La venganza de Pepe Bono será terrible…

Publicado: Jueves, 12 de Octubre de 2006 16:56 por Ernesto Milá en NACIONAL
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Infokrisis.- En apenas dos días, ZP ha rozado la gloria mediática para terminar despeñándose por los abismos del ridículo. El artífice de este clamoroso resbalón sin precedentes ha sido Pepe Bono ¿Por qué esta maniobra de torpedeo del presidente? ¿hacia qué estrategia se dirige la maniobra? Bono nunca "creyó" en ZP. El descreido, ahora trata de difultar al máximo la gestión del gobierno.

La venganza de Pepe Bono será terrible…

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Infokrisis.- En apenas dos días, ZP ha rozado la gloria mediática para terminar despeñándose por los abismos del ridículo. El artífice de este clamoroso resbalón sin precedentes ha sido Pepe Bono ¿Por qué esta maniobra de torpedeo del presidente? ¿Hacia qué estrategia se dirige la maniobra? Bono nunca "creyó" en ZP. El descreído, ahora trata de dificultar al máximo la gestión del gobierno.

Pepe Bono: la sabiduría del cateto

Que Pepe Bono es un demagogo populista es algo que confirma en cada una de sus declaraciones públicas. Que el paso de Bono por el ministerio de defensa fue una mezcla de gestión ineficaz en cuanto a la materia del ministerio y gestión mediática en su proyección exterior, fue evidente. Bono no entendía nada de “defensa”. Su populismo le llevaba hacia áreas aparentemente patrióticas no muy bien definidas y, por lo demás, se declara “pacifista”. Quiso hacer de las FFAA una ONG –“soldados sin fronteras”- y los puso a repartir bocadillos entre los desfavorecidos del Tercer Mundo, mientras nuestras fronteras eran vulneradas diariamente por miles de inmigrantes. A la vista de su patrioterismo, ZP lo envió a EEUU en los peores momentos del bache en las relaciones diplomáticas con éste país. Y Bono metió la pata hasta el escroto diciendo aquella frase, que pasará a la historia universal de la estupidez, de: “prefiero morir a matar”, que dicha ante una asamblea de altos mandos del Pentágono todavía sonaba peor, e incluso insultante.

Bono es más de pueblo que el tomillo y, justo por eso, tiene esa sabiduría propia del patán, un razonamiento simple alejado de sofisticaciones. La idea de Bono es: el PSOE jamás tendrá mayoría absoluta si no conquista el “centro” y, para él, el “centro” es, en realidad, el “centro-derecha”. De ahí que multiplicara sus declaraciones patrioteras cada vez que se le colocara un micrófono a menos de dos metros de los labios. Por eso, Bono se opuso al Estatuto de Catalunya: era consciente de que suponía un órdago a la grande a la unidad del Estado.

Claro está que en todo esto había cierto desenfoque. Bono, como todos los políticos “de pueblo”, algo catetos, tiene tendencia a pensar que lo que pasa en “su pueblo” es un reflejo concentrado de lo que pasa en el mundo. Y Castilla La Mancha –prisma a través del cual Bono ve al mundo- es una parte que, no necesariamente, refleja al todo, desde el punto de vista sociológico o político. Castilla La Mancha es una región conservadora, esencialmente agraria, que refleja solamente la realidad de una parte de España. Sí es rigurosamente cierto que en Castilla La Mancha, para ganar unas elecciones, es preciso arañar votos al centro-izquierda. Pero no se trata solamente de esto, sino de que, efectivamente, un socialista pudiera operar ese trasvase portentoso de llevar al PSOE votos del centro-derecha. Bono lo hizo en Castilla La Mancha, y eso le permitió mantenerse casi dos décadas al frente de su comunidad.

Bono: un proyecto personal

Desde 1999 se sabe que Bono aspira a la presidencia del gobierno, y toda su actividad desde entonces va enfocada a este fin. De hecho, consideraba que la presidencia de la Comunidad de Castilla La Mancha era una buena plataforma para llegar a la Secretaría General del PSOE y de ahí a la presidencia en 2004. Pero, en eso, aparece ZP. Ni tenía grandes apoyos dentro del partido, ni era extremadamente conocido. ZP era el típico diputado mudo del PSOE, un “ges den” que se limitaba a votar lo que su jefe de grupo parlamentario le indicaba sin importarle de qué se trataba. Y en el Congreso del 2000, este portento de mediocridad, con el apoyo de “botellón Maragall”, se hace con la secretaría. Bono, despechado, ve como su hora se retrasa.

Una vez en el poder, ZP le ofrece un cargo que le permite acercarse un poco más a la presidencia del gobierno: el ministerio de Defensa. Poco importa que Bono no entienda nada de Defensa ni de armamento, de lo que se trataba era de cubrir el cargo con un individuo que pudiera ser bien recibido por el estamento militar. Y las declaraciones patrióticas de Bono, recordando incluso que su abuelito era falangista, contribuían a que los militares vieran en él a un tipo poco izquierdista.

Pero llegó un momento en que las genialidades de ZP en materia de política interior se convirtieron en un riesgo para Bono. Formar parte de un gobierno centrifugador de la unidad del Estado se le hacía cuesta arriba. Bono no tiene la menor duda de que el tiempo de ZP será breve, pasará, y cuando pase, el nombre de ZP será maldito para las generaciones de españoles que vendrán. Bono es uno de los pocos socialistas que no piensan solamente en el “aquí y el ahora” (esto es, en el “toma el dinero y corre”). Bono quiere tener un futuro (la presidencia) y eso le obliga a pensar con cierta perspectiva, si no de Estado, si al menos, personal.

Cuando Bono entendió que la contaminación con el gobierno ZP podía restarle apoyos en el futuro, dimitió alegando cuestiones de familia. A nadie se le ocultaba que, como el tigre en la selva, retrocedía para saltar mejor.

Hoy, Bono no ha modificado su proyecto personal. ZP lo sabe. Por eso le ofreció el puesto de cabeza de lista a las municipales por Madrid.

Un candidato in pectore que no lo era tanto…

Hace meses, cuando ZP empezó a preocuparse por las municipales, sondeó a Bono para que ocupara la primera plaza de la candidatura por Madrid. Bono dio a entender que aceptaría, aunque bromeó sobre lo mucho que le “fastidiaba” tener que oponerse a su amigo Gallardón. Eso dejó entender a ZP que Bono aceptaría y que, contando con su demagogia populista de centro derecha, podría batir a Gallardón. Bono se dejó querer.

Pero en octubre de 2006, las encuestas demostraban que Gallardón obtendría una cómoda mayoría absoluta. Así que el puesto de cabeza de lista por Madrid era un “puesto trampa”: el que lo ocupara jamás llegaría a ser alcalde de la capital, debería limitarse a ejercer el modesto cargo de “líder de la oposición municipal”, es decir, un cero a la izquierda. Bono lo sabía y se siguió dejando querer.

Las intenciones de ZP, como cualquiera de sus iniciativas políticas, no eran limpias. Lo que pretendía este practicante empedernido del “Principio de Peter” (“un incompetente procura que sus subordinados sean más incompetentes todavía”, con su corolario: “elimina a los oponentes de tu mismo nivel que puedan hacerte sombra ahora o en el futuro”), era simplemente neutralizar a Bono, colocarle en una vía muerta (si ganaba estaría entretenido inaugurando colegios públicos y celebrando bodas gays, si perdía bastante tendría con estar en su escaño inútil del ayuntamiento).

Pero el político inculto de provincias (ZP), iba a recibir un revolcón por parte del cateto.

Bono se dejó querer, nunca dijo que no. ZP se fue creciendo y anunció desde antes del verano que en septiembre u octubre anunciaría una “noticia bomba” sobre la lista municipal por Madrid. Filtró of the record que Bono sería el elegido. Y éste siguió dejándose querer. Hasta que, finalmente, ZP lo anunció clamorosamente. Y lo bueno es que Bono siguió dejándose querer… en las siguientes 24 horas.

Así que, cuando todo el mundo daba por descontado que la lucha por Madrid iba a ser reñida… Bono se negó a encabezar la lista. O dicho en otras palabras: ZP quedó en ridículo, Pepiño Blanco quedó –como suele hacerlo- a la altura del betún (además se enteró de la defección de Bono por la prensa). Es, sin duda, el golpe mediático más duro que ha sufrido ZP en los dos años y medio de [des]gobierno y centrifugación. Al “listo” de ZP se la ha jugado otro “listo”.

Bono se desvincula así, no solo del gobierno, sino del PSOE de ZP. Seguirá como cotizante del partido y volverá a intentar alcanzar la secretaría en cuanto ZP evidencie su ocaso (solo un 3% separa al PSOE del PP, esto es, un empate técnico). Nadie le podrá achacar a Bono haber tenido una vinculación excesiva con el gobierno ZP, así que se situará en posición de salida para ser el próximo candidato socialista a la presidencia en 2012.

Así las gastan los socialistas… El problema no es que Bono quiera ser presidente, el problema es que tiene tan pocas cualidades como ZP. Quizás sea algo más culto, quizás no se le hubiera ocurrido jamás la genialidad de promover nuevos estatutos, ni dar su nihil obstat a abortos políticos como el tripartito catalán o emprender aventuras inciertas como la del “proceso de paz”. Ahora bien, no seamos optimistas: el patrioterismo de Bono es una actitud para mantener su proyecto político (ganar al frente de una candidatura de izquierdas sustrayendo votos al centro derecha). Por lo demás, la clase política socialista no da mucho más de sí. Ya no hay un Alfonso Guerra que oiga a Mahler, ni lea a Machado. Ya no hay un Boyer que pueda mantener una conversación sobre egiptología de cierto nivel. Lo que queda en ese malhadado partido es solo un amontonamiento de oportunistas sin escrúpulos, desaprensivos a la caza de recalificaciones y votantes cerriles de izquierdas de toda la vida. Esta patulea presidida por Bono no dejaría de ser una tragedia nacional.

Gallardón no podía hacer tanto daño a ZP como se lo ha hecho Bono. No solamente ZP no ha logrado deshacerse de Bono, sino que ahora ya está claro quien es su principal oponente. Y todavía queda la campaña electoral catalana en la que Maragall prolongará en el ocaso definitivo de su vida política, sus “maragalladas”.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es


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