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Infokrisis.- Después de una breve interrupción, recuperamos la serie sobre la inmigración explicada a mi hija. En esta entrega el tema del diálogo es los modelos de integración de la inmigración en Europa y la conclusión es que los pocos modelos existentes, han saltado por los aires entre el 2004 (el holandés) y el 2005 (el francés). Si no hay modelo de integración viable, es, seguramente, por que la inmigración es inviable y, si esto es así -y vamos comprobando poco a poco que así es- hay que tender a otros modelos sustitutorios: la asimilación, por ejemplo.

 

Diálogo XVII

¿Cómo va la inmigración en Europa? ¿Hay modelos?

[16 de noviembre de 2006]

En un mundo globalizado, los problemas de unos afectan a todos, y los problemas de nuestro entorno geopolítico, nos afectan mucho más directamente. ¿No habrá que mirar a Europa para buscar soluciones al problema de la inmigración?

Podemos mirar a donde quieras, salvo a los EEUU. Afrontar el problema de la inmigración colocando una valla a lo largo de la frontera de Río Grande, no parece la mejor solución para atajar el problema. En esta ocasión, Bush ha seguido la solución ZP aplicada en Melilla: “¿cómo, que hay avalancha de inmigrantes? No hay problema: la valla se eleva hasta seis metros y asunto resuelto”. Soluciones de este tipo son ciegas, estúpidas y califican al que las plantea.

En otros lugares, en Europa occidental concretamente, se han aplicado “soluciones” algo menos toscas… pero con idéntico resultado. Todas estas soluciones parten del mismo presupuesto, que la inmigración constituye un problema, pero se niegan a reconocer que, lejos de solucionar el problema, a medida que se aplican estas medidas, va ganando en intensidad. En otras palabras: esas medidas no sirven para nada.

A lo mejor es que el planteamiento de los gobiernos de Europa Occidental es arróneo: si los inmigrantes rechazan la integración y ellos mismos optan por autosegregarse… a lo mejor es que el problema no tiene solución o que el planteamiento integrador es demasiado laxo como para motivar a los inmigrantes en esa dirección. Si la integración es rechazada por la inmigración, especialmente por la andina y magrebí, no hay más remedio que plantear las otras dos alternativas: asimilación o repatriación.

El error de percepción consiste en que los gobiernos de Europa Occidental no plantean una disyuntiva clara (integración o repatriación), sino que solamente plantean una posibilidad: integración o integración.

Para facilitar la integración, los gobiernos de Europa Occidental han habilitado fondos, como si la integración no fuera un acto de voluntad espontánea (similar al que realizaron nuestros inmigrantes en los años 50 y 60 en los mismos países europeos en los que hoy fracasa la integración de turcos y magrebíes). Dado que este proceso de subsidiar la integración, tiene ya un cuarto de siglo, vale la pena saber a dónde ha conducido: a un punto hoy mucho más alejado que el punto de partida. Diagnóstico: la integración ha fracasado. Habría que cambiar de política de inmigración, sin embargo, los partidos bienpensantes y especialmente la izquierda, profundizan en esa misma dirección: es decir, aumentan los subsidios. Pocas políticas han sido tan inútiles como estas (salvo quizás algunas de las iniciativas destinadas a afrontar las toxicomanías). El sentido común dice que una política que ha fracasado con una determinada asignación presupuestaria, fracasará doblemente si se duplican los subsidios. Así ha ocurrido en Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Gran Bretaña.

Sin embargo, yo he oído que Holanda ha sido un “modelo de integración”…

Todo depende lo a lo que llames “modelo”. Hay modelos en positivo y en negativo. Holanda ha sido un modelo en negativo situado dentro de una olla a presión. Los observadores de la olla la observan, pero no tienen conciencia clara de lo que ocurre en el interior. Y el cocinero que ha encendido la olla y sabe lo que se cuece dentro, dice que el cocido va a salir al punto. Bruscamente la olla explota y todos los presentes salen pringados de potaje… Ese es el “modelo holandés”. Se puede engañar a la opinión pública durante décadas, se puede decir que se está logrando la integración solamente porque se adopta una discriminación positiva que considera a los inmigrantes como niños mimados dignos de recoger todas las subvenciones y subsidios pagados por el contribuyente. Y como el niño mimado, hacer lo que les venga en gana, permitirles todos los caprichos y acceder a todas sus exigencias. El niño, claro, ha crecido haciendo su santa voluntad, mimado y mal criado. Los medios de comunicación han alabado y avalado estas políticas con sumisión bovina a la izquierda. Todo esto ante los ojos de una población que, cada vez más, experimentaba a la inmigración como problema, pero, hasta la aparición del fenómeno Pym Fortune, no había cristalizado en un movimiento de repulsa.

Bruscamente, Fortune emerge en el aplatanado, plácido y conformista clima político holandés. Y es asesinado… por un ecologista, es decir, por un pro-inmigracionista. Bueno… se trata de un extremista de derechas, dicen los medios de comunicación holandeses. Parece que Fortune era, antes, un extremista de derechas –que no lo era- a una persona y que lo primero justificaba su asesinato “por el odio que había desatado”.

El error de percepción consistía en pensar que un movimiento de defensa cívica como el de Fortune, estaba compuesto por peligrosos extremistas sediendos de sangre inmigrante, en lugar percibir que sectores de la inmiración a los que se les había subsidiado durante décadas y siempre de manera creciente… querían más, mucho más, en realidad lo querían todo y creían que se lo merecían todo y al no obtenerlo, odiaban al país que les había acogido. Como el niño mimado que lo quiere todo y que estalla en pataleta histérica cuando le niegan aquello que ni le conviene, ni sus padres pueden darle.

El asesinato de Pym Fortune fue el primer aviso. Pocos meses después llegaría el siguiente. Theo van Gogh, descendiente del famoso pintor, realizador de TV, había elaborado un documental sobre la situación de la mujer en el Islam. El documental era absolutamente objetivo y estaba elaborado en base a entrevistas con mujeres musulmanas o casadas con musulmanes. Y, claro, el Islam no salía muy favorecido: es muy fácil decir –como hacen los islamistas- que su religión respeta a la mujer… pero es muy difícil aceptarlo cuando las propias mujeres islámicas aluden a su estado de sumisión al hombre islámico. A una célula marroquí no le gustó el reportaje y asesinó a Theo van Gogh. Sin más motivos que el haber dicho la verdad…

Entonces se produjo la revuelta popular. La olla a presión que había ocultado la realidad, bruscamente estalló. Durante una semana se sucedieron las manifestaciones populares, las protestas ante las mezquitas. Era inevitable recordar lo que ocurrió en El Ejido… sólo que a nivel de una nación.

Ese es el modelo holandés. Treinta años de mentiras, para que un día, tras dos asesinatos, saltara todo por los aires. No hay modelo holandés. El modelo holandés es un modelo fracasado.

Algo peor parece haber ido en Francia, ¿verdad?

Habría que decir, mucho peor. Lo que ocurrió en noviembre de 2005 en toda Francia, era previsible desde principios de los años 80. En aquel momento, un número importante de argelinos ya había entendido que la izquierda tiene un complejo de culpabilidad mal digerido a causa de la colonización –ya tratamos este tema, así que no vale la pena insistir- y, también percibe a los inmigrantes como al niño mimado, que se lo merece todo. La izquierdas había propalado la idea de que decir no a un inmigrante era un acto racista y xenófobo. Yo he visto directamente atracos en plena calle en los que, el atracador, detenido por viandantes, era liberado por ellos mismos, después de que empezara a gritar: “¡Socorro! ¡son racistas!”. La acusación de racismo era la más infamante que podía hacerse a un francés a principios de los 80. Era increíble, pero cierto. Si una chica no quería hacer el amor con un moro, éste la acusaba de racista. Si un comerciante se negaba a rebajar el precio de un producto el moro que creía estar en el zoco de Argel, le acusaba de racista. Todo Francia era racista, y toda Francia se obsesionaba en demostrar que no albergaba el menor sentimiento racista. Las subvenciones empezaron a alcanzar tal magnitud que no hacían necesario el que una parte de los inmigrantes buscaran empleo, siguieran cursos de capacitación profesional y se esforzaran en sus estudios. La segunda generación de inmigrantes, aprendió pronto a ser una generación subsidiada. Pero el problema es que un subsidio permite vivir… pero impide el tener acceso a los escaparates del gran consumo. Una parte sustancial de esa población, además de los subsidios empezó a vivir de la delincuencia. La delincuencia no es un producto de la pobreza, permite vivir bien, muy bien, indudablemente mucho mejor que quienes deben su economía a un salario. El “barrio” se convirtió en el centro de vida de escolares fracasados, delincuentes habituales y rencorosos sociales, unidos todos ellos por la común etiqueta de magrebíes o hijos de magrebíes. Desde 1983, se hicieron habituales las revueltas en los barrios, el fondo de estas revueltas era el mismo: a la búsqueda de más subsidios y el establecimiento de zonas francas para la delincuencia. Estas zonas se han llamado “zonas de non droit” y son casi dos mil en Francia. Son enclaves ajenos al Estado Republicano. Nadie se había preocupado mucho de que en Francia, cada noche ardieran 50 coches por término medio desde principios de los años 90. Simplemente se ocultaba o se convenía en no decirlo en voz alta. Un buen día todo este potencial explosivo de la comunidad magrebí (entendemos por magrebíes a los nacidos magrebíes e hijos de magrebíes nacidos en Francia y con nacionalidad francesa) contra la comunidad autóctona estalló. Y durante un mes, en noviembre de 2005, Francia vivió una guerra civil, racial y social.

El modelo francés de integración basado en alabar las virtudes de los inmigrantes y de la sociedad mestiza y multicultural, unido a los subsidios, terminó saltando por los aires. No hay modelo francés de inmigración que exportar. Simplemente, ese modelo fue desde el principio un fracaso que todos –socialistas y gaullistas- intentaron ocultar creyendo que el problema, a largo plazo e invirtiendo más fondos y más elogios, terminaría desapareciendo. Las hogueras de noviembre y los 100 automóviles quemados de promedio por noche desde entonces, han constituido la pira funeraria del “modelo francés”.

¿Siempre nos quedarán los modelos inglés y alemán, al menos?

Primero que no son modelos; segundo que sus resultados son, como mínimo, tan negativos como los modelos holandés y francés. La diferencia estriba en que la olla a presión todavía va almacenando potencial explosivo. Y de qué manera. Es previsible que en los próximos años estos modelos estallen y sus fragmentos alteren profundamente a ambas sociedades. De momento, vamos por ese camino.

En Inglaterra la inmigración procede en su mayoría de las antiguas colonias del Imperio Británico, especialmente pakistaníes. Y su nivel de vida es bajo o bajísimo. De hecho, hasta 1999, los pakistaníes que llegaban a España, consideraban su estancia entre nosotros como circunstancial, siendo su intención última emigrar hacia el Reino Unido. Esta tendencia se ha invertido. La comunidad pakistaní allí instalada solo crece por los nuevos nacimientos, es España y, más concretamente, Catalunya en donde se instalan los pakistaníes que desean emigrar. En 2005 y 2006, la comunidad pakistaní en Barcelona es la que ha crecido más de todas las comunidades inmigrantes y es la que ha protagonizado protestas más ruidosas desde 2002 (ocupación de Santa María del Mar, ocupación de la Catedral, ocupación de Sant Medir…).

La presencia de la comunidad pakistaní en Gran Bretaña tiene como factor identitario, la nacionalidad, la raza y la religión. Entre el 2010 y el 2015, el Islam será la religión con más fieles en Gran Bretaña. La tierra de Guillermo de Normandía, de Harold el Sajón, del Rey Bruce y de Enrique VIII, la tierra de Avalon, Tintagel, Camelot y Glastonbury y del Rey Arturo… pasará a ser una tierra en la que el Islam sea la religión mayoritaria. Por el momento, la inmigración pakistaní tiene unos hábitos relativamente distintos a los magrebíes (ambas, por lo demás, se odian mutuamente a pesar de compartir la misma fe), pero desde principios de los años 90, aparecen roces en zonas de ósmosis entre la comunidad autóctona y la pakistaní. A estos se une el que la política de inmigración británica es similar en laxitud a la española, agravada por el hecho de que los ciudadanos de la Commonwelt pueden instalarse con extrema facilidad sobre su territorio, sin apenas trabas. Esto hace que la inmigración a Inglaterra sea masiva y permite pensar que progresivamente las relaciones entre autóctonos e inmigrantes se irán deteriorando por saturación. No existe un modelo inglés de inmigración. En el fondo es un modelo liberal, un “dejad hacer”. Este modelo presenta el riesgo de que va acumulando un potencial explosivo en las zonas de ósmosis que empieza a generar pequeños chispazos de conflicto entre la clase obrera blanca y la inmigración pakistaní.

Por su parte, en Alemania, la situación no es mucho peor. También allí existe una inmigración islámica, de procedencia turca (cuatro millones) que la sociedad alemana no logra integrar y dotada de una portentosa capacidad demográfica. En la actualidad ya existen colegios públicos en los que la totalidad de los alumnos son inmigrantes. El gobierno alemán ha optado por distintas fórmulas en los últimos veinte años, especialmente, tras la reunificación, cuando se hizo evidente que iba a quedar mucha población alemana en paro y existían excedentes migratorios. De todas estas políticas, la que ha dado mejores resultados es la de subvencionar las repatriaciones: cada inmigrante que, voluntariamente, desea volver a su país de origen, recibe como premio una ayuda económica jugosa. Una política de este tipo puede hacerse solamente en situación de bonanza económica y, siempre y cuando, si las repatriaciones son por goteo y poco significativas. Si se produce un aluvión o una situación de vacas flacas en la economía alemana, políticas de este tipo van a ser inviables. Por otra parte, entre el crecimiento demográfico de la inmigración turca y las nuevas llegadas de ilegales, el impacto de las repatriaciones subsidiadas no ha dado todavía ningún resultado apreciable. Lo comido, por lo servido… los que se van son menos que los que nacen y los que llegan. Resultado del “modelo alemán”: cero.

En todos estos casos, incluidos el español y el italiano, los matrimonios entre población inmigrante y autóctona, son escasísimos y poco representativos. Una parte de los que se producen, además, son falsos matrimonios destinados a engañar a las autoridades de inmigración. Todo esto evidencia, no solo la nula voluntad de integración (hoy en nuestro país, existen bares para andinos, bares para magrebíes, bares para subsaharianos…), sino también y sobre todo, la ausencia de políticas de inmigración y de modelos viales.

¿Entonces…? Si no hay modelo válido, habrá que construir uno ¿no te parece?

Claro. Pero vale la pena plantear cuáles pueden ser las bases de ese modelo. Antes ya he apuntado una: a lo mejor las políticas de integración fracasas, porque la integración es imposible. Entonces, es lógico concluir, que si la integración no avanza, hay que volver a la asimilación. Eso representa algo tan sencillo como ejercer el principio de autoridad: ¿usted quiere vivir como nosotros? Es simple: sea como nosotros. No soy yo quien le debe subvencionar a usted, por que yo no le he invitado a venir, sino que es usted el que ha forzado la legalidad de mi país y se ha instalado a la brava, por lo tanto, es usted el que me debe demostrar algo: que es capaz de asimilarse a la población. Si usted me va a montar un gueto, lo primero que me exige son mezquitas y clases de Islam, si reivindica el derecho a vestir con las ropas del desierto… casi es mejor que se vaya voluntariamente, antes de que me vea obligado a recordarle que esta usted en tierra de Europa y “donde fueres haz lo que vieres”. La fórmula es: no me cree usted problemas. Y si tiene intención de crearlos, váyase.

Una política de este tipo es inaplicable para cualquiera de los partidos mayoritarios hoy en el poder en Europa. Pero es lo que amplias franjas de la población europea están reclamando: medidas enérgicas. Si la integración a través de iniciativas “soft” no han producido efectos, no hay problema, siempre queda la vía “hard”… para aquellos que tengan redaños suficientes para aplicarla.

Y en esto excluyo el primero a José Luis Rodríguez Zapatero, por supuesto.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

 

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