El peor de todos los acuerdos posibles sobre Gibraltar.

Publicado: Martes, 19 de Septiembre de 2006 15:41 por Ernesto Milá en NACIONAL
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Infokrisis.- Moratinos necesitaba un “éxito” para compensar dos años y medio de errores e ineptitudes. Y lo ha conseguido: es el acuerdo sobre Gibraltar. Lamentablemente, a poco que se revise lo firmado y rubricado por el gobierno ZP se percibe que lejos de ser un “éxito”, constituye la peor insensatez cometida por la diplomacia española en este período negro de nuestro país abierto el 14-M.

No ha sido un éxito: ha sido una concesión

Hasta ahora, la diplomacia española, incluso en los tiempos de Felipe González, había negado voz y voto en cualquier negociación al “gobierno de Gibraltar”. No es difícil saber el motivo: si Gibraltar está incluido en la Corona Inglesa, se supone que el gobierno británico es también representante de la población gibraltareña y, por tanto, sobra en cualquier mesa de negociación. Esa tradición de más de doscientos años de nuestra diplomacia, ha sido rota por Moratinos.

Desde el punto de vista diplomático, la negociación a tres bandas y la firma de un acuerdo sienta un peligroso precedente. A partir de ahora, existe una base para que los gibraltareños estén SIEMPRE presentes en cualquier negociación sobre su destino. Y ya sabemos lo que en una negociación van a pretender: mantener sus privilegios de colonia pirata, prácticamente al margen de toda legalidad internacional, refugio de capitales ilícitos, de dinero negro y base para el contrabando. Y los gibraltareños no van a ceder ni un ápice si de lo que se trata es de restaurar e imponer la legalidad internacional en la ominosa colonia.

Moratinos, una vez más, la ha hecho buena. El gobierno, habituado a negociar a tres bandas a causa de su tendencia a ceder a las presiones autonómicas (siempre que España negocia algún acuerdo con un gobierno vecino, deben estar presentes, imperativamente, representantes de la comunidad autónoma “fronteriza”), cree que el caso de Gibraltar es similar y que “hay que oír a los gibraltareños”. Lamentablemente el texto y el contexto son completamente diferentes. Gibraltar es una colonia y la inmensa mayoría de sus habitantes viven en franca ilegalidad. El gobierno gibraltareño no es más que el representante de la mafia local. Se sabe perfectamente lo que va a aportar a una negociación. Pues bien, el gobierno español ha reconocido por la firma de este acto, la legalidad del gobierno gibraltareño.

Pues bien, el acuerdo firmado por el gobierno ZP, en la práctica, implica que el gobierno gibraltareño se sienta en plano de igualdad con los gobiernos español e inglés. No estamos hablando de una negociación paritaria, sino de una negociación de 2 a 1, evidentemente desequilibrada.

Tres voces, tres banderas

Existe un formidable equívoco generado por la ineptitud consuetudinaria al gobierno ZP. La política oficial de Moratinos (con el visto bueno de ZP, por supuesto) se resume en la frase "tres voces, dos banderas". Pero, en la práctica, hay que reconocer que la población de Gibraltar no tiene absolutamente nada que ver con la del Reino Unido, no étnicamente, ni, sobre todo, en lo que a medios de vida se refiere: la colonia, insistimos, vive de la ilegalidad más absoluta. Así pues, los gobiernos españoles lo que habían hecho negándose a sentarse en la misma mesa que los representantes de la piratería gibraltareña, lo que habían hecho era defender la legalidad vigente. A partir de ahora, la dinámica misma de los hechos, va a hacer que el paradigma “tres voces dos banderas”, sea superado por “tres voces, tres banderas”… algo que, en cierto sentido, ni siquiera beneficia al gobierno británico que, a partir de ahora, se limitará a utilizar Gibraltar como base militar, mientras que la población del Peñón irá tomando, poco a poco, conciencia de su especificidad y de su personalidad negociadora.

Estas negociaciones no han sido libres: las dos partes opuestas, desde el principio han dejado claro que no estaban dispuestos a negociar cuestiones de soberanía… y si eso era así, entonces, ¿para qué negociar? ¿para mantener el status pirata de la colonia? ¿para que ZP pudiera hacer gala nuevamente de su política de la “renuncia permanente”? ¿para eternizar el conflicto?

De hecho, en Londres el acuerdo no ha sido tomado como un éxito más que del gobierno gibraltareño. Cuando hace dos años, Peter Caruana amenazó con realizar un referéndum de autodeterminación en la Roca, lo que estaba haciendo era recordar a los ingleses que son dueños de la base militar… pero de nada más. Y que los ingleses, sobre todo, no eran dueños de devolver el Peñón a España.

Lo cedido y lo obtenido

Por lo demás, examinando los puntos del acuerdo, uno por uno, se percibe ese mismo desequilibrio: lo cedido es absolutamente incomparable con lo obtenido. ¿En qué se ha cedido? En esta negociación, el gobierno británico y el gibraltareño tenían un solo objetivo: lograr un acuerdo sobro el uso conjunto del aeropuerto que permitirá el establecimiento de vuelos domésticos desde el Peñón a cualquier punto de España sin controles policiales previos. En otras palabras, lo que se está dando es un nuevo balón de oxígeno a la colonia. A partir de ahora, el dinero negro, el contrabando y la droga podrán circular libremente a partir del aeropuerto de Gibraltar… un aeropuerto que, dicho sea de paso, fue construido en un terreno que el Tratado de Utrech no declaraba integrante de la colonia. ¿Es concebible una insensatez mayor?

Es rigurosamente cierto que el acuerdo firmado es “histórico”. Todo depende del sentido que se dé a esta palabra: existen también “desastres históricos”. Este acuerdo es buena muestra de ello. En breve será necesario mejorar y reformar la pista del aeropuerto.

Es posible que Moratinos y sus asesores ni siquiera recordaran que la actual fase del conflicto gibraltareño se inició con la construcción de la pista de aterrizaje hace 30 años en aguas de la bahía de Gibraltar. El Gobierno español de Franco, protestó, porque los aviones al aterrizar y al despegar, invadían territorio español. Dado que lo que el gobierno de Franco –como los posteriores gobiernos de la democracia- lo que pretendían cerrando la verja en señal de protesta era presionar para obtener la devolución del Peñón, los ingleses lanzaron la idea del “derecho a la autodeterminación” de los gibraltareños. La propuesta inglesa consistía en que "los llanitos" tuvieran libertad para elegir patria… sabiendo de antemano que se inclinarían hacia Inglaterra.

En 2004, a poco de llegar al poder, ZP aceptó la creación de un foro tripartito entre España, Reino Unido y Gibraltar, en el que la colonia inglesa participa en igualdad de condiciones con los dos estados. Hasta ese momento, Caruana y sus predecesores nunca habían tenido voz en las negociaciones, pero, a partir de entonces, el gobierno gibraltareño se siente extremadamente fuerte e incluso se atreve a poner condiciones: no hará concesiones de tipo “soberanista, territorial o jurisdiccional”… lo que traducido quiere decir: solamente negociaremos aquello que reporte ventajas para la población gibraltareña, tienda a eternizar sus privilegios de piratería e ilegalidad, pero nunca cederemos en lo único que España puede estar interesada en negociar.

¿Qué ha obtenido el gobierno español en la negociación? Apenas nada. El gobierno británico reconoce los derechos de unas pocas decenas de pensionistas que resultaron afectados por el cierre de la verja a finales de los 60. Si de so se trataba, tanto el Estado como la Junta de Andalucía, podían haber asumido esos pocos millones de pesetas y satisfacer las reivindicaciones de los antiguos trabajadores españoles en la Roca. Cualquier cosa antes que romper una el consenso que la diplomacia española ha mantenido durante dos siglos.

Y luego está la broma: la bandera española –nos dice Blanco y los papanatas portavoces del gobierno- “ondeará finalmente en Gibraltar”… ¿Dónde? En el Instituto Cervantes que en algún momento se abrirá en la Roca. Más parece una concesión al fino humor inglés que un éxito de nuestra diplomacia.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

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