La opción ausente o el necesario partido inexistente

Publicado: Martes, 05 de Junio de 2007 23:18 por Ernesto Milá en NACIONAL
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Infokrisis.- ¿Hay vida política fuera del PP y del PSOE? El sistema político español está diseñado para que PP y PSOE se turnen en el poder, apoyados por unos u otros nacionalistas, cuando no alcancen mayorías absolutas. Ese diseño ya ha dado de sí todo lo que podía dar y ha terminado situando al Estado al borde del descoyuntamiento… Nunca como ahora hacen falta ideas nuevas, proyectos nuevos, rostros nuevos.

A pesar del peso adquirido por los nacionalistas durante el gobierno ZP, paradójicamente, no ha servido para realzar excesivamente las tradiciones seculares catalanas, vascas, valencianas, castellanas, gallegas. El uso del catalán se ha estancado e incluso desciende en medios juveniles, las fiestas tradicionales valencianas son criticadas por la comunidad islámica, que junto a otras comunidades inmigrantes corren el riesgo de anegar cualquier rasgo de las culturas regionales.

¿Por qué ha ocurrido esto? Es fácil interpretarlo: el nacionalismo, como el resto de opciones, se ha convertido en un sumidero de intereses de grupo, justificados solamente por la “excusa nacionalista”. Los casos de corrupción que han afectado al nacionalismo, especialmente al vasco, han perjudicado a esta opción.

En cuanto a IU, apenas pasa de ser un embudo de marginalidades varias, sin mayor interés que el puro esperpento. Hubo un tiempo en el que la clase obrera estuvo en el PCE. Hoy no.

A la vista de este panorama, es evidente que faltan opciones políticas nuevas que llamen al pan, pan y al vino, vino. El lenguaje ecléctico, parabólico, hiperbólico, pretencioso y huidizo de la actual clase política provoca el bostezo. La famosa entrevista en TV “todos contra ZP” sólo tuvo como atractivo advertir que el presidente estaba tan desconectado de la realidad que no sabía ni lo que cuesta un cafelito. Y en cuanto al interés de la entrevista con Rajoy apenas descansó en conocer sus haberes. El político aburre porque ya no sorprende más que cuando mete la pata. Faltan políticos con la talla de líderes. Como máximo, emergen funcionarios de partido, a lo Pepiño Blanco, que activan los pulgares de millones de mandos a distancia, ansiosos por cambiar de canal en cuanto ven aparecer su rostro por la pantalla.

Mientras no emerjan opciones nuevas en el panorama político autonómico y nacional, el desinterés dominará a buena parte del electorado y la inhibición total dominará a la otra parte.

La opción anti-inmigración

En las pasadas elecciones presidenciales francesas, Jean Marie Le Pen obtuvo el cuarto lugar, en las elecciones belgas; el Vlaams Belang se configuró como el primer partido de Flandes; en la anterior legislatura italiana Alleanza Nazionale colocó a varios ministros en el gobierno Berlusconi, Fini presidió el parlamento y éste partido gobernó en la importante comunidad del Lacio.

Todos estos partidos tienen una característica esencial: son partidos que protestan contra la inmigración ilegal y masiva y contra la pérdida de identidad de sus respectivos países. Resultados similares se han producido en Holanda, Países Nórdicos, Este Europeo, etc.

¿Es extrema-derecha?

Si examinamos detenidamente sus propuestas, veremos que el Front National es un partido que apoya la descentralización antijacobina del Estado francés y defiende las identidades regionales de Francia con más vigor que cualquier otro. El Vlaams Belang, por su parte, defiende los derechos de la etnia flamenca y que no tienen inconveniente en reclamar el voto judío en Ambers. Todos ellos, defienden la identidad, pero también sostienen posiciones antiglobalización –ellos les llaman “antimundialistas”– mantienen la necesidad de políticas sociales justas que tiendan la mano protectora del Estado sobre las capas más desfavorecidas de la sociedad. En Italia, es significativo que la tendencia con más peso social de AN sea la “destra sociale”.

Las capas más desfavorecidas contra la inmigración masiva

Difícilmente estos partidos harían gala de tendencias racistas, xenófobas o antisemitas. Todos estos países tienen legislaciones extremadamente duras contra estos delitos. Y, por lo demás, ni uno solo de los militantes de estos partidos se ha visto implicado en episodios racistas o xenófobos. ¿Entonces…?

Entonces, lo que ocurre es que se trata de partidos que no tienen dificultades en capturar el voto de las capas más desfavorecidas de la sociedad, hasta ahora clientela de la izquierda, pero que la izquierda se ha enajenado a causa de su insensata política de “mestizaje cultural”, “regularizaciones masivas” y adhesión al neo-capitalismo. Esto explica porque la izquierda comunista francesa no levanta cabeza desde los años ochenta. Olvidar los derechos de los trabajadores autóctonos en beneficio de los derechos de las minorías inmigrantes, tiene su precio y la izquierda europea lo está pagando.

Un partido anti-inmigación en España

En esta España diseñada en 1979 sobre una base bipartidista, el nacimiento de un partido nuevo basado en la defensa de los derechos de las clases trabajadoras frente a la marejada globalizadora de la que la inmigración masiva y la deslocalización empresarial son sus consecuencias más dramáticas, es una necesidad más que en cualquier otro país, pues no en vano, España es la meca de la inmigración en Europa.

Por otra parte, la irrupción de un partido de esas características, tendría repercusiones inesperadas en las simetrías parlmentarias.

En la actual situación de empate técnico electoral entre los dos partidos mayoritarios que vive nuestro país desde hace tres años, la posibilidad de que emergiera un partido con una base social reclutada esencialmente entre los abstencionistas y entre los antiguos votantes de la izquierda, pero dispuesto a apoyar parlamentariamente sólo a quien garantizase una política responsable en materia de inmigración y de repatriaciones, sin complejos ni timideces, ni servidumbres a las patronales de construcción y hostelería, correría el riesgo de desequilibrar todo el panorama político nacional y obligar a reconstruir mayorías sobre nuevas bases.

Esta situación sería extremadamente interesante, no sólo porque hace falta una opción que plantee directamente y sin tapujos el problema de la inmigración, sino porque sería la única forma de neutralizar a los nacionalismos.

Estos nacionalismos, actualmente dan la sensación de haber perdido el vigor del que gozaban hace unos años. PNV, AE, CiU, ERC, BNG, están sufriendo en las últimas convocatorias electorales sangrías de votos que corren el riesgo de restarles el papel hegemónico del que han gozado hasta ahora.

Si esta tendencia a la pérdida de vigor de los nacionalismos se confirma, el papel protagonista de una opción nueva irá ganando enteros, a la vista de que, hasta ahora, ha resultado completamente imposible reconstruir un partido centrista al estilo de UCD o de lo que luego fue el CDS.

El movimiento anti-inmigración en 2007

Por el momento, en Catalunya ha cobrado un nuevo impulso la Plataforma per Catalunya, especialmente en Vic y El Vendrell con cinco concejales en cada ciudad, dirigidos por Joseph Anglada y Gustau Armengol.

En Alcalá de Henares (2’5%) y en algunas poblaciones de Extremadura ha alcanzado un resultado relevante Iniciativa Habitable, con 10 concejales y un alcaldable.

Finalmente, en el Reino de Valencia, España 2000 de José Luis Roberto y José Antonio Ocio, ha conseguido colocar concejales en dos importantes cabeceras de comarca y obtener un 1% en la ciudad de Castellón.

Estos resultados son todavía limitados pero son los primeros resultados apreciables de grupos incipientes que enarbolan la bandera de la lucha contra la inmigración ilegal y masiva. Por que, de hecho, estas tres fuerzas políticas tienen un denominador común: cubren un hueco que ningún otro grupo político está interesado en cubrir.

Es pronto para decir si estas fuerzas lograrán trabajar conjuntamente para crear un partido similar y homologable a los partidos correspondientes europeos presentes en el Parlamento de Estrasburgo en el Grupo Parlamentario Identidad-Soberanía-Tradición y en el Grupo Parlamentarios Unión por la Europa Nación. Es evidente que estos sectores no tienen nada que ver con la vieja extrema-derecha aún existente a nivel grupuscular entre los escasos partidarios de Ynestrillas o patrimonio de los herederos políticos de Blas Piñar.

Si la opción anti-inmigración logra afirmarse será solo en la medida en que logre romper con la antigua extrema-derecha franquista.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es

 

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