Infokrisis.- Si hay un aspecto sorprendente de Dalí afecta precisamente a sus concepciones políticas. Aparentemente no hay ningún terreno en el que Dalí se mueva con tanta aureola de originalidad y excentricidad como en el terreno de la política. Sin embargo, a poco que uno se sobrepone de la sorpresa inicial y empieza a analizar el contenido de frases aparentemente paradójicas e incomprensibles, se percibe un orden subyacente en tanta locura. La política es, sin duda, uno de los terrenos más desconocidos de la personalidad de Salvador Dalí y, sin embargo, marca un aspecto extraordinariamente sugerente del pintor.

VII

LA POLITICA HERMETICA

Los fundamentos esotéricos de la

monarquía-anárquica

"Divina proporción, regla de oro del alma.

Por ser más refulgente que el sol,

verticalidad metafísica del pueblo español.

Yo canto de la Monarquía su innata sabiduría"

"Soy un campesino catalán, en cuyo cuerpo habita un rey" 

Salvador Dali

Sin duda el aspecto más controvertido de la vida de Salvador Dalí y la fuente de muchos de sus conflictos, lo constituyeron sus opiniones políticas. En este terreno, no se le ha tenido precisamente por un rebelde excéntrico o un inadaptado visceral, ni siquiera sus actitudes han sido vistas como "gestos dalinianos" y, por tanto, voluntariamente espectaculares, sino provocadores. Políticamente se ha considerado a Dalí, pura y simplemente como "fascista". Se trata de un malentendido, sin embargo, la posición política de Dalí se inserta en la coherencia estructural de su sistema de pensamiento y tiene mucho que ver con su pensamiento mágico.

Dalí era, fundamentalmente apolítico; consideraba que ninguna opción política podía ser adoptada sin reservas mentales. Ahora bien, este apoliticismo no suponía ignorancia y desinterés por el mundo de la res-publica, sino que debe ser entendido en un sentido clásico, como distanciamiento de la política cotidiana, de la "pequeña política". Dalí suscribía estas palabras de Nietzsche que conocía desde su adolescencia: "Les di la espalda a los gobernantes cuando vi a lo que llamaban gobernar: comerciar y pactar con la plebe... Entre todas las hipocresías, esta me parece la peor: que también los que manden simulen virtudes de esclavos". Y de Ortega y Gasset había extraído otro elemento de análisis: "El hecho característico del momento es que el alma vulgar, reconociéndose vulgar, tiene la audacia de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone por todas partes". Quien piensa así -como era el caso de Dalí- y no quiere resignarse a un papel marginal dentro de la sociedad, está obligado, por coherencia, a asumir esta "apoliteia", entendida como distanciamiento de la política cotidiana y de los valores que la informan. Dentro de este contexto hay que situar algunas sorprendentes declaraciones seudo-políticas de Dalí y, al mismo tiempo, integrar las no menos sorprendentes opiniones del pintor sobre sus ideas políticas. Veremos que todo esto lleva a Dalí a considerar la política desde otra perspectiva que nada tiene que ver con las categorías manejadas habitualmente y que se acerca a la "gran política" que predicó Federico Nietzsche, el visionario del "super-hombre", pero también a un terreno en el que el gobierno de los destinos de los hombres cruza la frontera de la racionalidad y se interna por los derroteros de la metafísica...

Durante su juventud Dalí fue un revolucionario sin más; acérrimo partidario de destruir el orden establecido -aquel que había conocido en su casa de Figueras, y que correspondía a los ideales y estilo de la burguesía- no parece que tuviera gran influencia en sus actitudes, ni el papel de educador de su padre, librepensador y políticamente progresista, ni de su primer profesor, Esteban Trayter. Pero debemos detenernos un poco en este capítulo de su vida.


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