EL TORO DE OSBORNE, SIMBOLO IDENTITARIO, CUMPLE 50 AÑOS

Publicado: Martes, 20 de Febrero de 2007 22:19 por Ernesto Milá en CULTURA

Infokrisis.- En 1956, la agencia publicitaria Azor, diseñó por encargo del Grupo Osborne, el símbolo que debería representar al brandy Veterano, uno de sus marcas, en vallas publicitarias situadas en las carreteras. La agencia entregó el proyecto a uno de sus colaboradores, Manuel Prieto que, finalmente, tuvo la idea genial de evitar que el símbolo fuera un panel regular y optó por darle la silueta de un toro de lidia.

De los primeros tiempos a la hostilidad del felipismo

A partir de noviembre de 1957, empezaron a colocarse los primeros «toros» en las carreteras. Eran relativamente diferentes de los que se han popularizado con posterioridad: estaban elaborados en madera, apenas tenían cuatro metros de altura, tenían los cuernos pintados de blanco y las letras con el logotipo de la empresa anunciante. Dos años después quedaba claro que la climatología era adversa y que la madera terminaba rápidamente destrozada por los elementos. Fue entonces cuando empezaron a construirse en chapa metálica y su tamaño pudo alcanzar los siete metros de altura. En 1962 alcanzó la altura actual gracias a un cambio en la normativa de los carteles publicitarios, llegando a los 14 metros con los que se ha popularizado.

El felipismo nunca vio con buenos ojos el «toro de Osborne». En realidad, los socialistas nunca fueron amantes del toro de lidia, ni de la «fiesta nacional», así que no podían por menos que recelar de un cartel que aludía a lo uno y a lo otro. En julio de 1988, la Ley General de Carreteras obligó a retirar la publicidad de las carreteras estatales. Sin embargo, diversos colectivos cívicos sostuvieron que el toro se había convertido en algo más que el símbolo de una marca, así que consiguieron que se permitiera la permanencia de una parte de los «toros» instalados, a cambio de que se borrara el logotipo de la empresa. En las postrimerías del felipismo, sin embargo, cuando el régimen de los GAL y de la corrupción ya había entrado en su larga agonía, el Reglamento General de Carreteras ordenó retirar todos los toros de Osborne. Como era de esperar, varias comunidades autónomas se negaron a aplicar este artículo, apoyados por las peticiones de municipios, asociaciones culturales, grupos políticos, mediáticos, colectivos profesionales y de artistas que exigieron que la imagen pasara a ser catalogada como un «bien cultural».

El toro frente al «burro catalán»

Llegado el caso al Tribunal Supremo en 1997, este organismo dictó sentencia a favor del mantenimiento de esta imagen debido al «interés estético o cultural» que habían adquirido con el paso del tiempo. A partir de este momento, el «toro de Osborne» dejó de ser el símbolo de una empresa y de una marca de brandy, para pasar a ser un símbolo de la identidad nacional.

No es raro, pues, que los partidos nacionalistas e independentistas, particularmente ERC, hicieran de la cruzada contra el «toro» una cuestión de principios. No solamente derribaron los que quedaban en Catalunya, sino que inventaron –con relativo éxito– la imagen del «burro catalán» para contraponerla al odiado «toro español».

En la actualidad existen noventa toros de Osborne distribuidos de forma irregular por España. Ceuta, Melilla, Cantabria y Murcia carecen de ellos; Baleares, Canarias, Catalunya, Navarra y País Vasco, tienen solamente uno, mientras que Alicante y Cádiz albergan a nueve en su territorio. En Andalucía hay 22, en Castilla-La Mancha 13, en Valencia 12, en Extremadura y Galicia 5, en Madrid y la Rioja 2.

Pocas veces en la historia de la publicidad una imagen corporativa ha pasado a ser, de manera tan evidente, un símbolo de la identidad nacional. Hoy el «toro de Osborne» puede verse en banderas, en adhesivos de automóviles, en camisetas, gorras, llaveros, posavasos, etc. Es frecuente que nuestros soldados en misión fuera de España lo hayan incorporado con el visto bueno de sus oficiales, si no por su iniciativa, en los vehículos y símbolos de su presencia en el extranjero.

El «toro de Osborne» ha arrastrado a los nacionalistas e independentistas a realizar remedos, más o menos desafortunados, con los que intentar superarlo: la vaca utilizada por los nacionalistas gallegos, el cordero vasco y el inefable burro catalán, símbolo perfectamente ajustado a la naturaleza de sus patéticos sostenedores.

El toro como símbolo de la identidad nacional

Diversas sentencias judiciales dictadas, tras denuncias del Grupo Osborne, han dado la razón a los que sostenemos que el «toro» es un símbolo de nuestra identidad y, por tanto, como han establecido diversos tribunales: el toro es un símbolo nacional y no la marca concreta de una empresa. Lo que los tribunales han puesto de manifiesto es que una cosa es la marca registrada del Grupo Osborne y otra muy distinta el símbolo utilizado durante un período como su logo identificador, que ha terminado convirtiéndose en un «patrimonio cultural y artístico de los pueblos y campos de España». La sentencia añade, finalmente: «Aunque puede recordar a algunos el símbolo de una marca comercial, el primer impacto visual que produce es el de una atrayente silueta, superpuesta al entorno, que recrea la vista, rememora la Fiesta y destaca la belleza del fuerte animal».

El distintivo «tradicional» de España –que el franquismo recuperó pero que era anterior a él– incorporaba el águila como guardiana del escudo. Ese escudo fue sustituido durante la transición por el que lleva la corona monárquica. A decir verdad, lo normal hubiera sido reconvertir el escudo utilizado por el franquismo en «escudo constitucional», pero en lugar de esto se optó por improvisar otro que carece de arraigo suficiente y, por supuesto, de tradición. En muchos edificios del siglo XVI ya se ve el escudo con el Águila y el yugo y las flechas propios de los Reyes Católicos. El actual «escudo constitucional» improvisado a partir de la transición está íntimamente ligado al destino de la monarquía… que no auguramos particularmente brillante y con futuro.

Así pues, para evitar confusiones entre los que consideran que el escudo con el águila es franquista y que la utilización del escudo constitucional prejuzga una defensa cerrada de la monarquía cuya corona ostenta, polémicas ambas en las que no vale la pena perder mucho tiempo; por nuestra parte sostenemos la idoneidad como símbolo identitario de la bandera nacional con el «toro de Osborne». El hecho de que este símbolo esté ya en la calle y se pueda ver cada vez más, no solamente en manifestaciones deportivas, sino también y sobre todo, en manifestaciones políticas, hace que su importancia y su impacto popular sean extremadamente amplios.

No queremos entrar en una polémica estéril sobre si el escudo con el águila es franquista o no, mucho menos interesante es la discusión sobre la monarquía o la república, por lo tanto, asumir como propio símbolo identitario el viejo símbolo del toro, es nuestra opción, mucho más cuando en estos momentos, nuestro combate es, fundamentalmente, un combate en defensa de nuestra identidad nacional y de nuestros valores.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es 

 

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