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Infokrisis.- El modelo que proponemos para entender el proceso globalizador es el cubo regular de seis caras. A cada una de estas caras le puede ser ubicada un actor geopolítico o económico-social. En esta entrega abordamos las características de cada una de las seis caras de este cubo. ¿Por qué un cubo? Siguiendo a Guénon, podemos decir que hasta ahora el mundo ha "tenido la forma de una esfera", el sólido más perfecto, en el que cada uno de los puntos de su superficie distan lo mismo del centro y puede desplazarse con el menor coste de energía en todas las direcciones del espacio. Sin embargo, en las últimas décadas el mundo ha tendido a "solidificarse". Por eso consideramos que su mejor representación es el cubo: la más sólida y estática de todas las figuras de la geometría de los volúmenes.

 

4. El retorno de la geopolítica: el mundo cúbico y sus caras

La aceleración de la historia tiene como efecto la contracción del espacio. La irrupción de nuevos fenómenos tecnológicos y económicos ha producido el fenómeno del “aplanamiento” del mundo. Y todo eso, operado en apenas 12 años, es considerado por algunos como extraordinariamente “positivo”. Permítasenos dudarlo: de hecho, es cierto que el mundo se ha empequeñecido –desde que se inició el boom de las comunicaciones al concluir la Segunda Guerra Mundial-, pero también es cierto que el mundo se ha solidificado y, en consecuencia, se ha fragilizado. Vamos a ver estos procesos.

En realidad, el mundo no se ha “aplanado”, si consideramos algún aspecto más allá del meramente económico. Lo que sí es rigurosamente cierto es que se ha producido un “morfing” geométrico. La esfera se ha transformado en cubo.

El mundo estaba configurado como una esfera en la que cada civilización tenía las mismas posibilidades que las demás en destacar y mostrarse competitivas. En unos períodos de la historia, los avances y progresos aparecían en unos lugares y siglos después lo hacían en lugares distantes; en otros emergían algunas civilizaciones sobre otras, pero en períodos posteriores, el centro emisor de cultura aparecía en otro lugar; solamente en el siglo VI a de JC se produjo uno de esos momentos extraños en la historia en el que, prácticamente, en todo el mundo se produjeron fenómenos culturales paralelos, pero en el resto de períodos, existió una alternancia de civilizaciones. Estas nacían, crecían, decaían y morían sin solución de continuidad. Luego, en otro punto del planeta, el proceso volvía a repetirse. Solamente en tiempos modernos se ha creído posible sustituir toda esta dinámica por el concurso de la economía globalizada. La esfera en la que cada parte tenía igualdad de posibilidades (pero solamente algunas zonas de la esfera eran capaces en momentos concretos de llevar sus posibilidades a estados de acto) ha dejado de ser fluida. El sólido con mayor movilidad, la esfera, pasa a la forma de cubo, la más estática de la geometría de los volúmenes.

En un “mundo cúbico”, cada una de las seis caras, de las doce aristas y de los cuatro vértices, tiene significados muy concretos, gracias a los cuales puede entenderse perfectamente el momento que estamos viviendo.

Cara Superior.- Representa los intereses de las élites dominantes y de los grupos económicos más favorecidos por el proceso de globalización. Se trata de un grupo extraordinariamente reducido pero que, sin embargo, acapara la mayor parte de la renta. Numéricamente aumenta en muy escasa medida, aun a pesar de que otros países se vayan integrando al pelotón del desarrollo y de la globalización. Estamos hablando de unos pocos miles de individuos, extraordinariamente poderosos, verdaderas máquinas de mover dinero y multiplicar beneficios, casi con una energía inhumana. Una clase que jamás ha existido antes en la historia, producto de la acumulación de capital. Precisamente, su endeblez numérica es compensada por sus extraordinarios recursos económicos y tecnológicos. Menos demografía, más recursos. Carecen de otra ideología política que no sea la del lucro y el beneficio. Los más cultivados y preocupados por dar un sentido a su vida son lectores empedernidos de Ayn Rand, o bien pertenecen a la élite de los círculos neo-conservadores y evangélicos norteamericanos. Pero cometeríamos un error si considerásemos que estos núcleos existen en el antiguo Primer Mundo. En realidad, han surgido por imitación en zonas del antiguo Tercer Mundo (especialmente en China, India, Brasil y los “dragones asiáticos”).

Cara inferior.- Es el reflejo especular de la anterior. Agrupa a los damnificados de la globalización, es decir, a la inmensa mayoría del Tercer Mundo, cuya renta per cápita apenas llega a un dólar al día. Más demografía, menos recursos. No tienen absolutamente ninguna posibilidad de salir de su estado de postración y marginación. Crecen numéricamente a la misma velocidad que decrece su capacidad económica. Están ubicados en la inmensa mayoría de África negra, en buena parte de los países árabes, son los contingentes indígenas y mestizos de Iberoamérica, son los campesinos chinos y las legiones de parias hindúes, pero también las clases europeas empobrecidas, la inmensa mayoría de negros norteamericanos y los blancos pobres, los inmigrantes en el Primer Mundo. Ni tienen sentimiento de “clase” como se les atribuía a los antiguos proletarios, ni mucho menos tienen opciones políticas. Los movimientos antiglobalización, en realidad, apenas son otra cosa que la iniciativa de pequeños núcleos de intelectuales y jóvenes pertenecientes a las clases medias del Primer Mundo.

Primera Cara Lateral.- Aquí están situados los actores geopolíticos tradicionales y las zonas que satelizan. Entendemos que los EEUU y la Unión Europea constituyen el núcleo central del Primer Mundo y desempeñarán en el futuro el mismo importante papel geopolítico que habían desempeñado hasta ahora. En cuanto a Rusia, si bien los 12 años “que cambiaron el mundo” sumieron a este país en la confusión, la pauperización y la centrifugación, a partir del ascenso del poder de Vladimir Putin se ha abordado la reconstrucción nacional rusa que, como mínimo, ha logrado detener la marcha hacia la disolución. Parece difícil que cualquiera de estos actores renuncie a su papel preponderante en la política internacional. Si hasta el 9 de noviembre de 1989 existían dos actores principales (EEUU/OTAN y URSS/Pacto de Varsovia), en los doce años siguientes EEUU queda como único dueño del tablero pero, a partir del 11 de septiembre de 2001, Europa toma conciencia de que los EEUU han iniciado aventuras incontrolables en busca de recursos energéticos para sí mismo. A partir de ese momento ya son tres los actores tradicionales. Pero no son los únicos sino, solamente, los que tienen mayor experiencia acumulada.

Segunda Cara Lateral.- El mundo moderno depende de la cantidad de recursos energéticos disponibles y de los nuevos horizontes de la ciencia. Durante un siglo, la economía mundial ha dependido especialmente de hidrocarburos, pero esta situación no podrá prolongarse más allá de treinta años. Y eso no es todo: a partir de 2001-2002 se pone de manifiesto que las prospecciones petrolíferas y las escasas nuevas reservas encontradas ya no están en condiciones de compensar los aumentos en la demanda. Así pues, la era del petróleo barato ha concluido. Y las consecuencias del fin de esta era se mantendrán mientras no se encuentren fuentes energéticas alternativas (energía de fusión), se tenga el valor de recurrir a fuentes hoy demonizadas (energía nuclear) o el precio del petróleo aumente hasta el punto de hacer rentables nuevamente la explotación de recursos hoy secundarios (carbón). Por otra parte, la criogenia, la nanotecnología y la ingeniería genética relevarán a la informática como motores del mundo, pero sus beneficios solamente serán accesibles para pequeñas minorías. Esto acentuará las diferencias entre la minoría de favorecidos con acceso a estas tecnologías y la mayoría de desfavorecidos a los que les estará vedadas.

Tercera Cara Lateral.- Los nuevos actores geopolíticos emergentes que día a día van ganando peso pueden situarse en esta cara. Durante la Guerra Fría estos actores eran inexistentes o irrelevantes y afrontaban graves problemas interiores, pero a partir de los años 80, y más decididamente en los 90, estos países renovaron sus clases dirigentes, subieron al tren de la renovación tecnológica y liberalizaron sus mercados. China, India, Irán y Brasil figuran entre este pelotón de países. Por el momento, el rasgo más característico es que todos estos países carecen de una clase media amplia, el campesinado todavía forma la parte más importante de su población, existe una pequeña élite tecnológica y científica sobre la que recae el impulso renovador y una concentración de capital suficiente para basar sobre ella un desarrollo industrial, avalado por una clase trabajadora cuyos bajos salarios y escasas coberturas sociales les han convertido en centros mundiales de manufacturas.

Cuarta Cara Lateral.- A partir de los años 80, con el paso del narcotráfico de la etapa artesanal a la industrial y, especialmente, con el derrumbe del bloque soviético, se forma un nuevo poder que, por primera vez, no es un actor estatal ni político, sino mafioso. Bandas de delincuentes que utilizan cada vez medios más brutales para lograr sus fines, que llegan incluso a controlar Estados y, en cualquier caso, a desafiarlos; cárteles de la droga cuyos presupuestos igualan y superan a los de Estados de tamaño medio, han desbaratado la noción de “legalidad” y la han convertido en inviable. Los métodos de estas mafias, el contenido mismo de su actividad, el volumen de sus presupuestos, su misma actividad, hacen imposible a medio plazo el desarrollo normal de las sociedades. Nuevamente vuelve a ocurrir como en la “época dorada de la piratería”, cuando el 25% del comercio entre España y sus colonias Americanas no llegaba a su destino. La “población” dedicada a actividades al margen de la ley va creciendo en todo el mundo a distintos ritmos, pero siempre en aumento, así mismo, sus beneficios crecen también de forma imparable.

Queda ahora la forma en que las caras de este cubo se interrelacionan y analizar cuáles son sus puntos más sensibles.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es 

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