando la mayor parte de la noche, y cerca de dos de la mañana, llamó a algunos de sus ayudantes. Se suponía que había habido  malas noticias de uno de los frentes donde se encontraban las fuerzas de emergencia de NNUU, pero él dijo: "Quiero ir a la Sala de Meditación." Allí fueron a las dos de la mañana, y allí dedicó mucho tiempo a dirigir la actividad de los pintores para que la Sala de Meditación se acabara como él quería. Consideró que debería ser el centro de las Naciones Unidas y dijo, "Deseo traer de regreso a esta sala, la quietud que hemos perdido en nuestras calles, y en nuestras salas de conferencias, en un entorno en el que ningún ruido que afectan a nuestra imaginación. "

Se prohibió sillas que se reemplazaron con los bancos; en el centro de la habitación le colocaron una de seis y medio de toneladas rectangular bloque de mineral de hierro, pulido en la parte superior e iluminado desde arriba por un solo centro de atención. Este bloque, que fue un regalo del Rey de Suecia y una compañía minera sueco, fue el único símbolo en la habitación del Sr. Hammarskjöld lo describió como "... una reunión de la luz, del cielo y la tierra .. Es el altar al Dios de todos... queremos que este enorme altar para dar la impresión de algo más de temporal…".

Además, como resumen mural se colocó una composición de motivos geométricos entrelazados que se supone que evocan un sentimiento de la unidad esencial de Dios, fue ordenado por Dag Hammarskjöld de su amigo artista Bo Beskow.

La habitación se volvió a abrir sus puertas en 1957. Dag Hammarskjöld escribió el siguiente texto que se distribuirá a los visitantes de la habitación:

"En este edificio, dedicado al trabajo y debate en el servicio de la paz, debería haber una sala dedicada a guardar un silencio que sugiriera quietud interior. Tal ha sido el objetivo al crear en esta pequeña habitación  un lugar donde las puertas pueden estar abiertas a las formas infinitas de pensamiento y la oración.

Gente de muchas religiones se reunirán aquí, y por esa razón ninguno de los símbolos a la que estamos acostumbrados en nuestra meditación puede ser utilizado. Sin embargo, hay cosas simples que nos hablan el mismo idioma a todos. Hemos tratado de reunir ese tipo de cosas y creemos que lo hemos encontrado en el eje de la luz brillante llamativa la superficie de roca sólida.

Así que, en el centro de la sala vemos un símbolo de cómo, día a día, la luz de los cielos da vida a la tierra en que nos encontramos, símbolo para muchos de nosotros de cómo la luz del espíritu da vida.

Pero la piedra en el centro de la sala tiene más que decirnos. Podemos verlo como un altar, vacío, porque no hay ningún Dios, porque no se trata de un altar a un dios desconocido, sino porque es dedicado al hombre que adora a Dios bajo muchos nombres y en muchas formas.

La piedra en el centro de la sala nos recuerda también la firmeza y permanencia en un mundo de movimiento y cambio. El bloque de mineral de hierro tiene el peso y la solidez de lo eterno. Es un recordatorio de la piedra angular de la resistencia y de la fe en que todo esfuerzo humano debe estar basado".

 

 

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