El “escudo” antimisiles no protege, “enriquece”

Publicado: Miércoles, 13 de Junio de 2007 09:41 por Ernesto Milá en GEOPOLITICA
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Infokrisis.- Como si se tratara de aquellos cubitos de caldo, que enriquecen los guisos, el pomposamente llamado “escudo antisimiles” anunciado por George W. Bush, lejos de demostrar su eficacia –los ensayos siguen registrando sonoros fracasos–, enriquece al complejo militar-industrial, y, de paso, genera tensiones propias de otros tiempos. Este es nuestro análisis.

La creación del escudo anti-misiles fue una de las promesas electorales de George W. Bush en las elecciones de 2000. Al ser investido presidente, emplazó al Pentágono a “levantar una muralla invisible en la costa oeste de Estados Unidos”, con vistas a un ataque de ¡Corea del Norte!

El proyecto –evolución de la llamada “Guerra de las Galaxias” (técnica, Iniciativa de Defensa Estratégica) propuesta por Reagan a principios de los años ochenta– cuenta actualmente con interceptores en silos subterráneos en Fort Greely, en Alaska, y en la base aérea de Vandenburg, en California, coordinados por radares de alta resolución y sistemas de satélites. Pero tras un gasto de miles de millones de dólares, su efectividad es cuestionable. Hasta ahora se han realizado diez intentos de destrucción en el aire de un misil, cinco de los cuales han fallado, pese a que se conocía su trayectoria y velocidad.

El sistema requiere de interceptores múltiples por cada objetivo, por lo que las diez baterías de proyectiles que EE.UU. pretende instalar para 2012 en República Checa, dirigidos por un radar desde Polonia, apenas servirían para otra cosa más que para intentar neutralizar un ataque balístico muy limitado, apenas para anular una fuerza pequeña y primitiva, pero, en ningún caso, podría acabar con las sofisticadas ojivas rusas. Como máximo, estaría en condiciones de neutralizar pequeños ataques procedentes de países árabes realizados especialmente contra Israel.

El 29 de mayo pasado, Rusia lanzó con éxito un misil intercontinental balístico RS-24 con cabezas múltiples destinados a sustituir a los cohetes RS-18 y RS-20 de su arsenal nuclear. El lanzamiento se realizó desde una plataforma móvil emplazada en el cosmódromo de Plesetks. Se trata de los cohetes balísticos más potentes del mundo que pueden llevar hasta 10 cabezas nucleares. Los RS-24 son más difíciles de interceptar y destruir una vez han sido lanzados. Rusia, tras el hundimiento del comunismo, ha recuperado el terreno perdido en lo relativo a misiles intercontinentales.

La defensa como negocio

El escudo anti-misiles es tan inútil como caro. Su presupuesto asciende a 60 ¡billones de las antiguas pesetas!, cantidad que irá a engrosar las cuentas de beneficios de los grandes consorcios de la industria aeronáutica norteamericana muy afectada por la competencia de la Airbus europea.

A diferencia de la antigua “guerra de las galaxias” propuesta por Reagan en 1983, este nuevo diseño no es únicamente aeroespacial, sino que contempla la implantación de instalaciones subterráneas, redes de radares, bunkers, instalaciones marítimas y navíos. No solamente saldrá beneficiada la poderosa industria aeronáutica norteamericana (Boeing, Lokheed), sino también los astilleros (General Dynamics, Litton Industries) y las constructoras. Este grupo de empresas tiene los beneficios asegurados con este proyecto hasta el 2012.

Además, el sector de innovación tecnológica recibirá también una inyección por parte del Pentágono de 1.000 millones de euros anuales, un 57% por cierto más que en la actualidad. Ese dinero público revertirá luego en patentes y aplicaciones civiles para la industria norteamericana.

El proyecto no hace más que confirmar la “santa alianza” del complejo militar-industrial con el gobierno de los EEUU. Con la excusa de las “necesidades de defensa” y la creación de “enemigos imaginarios” (Rusia, el “terrorismo internacional”, la capacidad ofensiva iraní o sudcoreana…) se reorienta parte del dinero público a la industria de investigación militar y lo hallado con dinero público es utilizado por la industria civil para lanzar nuevos productos al mercado sin tener que invertir por sí misma en I+D.

Cuando en 1997 Ronald Rumsfeld diseñó el plan de renovación estratégica de las fuerzas armadas norteamericanas que llevó su nombre, contemplaba solamente una optimización del presupuesto de defensa con la introducción de armas convencionales más efectivas y conceptos nuevos de defensa. Con el escudo antimisiles la historia retorna a la situación existente 20 años atrás cuando se vivía la última fase de la Guerra Fría.

La nueva concepción bélica de los EEUU

Una parte de este proyecto es hijo del fracaso del ejército norteamericano en la guerra de Irak (que repite la situación generada cuarenta años antes en Vietnam). Los hechos demuestran que “los otros” están dispuestos a morir y en condiciones de sacrificar decenas y miles de combatientes, mientras que la opinión pública norteamericana solamente apoya aventuras militares con cero bajas.

Desde Vietnam, los estrategas norteamericanos están empeñados en lograr sistemas de defensa que reduzcan a cero el riesgo para sus tropas. El axioma es éste: “solamente la superioridad tecnológica puede superar la inferioridad del soldado norteamericano”.

Este nuevo plan de defensa se encuentra en estos momentos en fase de estudio, pero se sabe que precisará “anclajes” no solamente en tierra, mar y aire, sino también el espacio exterior. Se prevé que el proyecto aproveche los 600 satélites de observación y espías norteamericanos hoy orbitando en torno a la tierra, sino también como camino más corto y más rápido para enviar armas sofisticadas de un lado a otro del planeta mediante trasbordadores espaciales de nueva generación.

La estrategia norteamericana

Este proyecto militar va a generar consecuencias indeseables e imprevisibles en todo el mundo. El gobierno chino, por ejemplo, sintió que el escudo antimisiles apuntaba contra su país. La portavoz del Ministerio de Exteriores chino Jiang Yu, indicó que el plan norteamericano ha producido "gran inquietud y atención" y que "China considera que el impacto del sistema defensivo antimisiles no conducirá a la confianza mutua entre nacionales y a la seguridad regional". Terminó su mensaje previendo que este proyecto conducirá a una escalada armamentística.

Los EEUU contestaron afirmando que este escudo está orientado para “protegerse de eventuales ataques procedentes de Irán y Corea del Sur”. Si se tratara de eso estaríamos ante un enésimo intento norteamericano de “matar moscas a cañonazos”. Es evidente que una inversión de tal nivel solamente queda justificada por la existencia de enemigos dotados de potencia y capacidad, como mínimo suficientes para amenazar el núcleo del poder norteamericano. Ni Irán, ni Corea del Sur tienen, ni tendrán jamás esta capacidad.

El poder militar norteamericano solamente puede inquietarse hoy por dos grandes potencias: por una Rusia reconstruida y por una China emergente. Por el momento, ni uno ni otro país han evidenciado ninguna actitud ofensiva hacia los EEUU, lo que sitúa el marco del conflicto en otros dos terrenos: el económico (una inyección de dólares en el complejo militar-industrial) y el geopolítico (seguir disponiendo de capacidad de coacción en Eurasia).

Luego está el terreno en donde hoy se dirime la lucha por la hegemonía mundial, el terreno económico. Desde este punto de vista, los EEUU tienen tres competidores: la Unión Europea, Rusia y China. Dado que no se puede combatir en tres frentes, los EEUU practican una política de “amistad” hacia Europa y de hostilidad manifiesta hacia Rusia, en primer lugar, y luego, hacia China. ¿Por qué este orden de prioridades?

La amistad con Europa es el resultado de la inercia de la Guerra Fría que los EEUU cultivan a través de la arcaica estructura de la OTAN. Pero, desde el siglo XIX, el mundo atlántico anglosajón, hn experimentado un terror cerval hacia el eje geopolítico París-Berlín-Moscú. Ese eje aseguraría la paz y el progreso económico en un amplio espacio del planeta de grandes recursos energéticos y tecnológicos e impediría que los EEUU pusieran pie en Eurasia, debiendo limitarse a “tutelar” el continente norteamericano.

Por eso, los EEUU siguen practicando esa política de amistad con Europa (mantenida entre 1945 y 2001, que entró en crisis entre 2002 y 2007 y que hoy intenta reforzar la administración americana). La implantación del escudo anti-misiles, se realiza hoy, cuando las relaciones entre la UE y Rusia son mejores y, prácticamente, ya nadie recordaba la función antisoviética de la OTAN.

En los EEUU se ve a la UE como un “competidor”. Si el competidor se alía con el adversario geopolítico (Rusia), se pierde la hegemonía mundial… especialmente porque China prefiere un mundo multipolar al diseño unipolar norteamericano. Ahora bien, a partir de 1999, los EEUU identificaron el “arco del Pacífico” como el gran polo de desarrollo de la economía mundial en el siglo XXI. El único competidor posible en esa zona, es China. Hacer experimentar a China su vulnerabilidad militar mediante el escudo anti-misiles, supone contener también su expansión económica o reorientarla en una dirección que no sea amenazadora hacia los EEUU.

El escudo antimisiles contra Europa

Ni Irán, ni Corea poseen mísiles de largo alcance, así que ¿qué le puede importar a Europa un eventual misil procedente de estos países? No, definitivamente, el escudo no se orienta contra micro países cuyo poder militar real es nulo. El escudo se orienta especialmente para dificultar y torpedear durante décadas, las relaciones entre la Unión Europea y Rusia. El órdago que los EEUU han planteado a la UE es abrir una nueva guerra fría.

Este nuevo conflicto registrará algunas modificaciones en relación a la guerra fría que ensombreció Europa entre 1948 (Golpe de Praga) y 1989 (caída del Muro de Berlín). Los EEUU siguen manteniendo una posición militar hegemónica dentro de la OTAN, pero están económicamente disminuidos. Su estrategia consiste en esgrimir el pacto de la OTAN para contener la reorientación hacia Rusia de sus aliados europeos. Estos aliados tienen distintos grados de compromiso: no es lo mismo la posición de Francia que la de Polonia, no es lo misma la posición de la España de Aznar que de la España de ZP.

Paradójicamente, los EEUU han utilizado como anclajes para su política de renovación de la Guerra Fría, a sus más sólidos aliados en el Este de Europa: Chequia y Polonia, que albergarán las instalaciones más sofisticadas del escudo antimisiles.

Esto hace recordar que el escenario de la nueva Guerra Fría contempla una OTAN (en la que nadie cree ya en Europa Occidental), cuyas bases más sólidas están en los países del antiguo Pacto de Varsovia. No es que Europa sea la cabeza de puente de la dominación norteamericana de Eurasia… es que este papel corresponde, sólo, a Europa del Este.

Pero el verdadero conflicto es este: hasta el final de la Guerra Fría, la Unión Europea (entonces Comunidad Económica Europea) y la OTAN caminaban en paralelo. Los países de la CEE exigían a sus nuevos miembros que lo fueran también de la OTAN (recuérdese el caso español). Hoy, eso no ocurre. Los aliados incondicionales de los EEUU son algunos países del Este, recién incorporados a la UE y a la OTAN, nada más.

La esperanza de los EEUU es que los cambios de gobierno en Alemania y Francia hayan contribuido a variar la política exterior que Chirac y Schröder impusieron en la UE. No está tan claro que esto vaya a ser así. Cada vez es más evidente la dependencia energética que la UE tiene de Rusia y, por lo demás, nadie cuestiona en Europa que éste país ya no es una “amenaza ideológica”, ni alberga agresividad expansionista.

Los EEUU utilizarán el escudo antimisiles para dividir la UE. Porque Europa es, a la postre, el gran competidor y el gran enemigo económico de los EEUU. Hoy, ya buena parte de los pagos de petróleo se realizan en euros, no en dólares. Si a esto unimos que los europeos cada vez piensan más en una defensa autónoma, veremos que los EEUU corren el riesgo en la próxima década de ver como su cabeza de puente en Europa se reduce al tradicional aliado inglés y a unos países del Este que deberán de elegir entre fondos estructurales o la amistad con EEUU. Y no está claro que Polonia, por mucho tiempo, siga siendo el aliado preferencial en Europa del Este. Si hoy Polonia ha apostado por la amistad con los EEUU, es porque la historia polaca alberga reticencias derivadas del doloroso recuerdo de verse periódicamente desgarrada entre Alemania y Rusia; pero los fondos estructurales recibidos hoy por Polonia son de tal calibre que pueden muy bien causar amnesia histórica a futuros gobiernos polacos.

La estrategia norteamericana

Podemos resumir el plan norteamericano en unas cuantas líneas:

1) Aprovechar el crecimiento excesivamente rápido de la UE hacia el Este.

2) Compensar la desconfianza que generan los EEUU en el “núcleo duro” de la UE, utilizando la influencia que todavía conservan en la OTAN.

3) Atizar las rivalidades atávicas entre Rusia y el Este Europeo, con la intención de debilitar a la UE y reconstruir el marco de la Guerra Fría.

4) Todo ello con el objetivo claro de debilitar a Europa (proponiendo además el ingreso de Turquía en la UE).

El punto débil de toda esta estrategia es que Europa Occidental (quien paga las facturas de Europa Oriental) ya no ve a Rusia como un “enemigo”, sino como el suministrador de energía, y ya no ve a los EEUU como el “aliado afable”. La mejor noticia para Europa es que Rusia contempla una perspectiva análoga a la de la UE: crear un marco de colaboración basado en “alianza política a cambio de energía”. Esto excluiría a los EEUU del marco de la UE.

La reacción rusa al escudo

La reunión en Sevilla del Consejo Rusia-OTAN -una institución nacida ahora hace diez años al calor de la distensión- fue el escenario aprovechado por Rusia para escenificar su posición ante el proyecto del escudo antimisiles. De hecho, las defensas antimisiles que Estados Unidos pretende instalar en la República Checa (radar antimisiles) y en Polonia (diez baterías de interceptores), protagonizaron el encuentro.

El ministro ruso de Defensa, Sergei Ivanov, calificó los argumentos para justificar estas medidas como poco convincentes: «Fíjense ustedes dónde están, en el mapa, la República Checa y Corea del Norte, y verán que el argumento no parece muy creíble. Y en cuanto a Irán, Teherán tiene misiles capaces de salvar entre 1.400 y 1.600 kilómetros de distancia. Su radio de acción es, por ello, más crítico para Israel y para el propio territorio ruso, que para la OTAN. Y en el caso, de que Irán llegara a tener misiles de 5.000 kilómetros de alcance, aunque estas cosas no pasen nunca de la noche a la mañana, el escudo habría que desplegarlo antes en lugares como Turquía, Afganistán o el mismo Irak, visto que el mejor momento para destruir cohetes es cuando despegan».

Es evidente que diez baterías de interceptores antimisiles no constituyen una amenaza para la seguridad de Rusia, por eso el anuncio de su instalación más parece un sondeo para establecer cuál iba a ser la reacción de Rusia y la de Europa Occidental.

Como siempre, la balcanización europea y la ausencia de una política exterior y de defensa digna de tal nombre, está dificultando la adopción de una postura unánime; de todas formas, a nadie se le escapa que los principales países de la UE han acogido de forma hostil la propuesta de Bush.

En cuanto a Moscú, la reunión de Sevilla sirvió para que Ivanov, pudiera declarar que Rusia no va a permanecer impasible al despliegue, porque «no quiere verse sometido a presión política o militar alguna». Por ello, Rusia «reforzará su sistema de misiles intercontinentales, ya que debemos estar en condiciones de batir cualquier escudo antimisiles».

Si se trataba de un “sondeo”, éste ha sido ampliamente negativo. La declaración indicaba a las claras que Rusia está dispuesta a no tolerar cualquier amenaza contra su seguridad. Los EEUU hicieron, inmediatamente, un amago de dar marcha atrás. Condoleeza Rice calificó de «absurdo» el temor de Moscú al despliegue del escudo antimisiles.

En el curso de la reunión de Ministros de Exteriores de la OTAN, se debatió la instalación de un escudo antimisiles y la hostilidad rusa. En el curso de esta reunión se puso de manifiesto la disparidad de criterios entre los socios europeos de la OTAN. Mientras algunos aliados veían con inquietud el antagonismo despertado en Rusia, otros critican que el escudo de EEUU no ofrezca protección a algunos miembros de la OTAN.

La “solución azerbaijana”

De forma inesperada, el jueves 7 de junio, Putin terminó por desarmar los argumentos norteamericanos, proponiendo la participación de Rusia en el escudo antimisiles en antiguas instalaciones soviéticas, en vez de crear otras nuevas en Europa. Bush y sus asesores se quedaron literalmente boquiabiertos con esta respuesta que no esperaban. El presidente norteamericano apenas pudo declarar otra cosa que consideraba "interesantes" las propuestas de Putin. Y, de cara a Europa, la propuesta era mucho más interesante aún. Apenas cuatro días antes, Putin había amenazado con apuntar de nuevo sus misiles hacia Europa. Ahora, lo que proponía era utilizar las instalaciones de radares ya existentes en Azerbaiyán. De esa manera ya no tendría sentido que EEUU desplegara sus medios en Europa y tampoco sería necesario que Rusia movilizara los suyos a lo largo de las fronteras con el Viejo Continente, explicó Putin.

Existe un acuerdo entre los gobiernos de Rusia y Azerbaiyán para la utilización conjunta de la instalación de radar que mencionaba Putin. Además, el líder ruso ya había consultado al presidente azerbaijano el cual le declaró su intención de cooperar.

Por su parte, el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, no podía ocultar su complacencia por la propuesta rusa: "Espero que lo que estamos viendo sea una señal de que todo el mundo comenzará a hablar con todo el mundo una vez más, sobre este importante tema de la defensa antimisiles (…) Necesitamos enfrentar juntos los desafíos de seguridad del sigo XXI en lugar de resucitar aquellos del pasado", agregó. Lo más significativo es que Hoop Scheffer subrayó que cualquier escudo antimisiles debe proteger a los 26 países de la OTAN…

De hecho, varios países, entre ellos España, quedaban fuera de la “protección” del escudo.

El “escudo” no es nuestro “escudo”

Todos estos datos contribuyen a definir un nuevo cuadro político internacional: de un lado unos EEUU, que no han advertido que ya no son indiscutibles, ni siquiera militarmente. El hecho de que hoy, la resistencia iraquí mantenga en jaque a unas tropas tan tecnificadas como poco combativas, es suficientemente elocuente. Durante la Segunda Guerra de Golfo, solamente el 25% de los misiles “Patriot” conseguían derribar los antiguados Scud iraquíes. Hoy, la situación no ha mejorado: los costosísimos sistemas del escudo antisimiles apenas logran derribar un 30% de los mísiles anticuados y primitivos que se les asignan como objetivo.

Moscú ha logrado reconstruir su poder. Europa está hoy más integrada que ayer. El mundo camina inevitablemente y a despecho de los EEUU hacia un orden multipolar. Las excusas de los EEUU para mantener sus posiciones son cada vez más patéticas: “terrorismo internacional”, y las habituales potencias de medio pelo (Irán, Corea del Norte…).

El proyecto de escudo antimisiles es un proyecto extraeuropeo en su origen y antieuropeo en su fondo, destinado a mantener el peso internacional de los EEUU. La UE debe tener claras sus propias prioridades: tener una política exterior común, asegurar su estabilidad, garantizar el suministro energético y ser una de las “patas” de la estabilidad en Eurasia. Y esto pasa más por el reencuentro histórico con Rusia que con los EEUU.

[recuadros]

¿España? Fuera del escudo

El territorio español quedará fuera del área de cobertura del escudo antimisiles. El jefe de la delegación española ante la OTAN, Jordi Marsal -del PSC-, explicó que los estadounidenses han situado en Italia el límite geográfico occidental del escudo. De esa zona hacia occidente el sistema no tendrá capacidad.

Dado que el sistema está diseñado para afrontar misiles de corto y medio alcance, la administración americana, o bien considera que el único enemigo posible está en el Este o que, estando en el Sur (Países musulmanes de la orilla sur del Mediterráneo), España no merece ser “defendida”.

Este límite, además, excluye de la posible lista de países “amenazadores” a Argelia y Marruecos. Hay que recordar que así como resulta difícil que España tenga un contencioso con la Argelia actual, tanto éste país como Marruecos, sufren la presión islamista, común a todos los países del Sur del Mediterráneo y todo induce a pensar que la estabilidad de estos regímenes está comprometida a corto plazo.

Una vez más, el “caso español” demuestra el sinsentido de mantener viva la estructura de la OTAN en el siglo XXI. Los enemigos de Europa no son los de EEUU, lo rivales de Europa no son los de la administración Bush. A EEUU le interesa más que la OTAN defienda la integridad del Estado de Israel (a quien alcanza la protección del escudo antimisiles), pero mucho menos la de España.

Condoleeza Rice en España

El 1 de junio, la secretaria de Estado estadounidense, Condoleeza Rice, inició una visita a Madrid. La secretaria de Estado había cancelado en tres ocasiones su viaje a España “por motivos de agenda”… Es el contacto diplomático a más alto nivel entre España y EEUU tras la crisis suscitada por la retirada de las tropas españolas de Irak en abril de 2004 y por los frecuentes desacuerdos en relación a Cuba. Este “desencuentro” había empezado en 2003, cuando el entonces líder de la oposición permaneció sentado en el desfile de la Fiesta Nacional al paso de la bandera de EEUU. Rice, apenas permaneció en España ocho horas, reuniéndose con el Rey, con ZP y con Moratinos. Es significativo que en un viaje tan corto, la Rice encontrara tiempo para entrevistarse con Mariano Rajoy.

El viaje no puede ser calificado como un éxito de la diplomacia española: se había producido muy tardíamente, era demasiado breve y quedaban patentes las extraordinarias diferencias entre ambos gobiernos.

Si alguien creía que este viaje iba a suponer una normalización en las relaciones, se equivocaba. El día antes de su desplazamiento, la Secretaría de Estado norteamericano realizó un duro ataque a la política de ZP de acercamiento al régimen castrista (viaje de Moratinos a La Habana en donde decidió no entrevistarse con la disidencia). Todo esto, unido a que España no quedaba incluida en el paraguas protector del escudo antimisiles, indica hasta qué punto la España de ZP es ninguneada por el gobierno norteamericano.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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