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Infokrisis.- Recientemente, hemos sabido, por boca del ministro de economía y vicepresidente del gobierno, que a nuestro país le quedaban dos años de bonanza económica. Esto quiere decir que en un plazo comprendido entre el 2008 y el 2010, sobrevendrá una crisis económica radicalmente diferente de las anteriores. La presencia de entre ocho y diez millones de inmigrantes en nuestro país, hará imposible subsidiar el fenómeno. España no es un país tan rico para aplicar la vía alemana (financiar las repatriaciones). Así pues, nos aproximamos a una situación en la que si partidos ni Estado hacen nada, solamente podrá apelarse a la movilizaicón popular para contener el fenómeno de la inmigración.

 

 

Diálogo XVIII

Recordatorio: España no es un país rico

[17 de noviembre de 2006]

Me ha parecido entender que las políticas de integración de los inmigrantes que se llevan en Europa son caras. Por eso no me extraña que sean precisamente los países más ricos de la Unión Europea los que pueden aplicarlas, al margen de que fracasen o no…

Has acertado. Esto va en la dirección de lo que te he ido comentando: la inmigración genera más problemas que beneficios y en el plano económico, supone más gastos para el Estado que ingresos. Y esto tiene como consecuencia que los impuestos de los ciudadanos son mal administrados y que el dinero recaudado se dilapida alegremente en política de integración que hasta ahora no nunca han demostrado una eficacia mínima.

La idea que estoy intentando transmitirte desde que empezamos a hablar sobre este tema es que la inmigración beneficia a unos pocos, pero perjudica a muchísimos más. En Francia hay más necesidades urgentes que la de financiar la integración de los que han demostrado no tener el más mínimo interés en la integración. En Alemania hay problemas de pobreza y paro en la antigua RDA como para subsidiar las repatriaciones voluntarias. En Italia todavía existen zonas deprimidas y sectores de la economía deficitarios como para afrontar los gastos que genera la asistencia social a los inmigrantes. Y así sucesivamente. En España ocurre nada diferente.

Sin embargo un triunfal estudio ha demostrado que el crecimiento económico español del 3’8% se debe en un 50% a la inmigración.

Esa cifra indica muy poco en positivo, es más, da la clave de lo que está ocurriendo. Fíjate, por ejemplo, en la vivienda. La tendencia de los inmigrantes es a comprar vivienda ante el encarecimiento que han sufrido los alquileres en los últimos años. Dejando aparte que, quien vive en un piso de alquiler evidencia una provisionalidad y lo previsible sería que la inmigración, recurriera a esta fórmula en tanto su situación de residencia en España es provisional, la realidad es que quien compra un piso es… por que no tiene la más mínima intención de volver a su país y piensa quedarse para siempre entre nosotros.

Ahora bien, lo importante no es esto, lo importante es que si el 50% del crecimiento económico se debe a la inmigración, también el 50% del encarecimiento de la vivienda se debe a la inmigración. Como mínimo. Esto implica que existen beneficiarios y damnificados. Beneficiarios, por ejemplo, son los promotores inmobiliarios, los bancos y sus créditos hipotecarios; damnificados son los ciudadanos españoles que ven como en los últimos cuatro años el precio de la vivienda se ha duplicado… cuando, de no haberse producido la avalancha de inmigrantes, ese ascenso habría sido justo de la mitad. Es evidente que no todos se sienten afectados de la misma manera por el alza de la vivienda. Cuando alguien compra un piso de un millón de euros, seguramente le importará muy poco que la vivienda el año que viene se sitúe en un millón cien mil euros. Ahora bien, quien contempla comprar un piso que hace cuatro años costaba veinte millones de pesetas, difícilmente podrá costear un piso de cuarenta. O dicho de otra manera: este problema afecta solamente a las clases más modestas… pero beneficia la prepotencia del sector inmobiliario y de la banca.

Cariño, aquí alguien pretende engañar: lo importante no es el crecimiento económico sino la realidad de ese crecimiento. Te pondré un ejemplo fácil de entender: Guinea Ecuatorial es el país cuyo PIB ha crecido más en África en los últimos siete años. ¿Quiere decir esto que ha mejorado la situación de los ciudadanos de Guinea Ecuatorial o quiere decir que solamente la cúpula del poder, Obiang y su familia, se han embolsado los beneficios de la venta del petróleo guineano? Ayer Obiang regresó a su país después de una visita a España, a donde vino para solicitar más ayuda económica. Bastaría la distribución de su riqueza personal para reconstruir las infraestructuras de Guinea Ecuatorial. Es, desde luego, mucho más fácil pedir ayuda económica a España que gastarse la propia fortuna adquirida inmoralmente. Además, siempre habrá un lelo en La Moncloa dispuesto a ayudar sin condiciones…

Lo que estoy intentando decirte es que el hecho de que se genere tal o cual porcentaje de crecimiento económico es relativamente relevante para el ciudadano medio. Puede ocurrir que este ciudadano medio se vea más beneficiado… con un crecimiento económico menor. Y mucho más en el marco de injusta distribución de la riqueza y de aumento creciente de las desigualdades, que existe entre nosotros. Por que, tal como está configurado el actual sistema económico, es cierto que la construcción se ha configurado desde hace una década como el motor de la economía española… y que la construcción y sus distintos oficios acaparan el mayor número de puestos de trabajo. Pero no es menos cierto que los salarios de la construcción tienen tendencia a la baja y que los grandes beneficiarios del sector son los propietarios del terreno (en un porcentaje altísimo, los ayuntamientos) y los promotores inmobiliarios.

Nuestro crecimiento económico se basa, fundamentalmente, en la especulación de unos y en el endeudamiento de otros. La lógica dice que sería mejor, crecer menos, pero crecer de manera más sólida. Tal como está configurada la economía española, da la sensación de que es una máquina especulativa desbocada basada en el endeudamiento de los débiles y el enriquecimiento de los económicamente fuertes. Los segundos no tienen dificultades: cuando la burbuja económica deje de crecer y termine estallando, los precios que han pagado por su vivienda los débiles, recuperará su precio de mercado normal, muy inferior al que han abonado. Pero nadie se lo devolverá, desde luego. Es más, si pierden su puesto de trabajo y no pueden afrontar la hipoteca, lo perderán, sin recuperar siquiera lo que han abonado. Los económicamente fuertes se limitarán a invertir en comprar nuevas parcelas para la próxima burbuja inmobiliaria… para lo cual hará falta, o bien que aumente la demografía, o bien que aumente el número de inmigrantes. Y, entre tanto, a invertir en las bolsas de Nueva York, o Tokio…

Te insisto: la peor engañifa es la estadística. Es muy distinto el crecimiento económico chino o el que se produjo en la España franquista, en donde el desarrollo se basaba en la creación de infraestructuras y de industria y el crecimiento económico actual basado en la especulación. Es evidente que en todo proceso económico, existen beneficiarios y damnificados, pero el hecho realmente nuevo de la actual situación es que en ningún período histórico anterior, los damnificados habían sido tantos y se encontraban tan endeudados en régimen de dependencia absoluta hacia la banca, y los beneficiarios habían sido tan escasos y habían amasado tales cantidades de capital. El caso Marbella es ilustrativo de lo que está ocurriendo. Los compradores han adquirido viviendas por un precio muy por encima del real, para finalmente enterarse de que ese precio desmesurado no tenía relación real ni con la calidad de la vivienda, ni con la calidad de vida, sino con las necesidades de pagar a un consistorio depravado y corrupto.

Entonces, tú opinas que la inmigración no suscitará verdaderamente problemas hasta que termine la actual fase de bonanza económica. Lo cual, según el ministro Solbes ocurrirá dentro de dos años. Y a partir de ese momento ¿qué ocurrirá?

Nos aproximamos al precipicio. Es más, estamos ya con un pie sobre el abismo y nuestro gobierno sigue caminando con paso firme hasta el vacío final. Esa es la única realidad. Pero la crisis que se avecina va a ser muchísimo mayor que las que hemos vivido hasta ahora, y, en especial, mucho mayor que la que vivimos en la transición y en las postrimerías del felipismo. Estas crisis fueron un juego de niños comparado con lo que se avecina.

En aquellos momentos no se produjeron graves trastornos sociales. España era todavía un país que recibía industria y generaba, a su vez, industria. Se producían bienes en todos los sectores económicos, algunos de los cuales han desaparecido prácticamente (minería) o corren el riesgo de desaparecer completamente (astilleros) o están amenazados (metal-mecánico). La siguiente crisis se produjo con los reajustes económicos del felipismo de cara a nuestra integración en Europa o como producto de la misma. Proliferaron los cierres de empresas con indemnizaciones millonarias y las jubilaciones anticipadas. En otras palabras, aquello fue pan para hoy y hambre para mañana. Los puestos de trabajos perdidos en la industria y la minería, no se recuperaron jamás. La siguiente crisis económica, prácticamente prolongación de la anterior, se produjo a partir de 1992, nada más concluidos los Juegos Olímpicos y duró hasta 1996. En el peor momento de la crisis se superaron los tres millones de parados. Pero ahora, la naturaleza de la crisis que se avecina es completamente diferente.

Es diferente por que la economía especulativa vinculada a la construcción tiene la parte del león en el crecimiento económico, pero sobre todo por que desde 1999 han llegado cinco millones de inmigrantes que ocupan los puestos más bajos de la escala laboral.

Nadie alberga la menor duda de que la inmigración va a recibir el gran mazazo de la crisis que se avecina y que según los más optimistas estallará en el 2010 y los más pesimistas prevén para antes de las elecciones de 2008. Hay que recordar que cuando estalle la crisis, el número de inmigrantes no comunitarios en España puede oscilar entre siete y diez millones de personas… la mayoría de los cuáles van a ir directos al paro. ¿Imaginas lo que eso puede suponer?

Estamos hablando de un 20-25% de la población. ¿Puedes imaginar lo que supone que entre una cuarta y una quinta parte de la población viva de subsidios y de la caridad pública?

¿Qué puede ocurrir ante esa perspectiva?

Nada bueno, desde luego. En los períodos de crisis económica, aumenta la delincuencia, la inseguridad ciudadana y el gasto en justicia, seguridad y prisiones. Pero, además, hay algo fundamental a tener en cuenta. España no es un país rico. Ni está en condiciones de subsidiar la repatriación de inmigrantes, ni siquiera de pagar durante largos períodos el mantenimiento con cargo a los presupuestos públicos de millones de inmigrantes. Así pues, muchos de ellos se verán obligados a adoptar tres actitudes: aceptar la subvención y vivir del trabajo negro (otra característica que acompaña a los tiempos de crisis), marchar a Francia en busca de mejores perspectivas, o bien ingresar en los circuitos de la delincuencia.

Lo dramático es que una parte importante de toda esta inmigración ya ha comprado pisos… que dentro de unos años no van a poder pagar las correspondientes hipotecas. En una situación de expansión de la burbuja inmobiliaria, simplemente, vendiendo estos pisos y abonando la hipoteca, ya se obtenía un beneficio para regresar al país de origen amparado en unos cuantos miles de euros que, bien invertidos, constituirían fortunas en esos países. Pero, a partir de ahora, con la previsible bajada del precio de la vivienda y la saturación del mercado, lo previsible es que, como máximo, al vender los pisos, consigan únicamente cubrir el coste de la hipoteca y demás deudas.

Todo esto va a generar frustraciones, resentimientos, situaciones sin salida… y una degradación social de la inmigración con sus consecuencias: conflicto social. Por eso, cuando en alguna otra ocasión te he dicho que tenemos ante la vista un conflicto que será a la vez civil, étnico, social y religioso, no te estoy exagerando.

Me preguntabas qué nos espera: te lo resumo, el conflicto.

¿Puede evitarse ese conflicto?

Todo tiene solución salvo la muerte y la estupidez. Este país ha afrontado crisis extremas que incluso han comprometido su misma existencia. Y, en el siglo XIX, abundaron los dirigentes políticos tan bobos e inútiles como los que aparecen hoy en los telediarios. De haber dirigentes políticos dignos de tal nombre, el problema tendría solución “politica”. Esta solución pasa por cuatro medidas:

Primera, contención de la oleada migratoria, ni un inmigrantes más en nuestro país, suspender la ley de inmigración, crear una ley de emergencia que no contemple la reunificación familiar, y establezca topes temporales para la presencia en España. No existirá contención si no se neutraliza el “efecto llamada” y esto implica endurecimiento de la política de inmigración.

Segunda, reversión del fenómeno. La inmigración solamente es comprensible en tanto el inmigrante trabaja. Si está en paro, carece de sentido. Así pues, más de tres meses seguidos en paro deben suponer la obligación de retornar al país de origen.

Tercera, ofrecer compensaciones a los que decidan retornar voluntariamente a sus países, por ejemplo, el abono del porcentaje correspondiente a la jubilación, de las cuotas a la seguridad social que hayan abonado o hayan generado durante su estancia en España.

Cuarta, campaña a favor de la natalidad de nuestra población, medidas para favorecer los nuevos nacimientos, las familias numerosas, y la protección a las parejas jóvenes heterosexuales (las únicas que hasta ahora tienen capacidad reproductiva).

Todo esto implica un cambio de política de inmigración que el gobierno ZP no está en condiciones, por supuesto, de realizar y que incluso le repugna. Como se sabe, el gobierno ZP evita tomar decisiones. Su autismo es el pasaporte para la catástrofe final. E, incluso dudo mucho de que un eventual gobierno del PP, tuviera redaños suficientes como para reconocer la naturaleza del problema y aplicar soluciones draconianas, sin olvidar, por supuesto, que los problemas en el actual contexto histórico, son problemas europeos y, por tanto, mientras la UE no tenga una política común frente a la inmigración, siempre quedarán agujeros negros en este tema.

¿Qué es para ti lo esencial en estos momentos?

Reconocer que el problema exista y si los políticos no pueden solucionar, deberán solucionarlo los ciudadanos.

¿Y eso que quiere decir?

Eso quiere decir que mientras no se siente en el parlamento un partido con las ideas claras en este terreno, no va a haber nada que hacer.

De tanto en tanto surgirán estallidos sociales, fogonazos aquí y allí, protestas de una población que está cada vez más harta de que la clase política no advierta el calvario por el que se está atravesando nuestra población en los barrios modestos y la limpieza étnica pura y simple que se está realizando en algunas zonas de nuestro país. Pero las protestas pasan y los delegados del gobierno han aprendido a acallarlas enviando algunos coches patrulla durante una semana o realizando alguna operación mediática de tanto en tanto.

La detención de dos centenares de prostitutas y la presunta desarticulación de redes de prostitución en Barcelona, realizada con abundancia de medios por la policía autonómica, es un fuego de paja. Mañana las mismas prostitutas y los mismos macarras estarán en los mismos lugares ejerciendo los mismos oficios. Otro tanto ha ocurrido en la calle de la Montera de Madrid.

Hasta que las movilizaciones populares no lleguen a donde no llega ni la justicia ni la voluntad del gobierno, nada sustancial cambiará. Los gobiernos autistas solamente se ven forzados a actuar ante situaciones en las que corren el riesgo de perder el control.

¿Lo que me estás diciendo es que para contener la inmigración lo único que puede apelarse es a la movilización popular?

Veo que lo has entendido, claro y cristalino.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

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