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Infokrisis.- Al decir que existe problema religioso con la inmigración, deberemos añadir a renglón seguido, que solo con la religión islámica. Este tema religioso nos permite realizar una rápida excursión por el concepto de identidad. La identidad religiosa es una forma de identidad, pero no la única. El sistema de identidades es un sistema de reconocimientos y de referencias. Por eso es importante conocer la propia identidad. La identidad tiene mucho que ver con la globalización:por eso ZP es el hombre sin identidad, el político surgido de las letrinas de la globalización.

 

Diálogo V

¿Existe un problema religioso? Si, hija, si…

[19 de septiembre de 2006]

 

Papá, estoy harta de que cada vez que veo la televisión, los informativos anuncien algún conflicto con la religión islámica. ¿Realmente, es que tenemos manía a los musulmanes a causa de su religión?

En realidad, no. ¿Por qué les íbamos a tener manía? ¡Total por estar ocho siglos ocupando la Península Ibérica! Eso pasó hace tiempo. También nos hemos invadido y guerreado mutuamente con franceses y portugueses y hoy son nuestros socios en la Unión Europea sin que exista el más mínimo problema. El problema no es ese, o al menos, no es solamente ese.

De todas formas es evidente que cuando, en una fiesta tan inofensiva como las Fiestas de Moros y Cristianos la comunidad magrebí reivindica “respeto”, aun cuando nadie ha querido ofenderla, o cuando se organizan disturbios internacionales a raíz de unas caricaturas inofensivas sobre Mahoma, o se asesina a monjas católicas en el Líbano tras una referencia del Papa al Islam, todo esto, no contribuye a prestigiar precisamente a la religión islámica la cual se ha ganado a pulso su fama de intolerante. En Europa es tradición y hábito la libertad de expresión, manifestación y, no digamos, de fiesta: intentar influir con el peso de la amenaza velada sobre las Fiestas de moros y Cristianos, asesinar monjas tras alusiones del papa al Islam y armar la marimorena por unas caricaturas, no es dignificar al Islam sino situarlo entre las doctrinas extremas que no tienen lugar en Europa.

El problema es que la religión islámica, a pesar de ser una de las tres religiones “del Libro”, es radicalmente distinta a las otras dos y, en especial al cristianismo. Hay algo en el cristianismo que remite a las viejas tradiciones clásicas. Por ejemplo, el monoteísmo cristiano es “relativo”, no solo por la concepción del Dios Uno y Trino, sino especialmente por las jerarquías celestiales y, mucho más especialmente, por el santoral que, en el fondo, no es sino la traslación de las antiguas deidades paganas tenidas como patronos de las corporaciones, los barrios, las ciudades y las “fratias”. Cuando se dice que el Islamismo es la “religión del desierto” no se está mintiendo, sino constatando la propia realidad: al igual que el desierto, el monoteísmo islámico carece de matices. Por algún motivo, seguramente psicológico, este tipo de religión favorece la irrupción del fanatismo y el fundamentalismo. Ambos son hijos “del desierto”, del totalitarismo sin matices, de una visión única y completamente excluyente del cosmos y de la vida. Pero no creo que ahora te interese mucho penetrar en los contenidos de la religión islámica.

Te diré, solamente, que nadie tiene “manía” al budismo, al taoismo, al paganismo, al zen o al brahamanismo. Y sin embargo, si es rigurosamente cierto que existen prevenciones ante el islamismo. Detrás de estas prevenciones siempre existen razones objetivas; no son, en absoluto, gratuitas.

¿A crees que se debe esto? No acabo de tener muy claro si las prevenciones contra los islamistas se deben a su religión o a su raza…

El problema es más complejo. Mira, en Occidente ha costa muchos siglos el que la esfera religiosa se recluyera al ámbito de lo privado. Occidente es laico, pero cada cual cree en lo que quiere. En el Islam, no existe la separación entre el poder político y el poder religioso sentenciada por el precepto evangélico de “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. La religión islámica se ha esclerotizado en formas medievales, inadmisibles hoy en Europa. Las mujeres de Arabia Saudí todavía hoy no pueden tener carné de conducir. En Occidente, hasta hace poco, la mujer encontraba algún límite en su equiparación jurídica al varón, ya hace tiempo que ha desaparecido. Y lo que es mejor, la sociedad hacía mucho más tiempo que lo había superado. Recuerdo que mi abuelo que ahora tendría 130 años, trataba con extrema igualdad a mi abuela.

Así pues, si es rigurosamente cierto que algunos punto de la religión islámica lo hacen absolutamente incompatible con los valores occidentales y no solo en la percepción de la mujer. No hay ningún occidental en su sano juicio que pudiera aceptar la ablación del clítoris o la poligamia, sin ir más lejos. Y solamente una ínfima minoría sostienen posiciones a favor de la confesionalidad del Estado. En cambio, esa proporción es justo al revés en el islamismo. A decir verdad, resulta absolutamente imposible entender el Islam sin la concepción de la Umma, la comunidad político-religiosa que forman los creyentes de Alá, presidida por las leyes dictadas por éste. Es decir, lo contrario al “dar al César lo que es del César, etc.”… En el Islam, política y religión están inseparablemente unidas.

Por eso avanzan con tanta facilidad los partidos islamistas allí donde se presentan…

Tú lo has dicho. El islamismo, es una religión de compasión. No es particularmente malintencionada, sino que prescribe una serie de obligaciones básicas para el creyente que intentan hacer más llevadera la vida de su comunidad. Cuando Mahoma concibe la Umma, lo hace para encontrar una sanción “superior” para justificar el poder. Si Alá es justo, la comunidad regida por sus principios será también justamente guiada. Te recuerdo la obligación de dar limosna para los musulmanes. Es una gran medida. Mahoma convirtió a unas tribus ingobernables y sin principios, regidas por criminales y con costumbres bárbaras, en un pueblo. La obra de Mahoma fue “vertebrar” en el sentido orteguiano a su pueblo. Pero hay un problema. Mahoma se equivoca en un aspecto: distingue entre “orden” (la Umma) y “caos” (el mundo “infiel”). Y no es así. Lo que valía para las tribus nómadas de Arabia en el Siglo VI, no sirve para los europeos actuales. En este sentido, el islamismo no es “católico”, esto es, universal. Vale solamente para determinado tipo de pueblos… los del desierto.

Cuando un islamista del Magreb, por ejemplo, constata que está arrojado a la miseria y que su “autoridad espiritual”, el Califa, esto es, Mohamed VI, vive en la opulencia, en la corrupción y en la explotación de su pueblo, toma conciencia de que el “califa” no cumple los mandamientos de la ley coránica, tiene todo el derecho a revelarse. Y es ahí en donde están los partidos y las asociaciones islamistas para llevarle por el camino de la cristalización práctica de su fe en una “comunidad político-religiosa” fiel a los principios coránicos.

Entiendo perfectamente que el ciudadano marroquí apoye las asociaciones caritativas fundamentalistas, opuestas a Mohamed VI y a sus corruptelas. ¿Cómo podría ser de otra manera? En todo el Magreb, el Islam se extiende como una mancha de aceite y nada ni nadie los va a detener. Los errores, las corruptelas, los abusos, la falta de respeto a los derechos humanos, la miseria que han generado los gobiernos de esta zona, ha sido el gran estímulo para que desde las costas atlánticas hasta Suez, en menos de 10 años vayamos a tener gobiernos islamistas. El islamismo es hoy la revuelta de los pobres… de los pobres del mundo árabe.

Así pues, habrá que ir con cuidado, entre la guerra santa y el terrorismo, tenemos dos grandes riesgos…

Si, pero hay que matizar. No hacerlo supone caer en los más peligrosos errores del milenio. Yo soy partidario de reconocer la realidad: el islamismo va a ser en pocos años el interlocutor único de Europa en el mundo árabe. Es bueno que vayamos haciéndonos a la idea, por que son ellos con los que nos tendremos que entender. El ascenso social del islamismo es imparable en el mundo árabe y, especialmente, en el Magreb. Cada comunidad es dueña de elegir cómo regirse y en función de qué principios. No vale la pena que la UE apuntalen –como hacen los EEUU con Arabia Saudí- a regímenes corruptos, miserables y generados. Ese apoyo actual será el germen de la hostilidad futura de quienes los sustituyan. No te quepa la menor duda.

De lo que se trata es de establecer barreras: el Islam termina allí donde termina el desierto. No hay lugar para el Islam en Europa. Ni dinero para mezquitas, ni parabienes legales para construirlas en terrenos públicos, ni mucho menos enseñanza en las escuelas. En las relaciones internacionales, la reciprocidad es fundamental: yo te doy, tu me das, yo puedo construir iglesias en Arabia y enseñar doctrina católica en Ketama y te permito hacer otro tanto; pero mientras tú te obstines en no permitir la difusión del cristianismo en tu territorio, solo un imbécil podría aceptar lo contrario. La religión islámica no tiene derecho a difundirse en Europa, por que ninguna forma religiosa europea está autorizada a difundirse en el mundo árabe. Así de sencillo. Así de contundente.

En cuanto a la “guerra santa”. En el Corán hay varias referencias a este tema. En unos casos se distingue entre “pequeña guerra santa” y la “gran guerra santa”. Se entiende por “gran guerra” la que el ser humano lleva contra sí mismo y contra las tendencias más disolventes y bajas de su propia personalidad; por el contrario la “pequeña guerra” es la que tiene lugar contra el enemigo exterior. Esto es admisible y fácilmente comprensible, además el Islam no es un caso único y todas las tradiciones de Oriente y Occidente, contemplan análisis análogos. El problema es que existen otras frases dentro del Corán en las que existe demasiada beligerancia y violencia como para pensar que está aludiendo a un “enemigo interior”.

Además existe otro problema. Generalmente, los fieles islámicos, ni son doctores en teología ni en metafísica, ni siquiera está claro que buena parte de los imanes tengan una formación cultural particular. Frecuentemente, todos ellos tienden a confundir el símbolo con la realidad. Y este es el problema, que cuando algunos leen “guerra santa”, todo lo demás les importa poco: consideran la guerra contra el enemigo visible, es decir, contra todo lo que no es Islam. ¿Entiendes el fondo de la cuestión?

Creo que sí, pero todavía no me has respondido a la cuestión sobre el terrorismo y creo que es fundamental, aquí hemos tenido un 11-M y también hay terrorismo en Afganistán, Irak y Palestina…

Vale la pena poner las cosas en su lugar. Has mencionado cuatro lugares en donde el terrorismo es de muy diferente matiz. En Palestina hay una guerra desde hace 60 años. Es comprensible que todas las partes, especialmente, la más desfavorecida, los palestinos, estén desesperados. El Corán promete un paraíso muy sensualista para los guerreros muertos en la “guerra santa”. No podemos reprocharles a pobres gentes que están abandonadas a su suerte que, en su desesperación y falta de perspectivas recurran al terrorismo como una forma de inmolarse y acceder a un mundo mejor en el más allá. Es infantil, ya lo sé, pero ellos creen en eso. Y faltan argumentos morales para un pueblo que ha estado durante 60 años en campos de refugiados, ver las cosas de otra manera. En cuanto a Afganistán, es una país marcado por la guerra y cuyos habitantes llevan casi 30 años de guerra, parece como si se hubieran habituado a ello. Diferente es el caso de Irak, país que fue arrinconado entre 1990 y 2003, hasta ser finalmente invadido más allá de toda lógica, sentido común y norma ética y ha optado por defender mediante la guerra de guerrillas y el hostigamiento al invasor. No es, propiamente, terrorismo, a menos que se considere terrorismo a cualquier forma de resistencia. Y luego está el caso del 11-M, o de los atentados de Londres, o de Casablanca, o del 11-S. Mira, aquí todo esto no está tan claro.

No es que en nuestro país, unos periodistas hayan decidido crear una “teoría de la conspiración”. Es que en TODOS los atentados atribuidos al terrorismo islámico, existen cabos sueltos y se han establecido teorías de la conspiración con los mismos o más datos que la trabajada por Luis del Pino, Fernando Múgica, Libertad Digital, El Mundo y nosotros mismos. Es que todavía no está claro cómo fue posible el 11-S, ni siquiera quien iba dentro de los aviones. Es que tampoco está claro cómo fueron posibles los atentados de Londres en junio de 2005. Ni mucho menos lo que ocurrió en Casablanca en mayo del 2003. Y no está claro, por que, por no estar claro, ni si quiera está claro si existe Al Qaeda, ni cuál es el papel de Bin Laden en todo este embrollo. Puedo asegurarte, en cualquier caso que no existen pruebas suficientes como para demostrar ante un tribunal normalmente constituido y que actúe sin presiones, que Al Qaeda ha tenido algo que ver con estos crímenes, ni siquiera para demostrar que hayan podido ser ideados y ejecutados por islamistas radicales.

Entonces ¿por qué asesinar gente? ¿quién está creando la oleada del terrorismo internacional?

Esta es la pregunta del millón: si hay muertos es por que hay terroristas. No está claro quién es el foco impulsor. Es posible que sean muchos. Lo importante es que pienses que el principio de toda investigación criminal es “a quién beneficia el crimen”. Me da la impresión de que todos estos atentados son “casus belli” para guerras de agresión que, de otra manera no serían admitidas por la opinión pública, o bien detonantes para favorecer determinadas situaciones.

En este sentido, no puede dudarse de que el 11-M haya sido el detonante para la subida al poder de ZP que, de otra manera, seguiría con problemas en los bancos de la oposición. En cuando al 11-S fue el detonante para la invasión de Afganistán y para la de Irak, aun cuando era evidente ya en septiembre de 2001, que ni los talibanes tenían nada que ver con Al Qaeda, ni Saddam Hussein había estimulado jamás el terrorismo contra EEUU o la UE.

Desde hace siglos el terrorismo viene siendo utilizado como “casus belli” y como “detonante”. Siempre se atribuye a un chivo expiatorio que, inevitablemente, es el que muestra rasgos más intranquilizadores: el anarquismo en el siglo XIX, los ultras de izquierdas y derechas entre los años 60 y los 90 y, desde entonces, el islamismo radical. Dado que el islamismo habla de “guerra santa” y que una parte sustancial de sus seguidores son radicales, es creíble que intenten atentar el 11-M o el 11-S… pero, en realidad, una cosa es radicalismo verbal y otro tener la posibilidad de llevarlo a la práctica. En cualquier caso, es evidente que el dicho “por la boca muere el pez”, es auténtico.

Entonces tu no crees que la inmigración islámica sea un peligro que pueda derivar hacia el terrorismo. Hay algunos que lo creen...

Es posible que algunos grupúsculos islamistas hayan contemplado la posibilidad de cometer actos terroristas en Europa. La cuestión es que no lo han hecho, por que, finalmente no se han decidido, por que no han tenido la posibilidad o por que los han desarticulado. En España han sido detenidos en torno a 200 presuntos terroristas islámicos. La mayoría inmigrantes, legales o ilegales. Hasta ahora solamente se ha visto el juicio contra la célula española de Al Qaeda, procesada por Garzón como “responsable de los atentados del 11-S”… acusación de la que fueron absueltos. En aquella época Garzón aspiraba a la presidencia del Tribunal Internacional y precisaba congraciarse con los EEUU, luego pidió un año de excedencia para dar conferencias por aquel país. Cuando ha vuelto, con su sueño frustrado, aspira a congraciarse con los socialistas y por eso procesó a tres peritos de la policía… en lugar de procesar al superior para el que trabajaban. Hay jueces “estrella” que allí donde van se estrellan.

Ahora bien, aparte de todo esto, si es rigurosamente cierto que entre los islamistas existen franjas peligrosas. El islamismo tiene una increíble tendencia a deslizarse hacia sus aspectos más radicales, casi de manera espontánea. Está en su naturaleza. Toda la doctrina sobre la “Umma”, sobre la unidad del poder religioso y civil en países regidos por principios laicos, no pueden sino conducir al conflicto.

Está en el espíritu del Islam ampliar la Umma. Y Europa, para ellos, es tierra infiel. Así pues se trata de incorporarla al “califato”. Pero esto choca con la 1) legislación europea, 2) con las tradiciones europeas y 3) contra la opinión de los europeos. Así pues, el conflicto está servido. Y cuando se dice conflicto resulta muy difícil anticipar cuáles van a ser las formas de ese conflicto. Puede tratarse de un conflicto ideológico, de un conflicto político, de un conflicto de convivencia, de un conflicto armado convencional o de un conflicto terrorista. De lo que no cabe la menor duda es que la convivencia de bolsas islamistas en Europa es el germen de un conflicto.

Yo no sé con qué tipo de conflicto nos van a imponer esas bolsas islamistas, de lo que no tengo la menor duda es que ese conflicto lo tenemos ante las narices y nos va a crear muchos problemas.

Si presientes un conflicto y no estás dispuesto a entrar en él, es evidente que tienes que tomar medidas. El cese de todo apoyo a la confesión islámica y la absurda tendencia de ZP a considerarla como una religión más, en plano de igualdad jurídica con el catolicismo tradicional de nuestro país, nos irrita a muchos que ni si quiera somos católicos. Es preciso bloquear cualquier contaminación islamista en Europa. Me parece normal que los islamistas no estén de acuerdo con esa medida. En efecto, siempre tienen la posibilidad de regresar a sus países y practicar su culto, según su leal saber y entender. Esto es Europa. Aquí no hay desiertos, sino bosques. Esta es nuestra tierra y sólo un archimajadero excéntrico como ZP puede dar prebendas a los que se las niegas a nuestra gente en sus países de origen.

Me hablabas al principio de que existía un problema religioso y, al mismo tiempo, étnico y antropológico. Me tendrías que explicar más todo esto.

Es complejo pero intentaré resumirlo. Como verás, el Islam es de otras latitudes y debe permanecer en esos climas, no extenderse hacia zonas en las que solo puede existir como conflicto. Pero tú podrías preguntar: “bien, los inmigrantes procedentes de países islámicos, renuncian a su fe y eligen progreso antes que plegarias… ¿esto les ayudaría a integrarse en Europa?”. En principio, a esta cuestión, algo vaga, y muy improbable, habría que contestar que sí. Pero, si examinamos la cuestión con más detenimiento, veremos que su valor es muy relativo.

No se trata solamente de decir: “vale, a partir de ahora, si mi religión me impide integrarme en Europa, renuncio a mi religión; ya no voy a la oración de los viernes, ni hago las abluciones diarias, ni practico el ayudo del Ramadán…”. Es, desde luego, un avance. Tu te sientes más cerca de alguien que está en tu mesa comiendo lo mismo que tú, que de alguien que hace rancho aparte. Y no digamos si, en lugar de vestir como tú, va cubierta con un velo del solamente les salen los ojos e incluso sus manos están tapadas por pudor. Aquí tenemos otro concepto del pudor, quizás demasiado laxo, pero, es obvio que, no es solamente la religión, sino barreras y abismos culturales y antropológicos los que separan a las poblaciones islámicas de las europeas. Creo que es justo decir que estos pueblos tienen elementos muy positivos, incluso que es lamentable que se hayan perdido en Europa. Valoran mucho más la familia y la comunidad que nosotros.

Los ritmos de trabajo a los que están habituados, los mismos estilo de trabajo, de trato social, son completamente diferentes a las nuestras. No lo sabe quien se refugia en posiciones teóricas del género, de “si todos somos iguales, todos hacemos lo mismo, de la misma forma”, pero quien ha convivido y trabajado con inmigrantes, especialmente procedentes de países árabes y andinos, sabe que las cosas no son así. En esos países se trabaja de otra manera y, si me apuras mucho, a unos ritmos incompatibles con los estándares de productividad europeos.

Así pues, no es solamente cuestión religiosa, sino cuestión étnica y antropológica. Cada grupo étnico tiene su constantes injertadas en lo más íntimo de su ser y que, hasta cierto punto, condicionan su comportamiento. Integrarse en las sociedades de acogida es difícil y complicado. De hecho, el caso de la inmigración española en Alemania y Francia indica que solamente es posible la integración de aquellos que son iguales o similares. O dicho de otra manera: solamente es integrable la inmigración con la que no existen brechas culturales ni antropológicas; si estas brechas existen, cualquier esfuerzo en esa dirección es inviable y fracasará. El problema es que la ideología progresista desconsidera una palabra clave: identidad.

¿Qué es una identidad? Tampoco veo claro como la identidad influye en nuestra vida cotidiana. Supongo que un individuo con rastas y bongos no es el arquetipo de la identidad europea que tu tienes y, sin embargo, se trata de un europeo.

En todas partes hay rarezas y abortos. Un “rasta” europeo ha pretendido integrarse en una cultura que no es la suya. Que Bob Marley y el porro le acompañen en su aventura. Cada cual es dueño de elegir la tradición con la que se sienta más identificado. Incluso de alejarse de su tradición secular y de sus antepasados. La cuestión es más compleja. Solamente hay unos cuantos cientos de rastas… peor para ellos. Vamos a lo serio.

Una identidad es una serie de referencias de todo tipo que consideramos como propias y que nos sitúan en relación a otros. Quien dice “identidad”, dice “comunidad”. Todo régimen de identificaciones conduce a una integración en comunidades específicas. Por eso es importante conocer, definir y fijar nuestra identidad. Quien no tiene identidades, carece de comunidad. Esto lo sabe el rasta del que hablábamos: si se pone la boina de Marley, asume los colores jamaicanos, viaja a todas partes con las rastas polvorientas y los bongos y en la bolsa tiene la ración suficiente de haschís, tiene todas las identidades precisas para saber quién es, cuáles son como él y donde encontrar apoyos. Esa es una identidad. Todas las tribus urbanas mantienen unos rasgos identitarios propios de los jóvenes.

Pero existen regímenes de identidades mucho más amplios y mejor definidos. La nación, por ejemplo, Europa, por supuesto, la región, sin ir más lejos.

En realidad, existen tres niveles de identidad: el más próximo, la región; el más lejano, Europa; el intermedio, la Nación. Para un progresista zapatista, como Leyre Patín que no dudó en declararse “ciudadana del mundo”, no existen identidades, o lo que es peor, las identidades son formas de segregar y, por tanto, inmorales y artificiales. Es justamente, todo lo contrario, solamente pueden pensar así individuos cuyo cerebro e instintos hayan sido “globalizados”. Si, por que la globalización también es una enfermedad del espíritu. Quien se considera “ciudadano del mundo” y, por tanto, carece de rasgos identitarios es por que ha llegado hasta el límite extremo de despersonalización y masificación, sin los cuales los conceptos de la globalización serían absolutamente imposibles. Sólo los granos de arena de una playa carecen de rasgos de “identidad” y han logrado realizar la igualdad absoluta. Renunciar a la propia identidad es, en el fondo, no percibir que se ha nacido en una determinaba “patria carnal”, que se pertenece a una “nación” histórica y que la cultura que aporta los valores es la europea, equivale en la práctica a carecer de legado cultural, de vínculos y arraigos, y no ser más que un ente coriáceo que ha realizado en sí mismo el límite extremo del individualismo como el grano de arena de la playa cerrado a cualquier concepto de comunidad e incomunicable con todos los demás, pasivo y obligado a soportar las inclemencias climáticas sin que exista comunidad capaz de unir sus esfuerzos.

Por eso a ZP le resulta tan fácil lanzar decretos para la enseñanza del Corán en las escuelas, o firmar Estatutos en los que se considera a Catalunya como “nación”, o hablar de “diálogo de cultural”… a ZP y a los suyos, las identidades les tienen absolutamente sin cuidado, por que carecen de identidad; al no tenerla, no disponen de nada que defender y les cuesta muy poco contribuir a afirmar identidades ficticias o contrarias con ligereza al no atribuirle ningún valor.

Todas las especies biológicas sobreviven gracias a  sistemas más o menos complejos de identidades que se plasman en forma de instintos: el instinto territorial, el instinto de agresividad y el instinto de supervivencia son los tres instintos básicos para la subsistencia de todos los instintos. ZP ignora lo que es el instinto territorial, el día en que Mohamed VI reivindique cualquier parte de nuestro territorio, se lo concederá; jamás se le ocurrirá defender su integridad. ZP carece de instinto territorial y no entiende que otros si lo tengan. El instinto de agresividad se manifiesta rechazando los actos hostiles de enemigos mediante el empleo de la fuerza. ZP, pacifista entre los pacifistas y antimilitarista entre los antimilitaristas, cree que ese instinto puede suplirse con el diálogo. El diálogo es una forma de resolver los conflictos, pero solamente es posible el diálogo con quien esté dispuesto a dialogar, no por principio, ni cómo única vía para la resolución de los conflictos. ZP carece de instinto de agresividad. En cuanto al instinto de supervivencia se manifiesta mediante la procreación, gracias a la cual una especie garantiza su continuidad. Ese instinto desde los años 80 ha caído en picado en España. La demografía española (1,2%) está por debajo de la “tasa de reposición”. Vivimos una crisis demográfica sin precedentes a la que volveremos a aludir otro día. Baste decir ahora que ZP que carece de ese instinto, cree que puede suplirse mediante la importación masiva de inmigrantes, ignorando que ellos pertenecen a otras comunidades, con otros valores, es decir, con otro régimen de identidades completamente diferentes.

Y la religión forma parte de ese régimen de identidades del que hablas.

En efecto, en otro tiempo era el más importante. Hoy ha reducido su impacto especialmente en las sociedades occidentales, pero no así en las islámicas. Es evidente que la religión no ha logrado consolidar la “Umma” y que un islamista pakistaní se siente extremadamente alejado de un islamista marroquí. ¿Por qué? Sencillamente, por que una sola identidad no resuelve el complejo problema del papel del resto de identidades. Queda la identidad nacional, por ejemplo. Incluso la identidad tribal todavía viva en estas sociedades.

Una de las formas más razonables de articular estas identidades, es la que tienen los inmigrantes del Este Europeo. Los que experimentan el valor de la religión, suelen ser cristianos ortodoxos. En rigor, no puede hablarse de “una”, Iglesia Ortodoxa, sino de distintos patriarcados. Si un ruso llega a una ciudad en la que no existe una iglesia dependiente del patriarcado de Moscú, lo que hará es acudir a una iglesia procedente de cualquier otro patriarcado (de Bulgaria, de Serbia, etc.) hasta que cuenta con suficientes apoyos humanos y con el concurso de un pope, para formar su propia “iglesia nacional”.

El ejemplo contrario se produce en el catolicismo en donde un católico ecuatoriano se integrará en una iglesia del país de acogida. Al menos en teoría, la religión es un vínculo identitario, y es cierto que un ecuatoriano se integra mejor que un marroquí en nuestras sociedades. Pero es evidente que un polaco, católico de religión y cultural y étnicamente europeo, se integran con mucha más facilidad. Te lo diré de otra forma: he visto en pueblos de Alicante a marroquíes llegar y exigir lugar de culto, derechos laborales diferenciados, regatear los salarios, seguir regímenes alimenticios antagónicos, e incluso vestir de manera chocante. También he visto a ecuatorianos ir a misa con los católicos, hablar la misma lengua con otro acento, pero su handicap con sus ritmos de trabajo muy distintos de los españoles y su mal consumo de determinadas bebidas. Y, he visto, finalmente, a inmigrantes polacos católicos, llevar a la virgen a cuestas en las procesiones, comer y beber los mismos alimentos que los autóctonos, y físicamente estar muy cerca de ellos, tanto en presencia como en esfuerzo. ¿Cuál de estas tres comunidades puede integrarse con más facilidad? E incluso, ¿cuál de estas tres comunidades, aun manteniendo rasgos identitarios propios, será mejor considerada por la población autóctona? No es ningún secreto que la polaca. No en vano están también en la UE y, la media de su nivel cultural es más alto y, sobre todo, más próximos al nuestro.

¿Qué nos demuestra esto? Simplemente, que la religión es una forma de vínculo identitario, pero no el único. Se integra mejor aquella comunidad que no está separada por brechas antropológicas y culturales.

¿Y que hacemos con las otras comunidades?

Reconocer la realidad y no querer forzarla. Puedes invertir millones de euros en la integración de determinadas comunidades y lo único que lograrás será arrojar el dinero a la letrina. Con otros no tendrás que invertir nada, simplemente, por que no hace falta integrarlos en nada: vienen ya integrados.

Entonces de lo que se trata es de facilitar la inmigración de este tipo y contener la otra ¿no es así?

La catástrofe demográfica que se inició a finales de los 70 y que dura hasta hoy, es una realidad y hay que hacer algo para evitar que se prolongue. Hace falta algún tipo de inmigración. Es evidente que la inmigración del Este Europeo está mucho más cerca de nosotros en todos los sentidos que el resto de contingentes, luego, si hace falta inmigración, es de ahí de donde debe venir. Esto, sin olvidar que los países del Este Europeo tienen una historia y un pasado muy parecidos a los nuestros, y que, en buena medida son nuestros socios en la UE. Así pues, algún derecho deben de tener sobre otras comunidades inmigrantes ¿no te parece?

Claro y cristalino...

Pero no quisiera terminar la conversación de hoy sin añadir un último punto. Mira, con países como Marruecos lo peor es no reconocer la realidad. La realidad es que el régimen marroquí considera suyos Ceuta, Melilla, las Islas Adyacentes y Canarias y los fundamentalistas islámicos llegan incluso a reivindicar la marroquinidad de Granada… Es decir, Marruecos es, potencialmente, un enemigo. O un amigo circunstancial que en cualquier momento puede convertirse en enemigo. Franco mantuvo “nuestra tradicional amistad con los árabes” hasta que cuando estaba agonizando, Hassán II organizó la Marcha Verde. Con amigos como estos, no necesitas enemigos. Su hijo, Mohamed VI es muy amigo de ZP… mientras ZP le inyecte fondos con cualquier excusa.

El problema de los países del Magreb es que son imprevisibles, no solamente en su evolución futura –que si es previsible: gobiernos islamistas de sustitución a los actuales gobiernos corruptos- sino en las políticas a corto y medio plazo: el amigo de hoy puede ser enemigo mañana. Y en esta eventualidad, lo sorprendente es que nuestro gobierno no adopte políticas de contención y control estricto frente a la inmigración marroquí. Los canales por los que hoy entran riadas de inmigrantes, en caso de conflicto pueden convertirse en acceso de material bélico o de sabotaje y cada súbdito de Hassan II puede convertirse en un saboteador activo. ¿Tu crees que es razonable no saber siquiera cuántos inmigrantes marroquíes entran en España?

No solamente no es razonable, incluso me parece suicida.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es 

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