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Infokrisis.- no es la primera vez que definimos a la globalización como una autopista de doble dirección en la que una conduce de Sur a Norte (la inmigración) y otro conduce de Oeste a Este (la deslocalización empresarial). Lo formidable es que ambas direcciones generan unos fenómenos de desarraigo profundo y pauperización global, que afectan a la mayoría, pero que tienen como beneficiarios a pequeñas dinastías económicas.

 

Diálogo II

Globalización: la madre de todas las migraciones

[17 de septiembre de 2006]

Hay una cosa que no alcanzo a comprender. La inmigración parece un fenómeno reciente en España y…

Te equivocas, la inmigración ha existido siempre y siempre ha sido un foco de problemas. Sé que las comparaciones no van a ser del agrado de los amigos de lo políticamente correcto, pero… ¿cómo habría que considerar la llegada de Atila y de los hunos a Europa en el siglo IV? ¿qué eran los bárbaros cuando cruzaron las fronteras del Imperio Romano? ¿o los árabes que invadieron España? Y los conquistadores españoles ¿no eran, así mismo, a fin de cuentas, inmigrantes? La mayoría no tenía conciencia de que estaba construyendo un Imperio, sabían tan solo que huían de la pobreza y creían que iban a encontrar un mundo mejor. Así que ya ves que, reciente, lo que se dice, reciente la inmigración no lo es.

Juegas con las palabras: una cosa son invasiones y otra migraciones. La invasión es un hecho bélico, la migración es fundamentalmente pacífica

También te equivocas. Hasta que lo políticamente correcto se ha impuesto en nuestros días, una “migración” equivalía una “invasión”. Mira, los romanos, de los que no me negarás que siempre dispusieron de una alta sabiduría de la vida, consideraban que cada ser humano cuando nacía quedaba ligado íntimamente a su tierra. Hoy a eso se le llama “arraigo”. Un ser “desarraigado” es alguien que ha perdido algo, que carece de raíces. Para los romanos esto era uno de los peores castigos que podía recibir el ser humano en vida. Cuando un magistrado romano castigaba con el destierro a alguien equivalía privarle de su “alma”, es decir de una parte fundamental de su ser. Mira, simplificando podríamos decir que una “invasión”, tiende a generar un proceso inicialmente violento que luego, una vez se estabiliza y regulariza, coexiste con la población, en ocasiones asimilándola, en otras siendo asimilados por ella, y en otra segregándolos. Por su parte, una inmigración es un desplazamiento inicialmente pacífico que, más allá de determinado punto crítico, genera conflictos.

¿Un punto crítico? ¿Qué quieres decir con eso?

Es muy simple, la capacidad de absorción de una población autóctona es como una disolución química. Tu puedes mezclar agua con azúcar, el azúcar en principio tenderá a disolverse, pero más allá de un cierto límite se irá depositando en el fondo y no habrá forma de que desaparezca. Pues bien, hasta un 5% de inmigrantes son prácticamente imperceptibles para la población autóctona. Las relaciones suelen ser buenas y nadie alberga desconfianza o resentimiento hacia ellos. Pero, cuando esos contingentes inmigrantes superan el 5% las cosas empiezan a cambiar, tanto entre los inmigrantes como entre los autóctonos, pero ya hablaremos de esto en otro lugar. De momento te sirve el saber que el “punto crítico”, a partir del cual, la inmigración pasa de ser un fenómeno inocente y sin riesgos a un fenómeno conflictivo, es del 5%.

Bien, pero ¿tú no crees que España ha sido un país que ha generado inmigración y que, por tanto, no debemos sorprendernos por que ahora nos toque recibirlo? Te recuerdo que, en un tiempo relativamente reciente algunos de nuestros familiares marcharon a “hacer las Américas”…

Tienes razón, muchos de nuestros antepasados fueron indianos. Pero tienes que pensar en lo que era un indiano: alguien que iba a construir un patrimonio en países en fase de construcción. En el siglo XIX miles de catalanes fueron a Cuba y en gran medida Cuba es hoy un país gracias a ellos. Antes no había nada. Nuestros indianos –tus antepasados y los míos- construyeron países, además de “buscarse la vida”. Es fundamental que entiendas la diferencia: los indianos construían la cultura de los países en los que trabajaban. Como sabes, la población caribeña sucumbió a las enfermedades tras la llegada de los españoles. En el Caribe había un vacío demográfico y cultural. ¿Tú crees que en Europa existe un vacío?

¿Y que me dices de los inmigrantes españoles que se desparramaron en Europa con la maleta de cartón y bolsas repletas de salchichones y embutidos?

Sobre esto puedo decirte dos cosas: la cultura española es una cultura europea, que deriva fundamentalmente, del mundo clásico y del cristianismo. Toda la Europa continental, sin excepción, puede considerarse impregnada por esta cultura. Es como si mezclaras agua de Viladrau y agua de Solares, ¿cambiaría la composición? Diferente sería si mezclaras agua cristalina con arena del desierto. Creo que lo entiendes. Lo que quiero decirte es que entre los emigrantes españoles y la población alemana, belga, suiza u holandesa, existe una “contigüidad” evidente, pero, en relación a determinados contingentes inmigrantes, lo que hay es una brecha cultural y antropológica. Si los españoles hubiéramos practicado en Alemania, la ablación del clítoris, la poligamia, nuestro día de fiesta hubiera sido otro, si nuestros emigrantes hubieran vestido de manera exótica propia de otras latitudes, te aseguro que hoy se nos recordaría allí como algo, como mínimo, diferente.

Y luego hay un segundo punto en relación a nuestros emigrantes. Fueron a una Europa que había quedado literalmente arrasada en la Segunda Guerra Mundial, a reconstruirla. No te olvides que Europa en esos años había sufrido una merma demográfica y una destrucción física e industrial. Nuestra gente fue a reconstruir Europa. ¿Tu crees que ahora hace falta que alguien reconstruya España? Esto sin olvidar, naturalmente, que nuestra emigración a Europa fue ordenada, escalonada, según necesidades, respetando los imperativos legales, los cupos, los permisos de residencia, acudiendo con contrato de trabajo y nunca en Europa se identificó a la inmigración española con la delincuencia. La prueba de que nuestra emigración cumplió como los buenos es que no precisó ayudas económicas para integrarse. Simplemente tenía la voluntad de hacerlo. Paradójicamente, Francia no consigue integrar a la inmigración argelina a pesar de la inyección de cientos de millones de euros. Algo falla ¿no te parece?

Bien, pero hoy me habías dicho que íbamos a seguir hablando sobre los motivos que generan la inmigración. Ayer ya me hablaste del desgobierno de los países generadores de inmigración: la gente huye de sus gobernantes. Bien, he de reconocer que me convenciste tanto tú como el reportaje de TV sobre las elecciones ecuatorianas. Entrevistaron a varios inmigrantes ecuatorianos residentes en Madrid: ellos lo tenían tan claro como tú. Se fueron por que sus políticos eran unos patanes que solamente robaban para sí. Lo dijeron con una claridad que me confirmaron tus palabras. Pero también me da la sensación de que en algunos países, la corrupción, la incapacidad y la falta de respeto por los derechos humanos, no es de hoy, sino de siempre. ¿A qué se debe que hoy la inmigración esté más generalizada que ayer?

Tu pregunta es muy buena. ¿Por qué ayer no y hoy si? Lo entenderás muy fácilmente cuando pronuncie la palabra clave que ha desatado todo el fenómeno migratorio. Esa palabra es “globalización”.

¿Desde cuándo existe la globalización, no lo tengo muy claro?

Entre 1948 (fecha del “golpe de Praga” que desenmascaró las escasas intenciones democráticas de los comunistas) hasta el 9 de noviembre de 1989 (fecha de la caída del Muro de Berlín) se produjo la Guerra Fría, enfrentamiento entre el “Este” y el “Oeste”, entre el bloque comunista y el capitalista, dirigidos respectivamente por la URSS y los EEUU. Este capítulo de la historia se cierra con el ascenso de los EEUU a “única potencia global”. La Segunda Guerra del Golfo, al año siguiente, confirmó esta tendencia. Ese mismo año, Francis Fukuyama publica un libro trascendental “El fin de la historia”, en donde sostiene que la democracia y el mercado son nuestro destino y que ya ha llegado. La creación de la Unión Mundial del Comercio y la progresiva liberación de aranceles, son los elementos característicos del período de 12 años que va entre el 9.11.89 y el 11.9.01 cuando se producen los ataques contra el WTC y el Pentágono. Estos doce años son el período dorado de la globalización, cuando el fenómeno alcanza su madurez. Pero a partir de 2001, ese futuro presentado como esplendoroso, va adquiriendo tonalidades oscuras y cada vez se percibe más como problema.

Todos estamos contra la globalización ¿no?

No, la inmensa mayoría de las élites dirigentes o bien están a favor de la globalización o no se atreven a oponerse a ella por considerarla un signo de los tiempos. Les gusta nadar –como los peces muertos- a favor de la corriente. Te diré más: incluso buena parte de los que se manifiestan “contra la globalización”, afirman hacerlo, en realidad “por otra forma de globalización”. Así que ya me dirás… Estos últimos, en general, son militantes procedentes de la antigua izquierda rancio-marxista de los años 60 y 70, que ha sustituido su “internacionalismo” por esa idea mal concretada de “otra forma de globalización”. Yo estoy contra la globalización, contra toda forma de globalización.

¿Cuáles son tus motivos?

El primero de todos es su fragilidad y su inviabilidad a medio plazo. Fíjate lo que está ocurriendo. Inicialmente, se creía que la globalización suponía la creación de un mercado mundial en el que cada país podría aportar los productos en los que era más competitivo. Así, por ejemplo, un país se especializaría en la fabricación de coches, los mejores a los precios más asequibles, otro, en cambio, optaría por los electrodomésticos, en otro estarían las imprentas más económicas… Era un mundo feliz regido por el mercado libre. Esto se ha demostrado falso y mendaz. La tendencia no es que los países se especialicen en ramas de producción… sino que un solo país –China- tiende a absorber cada vez más la producción mundial. ¿Y el resto? Quedan desertizados industrialmente. Nosotros, ahora, estamos en este camino.

Pero ¿eso no va a contribuir a abaratar productos hasta ahora difícilmente asequibles?

En principio sí, pero esto tiene mucho más riesgos que ventajas: uno de ellos es que las mercancías fabricadas en el otro extremo del mundo deben llegar a sus puntos de venta. Eso se alcanza mediante el carburante que mueve los barcos. Pero hoy el petróleo se está agotando y será encareciendo progresivamente, con lo que llegará un punto en el que fabricar en China y traer a Europa vendrá a costar prácticamente lo mismo… sólo que las factorías europeas ya se habrán trasladado masivamente a Oriente.

El otro problema es que las garantías sanitarias exigidas en Europa a algunos productos alimenticios, no es la misma que las garantías exigidas en China o en cualquier otro país del Este Asiático. Hoy sabemos que algunos de los alimentos chinos que llegan a Europa serían inmediatamente prohibidos por la sanidad europea. Epidemias como las de la fiebre aviar se han originado en el sudeste asiático. ¿Te imaginas lo que ocurriría si se declarara una epidemia incontenible en el extremo-oriente? Sería necesario cortar los flujos comerciales: durante todo el tiempo en que durara la epidemia el comercio mundial se estancaría y, especialmente, Europa viviría situaciones inimaginables de carestía de mercados. Dada la velocidad con que aumentan las importaciones alimentarios procedentes de esos países, eso podría repercutir incluso en hambrunas ¡en Europa!, o, en cualquier caso, en un encarecimiento insoportable de los productos.

Pero hay otro motivo fundamental para rechazar la globalización: quien dice globalización dice “nivelación”, pérdida de identidades étnicas y nacionales y creación de una cultura anodina e híbrida, olvido de las peculiaridades antropológicas y de las tradiciones y, finalmente, “mestizaje”. Ya veo que estás dispuesta a que hablemos del mestizaje, pero lo dejaremos para otro día. Es mejor que sigamos apurando el problema de la globalización ¿no te parece?

Como quieras. Veo los problemas de la globalización, pero también las ventajas. El otro día, en el Instituto nos hablaron de la globalización como autopista hacia la modernidad…

La globalización tiene algo de autopista y mucho de fraude. No te engañes, la globalización genera beneficiarios y damnificados. Los beneficiarios son los que poseen un dinero inicial lo suficientemente crecido como para poder integrarse en la nueva economía globalizada. Los damnificados somos todos los demás. De tanto en tanto se dice que tal empresario, que empezó sin capital pero con ideas, logró imponerse en determinado mercado. Casi se trata de leyendas urbanas: la inmensa mayoría de beneficiarios de la globalización pertenecen a dinastías económicas muy antiguas. ¿Los multimillonarios de la era de la informática? Si, hay algunos que se pueden contar con los dedos de las manos, no muchos más. La crisis de las “puntocom”, a finales del segundo milenio, arrojó a la ruina a muchos que habían apostado por los valores informáticos, desde luego a muchísimos más de los que se han enriquecido con ellos. Desengáñate: la globalización no es más que la consecuencia extrema de la economía liberal. Y la economía liberal es como una selva en la que sobreviven los “más competitivos”, es decir, los más fuertes y los más fuertes son los que disponen de más acumulación de capital y pueden pagar a los mejores asesores para invertir mejor ese capital. En otras palabras: la globalización es el sistema que acelera la acumulación de capital (cada vez más en menos manos), con la esperanza de convertir a sectores cada vez más amplios de la población mundial en productores alienados y consumidores integrados. El mundo feliz de los artífices de la globalización tiene la forma de una pirámide con una base amplísima y una cúspide altísima y pequeñísima.

Ahora bien, quien te habló de la globalización como una autopista, tenía cierta razón, sólo que quizás no en el sentido que pretendía. La globalización no nos introduce en una modernidad luminosa y radiante, sino en un mundo progresivamente hostil, fragilizado y peligroso. Antes te he dicho que una crisis sanitaria en Vietnam puede repercutir en la cesta de la compra en Europa, un conflicto en China puede desabastecer de televisiones de plasma el mercado europeo, y así sucesivamente. Finalmente, los dos riesgos mayores que pueden aparecer en el mundo globalizado, son el agotamiento de combustibles y un virus informático que paralice durante unas horas las redes telemáticas de todo el mundo, generando un caos inimaginable junto al cual la confusión de lenguas de la Torre de Babel sería un juego de niños.

Mira, la globalización es, en cierto sentido una autopista que conduce a dos direcciones distintas: por un lado conduce de la dirección Norte a la dirección Sur, es la deslocalización empresarial, el traslado de las empresas europeas allí a donde los costes laborales son menores, en primer lugar, y se está más cerca de las fuentes de materias primas, en segundo lugar. Luego está la dirección que, partiendo del Sur, conduce hacia el Norte. Esa segunda dirección es la seguida por la inmigración.

La inmigración es una parte fundamental de la globalización en tanto tiende a abaratar los costes de producción en Europa. Como sabes, el trabajo es un valor de mercado: si hay poca fuerza de trabajo, su precio –el salario- sube, pero si hay un excedente de fuerza de trabajo, el salario tiende a bajar. Es sorprendente que los sindicatos callen sobre este punto, aún a pesar de que, en teoría deberían defender los derechos de sus afiliados. Los sindicatos atribuyen a la patronal la bajada de salarios… hombre ¡claro!, como si no reconocieran que el carácter de valor de mercado del trabajo. Es natural que no alcancen a explicar porque los salarios de la construcción o de hostelería o del campo, se han estancado desde el año 2000. Y es muy sencillo de entender: simplemente, porque tenemos cinco millones de inmigrantes. El que quiere trabajar en estos sectores debe resignarse a cobrar cada vez menos, dado que cada vez hay más inmigración dispuesta a vender más barata su fuerza de trabajo.

Esta autopista de doble dirección tiene como principales damnificados a los trabajadores europeos: la dirección Oeste-Este supone una sangría constante de puestos de trabajo en nuestro continente; pero, en dirección Sur-Norte, los trabajadores europeos encuentran una competencia dispuesta a vender su fuerza de trabajo a precios de dumping laboral.

¿”Dumping laboral”? me vas a tener que aclarar que es eso.

Eso será mañana, cariño, por hoy ya hemos hablado bastante. No olvides que hoy, has aprendido a situar el problema de la inmigración dentro de un contexto mundial amplio y sin precedentes: la globalización.

 

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