Basta ya de contemplaciones con transexuales y demás minorías exóticas

Publicado: Miércoles, 08 de Noviembre de 2006 15:15 por Ernesto Milá en NACIONAL
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Infokrisis.- El lobby gay del PSOE se mueve, hasta el punto de que entre el lobby homosexual, la cuota del 50% a la mujer, los transexuales, la existencia de serpientes traidorzuelas al estilo de Montilla y demás, hacen pensar el drama en el que deben encontrarse los varones heterosexuales en el seno del zapaterismo. Nunca una minoría fue tan escuálida.

COMO ACENTUAR LOS PROBLEMAS. COMO ALEJARNOS DE LAS SOLUCIONES

Todo esto viene a cuento de la nueva legislación que facilitará la inscripción en el registro civil de travestidos, una vez instaurado su nuevo sexo. ZP con esta legislación ha situado a España entre los países más adelantados del mundo en materia de legislación a favor de las minorías “oprimidas”. ¿Oprimidas? Vamos a llamar a las cosas por su nombre: un transexual es un error de la naturaleza, acentuado por las prácticas del doctor Frankenstein. Nos explicamos.

Bastante tiene un travestido para tener un cuerpo de hombre y una mentalidad de mujer, para que, además, este conflicto del alma, que seguramente podría resolverse mediante una terapia adecuada, se acentúe a base de entrar y salir del quirófano. Ahora bien, para aplicar una terapia hace falta diagnosticar una enfermedad: desde el momento en que el travestí es considerado como algo “normal”, nos alejamos de las posibilidades de solución del conflicto. Como si un yonki, en lugar de ser considerado como un enfermo, fue visto como alguien que tiene todo el derecho a meterse toca la caña que le quepa en las venas y le animemos a hacerlo en lugar de instalarlo en una terapia de desintoxicación. O como si se excitara a un psicópata a hacer realidad sus fantasías más crueles paran o “reprimir” sus sentimientos.

SILICONA CON CARGO A LA SEGURIDAD SOCIAL

El argumento dado por la Junta de Andalucía para autorizar las operaciones de cambio de sexo con cargo a la seguridad social es que los afectados “sufren” con su problema. Pues si sufren, deben recibir tratamiento, claro está. Harina de otro costal es que ese tratamiento sea el contrario que el que precisan. Como si alguien aquejado de resfriado se empeñara en que le recetaran marihuana para curarse el dolor de cabeza.

¿Y qué decir entonces de los que tienen orejas de soplillo? ¿o de los que no ligan porque tienen aliento de tigre? ¿o de los bajitos obsesionados y acomplejados por no poder jugar en la NBA? ¿o los calvos? ¿o los que tienen la pilila corta? ¿o con las mujeres que no están contentas con lo amorcillado de sus labios y no tienen medios para recauchutarlos? ¿Qué hacemos con todos ellos? ¿A estos sí les damos tratamientos psicológico? ¿por qué no a los transexuales que son yonkis de la silicona y adictos al quirófano? ¿acaso no son ellos los que más necesitan ese tratamiento?

Lo sorprendente es que “el legislador” (por llamarlo de alguna manera), haya optado por conceder a los travestidos el derecho a que sus caprichos sean cubiertos con cargo a la seguridad social y sin embargo los correctores oculares, las lentillas y gafas, las reconstrucciones dentales y muchas coberturas médicas usuales, no estén contempladas en los servicios dados por la seguridad social. ¿Qué tienen los transexuales que el “legislador” se fija en ellos. Créanme que hay mucho degenerado por ahí, a la  busca de un morbo nuevo cada día. Pero hay otra razón.

A LA BUSCA DESESPERADO DEL VOTO HOMOSEXUAL

El PSOE busca desesperadamente bolsas de votos. Desde el principio, ZP está cortejando a los homosexuales. Me da la sensación de que Zerolo, su gran pope en la materia, le ha servido datos erróneos y ZP cree que hay más homosexuales de los que realmente hay. Se calcula que la cifra de homosexuales en España puede oscilar entre un 2 y un 5%. Y no todos son progres de izquierdas. Ni todos los homosexuales van al Día del Orgullo Gay, ni todos los que van a la mascarada van en pos del culito más apetecible. Ni siquiera hay gays que estén interesados en salir del armario o de confesar públicamente sus tendencias. Y muchos votan al PP, muchos más a HB y hasta algunos a partidos nacionalistas. Y no digamos a ERC cuyo anterior secretario general, Angel Colom tenía una notoria tendencia y con él trajo a un grupo de gays al partido.

Por otra parte, ZP y Zerolo no perciben que el gay es además de homosexual, ciudadano de un Estado y las torpezas del gobierno le afectan como a cada hijo de vecino. Así pues, no es del todo evidente que los gays voten masivamente al PSOE, por que el “modelo gay” encarnado por Zerolo es, solo una de los modelos posibles.

Por otra parte, ZP dio rienda suelta a su malhadada ley sobre matrimonios gays, demasiado pronto, al principio de la legislatura. Cuando afronte las nuevas elecciones en el 2008, una parte de los que acogieron la ley con más entusiasmo, ya se habrán casado, se habrán separado y estarán pagando buenos dineros al chaperilla de turno, por sentencia judicial. Así pues, para mantener el “entusiasmo” de los alegres muchachos amantes de los cuartos traseros, ahora viene esta ley sobre los transexuales.

Zerolo y ZP olvidan que los transexuales no son del agrado de todos los gays. Muchos consideran que lo más peligroso que puede ocurrir con un gay es que le confundan con una loca disfrazada de odalisca, con pelo en pecho.

¿QUÉ HACER CON LOS TRANSEXUALES?

Lo mismo que con los calvos: nada. ¿Y si su situación mental es grave? Darles el volante para psiquiatría. ¿Algo más? Si, decirles claramente: chaval, estás enfermo, más vale que te lo trates porque tu vida se va a convertir en un infierno.

No suele decirse que el transexual sufre frecuentes regresiones: hoy se siente mujer, mañana hombre. No existen cifras de operaciones de marcha atrás, pero si es cierto que muchos travestís no tienen inconveniente en hormonarse y atizarse paletadas de silicona aquí y allí, pero muchos menos dudan en dar el paso que convierte su transexualismo en irreversible: la monstruosa operación de fabricación de vagina o de construccion de pene, digna de una novela de terror. Mientras la hormonacion puede cortarse a voluntad y una pequeña operación quita las bolsas de silinoca… con un pene convertido en vagina no hay marcha atrás posible.

Por otra parte, también se suele ignorar que ese tipo de operaciones convierten al sujeto en prácticamente frígido. Le restan la posibilidad de gozar. Así acentúan los rasgos de una patología mental: se piensa como mujer, se cree que se goza como mujer, pero no se experimenta el gozo físico, sino solamente cierta satisfacción mental que dura lo que dura, pero que no es eterna. Sin olvidar que estas operaciones son castraciones puras y simples. Mutilaciones.

El resultado final de estas operaciones suele ser peripatético: una cosa es una mujer y otra un simulacro de mujer. Esos pómulos que parecen cuernos, esas tetas reventonas, esa nariz respingona esculpida en serie, esos labios amorcillados y esos testículos comprimidos o simplemente tajados, no hacen que un cuerpo masculino, pase a ser, como por ensalmo, femenino, sino que lo convierten en una rareza apta solo para deleite de depravadillos de la vida y amantes de los exotismos eróticos pasados de vueltas. Una mujer es algo más que un muñeco remendado, hinchado por aquí y capadillo por allá: una mujer no se hace. Nace. Y viceversa.

La ley de reconocimiento civil de los transexuales: muy en la línea de ZP. Algo inútil: evitar la solución simple de un problema, legislar para minorías y olvidar que la mayoría tiene otros problemas, demasiado reales como para apreciar esta nueva excentricidad de alguien que día a día se muestra como el más inútil, el más mediocre, el más tontorrón de los gobernantes que ha tenido este país desde Gárgoris y Habidis.

© Ernesto Milá – Infokrisis - infokrisis@yahoo.es

 

 

 

 

 

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