Maragall enfermo, muy lamentable, pero ¿desde cuándo?

Publicado: Lunes, 22 de Octubre de 2007 09:53 por Ernesto Milá en NACIONAL
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Infokrisis.- Vaya por delante que lamentamos profundamente la enfermedad que aqueja a Pascual Maragall. Difícilmente encontraríamos enfermedades tan crueles como el Alzheimer que suponen una pérdida de nuestra única posesión real: la personalidad y nuestros recuerdos. Se es humano porque se posee la capacidad de recordar y de actualizar los recuerdos. Sin embargo, la enfermedad de Maragall nos permite algunas reflexiones sobre la clase política y la salud. 

El Alzheimer como enfermedad de nuestro tiempo

A la ciencia le corresponde establecer los motivos por los que algunas enfermedades tienen una incidencia creciente. Más aún, ya que hablamos de un político destacado en política autonómica ¿por qué determinadas dolencias tienen más incidencia en zonas concretas del Estado? Se sabe, por ejemplo, que la incidencia del cáncer es superior en algunas zonas de Andalucía a cualquier otra parte del Estado y lo es en un porcentaje más que significativo.Lo realmente sorprendente es que lo ignoramos casi todo sobre el Alzheimer, ignoramos qué circunstancias lo facilitan, por qué uno de cada cuatro personas adultas lo sufren y por qué esta incidencia es hoy superior a cualquier otro tiempo pasado. No se ha descubierto que exista una predisposición genética a sufrir esta enfermedad, por lo que hay que pensar que su origen está en la alimentación, en el ritmo de vida o quizás en algunos hábitos de la modernidad.

Pero la triste realidad es que se ignora casi todo sobre esta enfermedad y, por supuesto, su tratamiento. En efecto, se trata de una enfermedad sin remedio. No existen tratamientos paliativos, ni siquiera que retrasen la manifestación de los efectos más brutales de la enfermedad.

Ni hay vacunas, ni tratamientos preventivos, nada, absolutamente nada. Así como el cáncer hoy no es necesariamente una enfermedad mortal o como en pocos años el SIDA ha pasado de ser una enfermedad mortal a una enfermedad crónica, el Alzheimer la investigación sobre el Alzheimer se encuentra hoy en pañales y los fondos que se le dedican son todavía extremadamente limitados a tenor de la extensión de la enfermedad.Estamos hablando de problemas de salud, indisolubles de los intereses de una serie de multinacionales farmacéuticas, cuyos intereses están entrelazados con los de otros sectores industriales vinculados… a la industria alimenticia.

Hoy se sabe a la perfección qué productos generan la pérdida de vigor y la muerte de los espermatozoides, pero nadie hace absolutamente nada para detener lo que puede ser definido como “masacre de los que deberían nacer”, un crimen contra la sociedad, tanto como puede serlo el aborto. Se sabe, igualmente, que los vermicidas, fungicidas y herbicidas, corren el riesgo de generar enfermedades indeseables. Todavía no está suficientemente demostrado que las semillas transgénicas no causen efectos secundarios tanto en la naturaleza como en los consumidores de estos productos…

Pero ¿quién va a investigar todo esto? ¿Los Estados gestionados por políticos que comen de la mano de estas multinacionales? Para este tipo de investigaciones hacen falta ingentes recursos que no están al alcance de centros privados, y los Estados solamente están interesados en las cuestiones de salud cuando se convierten en un problema presupuestario insoportable. Es evidente que el hecho de que un político de primera fila como fue Maragall hasta 2006 haga público que sufre de Alzheimer va a contribuir a que aumente el interés de los medios de comunicación por esta enfermedad, de la misma forma que el reconocimiento pública de Rock Hudson de que estaba afectado por el SIDA supuso un impulso a la investigación sobre esta enfermedad.

Maragall: resumen político

Ahora bien, los rumores sobre la salud de Maragall no son nuevos. Al menos desde el años 1997 (e incluso mucho antes) circulaban rumores sobre los hábitos de Maragall. Lo sorprendente es que la prensa no los había aireado aun cuando todos los periodistas conocían estos rumores. Como se sabe, es de buen tono que la prensa catalana nunca airee nada que pueda suponer un menoscabo para la clase política catalana o para el conjunto de aquella autonomía.

Desde hace 25 años, los medios de comunicación catalanes han cerrado todas las posibilidades para investigar los casos de corrupción en Catalunya, aun cuando es público y notorio que esa autonomía es una de las zonas en las que la corrupción ha carcomido mas al tejido político. Hace tres años, el propio Maragall, en uno de sus habituales lapsas, aludió al 3% como “problema de CiU”. Ahora resulta que los juzgados han recibido renuncias por casos que implicaban el pago del 20% en concepto de comisiones.

Si tenemos en cuenta que Maragall pertenece a una de las “dinastías” catalanas más conocidas y que fue uno de los fundados del FOC primero y del PSC después, para ser finalmente alcalde de Barcelona, impulsor de la candidatura olímpica de la Ciudad Condal candidato en tres ocasiones a la Presidencia de la Generalitat, y, finalmente, presidente de la misma, se comprenderá que la prensa catalana haya tenido hasta última hora una discreción exquisita con los problemas personales de Maragall.Sin embargo, no se ha podido evitar que la rumorología popular se convirtiera en fuente de informaciones sobre Maragall. Nunca creí el rumor público de que su cerebro estuviera desordenado por la ginebra. Se decía que la ingería desde primera hora de la mañana cuando ocupaba su despacho en la Alcaldía de Barcelona.

Se dijo luego que atrapado por este consumo debió ir a Roma a intentar paliarlo. Hubo un tiempo –poco antes de las olimpiadas del 92- en que Maragall aparecía como el contrapunto al nacionalismo de Pujol. Eso le costó ser abucheado, junto a su mujer, por los renacuajos de las JNC y del JERC en la inauguración del Estadio Olímpico. Lo cierto es que cuando volvió de Roma y asumió nuevamente un papel político relevante en el seno del PSC y, especialmente, a partir de 1997, cuando dio alguna conferencia pública, o más tarde cuando participó como portavoz del PSC en los debates sobre el Estado de Catalunya en el Parlament, empezó a ser evidente que Maragall había perdido facultades. Yo mismo le oí divagar en el Colegio de Periodistas y en el Ateneo de Barcelona, pronunciando conferencias imposibles de seguir que no eran sino racimos de divagaciones incomprensibles y, por lo demás, bastante patéticas.

A partir de ese momento, el problema para el PSC era que Maragall era la única personalidad entre sus filas lo suficientemente conocida y capaz de romper la mayoría de Pujol… pero, al mismo tiempo, era evidente ¡ya en 1998! que Maragall no estaba en condiciones de gestionar el poder. Esa año y el siguiente, la cúpula del PSC sostenía la conveniencia de presentar una candidatura formada por el tandeo “Maragall-Montilla” en la que el primer fuera el “President” y el segundo tuviera unos años de proyección pública para convertirlo en su heredero político. Algunas voces del PSC, incluso, se atrevían a poner fecha: en las elecciones de 1999 victoria electoral del PSC, Maragall presidente… en 2001 dimitiría y cedería su puesto a Montilla.

El “brillante” proyecto chocaba con dos pequeños problemas: el primer es que el PSC perdió las elecciones de 1999 y el segundo que nadie había consultado con Maragall si dos años después de su victoria, cedería las riendas a su segundo.En la siguiente ocasión, en las elecciones de 2003, Maragall consiguió auparse en ERC y en IC y ser investido como president de la Generalitat. Los rumores sobre su salud, no solamente no habían desaparecido sino que se habían hecho mucho más insistentes.A partir de diciembre de 2003, cada aparición pública de Maragall se convertía en una fuente de problemas para su partido y para la propia Generalitat.

El marketing político del PSC extendió la versión de que Maragall era un “tipo genial” que aparecía cada mañana con diez proyectos en la cabeza de los cuales solamente uno o dos podían ponerse en marcha. Era un tipo “exuberante y vital”, hiperactivo, con un fondo de genialidad que compensaba cualquier sombra de dudas sobre su genialidad. No era así. Era, justamente, todo lo contrario. Los compañeros de su partido, el PSC, fueron los primeros –por razón de proximidad- en saber lo que estaba pasando. Nosotros en los primeros meses de Krisis.info (el portal en PHP que precedió a este blog y que fue hacheado hasta la saciedad) ya aludimos a todos estos problemas (y fuimos los únicos).

Lo normal hubiera sido que el propio PSC, al ver por dónde iban a derivar las cosas y que Maragall había perdido el Norte (y el Sur, y el Este y el Peste) hubiera pactado con el resto de partidos de la coalición de gobierno, el relevo de Maragall. Pero todos juzgaron que esto entrañaría mermas electorales y, para colmo, Carod-Rovira tenía otro proyecto.La “doctrina Carod” (de “José Luís”, porque aquí y en China y en la otra China, cada cual es libre de llamar a los personajes públicos según su deseo y no el capricho del interesado) establecía que la independencia de Catalunya solamente era posible si se era capaz de atraer hacia el área nacionalista a los socialistas. Esta doctrina, convertida en dogma, hizo que Carod consiguiera “vender” bien la sigla ERC a Maragall, el cual vio en este pequeño partido a un aliado más fiel que sus propios correligionarios del PSC. Lo realmente sorprendente fue la secuencia de los hechos:

1)     Maragall facilitó la elección de ZP (con Z de Zeporro) a la secretaría general del PSOE, gracias a haber decantado a su favor los votos de la importante delegación catalana del PSC.

2)     Cuando Maragall precisó la ayuda de ERC, Carod estuvo dispuesto a venderla cara: inspiró el Pacto del Tinell, que implicaba la ruptura de los consensos constitucionales y el aislamiento del PP.

3)     Los Pactos del Tinell que dieron lugar al “primer tripartito” fueron aceptados por el PSOE. ERC situó muy alto el programa de gobierno en materia autonómica, porque, en el fondo nadie creía en la victoria de ZP.

4)     Cuando las bombas del 11-M alteraron el resultado electoral, ZP mantuvo los compromisos firmados con el PSC y con ERC. Eso implicó que durante dos años y medio, un partido minúsculo, absolutamente inmaduro, con un buen número de alucinados irresponsables como ERC se configurara árbitro de la política española a través de Maragall.

5)     En estas circunstancias se inició el debate sobre el “nuevo Estatuto”, que Maragall tomó como la forma más directa de pasar a la historia de Catalunya emulando al poeta antepasado suyo.

Sin la figura de Maragall, ERC hubiera sido lo que había sido hasta ese momento en la política catalana, un cero a la izquierda; pero, gracias a Maragall –y a las incomprensiones y desencuentros que frecuentemente éste tenía con su partido- sobredimensionó su papel en la política catalana. Carod-Rovira, apenas un fanático independentista, sin otro proyecto más que el desenganche de Catalunya del resto del Estado, sin preocuparse del “día después”, sin tener atrás una clase política digna de tal nombre, pasó a condicionar la política del Estado Español.

¿Cuándo le empezó la enfermedad a Maragall?

Sabemos cuando Maragall ha declarado que sufría Alzheimer, lo que no sabemos es desde qué fecha se le manifestaron los primeros síntomas. Como se sabe, esta enfermedad no tiene un desarrollo lineal en sus primeras fases, ni siquiera una curva de intensificación de sus efectos similar en todos los enfermos. O dicho más claramente: desde finales de la década anterior, en sus apariciones públicas, Maragall evidenciaba no estar en condiciones de salud óptimas.

Se podía discutir qué enfermedad enturbiaba su cerebro, lo que no podía discutirse era que estaba efectivamente enfermo. Las divagaciones inconexas que toda Catalunya vio en los dos últimos debates sobre el Estado de Catalunya en el Parlament son suficientemente elocuentes. Maragall ocupó la presidencia de la Generalitat en unas condiciones de salud mental en un Estado que, públicamente, todos se preocupaban de negar, pero que no era un secreto para nadie que contara con una información mínima en Catalunya.

Fue presidente y sus tres años de gestión se saldaron una catástrofe sin precedentes cuyos efectos pesarán durante décadas, no sólo en Catalunya sino en todo el Estado.La cuestión que planteamos –y la planteamos porque el propio Maragall ha dado pie con el reconocimiento de su enfermedad– es la siguiente: ¿ESTABA ENFERMO DE ALZEHIMER O AQUEJADO DE ALGUNA DOLENCIA DEGENERATIVA EN EL CEREBRO CUANDO OCUPÓ LA PRESIDENCIA DE LA GENERALITAT E IMPULSÓ EL NOU ESTATUT?

Este es el centro de la cuestión. La declaración de Maragall es suficientemente ambigua en el extremo de cuándo empezó a afectarle la enfermedad. Hace solo un año que no es presidente de la Generalitat y sólo uno y medio desde que ZP empezó a crear distancias con él.

¿La dolencia de Maragall se ha iniciado justo en ese momento?El problema al que llegamos es que enfermedades sufridas por políticos de primera fila pueden tener como resultado la aparición de verdaderos terremotos políticos que de otra manera jamás se hubieran producido. Si un Carod y ERC no hubieran tenido a mano a un personaje frágil y mentalmente confuso como Maragall, no hubieran tenido forma de auparte y pesar como pesaron en la política nacional. Ni siquiera un sujeto como ZP (con Z de Zenutrio) hubiera podido llegar a la secretaría general de su partido.

La historia de España hubiera cambiado. Por el contrario, la historia de España resbala por la pendiente peligrosa justamente porque alguien que ya no estaba –con o sin Alzheimer- en condiciones mentales de ejercer el poder, en lugar de estar en un sanatorio, ejercía responsabilidades públicas.

Los políticos y la salud

La clase política no es una excepción, ni algo especial. Simplemente es gente que ha emergido en su partido gracias a su capacidad para maniobrar, mucho más que a su preparación y han sido votados por un electorado constreñido a votar listas cerradas y bloqueadas. La clase política considera que en lugar de obligaciones, a partir de ser elegido para un cargo público, lo que goza es de derechos, muchos más que el resto de ciudadanos.Para conducir un coche se exige pasar tests de alcoholemias, haber superado un examen y renovar el carné cada diez años. Sin embargo, cualquier enfermo puede conducir un país.

Contra más alta es la responsabilidad, mayor deberían de ser los controles sobre la salud y la estabilidad mental de quien aspira a las mayores responsabilidades. Un juez, por ejemplo, no puede ser un psicópata… pero nadie garantiza la estabilidad mental de un juez que tiene la prerrogativa de enviar gente a la cárcel e interpretar la ley. Otro tanto pasa con un político. Un alcohólico es un enfermo, como lo es un toxicómano, con fecha de caducidad que vendrá dada por la resistencia de su organismo y de sus neuronas a la cirrosis y al alcohol. Un alcohólico o un toxicómano ni pueden conducir un coche ni guiar a un país. Un fumador compulsivo de porros puede aspirar a dormir como un leño, pero no a ejercer ningún cargo de responsabilidad.

Sin embargo, en el parlamento no se ha realizado ningún test sorpresa sobre consumo de drogas entre los diputados. Y no digamos en los parlamentos autonómicos o en los ayuntamientos. Deberían hacerse tales controles si lo que queremos es ser guiados por individuos conscientes y responsables. Y, por supuesto, los tests de Alzheimer formarían parte del tipo de examen médico que debería realizarse para poder acceder alguna instancia de poder. Con demasiada frecuencia se cruzan psicópatas, amorales sin escrúpulos o simplemente mitómanos y mentirosos compulsivos en las taras de gobierno. Luego pasa lo que pasa: que terminamos votando a los enfermos que nos presentan en sus listas los partidos políticos y damos el poder a gente que, más que poder, necesita cuidados médicos.

Esto parece lógico –el que los políticos pasen por análisis clínicos que establezcan su idoneidad para ocupar un cargo público- pero no es desde luego aceptable para la clase política. En el parlamento italiano se hicieron test sobre el consumo de drogas y los resultados no se hicieron públicos por obvias razones. En realidad, ya desde los tiempos de Platón estaba suficientemente claro que los políticos legislan y gobiernos de acuerdo con sus propios intereses. Ni un solo político desde los tiempos de Pericles y de Siminandro, ha gobernado contra sus propios intereses, aprobando algo que pudiera perjudicarle.

Así pues, ¿de verdad creéis que nuestra clase política va a aceptar que se les hagan test clínicos y psicológicos de idoneidad? Una parte sustancial saben perfectamente que jamás los superarían.En el PSC de finales del milenio, se tenía la absoluta convicción de que la salud de Maragall no era la adecuada… y sin embargo, se le presentó como candidato a la presidencia de la Generalitat solamente porque era el único rostro que podía competir con Pujol.

Lo cual ya es suficientemente elocuente sobre la clase política catalana y su calidad…Siempre sospecharemos que Maragall más el Alzheimer es igual a Nou Estatut y ZP, con Z de Zozobra. Lo cual dice muy poco a favor del Estatut y mucho menos a favor de ZP. 

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es      

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