20061018172459-000extranj.gif

Infokrisis.- En la primera conversación, el diálogo gira en torno a los responsables de la inmigración, tras definir al fenómeno como una verdadera tragedia. Según la versión oficial, la inmigración es el producto de la pobreza. No admitimos esta explicación tan sensiblera como analfabestia. No es la pobreza lo que impulsa a los seres humanos a emigrar en este preciso momento histórico, sino el desgobierno de élites criminales, corruptas, asesinas o simplemente, ineficaces.

 

Diálogo I

Culpable: ¿la pobreza o el desgobierno?

[16 de octubre 2006]

Desde hace unos años vengo oyendo cada vez más la palabra “inmigración” pero no tengo muy claro a qué se refiere. ¿Qué es, en realidad, la inmigración?

La inmigración es una tragedia. ¿Te imaginas lo que supone para sus protagonistas dejar atrás países pobres-pobrísimos, situaciones de miseria y depauperación, en donde la posibilidad más habitual es morir de hambre, morir violentamente, o morir de aburrimiento y donde no existe ninguna posibilidad de salir adelante? ¿Te lo imaginas? Pues eso es la inmigración, gente que deja atrás tragedias personales y colectivas, situaciones sin salida para ellos y para sus países.

¿Quiénes son los culpables de estas tragedias? El otro día oí a un tal Evo Morales que la culpa era de la colonización europea.

El pobre siempre tiene tendencia a culpar de su pobreza a otros. No asume que puede haber hecho algo mal y que, en buena medida, es responsable de su situación. En el caso de Evo Morales, resulta difícil pensar que España, tiene algo que ver con su pobreza actual. Mira: antes de que llegaran los conquistadores españoles, Bolivia había tenido una floreciente civilización inca que en el siglo XVI, literalmente, ya se había difuminado sin dejar señas. España no empezó a colonizar Bolivia sino en el último tercio del siglo XVI y le dio la independencia en las primeras décadas del siglo XIX. Estamos hablando de apenas 250 años. Bolivia es independiente durante los últimos 200 años: pues bien, ha sido en esta época, precisamente, en la que Bolivia perdió el tren del desarrollo, se enzarzó en una inestabilidad política interior extrema y cada generación saqueó el legado de lo que quedaba de la anterior. Esa misma situación se ha repetido en África. Fíjate en Guinea Ecuatorial. Cuando los españoles nos fuimos de allí, dejamos un pequeño país en orden con todas sus infraestructuras, incluida la TV, recién desembaladas y grupos de técnicos formados para que todo funcionara a buen ritmo. Al cabo de un año ya no quedaba nada de todo esto. Macías arrasó con todo esto. ¿Somos nosotros culpables de los 22 años de que el presidente Macías se comiera crudos a sus opositores o de que su primo y sucesor hiciera otro tanto desde entonces?

Creó que no, sin embargo, reconocerás que los países coloniales explotaron a las colonias y que, hoy deben de pagar por aquella explotación…

Te equivocas, esa es la cantinela culpabilizadora que repiten constantemente los “intelectuales” del Tercer Mundo y sus homólogos de la izquierda europea: “Europa es culpable y debe pagar”. El “pago” es, naturalmente, la recepción ilimitada de inmigrantes en nuestros países. Pero si te liberas del complejo de culpabilidad, se disipa nuestra obligación de tutelar a las excolonias y de aceptar sin límites sus flujos migratorios.

Mira: la “colonización” duró poco. En su mayoría no más de 125 años. Y no fue un “buen negocio” para las metrópolis. Costó muchas vidas y requirió más dinero del que generó. Es así de simple. Así que, según un criterio de optimización de costes, aquello no tenía mucho sentido. En realidad, los “colonizados” ganaron más que los colonizadores. Si hoy los informáticos hindúes de Bangalore están en condiciones de competir con los de Sillycon Valley es gracias a que Inglaterra les dio un idioma y algunos de sus ciudadanos pudieron formarse, a partir de la lengua, en la modernidad. En la mayoría de los casos, la colonización europea sacó a esos países de la Edad Media, sino del neolítico. ¿Tu crees, realmente, que les debemos algo o que somos culpables de algo? Crees que el maestro de escuela debe sentirse culpable por enseñar a leer a sus alumnos? Ni tu ni yo, somos culpables de nada, así que no tenemos porqué pagar ninguna expiación.

Pero, la esclavitud, la explotación de recursos, los gobiernos impuestos… yo creo que todo esto es mucho más duro y desagradable que el cuadro idílico de una Europa generosa y civilizadora que me has planteado …

La esclavitud fue un signo de los tiempos. Pero entre los siglos XVII a XIX, no solamente Europa practicaba la esclavitud. De hecho, hoy todavía se practica en África y en algunos países árabes. Y estamos en el siglo XXI. En el neolítico el canibalismo estaba generalizado… y mira que el canibalismo es desagradable. Lo sorprendente no es que en el año 5.000 aJC existiera la costumbre de comerse unos a otros, sino que hoy se siga practicando en algunas zonas de África o por algún tarado en nuestras latitudes a título de excepción. Si, existió la esclavitud. También existieron las pelucas empolvadas en el siglo XVIII, ¿y?

En cuanto a la explotación de recursos también hay que desmitificarlo. Esa misma explotación sigue hoy en día. De alguna forma había que pagar la construcción de carreteras y demás infraestructuras. Pero ya que lo mencionas, te diré que la explotación de recursos solamente es sistemática y depredadora en la actualidad y, precisamente, en esos mismos países. Fíjate en Guinea Ecuatorial. Pasó de los primeros puestos en PIB africano antes de su independencia, a los últimos en apenas dos años y así ha persistido hasta el 2000 cuando empezaron a explotarse sistemáticamente sus pozos petroleros, gracias a contratos leoninos firmados por el presidente Obiang y distintas multinacionales petroleras. Esos contratos eran lesivos para Guinea, pero beneficiosos para Obiang. Los beneficios de esta explotación van a parar a las arcas del sátrapa de Guinea, mientras, la población sigue postrada en la miseria. ¿Tiene esto que ver algo con el colonialismo? No, en realidad, tiene solo que ver con el desgobierno de estos países.

Finalmente, me hablas de “gobiernos impuestos”. La reina de Inglaterra se la traía al fresco a los marajás hindúes y Felipe II no podía ser entendido por los descendientes del inca. Pero, desengáñate y medita sobre esto: la historia enseña que ningún país evoluciona de la edad de piedra a la sociedad industrial gracias a gobiernos democráticos. Para que exista esa evolución debe de existir pasos previos, uno de ellos es la concentración de poder. Te daré dos ejemplos: la España franquista y la Rusia de Stalin. Tanto Franco como Stalin asumieron el poder –férreo, dictatorial, antidemocrático- cuando sus países estaban en el subdesarrollo. Bajo sus mandatos se generó un “gran salto adelante”. España se convirtió en paraíso turístico, pasamos de la mula al 600 y de las abarcas a ser primeros fabricantes de calzado y atravesamos la línea del subdesarrollo. Stalin, después de perder cuarenta millones de ciudadanos entre guerra mundial y las purgas, logró la bomba H, pocos años antes de configurarse como primera potencia tecnológica y situar a un hombre en órbita a la Tierra. En ambos casos hizo falta concentrar esfuerzos en el desarrollo (y restarlos de las libertades públicas), planificar la economía (y alejarse del libre mercado); todo ello era imposible de hacer sin una centralización del poder.

Si, pero no me irás ahora a defender a Franco o a Stalin. El problema de África o de Asia es que hay muchos Franco o Stalin en el poder.

Lo que hay que retener es el país que tomaron y el que dejaron. Que cada cual lo juzgue según su leal saber y entender, pero el hecho es que en el caso de las dictaduras africanas y asiáticas, los líderes se enriquecen, mientras la población empobrece, y esto es lo importante, mientras el país sigue en el atraso más endémico. En las modernas dictaduras tercermundistas, no hay concentración de poder y limitación de las libertades públicas en aras del desarrollo, sino por motivos patológicos y enfermizos, para saquear el país con las manos libres y sin interferencias exteriores. El nivel de latrocinio de las clases políticas surgidas de la descolonización es tal que no tiene precedentes en la historia.

Así que lo que me estás diciendo es que la gente de esos países emigra a causa de la actividad de esos gobiernos y no por la acción de los antiguos colonizadores. ¿Es así?

Si, pero no solo por eso, aunque sí, la pobreza está relacionada con la acción de esos gobiernos principalmente. El ministro de la presidencia, Rafael Caldera ha dicho que la inmigración es cuestión de pobreza. “La gente huye de la pobreza”. Y no es cierto. La gente huye de otra cosa muy diferente: huye de sus propios gobiernos criminales y asesinos que ni siquiera han sido capaces de encarrilar a sus países por las vías del desarrollo. Huyen de la inseguridad que les crea estar dirigidos por psicópatas que un buen día pueden decidir asesinarlos y que, de hecho, suelen asesinarlos con una facilidad pasmosa. En los últimos 10 años se han producido más de cuarenta guerras en África. Los millones de muertos son incontables. En ese clima ni hay, ni puede haber, ni va a haber libertades políticos. Pero, además, a esto tienes que unir la falta de previsión de todos estos gobiernos, incluso de los más estables y ricos. Existen guerras de religión abiertas en países como Nigeria que lleva explotando su petróleo desde finales de los 60 y que desde entonces estaba en buena situación para demarrar en la senda del desarrollo. Existen guerras tribales en toda África, conflictos fronterizos, etc. Y todo esto ha generado parálisis en todas las actividades del Estado. Esto ha generado hambrunas, crisis sanitarias, epidemias. A nadie le gusta vivir en un ambiente con posibilidades de morir de hambre, de cualquier infección que se complica por falta de cuidados o de una epidemia inesperada.

Une todo esto y tendrás una situación extremadamente incómoda para la mayor parte de la población africana y para buena parte de la población asiática. La pobreza no es el problema, sino solamente una parte del problema, más aún, la pobreza es un reflejo del desgobierno. El verdadero problema son las élites dirigentes africanas, asiáticas e iberoamericanas, no lo olvidemos.

Así pues, reconoces que la situación en estos continentes es muy mala. No serás capaz de reprocharles que dejen atrás toda esa miseria y emprendan el camino de la inmigración. ¿O si?

Tienes razón, lo que yo reprocho es que la mayoría de los gobiernos africanos, asiáticos e iberoamericanos hayan generado las situaciones de miseria en las que se ven implicados sus propios ciudadanos. Pero no nos engañemos: existen en torno a 2.000 millones de ciudadanos de estos países que desearían emigrar hacia Europa. Te repito la cifra: 2.000 millones. Es evidente que, ni en Europa caben todos, ni Europa tiene medios suficientes para ayudar a toda esta pobre gente.

El dinero que se envía a estos países –el famoso 0’7% que debería resolverlo todo- no sirve en realidad para casi nada. Las ONGs que viven principalmente de la teta del Estado y sólo en un lugar muy secundario de sus propios cotizantes, tampoco logran hacer mucho más. Ayuda enviada… ayuda perdida por el camino o que va a parar a los bolsillos de los gobiernos de esos países o, simplemente, es mal distribuida.

Si estás de acuerdo en que aquí no caben todos, me tendrás que explicar porqué solamente se admite a unos pocos, es decir, a los más jóvenes, fuertes y decididos, mientras que los más mayores, debilitados o indecisos, siguen sufriendo aquellas situaciones de miseria. Eso supone una inadmisible selección casi darwinista que va en detrimento del desarrollo de esos países: se van los más fuertes y decididos, es decir, se sustrae a los mejores brazos y a los espíritus más sólidos, para el desarrollo de esos países. Eso tiende a eternizar la miseria. Europa ha enfocado mal el problema. ¿Cuánta gente capaz de aportar algo a sus países ha muerto en pateras o cayukos? ¿Cuántos ecuatorianos, colombianos, bolivianos honestos han huido de su país abandonándolos a clases dirigentes corruptas y corruptoras?

Así pues, queridos hijos, no es que les reproche a los inmigrantes el hecho de que estén aquí, es que aquí no caben todos y, de otro, es que desertar de su propio país no contribuye a resolver la situación allí.

Parece que existe unanimidad en facilitar el desarrollo de los países de origen de la inmigración. ¿Estás de acuerdo? ¿No eres partidario de la ayuda al desarrollo?

Si, pero con condiciones. La gratuidad no es la mejor forma de estimular el desarrollo. Ayuda a fondo perdido es ayuda tirada que los países receptores no valoran. En primer lugar, es preciso dejar claro que no estamos obligados a ayudar. Lo hacemos por generosidad, no por obligación, ni por que debamos nada. Y la única ayuda admisible es la ayuda al desarrollo: no debemos tanto regalar alimentos, sino enseñar a cosechar racionalmente.

Luego hay que asumir buenas dosis de realismo: nadie da algo a cambio de nada. Hacerlo, en las actuales circunstancias, y a la vista del percal que cortan la mayoría de los gobiernos de los países emisores de inmigrantes, es ingenuo e irresponsable. La primera condición es que esta ayuda sea administrada directamente por los que la dan y no sea una ayuda puntual destinada a paliar problemas aislados, sino que se trata de una ayuda estratégica destinada a lograr el desarrollo de esos países. Y esa ayuda debe de darse con otra condición: que sea evidente la voluntad de transitar hacia democracias formales y, sobre todo, que los derechos humanos sean respetados desde el mismo momento en que se inicia la ayuda.

Pero eso ¿no supondría restar poder y soberanía a algunos de esos gobiernos?

Si, claro. Pero es que quien ha demostrado su incapacidad para cumplir su tarea como gobernante, quien ha afirmado durante décadas su rapacidad y su capacidad depredadora, no le vas a regalar, además ayudas al desarrollo gratuita y graciosamente.

Pero esa ayuda es para poblaciones castigadas por el hambre, las enfermedades y el subdesarrollo. Si niegas a un país ayuda porque sus dirigentes son corruptos y degenerados estás condenando al hambre, a la enfermedad y a la pobreza a su población…

Ese es el análisis “humanitario”, el realizado por gente como ZP. Pero eso análisis lleva, inevitablemente, a tirar el dinero donado por Europa. Esa ayuda no contribuye precisamente a que esos países salgan de la miseria, sino a reforzar más y más a sus dictadores. Dejando aparte que existe cierta tendencia en esos países a rentabilizar su miseria, los objetivos de una ayuda deben ser dos: no fortalecer indefinidamente a las oligarquías y evitar eternizar la dependencia de la población. ¿Ayuda alimentaria? Eso está bien, pero, paralelamente, obligando a los beneficiarios a realizar cursos de técnicas de producción agrícola, desplazando de técnicos para estudiar sobre el terreno los cultivos más rentables y necesarios y poner en marcha una producción alimentaria que como mínimo garantizara una economía de subsistencia. En otras palabras: enseñarles a pescar, no regalarles pescados. ¿Medicamentos? No es Europa, sino sus gobiernos saqueadores los que deben pagar las medicinas para su población. ¿No lo hacen? Bien, se puede ayudar a la población en este terreno, pero también sancionar a sus dirigentes, bloquearles cuentas en el extranjero y, en definitiva, presionarles para que se preocupen por su población en lugar de por sí mismos. Dar algo a cambio de nada es la peor forma de ayuda. Malacostumbra a todos.

Tienes que poner condiciones. Y, en el fondo, es posible establecer “pactos” con los dirigentes de estos países: “tú déjame que yo intente arreglar tu problema y, mejor que ni te mezcles porque tú eres parte del problema”. Está claro que eso supondría una disminución de la “soberanía” de esos países. Pero la situación no es normal, es muy grave, especialmente en África. El dilema a plantear a su población es: “¿qué prefieres? ¿Soberanía o mantequilla?”. Los pueblos africanos, en concreto, son muy curiosos: sus gentes son extraordinariamente trabajadoras, especialmente sus mujeres, constantes, intuitivas, todos en general, hábiles, cordiales… Es su clase dirigente la que falla; ha demostrado fehacientemente que son el primer obstáculo para el desarrollo de sus pueblos, así que ¿para qué respetar su soberanía? En esos países cuando se dice “soberanía”, la clase dirigente entiende por ello “hacer lo que me dé la gana en mi finca”, incluida la desviación de los fondos de ayuda para causas muy distintas de las inicialmente programadas. Y eso es intolerable. Entrar en este juego por parte de los gobiernos europeos supone, a fin de cuentas, dilapidar la ayuda en sí) tanto como la posibilidad de que estos países se desarrollen.

Los diplomáticos europeos tienen miedo de enemistarse con el último sátrapa africano o asiático. Y por tanto no dicen en voz alta que los gobiernos allí instalados son, cualquier cosa, menos eficaces y democráticos. Estos gobiernos han aprendido a “currarse la página de la pobreza”, esto es, pedir constantemente ayudas para cualquier cosa que ellos mismos deberían de haber previsto. Se dirá que aquellos Estados no están preparados para asumir los desafíos de la modernidad, ¿cómo? ¿qué no lo están? Entonces ¿Por qué exigieron, frecuentemente a tiros y con masacres, la independencia en los años 60? Recuerdo a los muertos franceses de Argelia, a los muertos belgas del Congo, recuerdo a los asesinos del mau-mau, recuerdo la expoliación de las granjas hace apenas dos años a los colonos “blancos” por Robert Mugawe en la antigua Rodhesia… Quisieron ser independientes. Lo fueron y se hundieron. Ahora algunos de estos gobiernos quieren la independencia y la financiación europea… Lo realmente increíble no es eso, sino que los diplomáticos europeos sean incapaces de plantear las cosas con claridad y contundencia. En el fondo, no se trata de plantearles un do ut es (yo te doy, tu me das), sino algo más simple: “yo aseguro tu desarrollo, tu preocúpate de aprender a gestionar tu país y, entre tanto, ves restableciendo las libertades públicas, porque si no lo haces, esa ayuda cesará”.

Pero, ¿por qué los ministerios de asuntos exteriores del mundo desarrollado no plantean una alternativa así?

Es muy comprensible. Todos temen que si dejan de financiar a tal o cual gobierno corrupto, éste se acoja a la protección de otro país desarrollado. Francia teme que EEUU ocupe sus posiciones. China otea el horizonte africano. La UE es muy respetuosa con los “Estados independientes”, aunque sus élites dirigentes sean corruptas. Todos temen que un endurecimiento en las relaciones con tal o cual país, suponga una pérdida de influencia en esa zona. Y tienen razón, pero esto se solucionaría llegando a un acuerdo entre los países susceptibles de ayudar al desarrollo de las zonas deprimidas.

Entre tanto, los inmigrantes van llegando en oleadas y nosotros aquí analizando y filosofando… Por cierto, todavía no me has indicado qué es la inmigración.

Si, pero, por hoy, ya hay bastante. Piensa sobre todo esto y, sobre todo, deshazte de los prejuicios “humanitaristas”. No te he dicho nada que no pertenezca a la esencia misma de la vida. Algunas de las ideas que he intentado transmitirte te habrán sonado duras, incluso muy duras, pero es que la vida en la tierra no es ninguna ganga; cada día, al levantarse, empieza una lucha por la existencia. Es posible que algunos países han tenido “mala suerte” (si es que eso existe), pero lo cierto es que esos países, postrados y rotos, seguirán así de no ser que tengan el valor para levantarse, descubrir su realidad, dotarse de medios y reconducir la situación, lo que pasa, inevitablemente, por expulsar a las clases dirigentes, verdadero cáncer terminal de esos países y… sobre todo, aprender a pescar.

El “humanitarista” llora las desgracias de los desfavorecidos, tranquiliza su conciencia aportando su óbolo y cree que con esto ya ha cumplido, dando por sentado que el 0’7% o una miríada de ONGs son suficientes para paliar las desgracias de estos países. No lo son. Estos países seguirán como están mientras sigan siendo gobernados por brutos incapaces y ambiciosos sin límites. Emigrando conseguirán, en el mejor de los casos, paliar su situación personal, pero no la de su clan, la de su pueblo o la de su nación.

Animar a los ciudadanos de esos países en quiebra a que vengan a Europa es la peor de las políticas. Mañana te lo explico.

 

Comentarios  Ir a formulario