Infokrisis.-Los dos vídeos introductivos al tema del universalismo masónico están extraídos de la famosa (e inencontrable) película "Forces Ocultes" [fuerzas ocultas], firmada en Paris durante la ocupación alemana. Por primera vez en el cine se puede ver una ceremonia de iniciación masónica en el grado de Aprendiz. El guión y la ambientación habían sido establecidos por Marqués-Riviere, antiguo miembro de la masonería que pasó al campo opuesto tras percibir que cierta masonería había traicionado a sus orígenes [aludía al Gran Oriente de Francia]. En la actualidad la ceremonia de iniciación en la masonería es prácticamente idéntica.

Un querido amigo me ha hecho la observación de que, a lo largo del estudio sobre la doctrina Zapatero, minusvaloro el universalismo masónico. Si es un error el considerar a la masonería como universalista, también lo sería el considerar a Zapatero como no-masón, precisamente por que sostiene un universalismo de facto. Si la masonería es universalista, implica no excluir la pertenencia de Zapatero a la masonería, o bien la influencia que la masonería ejerce en el entorno de Zapatero y en la elaboración de sus concepciones doctrinales. Zapatero, como se sabe, es universalista en la medida en que para él la nacionalidad es algo superfluo que no implica nada. Por tanto, le tiene sin cuidado el que algunos puedan reivindicar “naciones” periféricas y fracturarse nacionales históricas. Dado que esta posición sobre el universalismo de Zapatero es importante –dado que si se demuestra que su universalismo y el de la masonería son de la misma matriz eso implicaría un influencia del pensamiento masónico sobre la ecuación mental de Zapatero– hemos decidido incluir las reflexiones que siguen

Dificultad de definición del concepto “universalismo”

No es fácil ponerse de acuerdo sobre lo que quiere decir “universalista”. Existen muchas concepciones de universalismo, frecuentemente, son antitéticas. El Diccionario de la Lengua Española[1] define “universalismo” como “cualidad universal, universalidad” indicando que sería una corriente reduccionista a lo “único” o a lo “uno”. Y añade como segunda acepción: “Doctrina política que propugna la creación de un estado universal”. Pero aquí pueden establecerse algunos matices.

Reforzando esta segunda acepción, Wikipedia[2] dice: “En muchas ocasiones se nombra como universalismo a la ideología que tiene como fin la unificación de todos los poderes e instituciones mundiales bajo una sola cabeza, ya sea por medios religiosos o políticos”. Lo cual es afinar un poco más pero complicar también el problema: el concepto de “Rey del Mundo”, o “Emperador del Mundo” que aparece en muchas tradiciones seculares[3] indica una idea de dominio universal y, por tanto, sería portadora de una forma de “universalismo”, al igual que cualquier concepto Imperial. Desde el momento en que se declaraba que en el Imperio Español no se ponía el Sol, se estaba aludiendo a una estructura “universal”.

Habría que especificar que “universal” no sería lo mismo que “universalista”. El catolicismo por ejemplo sería “universal”, pero ¿se le podría añadir el calificativo de “universalista”? El matiz es obligado: algo universal es algo de valor general aplicable en todo el orbe; universalista sería un concepto holístico que tendería a aplicar el criterio universal en todos los ámbitos de lo humano. Universalismo sería pues la búsqueda de un “gobierno universal”, de una “religión universal, de un “mercado universal”, de una “cultura universal” y de un pensamiento “universal”. Y aquí ya estamos alejados de la idea imperial que siempre ha constituido un polo de agregación de partes diferenciadas. Castilla siguió siendo Castilla con el Imperio de los Austria, Aragón siguió siendo Aragón y Flandes siguió siendo Flandes. Nunca se intentó un afán reduccionista y nivelados que solamente apareció en la historia con la degeneración de la idea imperial en absolutismo (tránsito que se opera en España a partir de la guerra de sucesión con la sustitución de los Austrias por los Borbones).

Así mismo, el catolicismo es “universal” en tanto que forma religiosa que aspira al reconocimiento unánime de sus dogmas y a la idea de que la “salvación” es algo universal que no depende de la raza ni de la nacionalidad, sino de la adhesión individual a sus principios.

Dentro de la doctrina antiherética de la Congregación para la Doctrina de la Fe, existe una herejía llamada “universalista” que si bien no nos dice nada sobre la relación entre masonería y universalismo, si nos dice todo sobre el concepto católico de “universalismo”. Nos dicen[4]: “La herejía del universalismo es la creencia de que al final toda la gente se salvará,  que impregna los textos de muchos escritores masones y constituye una doctrina  incompatible con las enseñanzas del Nuevo Testamento”. Atribuyendo a la palabra universalismo un significado propio, la Iglesia evita pronunciarse sobre si ella es, a su vez, universalista. A fin de cuentas es una mera guerra de palabras y un mismo concepto lanzado es arrojado contra el adversario cargado con un contenido específico que, en el lenguaje normal no tiene.

A nadie se le escapa que la concepción universalista en sentido estricto puede conducir al reduccionismo y a un empobrecimiento antropológico y cultural de las poblaciones y de los individuos. Y esto es lo que la Gran Logia de España reconoce. El Supremo Consejo de Grado 33 (estructura masónica unitaria de altos grados de Rito Escocés) escribe sobre este tema, estas precisas observaciones[5]:

Aunque el mundo profano se esfuerza en enfrentar conceptos como universalidad y diferencia, los masones escoceses podemos proclamar que sin respeto a las diferencias el universalismo puede degenerar en totalitarismo, y que, sin exigencia de valores universales (es decir sin un horizonte de universalismo) el derecho a la diferencia podría desembocar en un enfrentamiento bélico. Por eso conviene mantener pujante siempre la vocación universal de la masonería”.

Y más adelante se añade: “En el plano internacional se aboga por la libertad e independencia de las Naciones en una concepción universalista y fraternal”, de lo que se deduce que:

1) Que la masonería regular reconoce la existencia de las Naciones.

2) Que la masonería regular aspira a evitar tensiones entre las naciones apelando al “universalismo” y a la “fraternidad”.

3) Que la masonería regular entiende que el “universalismo” es una estrategia para evitar conflictos internacionales[6]

4) Que la masonería regular alude a un universalismo relativo que está muy lejos del universalismo absoluto del que harían gala los defensores del “pensamiento único” y de lo “políticamente correcto”. La masonería regular no alude a “nivelar” las diferencias antropológicas y culturales, ni a generar una nueva “religión mundial”, ni siquiera su afirmación sobre la “fraternidad” termina en un llamamiento a la creación de un gobierno mundial”, o a defender explícitamente el proceso de globalización que, a fin de cuentas, es la forma más avanzada y peligrosa de universalismo.

Universalismo, catolicismo, masonería

A pesar de que las corporaciones medievales tuvieron como antecedente inmediato los gremios romanos y que en todo el mundo antiguo el “tercer estado” (la función productiva a la que aludió Dumezil[7]) tuvo una existencia real, los gremios medievales de los que extrae su legitimidad la masonería estaban inspirados por el catolicismo y, especialmente, se sentían particularmente próximos al gibelinismo[8]. Sin embargo, hacia el siglo XV la tensión gibelina desapareció casi completamente  y, a partir de ese momento, el movimiento gremial se configuraría como una fuerza católica, especialmente conservadora en lo relativo a sus fueros. Cuando cesa el impulso medieval de construcción de las catedrales y tras el incendio de Londres, de 1666, la masonería inglesa (es decir los gremios operativos de constructores) inicia una transformación que le lleva hasta la fecha clave de 1717 cuando, la masonería operativa, tras un período de gestación de dos siglos, se convierte -en parte- en masonería especulativa. En los primeros años, esa masonería está abierta solamente a católicos y es sólo en 1723 cuando se abre a otras religiones de tronco cristiano y luego a los judíos. A partir de ese momento, el universalismo masónico es distinto al universalismo católico. Porque, a fin de cuentas, el cristianismo fue la primera religión universalista.

En efecto, a diferencia del judaísmo que reducía el ámbito de aplicación de su religión a los individuos de raza judía, y a diferencia del paganismo que ignoraba estos planteamientos y para el que la única forma de universalismo era la idea imperial romana, el cristianismo aparece con una vocación misional y, propiamente, universal. La “palabra de Dios” puede se asumida por todo el mundo y, de hecho, debe de llegar al último rincón de la tierra. Esto hace que, tras el Edicto Milán y la conversión -más o menos ficticia- de Constantino, la idea imperial romana se vea impregnada por la idea universalista católica. Aún así, las invasiones bárbaras del siglo V-VI hacen que se recupere en buena medida la pureza de la idea imperial romana (con la figura del emperador como jefe político y espiritual, portador de la doble espada, frente a la concepción católica en la que el poder espiritual y el poder temporal estaban separados correspondiendo ambos, respectivamente, al Papa y al Emperador, con lo cual estaba claro que el primera estaba por encima del segundo). Tal será el núcleo de la polémica entre guelfismo y gibelinismo. A partir de la irrupción de las Españas en la escena internacional con los Reyes Católicos y los Grandes Austrias, la idea imperial estará puesta al servicio de la difusión de la fe en todo el mundo y, por tanto, el universalismo católico cobrará un nuevo impulso.

Ahora bien, en cierto sentido, el universalismo es contrario al imperialismo. Éste cristaliza en la aspiración de una nación a expandirse y gobernar en todo el mundo, mientras que el universalismo católico no tenía una nación “privilegiada”, sino una iglesia universal encargada de la proyección y difusión de la fe. La Ilustración, fuera ya del ámbito católico dará un nuevo impulso al universalismo, pero la Revolución Francesa, al desembocar en el Primer Imperio Napoleónico, reconducirá nuevamente el universalismo al imperialismo y al predominio de una nación sobre las demás. La única novedad será la prédica sobre el predominio de la razón y sobre los derechos del ciudadano.

Los imperios del siglo XIX serán imperios construidos en base a las necesidades económicas de las naciones. No es raro que el imperio británico caminara de la mano de la Compañía de Indias, siendo los lanceros bengalíes y demás unidades coloniales, un mero acompañamiento militar de una empresa fundamentalmente económico pero que, solamente para uso emotivo y sentimental de las poblaciones, esto es a efectos de justificación, tenía un contenido de difusión de la cultura.

La época de los imperialismos y la época de las naciones general formidables acumulaciones monetarias que dan lugar a una escalada del capitalismo de su nivel artesanal al industrial, de éste al imperialista, del imperialista al multinacional para llegar, finalmente, al período de la globalización. En esta última fase el impulso universal mesiánico se ha materializado completamente, pero no dista mucho del universalismo religioso de los primeros tiempos del cristianismo en donde el mismo sistema de creencias debía servir en todo el mundo, más allá de las peculiaridades antropológicas, étnicas y culturales. Análogamente, la globalización debe llegar a todos los ámbitos, más allá de las diferencias de desarrollo económico-social de cada una de las regiones del planeta.

Así pues, se puede concluir que la globalización es una forma invertida de universalismo católico, pues no en vano el universalismo irrumpe en la historia con el catolicismo y alcanza su máxima proyección con la globalización. Sin embargo, mientras que el catolicismo difundía una idea espiritual y religiosa, la globalización se realiza en base a un criterio material y consumista. De ahí que hablemos de “inversión”.

La evolución de la sociedad y de la masonería

En este proceso la masonería tiene indudablemente una parte de responsabilidad, especialmente cuando a partir del siglo XVIII existen nexos indudables entre la “filosofía de las luces”, la ilustración, y la francmasonería francesa de ese momento. Esa vinculación prosigue durante la revolución francesa y americana cuyos motores ideológicos son la masonería. Prosigue luego en la formación de los Estados Nacionales que, inevitablemente, están impulsados por el “partido de la burguesía organizada” que no era otro que las logias masónicas. Y prosigue desde luego en todo el período de capitalismo industrial en el que la burguesía sigue siendo la clase hegemónica de la sociedad… y el partido de la burguesía inspira los valores de esa sociedad.

Pero a partir de al Segunda Guerra Mundial todo este esquema se trastoca. La burguesía va perdiendo hegemonía en relación a los gestores financieros y a las grandes acumulaciones de capital, respecto a lo que podemos llamar, en definitiva, aristocracia económica primero y luego sacerdocio económico, pues no en vano, los promotores de la globalización, a partir de Fukuyama, han considerado a este proceso con rasgos milenaristas muy similares a los implícitos en las ideas cosmogónicas del catolicismo: la globalización acarreará el fin de la historia y abrirá una época de progreso y felicidad sin límites…

Y en esta parte, la masonería regular ya está completamente ausente. La burguesía no es hegemónica. La masonería a mediados del siglo XX deja de producir ideas. La burguesía ha perdido el ritmo de la historia y las naciones ya no tienen la dimensión adecuada para responder a las necesidades de su tiempo. La masonería regular deja de tener la iniciativa respecto a su momento histórico: ya no genera ideas… se ve arrastrada por nuevas ideas fermentadas y elaboradas en otros puntos.

Incluso ocurre un fenómeno nuevo e inédito. En la periferia de la masonería, en las obediencias irregulares y en lo que alguno ha dado en llamar “paramasonería” aparecen planteamientos nuevos que intentan adaptarse a los tiempos nuevos. Personajes como Alice Ann Bailey e incluso como Charles Leadbeater e incluso Annie Besant, perciben en el marco de al Sociedad Teosófica que el mundo está cambiando. Ellos atribuyen este cambio a la creciente influencia de la “era de Acuario”. Sea como fuere, empieza a hablar de universalismo, no en sentido teórico de fraternidad universal para evitar guerras y conflictos, sino en un sentido mucho más positivo: el mundo está “guiado” por entidades sobrenaturales, una de ellas va a manifestarse de nuevo y a asumir las riendas del mundo. Es el “guía” del que hablan todas las tradiciones religiosas (el Imán perdido del Islam, la Segunda Venida de Cristo del catolicismo, el Kalki Avatara del hinduismo, el Buda de la nueva era, etc.). Durante un tiempo, presentan a Krisnhamurti como el “mesías de la nueva era”. Cuando éste da el portazo y prefiere configurarse como gurú de las clases privilegiadas norteamericanas, sólo reacciona Alice Ann Bailey. Está a la espera, ve las tensiones de la época y concluye tras la fundación de la Sociedad de Naciones: “sólo un gobierno universal dará la paz mundial”. Pero no se detiene ahí, añade algo capital: “a un gobierno universal corresponde una religión universal”. Y ella se considerará el heraldo -la Juan Bautista- de esta religión.

Paralelamente, algunas obediencias masónicas irregulares y algunos ritos exóticos, han evolucionado hacia posiciones nuevas y diferentes. En esta masonería irregular deja de tenerse abierto el Evangelio en las tenidas, las referencias al Gran Arquitecto de Universo adquieren un sentido deísta o incluso ateo, pero extremadamente vago. Sería el “principio ordenador del cosmos” (las fuerzas identificadas primero por Newton, completadas en parte por Einstein) mucho más que una entidad personal o metafísica. Estos grupos también aluden a la “nueva era de Acuario” (algo inédito y completamente ausente de la masonería tradicional que sin duda se filtra a través de la ósmosis de estas obediencias irregulares con los medios ocultistas que larvan a lo largo de la primera mitad del siglo XIX y proliferan en su segunda mitad, para universalizarse en el siglo XX) y a sus valores.

En general -esto será objeto de tratamiento en otra parte de este estudio- el error de todos estos grupos es reducir los “valores de Acuario” a tres: humanidad, juventud, tolerancia. El común denominador de todos estos valores es el universalismo y su ambición de crear un gobierno mundial, una religión mundial, etc.

El concepto y el papel del universalismo en la masonería actual

Fuentes no faltan. Además de las fuentes impresas, Internet se ha convertido en una verdadera tribuna desde la que es posible ver las tomas de posición y los distintos conceptos que manejan las múltiples obediencias masónicas. Resumimos el estado de la cuestión:

- la masonería se declara universalista en la medida en que sostiene que sus valores son adaptables a todas las rezas y pueblos. Comparte en esto la postura católica. La diferencia, según la masonería, estriba en que el universalismo masónico es tolerante y democrático (ningún masón impondría a un profano la iniciación forzosa, mientras que las conversiones forzosas al cristianismo han proliferado en todos los tiempos). Tal es el argumento.

- ese universalismo puede ser “absoluto” o “atenuado”. Es atenuado cuando se limita a los principios y a las ideas (como hemos dicho, las ideas masónicas valen para todo el mundo). Y es absoluto cuando se convierte en una obsesión práctica: los masones y paramasones deben trabajar para implantar una religión universal, un gobierno mundial, borrar activamente las diferenciaciones de nacionalidad, raza y pueblo, etc.).

- el universalismo atenuado es el que está presente en la mayor parte de las logias: en todas las vinculadas a obediencias regulares e incluso en algunas obediencias irregulares. Contra más nos alejamos de la ortodoxia masónica, más aumentan las filtraciones por ósmosis de los grupos ocultistas surgidos en el exterior de la masonería en el siglo XIX y, por tanto más aumenta el universalismo radical.

Ahora vamos a intentar demostrar estos puntos.

Un planteamiento que encaja muy bien con el de una masonería irregular desviada de los principios de la masonería tradicional la hemos encontrado en la web de la Logia Centauro 996[9], taller mexicano del Gran Oriente, en la que es frecuente vez la mezcla de textos masónicos tradicionales con textos ocultistas. Cuando esta logia intenta explicar qué es la masonería se ve obligada a despojarla de todo origen cristiano y para ello la remonta a la antigüedad “pagana” (para esta logia todo lo anterior al cristianismo, es paganismo). Se alcanzan los límites de la confusión cuando, a partir de ahí, se infiere que “Al afianzarse en las mentes de la membresía esta nueva interpretación, el cristianismo estaba siendo prácticamente erradicado del Oficio. Se volvió impensable mencionar el nombre de Cristo u orar en el nombre de Jesús. El Oficio estaba establecido firmemente sobre el terreno del “universalismo”. Para añadir unas líneas más adelante que: “La principal norma para ser miembro fue, y sigue siendo, que el candidato crea en “Dios”. Este dios podría ser Krishna, Buda, Alá, o cualquier otro dios, pero Jesucristo no debe ser considerado nada más que un igual de estos. Esta idea universalista o inclusiva de Dios ha abierto la puerta para que cada deidad falsa tenga un lugar dentro de la Logia. Hall hace que esta orientación universalista sea inconfundible al afirmar: “El verdadero discípulo de la masonería ha renunciado para siempre a la adoración de personalidades. Con esta perspectiva mayor, se da cuenta de que todas las formas (…) no tienen ninguna importancia para él en comparación con la vida que está evolucionando en su interior”. Para concluir que: “Hall realza su creencia en el universalismo al afirmar que “el verdadero masón no está atado a un credo. Se da cuenta de que, con la iluminación divina de su logia, como masón su religión debe ser universal: Cristo, Buda o Mahoma, el nombre significa poco, porque él reconoce solo la luz y no al portador”. Así que, para el masón, Dios no es un ser personal, sino una fuerza impersonal, una energía que no tiene ninguna sustancia”. Sin embargo, este universalismo no es más que una excusa… para excluir de él al cristianismo (dice Centauro 66): “El masón que es cristiano se encuentra en una posición muy difícil. Si bien su Orden Fraternal apoyó su cristianismo en sus primeros años, ahora ya no lo permite, ya que no hay ninguna duda en cuanto a la orientación pagana de la masonería en nuestro tiempo. Por lo tanto, el masón debe preguntarse si puede, de buena fe, permanecer dentro de una organización que desvaloriza al Dios del cristianismo”, afirmación que compete únicamente a determinadas obediencias irregulares, pero no al grueso de la masonería; la dificultad estriba en distinguir qué masonería es “regular” y cual “irregular”, algo que, en principio no está al alcance de cualquier observador no avezado).

Para esta concepción, la masonería no sería una “sociedad que busca el progreso y la mejora del ser humano”, sino una religión. La Logia Centauro 669 explica como se llega a esta interpretación: “Al evolucionar la masonería moderna a lo largo de varios cientos de años, continuó siendo influenciado por quienes sostenían una cosmovisión ocultista. Para ellos, el Oficio era un resurgimiento de los antiguos misterios”. ¿A qué fuente recurre la Logia Centauro 669 para justificar su posición. No, desde luego a las Constituciones de Andersin ni a los viejos landmarks, sino a… Foster Bailey, teósofo en primer lugar, esto es, ocultista, y masón miembro de la Co-Masonería, es decir, de la masonería vinculada a la Sociedad Teosófica: “Foster Bailey, un ocultista y un masón grado 32, dijo que “la masonería es el descendiente de una religión impartida divinamente” que antedata la primera fecha de la creación. Bailey sigue diciendo que “la masonería es todo lo que nos queda de la primera religión mundial” que floreció en tiempos antiguos. “Fue la primera religión mundial unificada. Hoy estamos trabajando de nuevo para lograr una religión universal mundial”. La actitud y las posiciones están claras.

En el campo opuesto figura el escocismo y la masonería regular. En un documento publicado en Internet[10] puede leerse un resumen de esta posición: “El Rito Escocés implica en su ideal una perfecta síntesis entre el humanismo espiritualista de la filosofía tradicional y el humanismo antropológico moderno. Aunque el mundo profano se esfuerza en enfrentar conceptos como universalidad y diferencia, los masones escocistas podemos proclamar que sin respeto a las diferencias el universalismo puede degenerar en totalitarismo, y que, sin exigencia de valores universales (es decir sin un horizonte de universalismo) el derecho a la diferencia podría desembocar en un enfrentamiento bélico. Por eso conviene mantener pujante siempre la vocación universal de la Masonería. La filosofía escocista (que como hemos señalado es perfecta síntesis entre espiritualismo y humanismo) pretende hacer notar su mensaje universalista de libertad y tolerancia frente a todo fanatismo”, una actitud que no puede ser censurable desde el punto de vista tradicional. Se estará o no de acuerdo con esta posición pero es evidente que relativiza el elemento universalista y lo sitúa como un simple recurso para evitar conflictos internacionales. Se alerta incluso el riesgo de que el universalismo degenere en totalitarismo y no se alude, en absoluto, a que pueda ser el embrión de una “religión mundial”, ni mucho menos se intuyen elementos que puedan hacer pensar en que la masonería tradicional intuye la proximidad de la era de Acuario.

Compárese esa posición con esta obra encontrada en una obra de carácter sincrético, muy representativa de la masonería irregular en donde se citan todos los lugares comunes del ocultismo en una mezcla inextricable[11]. En esta web publicada por islamistas mexicanos que, al mismo tiempo son masones (sic), se habla de “masonería”, pero evidente que se está aludiendo a determinada masonería irregular:

“La masonería, a diferencia de otras asociaciones, tuvo una ambición universal. Su cometido era extenderse a toda la humanidad. Lo que era válido para la hermandad de la logia fue universalizado en la Hermandad Universal o la hermandad de la humanidad. A la libertad de conciencia de la logia se le dio un estatus universal mediante el establecimiento de una universalidad de la religión, que no significó necesariamente una religión sincrética, sino la expresión universal de la libertad de conciencia en sí, lo que fue manifestado del mejor modo por la Declaración de los Derechos Humanos. Así, las ideas generales de la Religión Universal y la Hermandad Universal reflejaron el carácter universal de la masonería. ¿Qué quiere decir la masonería con Religión Universal y Hermandad Universal?”. Según este documento, el masón debe arrodillarse ante cualquier altas, porque todas las religiones son válidas cuando se comprende su sentido esotérico, pero solo una es verdadera… el Islam. Para colmo, estos masones mexicanos islamistas ni siquiera se adhieren al Islam ortodoxo y tradicional, ni al sufismo, ni al chiísmo, ni al sunismo… sino a la fe bahai: “Esta fórmula aboga por la posibilidad intrínseca de una religión mundial, mejor formulada por los bahai, que han sido la primera religión en apoyar el estado mundial”.

Se trata aquí de un universalismo, nuevamente extremo y ligado a una forma sectaria, muy minoritaria de islamismo que tiene más que ver con una secta propia de los países del primer mundo que con un subproducto de la religión islámica. La postura contrario, la ortodoxia masónica, se encuentra en otro lugar. La Gran Logia de Chile, por ejemplo, con filiación directa y regular procedente de la Gran Logia de Londres, escribe: “Aun cuando la Masonería es universalista, cada Gran Logia es independiente y soberana en su respectivo territorio jurisdiccional”. Es el viejo tema de “el masón libre en la logia libre”[12] a la que se une la prohibición de hablar de negocios, política y religión en estas logias, lo que excluye un pronunciamiento a favor de un universalismo militante y extremo. Otra web, esta vez vinculada a masones españoles, precisa todavía mucho más esta idea: la masonería no es un partido político, ni pretende serlo. Se anota, por ejemplo: Un partido es una parcialidad o coligación entre personas que siguen una misma opinión política o interés. Así pues, cada partido defiende su facción política, opinión o causa. La masonería no es una parcialidad. Podríamos afirmar que es una universalidad de ámbito y vocación universalista. Este universalismo hace que el masón adopte necesariamente una concepción planetaria para enfocar los distintos temas”[13]. Seguimos en el terreno del universalismo relativo propio de las obediencias regulares.

Como último ejemplo, contradictorio con el anterior, citaremos un texto procedente de un masón irregular, próximo a sectas y grupos seudoespiritualistas. Comentando la obra de Albert Pike, uno de los recopiladores del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, el autor -anónimo- cita un texto de este prominente masón extraído de su obra Morals and Dogma, dice lo siguiente acerca de la religión y la masonería: “Toda Logia Masónica es un templo de religión; y sus enseñanzas son instrucción en religión”, añadiendo de su propia cosecha: “Según los intérpretes contemporáneos de la masonería, ahora ha ocupado su lugar lógico como la unificadora de todas las religiones”[14].

De esta dinámica es imposible salir: para la mayoría de obediencias irregulares la masonería es “una religión” que está por encima de las religiones. Aspira a formar una “religión mundial” y todos los actos que se realizan en logia son, en esencia, actos religiosos. Es lo que podemos llamar un “universalismo de proyección” en la cual el masón irregular afirma que su objetivo es fundar una religión mundial que hoy no existe, pero que existirá en el futuro gracias al espíritu difundido desde las logias. No vale la pena seguir mostrando textos. Lo visto hasta ahora es suficiente como para considerar que hemos demostrado nuestra tesis.

Ya hemos expresado cómo se filtraron estas influencias en la masonería tradicional: por ósmosis con el ocultismo decimonónico de un lado que penetró especialmente en las obediencias irregulares, en distintos grados y dosis y luego por creación de obediencias expresas -la co-Masonería- manadas directamente de círculos ocultistas, y que por tanto portaban en sí mismas el lastre incorporado.

En cuanto a las logias regulares, su intención dista mucho de crear una nueva religión. Investigan el pensamiento esotérico y simbólico, pero en su herméutica no encontramos elementos que hubieran aparecido en el ocultismo del siglo XIX. Se interesan por la cábala tradicional, también por un estudio esotérico de la Biblia y de los Evangelios, pero en absoluto aspiran a crear una nueva forma religiosa, hasta el punto de prohibir discusiones sobre religión en el interior de las logias. Buscan cristalizar una unión fraternal entre los iniciados y evitar los conflictos entre las naciones (ya hemos explicado que como sugestión procedente del período de las grandes conflagraciones). Es un universalismo relativo, atenuado. En absoluto mesiánico que, sí lo es, sin embargo, en otras obediencias influidas por el ocultismo.

 



[1] Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe S.A., Madrid.

[2] http://www.wikipedia.org/es

[3] Véase sobre este tema El Rey del Mundo - René Guenon - Ediciones Alternativa - Barcelona 1988

[4] Informe sobre la masonería. Junta de Misiones Domésticas. http://www.4truth.net/atf/cf/%7BB04280C2-8E12-41EB-B937-7857F80AF61D%7D/A%20Report%20on%20Freemasonry-SP.pdf

[5] http://www.scg33esp.org/supremo/reaa.htm

[6] La masonería adquiere máxima influencia en el siglo XIX y prolonga su momento álgido durante la primera mitad del XX: esta época está marcada por una sucesión continua de guerras y conflictos internacionales especialmente en Occidente, marco privilegiado de implantación masónica: guerras napoleónicas, guerra de secesión americana, guerra franco-alemana, Primer y Segunda Guerras Mundiales, etc., por tanto no es raro que la “memoria histórica” de la masonería le induzca a conjurar el riesgo de conflictos de este tipo -que en la era nuclear serían definitivos- mediante al “universalismo” y a la “fraternidad” entre naciones

[7] Especialmente en Los dioses de los indoeuropeos (1971) Editorial Seix Barral, S.AGeorges; véase la biografía y los contenidos de su pensamiento en es.geocities.com/sucellus23/652.htm

[8] Tal como demuestra Julius Evola El misterio del Grial y la Tradición gibelina del Imperio, Plaza & Janés, Barcelona 1977, especialmente en su Tercera Parte.

[9] Logia Centauro 996 - centauro996.wordpress.com

[14] http://www.geocities.com/pasteda/mason.htm

(c) Ernesto Milà Rodríguez - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com

 

 

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