Las elecciones se acercan: la demagogia electoralista irrumpe

Publicado: Viernes, 07 de Septiembre de 2007 01:16 por Ernesto Milá en NACIONAL
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Infokrisis.- El presidente Chávez ha prometido de manera ambigua pisos para quienes ingresen menos de 3.000 euros al mes. La recién estrenada ministra Chacón –digna émula de su predecesora- le ha dado la razón: “ello” es posible. El ministro Solbes sigue trabajándose su úlcera de duodeno. Todo esto indica que las elecciones están cerca.

La última esperanza para captar votos

Si ZP sale reelegido, no será desde luego por su gestión gubernamental que ha sido menos que mediocre, francamente negativa en todos los terrenos en donde no se ha limitado al continuismo: relaciones internacionales, política antiterrorista, política autonómica, política educativa, política de inmigración, política cultural, y así sucesivamente. Si ZP sale reelegido será gracias a las promesas electorales, esto es, a la demagogia. Lo cual, dicho sea de paso, dice muy poco sobre las cualidades críticas y analíticas de nuestro electorado.

Se aproxima la hora en la que a los Autónomos se nos prometerá paro, en que a los ancianos se les asegurarán subidas de pensiones, subsidios a los recién nacidos, reservas a los osos, cuchillos a los matarifes y pisos a la familia…

Resulta un misterio el porqué el electorado no castiga estas muestras de demagogia y oportunismo. Porque, de hecho, si ahora se puede subir las pensiones, ¿por qué no se ha hecho antes? Si hoy es posible pagar el paro a los Autónomos ¿a qué se debe el que hasta hoy se les haya sangrado sin recibir, prácticamente, nada a cambio?

Este país tiene la buena fortuna de que cada cuatro años hay elecciones. Los “avances sociales” se realizan sólo en los seis meses anteriores de acudir a las urnas. Pasada la convocatoria, regresa el erial de la justicia social, tres años y seis meses; casi como una condena.

En esta ocasión no va a ser diferente. Entramos en la recta final de esta legislatura triste, gris, repleta de exámenes parciales en las que el gobierno y todos sus ministros, casi sin excepción, han obtenido notas mediocres, tirando a bajas, siempre más próxima al cero absoluto que al aprobadillo raspado. Los próximos seis meses vamos a vivir una dinámica infernal en la que el electorado va a ir como una pelota, de un partido a otro, a ver quién da más.

Nadie pedirá responsabilidades –en democracia, nunca se piden- sobre las promesas incumplidas. Tierno Galván, cínico como él solo y endiosado a causa de su pretendida superioridad moral, se permitió el lujo de decir que las promesas electorales están para eso, para incumplirlas. Nadie le apedreó; más bien se le subió a los altares.

En los últimos 20 años, después de su muerte, hemos visto como la frase del “viejo profesor” era tomada, por los unos y por los otros, como primer mandamiento de las tablas de la ley del político, so pena de no salir elegido para la poltrona.

La cuestión de la vivienda: lacerante y enfurecedora

Se está jugando con las aspiraciones y con los problemas de un pueblo. Se está jugando con su derecho a la vivienda, reduciéndolo a unas pocas consignas electorales mal definidas y tras las cuales no existe plan alguno.

Carmen Chacón sólo parece brillante cuando alguien se la toma en serio. De lo contrario es una chica irrelevante y pretenciosa con menos ideas que la Pantoja en cuestiones de física cuántica. Parachutada en un ministerio sin competencias, está allí por su doble condición de catalana con apellidos acharnegados y ministra de cuota. Ni tiene idea de vivienda, ni tendría por qué tenerla: hacía falta una mujer que atrajera algunos votos al exangüe Partido Socialista de Catalunya (el PSOE gana cuando los socialistas catalanes y andaluces arrasan en las generales) y poco más. Tomársela en serio, para bien o para mal, es lo más erróneo que podríamos hacer.

Por lo demás, puñetera la falta que hace un ministerio de la vivienda. Véase sino. La Agencia de Alquileres, creada por la anterior ministra, logró alquilar 35 pisos en toda la provincia de Córdoba, a lo largo de 2006… En otras provincias no ha ido mejor. Apenas 2.000 contratos tramitados en dos años de existencia, menos, sin duda, que cualquier inmobiliaria de barriada. Si a eso no se le llama fracaso, que resucite Jesús Gil, que de pisos sabía mucho, y juzgue.

En los pocos meses que la Chacón lleva en el ministerio, no ha acertado ni una. Es lo que tienen las ministras de cuota, que no son más inútiles porque no se entrenan. Dijo que el España no había problema por la subida de las hipotecas, que sólo afectaba a una minoría… ¿minoría? ¿qué es para ella una minoría? ¿20 millones de españoles, es decir, algo menos de la mitad? En ese caso tenia razón, porque las familias asfixiadas por el aumento de las hipotecas se eleva, como poco a 11 millones de personas. Una “exigua” minoría, evidentemente.

A las pocas horas, declaró que en España los tipos de interés habían tocado techo. Subieron un cuarto de punto, setenta y dos horas después.

Ahora, la Chacón sale en apoyo del gracejo andaluz representado por Chávez. ¿Pisos para todos los que tienen ingresos menos de 3.000 euros? “Claro que es viable…”, dijo. ¿Y que sabrá, la criatura?

Eso es lo terrible: que un tema tan importante como la vivienda está sometido a todo tipo de juicios y declaraciones frívolas, en manos de demagogos de poca monta, del género de “… quillo, vótame que regalo pisos a cuatro euros”. No en vano en la última campaña electoral, alguna federación del PSOE llegó a sortear automóviles entre los asistentes a sus mítines.

Todo esto es una burla cruel a los españoles con pocos medios económicos que dependen de un salario para sobrevivir. Una burla que descalifica moral y éticamente a quien basa su campaña electoral en fantochadas como ésta, suscitando falsas esperanzas en los electores más ingenuos.

Pero ¿qué hay de nuevo en la promesa de Chávez?

De hecho no hay gran cosa nueva. Hace unos años, la Junta de Andalucía aseguró que lazaba un plan para la renovación informática de las empresas. Cuando en los primeros días, algunos empresarios acudieron para solicitar información, se les dijo que el presupuesto ya se había agotado. Y no pasó nada. Cualquier promoción publicitaria compromete al anunciante a servir el pedido, so pena de sanción, pero la clase política es libre de prometer primero y luego excusarse con la misma facilidad que lanzó el señuelo.

Los socialistas están habituados al noble arte de la improvisación. A falta de planificación, a falta de políticas a medio plazo, cuando los pulsómetros electorales lo indican, lanzan la primera propuesta que les sale de la neurona. Luego, le toca al sufrido Solbes averiguar sí es posible o no llevarla a la práctica, que es como trabajarse su propia úlcera de duodeno.

Así surgió la promesa de 2.500 euros por recién nacido “con papeles” y esta historieta de los pisos para todos. Ahora había que salir de agosto con ventaja y Chávez lo intentó a ver si el voto joven, cada vez más ausente de las convocatorias electorales, se fijaba en su sigla.

Por supuesto, Chávez ni siquiera midió la repercusión que podía tener su propuesta en el electorado, especialmente cuando no vota. No advirtió que quienes estaban hoy estudiando comprar un piso, van a retrasar la decisión a la vista de que la promesa se concreta. Tampoco advirtió que los bancos le iban a estar pero que muy “agradecido” por haberles restado volumen de negocio. Y no digamos las inmobiliarias que se deben estar acordando con énfasis de los muertos de su señoría.

Y, además, es una promesa imposible de concretar. Harían falta millones de pisos. Ni Andalucía tiene dinero más que para pagar las operaciones de cambio de sexo de cuatro travelos, ni en el Estado hay voluntad de restar a las constructoras, a los especuladores y a las inmobiliarias, semejante tajada.

Así que detrás de la promesa de Chávez no hay absolutamente más que demagogia electoral. Detrás de la confirmación de la Chacón ya sabíamos que no había nada, por no haber, casi ni hay ministerio.

¿Responsabilidades políticas o responsabilidades históricas?

La economía norteamericana se ha vito sacudida en agosto por la crisis de las hipotecas de alto riesgo. Desde las esferas gubernamentales se asegura que aquí en España no va a ocurrir lo mismo. Pero si va a ocurrir. De lo que se trata hoy es de evitar que cunda el pánico antes de tiempo, es decir, antes del 9 de marzo, fecha en la que seguramente se celebrarán las elecciones. Luego, que vengan el diluvio y los sondeos negativos.

El 25% de las hipotecas firmadas el año pasado lo fueron con inmigrantes, gente sin experiencia en consumo, sin control en los gastos y sin estabilidad en el empleo. Lo de las hipotecas norteamericanas va a ser poco comparado con lo que se avecina aquí en uno o dos años. De ahí al estallido de la burbuja inmobiliaria no hay más que un paso y que ese paso va a entrañar la pérdida de un 30% en el valor de la vivienda va a darse con la misma inexorabilidad con la que tras el día viene la noche.

Hoy se trata de tranquilizar, mañana de ser reelegido, pasado de culpar a otros de la crisis. Afortunadamente para toda esta patulea, en España nadie pide responsabilidades históricas, y en cuanto a las responsabilidades políticas se reducen a “si te quemas, que te zurzan y que te quiten lo bailado”. Habitualmente, el político que ha retornado a la vida civil es que ya se ha lucrado suficiente y, por tanto, las presuntas responsabilidades políticas se la traen al fresco.  Total, nunca va a volver a la política.

Responsabilidades históricas no existen. Nadie le ha pedido al pobre Suárez, ni siquiera en su demencia senil, responsabilidades por los muchos muertos de la transición. Nadie le ha pedido responsabilidades a Felipe González por los casos de corrupción que asolaron su reinado, ni por la desertización industrial de algunas regiones que empezó entonces, ni por la liquidación de sectores productivos enteros, ni mucho menos a José María Aznar por el destrozo causado con su alineamiento con EEUU en la cuestión irakí. ¿Responsabilidades históricas? No existen.

Sin embargo, la política se convierte en “gran política” cuando construye la historia, no cuando va a remolque de la misma. Hoy la política es el arte de quienes viven de la política y de sus amiguetes. Algo completamente banal.

Los Chávez, las Chacón, los ZP, las Patín, son insectos cuya única posibilidad de aproximarse a la Historia es como motas de polvo que recubren los libros en los que se escribe la crónica de las acciones de los hombres.

Su demagogia es su impotencia.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

 

 

 

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