Ideas para un movimiento identitario transversal. (1ª Parte)

Publicado: Miércoles, 15 de Noviembre de 2006 00:21 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES
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Infokrisis.- Iniciamos una pequeña serie de dps artículos que irán apareciendo en días sucesivos, cuyo título es suficientemente elocuente: no se trata de ningún manifiesto, sino de unas cuantas notas e ideas, expuestas con la mayor brevedad posible e intentando articularse con la mayor coherencia. Evidentemente, el origen de estas eflexiones está en el resultado de las elecciones catalanas, para desembocar en una segunda parte en la dinámica identitaria que hemos defendido y que consideramos necesaria en los últimos tiempos.

I Parte

De los rasgos globales del movimiento

 

1. Partido-flash o partido de hormiguitas laboriosas

Las elecciones catalanas han demostrado:

- Lo absurdo del sistema partitocrático en su actual configuración (los partidos perdedores reconstruyen la fórmula de gobierno inviable tras convocar elecciones anticipadas), y

- La emergencia de nuevas fórmulas políticas articuladas en torno a temas concretos.

No es la primera vez que esto ocurre en Catalunya: hace cuatro años, la salida a la superficie de la Plataforma per Catalunya ya supuso una primera rotura del esquema partitocrático en esa comunidad. Si en esa ocasión el tema de ruptura fue la protesta popular contra la inmigración masiva, con Ciutadans-Partido de la Ciudadanía lo que ha aflorado es el rechazo al nacionalismo común de la “banda de los cuatro” (CiU, PSC, ERC, ICV). Pero no ha sido solamente Ciutadans quien ha irrumpido, sino otros dos partidos que han alcanzado resultados más menguados pero cuya existencia es significativa:

- Partido de El Carmelo, defensor de los derechos de los habitantes de ese barrio barcelonés, afectados por el hundimiento del túnel

- Escons (Escaños) en Blanco, electores que reivindican el derecho a que los no votantes estén representados en el parlamento, de manera significativa, mediante escaños vacíos.

- Familia y Vida, partido católico cuyo programa gira en torno a un solo punto: el antiabortismo.

Los rasgos de todos estos partidos son:

- Se trata de partidos monotemáticos.

- Se trata de partidos que se sitúan fuera de los esquemas ideológicos habituales.

- Se trata de partidos no convencionales.

- Son partidos que abordan problemas reales experimentados directamente por bolsas de ciudadanos.

- Todos tienen un colchón mínimo de votos asegurados.

Todos los grupos políticos que hemos mencionado antes responden a estas características. Los podemos llamar “movimientos de opinión”. Cuando un movimiento de opinión alcanza un éxito pasa a emerger como fuerza alternativa, recibiendo en ese caso el nombre de “partido flash”.

Los “partidos flash” responden a los siguientes rasgos:

- Su nombre procede de la rapidez e inmediatez de sus resultados, como un fogonazo brusco, un destello, que libera un quantum de energía presionada durante mucho tiempo y que cristaliza en un voto de protesta.

- El “partido flash” aparece en el momento preciso, cristalizando una opinión presente en la sociedad, pero que no lograr manifestarse a través de los canales convencionales, ni políticos, ni mediáticos.

- Precipita un “estado de cabreo” ante una situación que los partidos mayoritarios se niegan a reconocer o, simplemente, que ocultan como reflejo de autodefensa

- Abandera un tema de batalla en exclusiva para el que los demás partidos han demostrado fehacientemente no disponer de soluciones.

- Da respuestas simples a problemas complejos. No se detiene en elaborar grandes teorías finalistas, expresa opiniones simples, propias del hombre de la calle.

- Huye de cualquier dogmatismo, manifiesta un alto grado de pluralidad interna: sus miembros están juntos porque comparten la misma opinión ante UN problema determinado, pero admiten discrepancias en otros temas.

- Surge de las clases medias, las más castigadas siempre por las crisis y las que tienen mejor formación cultural, técnica y más conocimiento de los problemas reales.

En este momento, este tipo de partidos son los únicos capaces de progresar en nuestro país. En ocasiones revisten la forma de movimientos cívicos que, por el momento, no se presentan a las elecciones. Y, progresivamente, están en todas partes, además de los citados en Catalunya:

- Se les encuentra liderando la oposición y las movilizaciones contra la política antiterrorista criminal y suicida del gobierno ZP.

- Son las voces organizadas que, por encima de los partidos mayoritarios, se unen para defender la unidad del Estado contra la centrifugadora desencadenada por ZP.

- Son círculos intelectuales que lanzan manifiestos alertando contra la deriva de nuestra civilización

- Son movimientos que protestan contra lo inaccesible de la vivienda o en defensa de los consumidores.

Esta tendencia es el reflejo de que los ciudadanos cada vez se sienten menos representados por los “partidos habituales” y cada vez manifiestan más su protesta serena. No todos ellos tienen voluntad de descender al campo político, pero si quieren obtener resultados, esto va a ser, antes o después, una necesidad.

Frente a este tipo de “partidos flash” y de movimientos cívicos, el modelo tradicional de partido poco puede hacer, especialmente si no ha conseguido todavía insertarse en el sistema de partidos.

El modelo a descartar es el de aquellos partidos formados por un “núcleo duro” que, a fuerza de “arrimar el hombro” y “dar el callo”, van creciendo poquito a poco, pasando primero de un 0’09%, luego a un 1%, y andando el tiempo, puede llegar a un 3 ó a un 10%... al cabo de lustros de trabajo político. Esto pudo ocurrir en un tiempo en el que los reflejos de los partidos mayoritarios estaban todavía demasiado embrutecidos por cuarenta años de ejercicio del poder exclusivo en Europa. Ni el gaullismo ni el socialismo fueron capaces de prever el fenómeno Le Pen cuando se inició y, una vez insertado en el sistema de partido, ya les es muy difícil deshacerse de él, pero esto no quita que hayan modificado la ley electoral para minimizar sus daños colaterales.

Hoy, los partidos mayoritarios ya están en estado de alerta ante el despunte de estas formaciones de nuevo cuño:

- En Catalunya la alerta funcionó primero intentando bloquear el despliegue de la PxC arrojando sobre esta organización todo tipo de ataques infamantes.

- Más tarde, Ciutadans-Partido de la Ciudadanía recibió, así mismo, ataques unánimes, que variaban de lo calumnioso o lo mendaz, por parte de todos los partidos y de sus periodistas de cámara, así como el silencio mediático generalizado.

Los partidos y sus periodistas de presa reaccionan histéricamente ante la emergencia de nuevos movimientos. Pero esos nuevos movimientos son el resultado natural de la nefasta política de partidos, de su falta de imaginación y de su increíble tendencia a la corrupción: nuestra democracia es corrupta en todos sus escalones representativos.

El hecho nuevo en este momento es que la “democracia” se ha devaluado en los países de Europa Occidental y es de mala calidad en nuestro país, lo cual se evidencia por:

- La transformación de la “democracia” en “partitocracia” o “democracia de baja calidad”. No es el “demos” el que está representado, sino que los cargos electos en los distintos niveles administrativos anteponen el interés de sus partidos a cualquier otra consideración.

- La entronización de la plutocracia (poder del dinero) como verdadero y único poder, por encima de la voluntad popular.

- La escasa representatividad de las instituciones: formadas por los vencedores de las elecciones (o por los perdedores coaligados) olvidando que el partido mayoritario es el de la abstención.

- La mala calidad del sistema representativo español con listas cerradas y bloqueadas y con la ley d’Hont que altera radicalmente la “voluntad popular”.

Así pues, tanto por criterios mínimos de economía de medios, como por las condiciones objetivas de degeneración del sistema democrático, como por las tendencias emergentes en la sociedad, un partido identitario no puede ser más que un partido flash, y es preciso abandonar las veleidades idealistas propias del modelo partido de hormiguitas laboriosas.

A partir de aquí vale la pena profundizar en dos direcciones:

- Afinar un poco más la descripción del modelo de partido y concretamente su estructura interna.

-  Establecer el eje central del partido-flash.

 

2. “La Red”, como nueva concepción del movimiento

Juzgamos que el modelo de partido hasta ahora vigente ha perdido actualidad y efectividad y en este momento es inviable.

Este modelo se caracteriza por:

- Una estructura interna monolítica.

- Una doctrina inamovible

- La ocupación de espacios estáticos en el arco parlamentario

- Una estrategia basada solamente en el parlamentarismo

En un mundo nuevo dominado por las redes, este tipo de estructura resulta inadecuada y arcaica. Los partidos que tienen estructura similar están llamados a ir perdiendo paulatinamente influencia.

¿Partido o movimiento?

- Un partido es una organización monolítica que oscila entre lo hard (el modelo leninista) y lo soft (el modelo liberal).

- Un movimiento es una red de distintas asociaciones, organizaciones, fundaciones, corrientes informales, conscientes de caminar en la misma dirección.

El “modelo partido” pertenece a un momento de la historia en el que existían, o bien ideologías monolíticas (que alimentaban al modelo hard) o eran expresión de grupos económico-sociales concretos (modelo soft).

Y es por ello:

- Que en esta época de muerte de las ideologías, los partidos hard ya no tienen posibilidades de subsistir, ni tampoco existe excusa para exigir a sus miembros un activismo sempiterno y agotador.

- Por su parte, los partidos soft hoy más que nunca son expresión de los grupos económicos dominantes y están desvinculados de los intereses reales de la población. Mientras que ésta debe afrontar una globalización que los convierte en damnificados, los grupos económicos dominantes son los primeros beneficiarios del mismo proceso.

Este último facilita la aparición de fenómenos muy diversos:

- La aparición de neodelincuencia y corrupción en las clases políticas dirigentes, interesadas solamente en defender sus propios intereses y los de los grupos económico-mediáticos que los sustentan.

- Un progresivo divorcio entre el país oficial y el país real, que se traduce en un desinterés progresivo de la población por la gestión política, un aumento constante del absentismo electoral y la aparición del “voto de protesta”.

- Una imposibilidad a medio plazo para ejercer el poder y la autoridad, más allá de los decretos-ley y de la elaboración constante de leyes que cada vez menos gente respeta (la ley del tabaco y la ley antibotellón, como paradigmas)

- La aparición de los “partidos flash” que responden con más facilidad a situaciones concretas en momentos puntuales.

Estos partidos flash tienen mucho que ver con la entrada en la época de las “redes”: una red es una comunidad de intereses que cristaliza en una nebulosa de asociaciones, fundaciones, partidos, grupos informales, medios de comunicación tanto convencionales como digitales, foros de discusión, etc.

Así pues, el modelo político del futuro es el “partido flash surgido de la coordinación de distintas redes”.

 

3. La vía gradualista: transformar la sociedad

No corren tiempos favorables para que cristalice ningún modelo de revolución. Podemos llegar a esa afirmación a través de constatar:

- La inexistencia de grupos sociales objetivamente revolucionarios, susceptibles de aportar efectivos humanos y apoyos sociales al proceso revolucionario

- Una situación de relativo bienestar que hace que las clases medias –motores de todo fenómeno renovador y/o revolucionario- opten por no dar el “salto al vacío” que supone toda revolución y opten por vías más moderadas.

- La presencia del “factor esperanza” que siempre supone el percibir siempre al final del túnel que suponen las crisis cíclicas una débil luz, en forma de trabajo precario, subempleo, facilidades para obtener pequeños créditos e hipotecas, que constituyen la esperanza para las clases más desfavorecidas

- La complejidad de las sociedades desarrolladas que hacen que todo esté interrelacionado y que una crisis en un país puede propagarse a los vecinos y, por tanto, un proceso revolucionario iniciado en un país será ahogado por los países vecinos ante el temor al contagio.

- Lo que Spengler llamaba la “zafiedad revolucionaria”, que hace que en estos movimientos radicales el protagonismo no lo tengan los sectores más conscientes sino las masas en su peor sentido. Los procesos semi-revolucionarios iniciados en Iberoamérica en los últimos años confirman lo que decimos: hoy la “revolución” es la expresión de unas masas movidas por odios, resentimientos de todo tipo y complejos negativos.

La “vía revolucionaria” supone un salto al vacío, un cambio radical y absoluto que choca con los problemas diarios e inmediatos de la totalidad de la población: el revolucionario es hoy en Europa alguien que adopta la pose revolucionaria, en la medida en que no se ha planteado nunca la posibilidad de realizar la revolución.

Ahora bien, es preciso distinguir entre:

- “Revolucionar la sociedad” y

- “Cambiar la sociedad”.

La revolución es imposible e inimaginable salvo para los cerebros más infantiles, sin embargo, el cambio es necesario, so pena de que la falta de contestación a la globalización genere un estallido final e inevitable del proceso iniciado en 1989.

Frente a la vía revolucionaria se alza la vía gradualista:

- El “revolucionarismo” es un salto al vacío realizado al intentar cubrir el terreno que existe entre el momento actual y la sociedad ideal.

- La “vía gradualista” supone la voluntad de progresar de manera ascendente por una escalera en la que cada peldaño supone una conquista que nos aproxima más al modelo político-social al que se aspira.

Una “tercera vía” sería, finalmente, la vía convencional a la que nos tienen acostumbrados los partidos soft clásicos, contentos con el actual modelo político-social y sin ninguna intención ni interés más que el ser ellos quienes lo gestionan.

Entre estas tres vías

- El revolucionarismo es inviable por falta de condiciones.

- El convencionalismo no responde a las necesidades urgente de cambio.

- El gradualismo es la vía que se adapta mejor a un tiempo de cambio.

Por tanto, si hay que definirse en cuanto a la estrategia, defendemos una estrategia gradualista para lograr la transformación de la sociedad.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es

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