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Infokrisis.- Película española, película subvencionada, actores de moda, mensaje multicultural... mediocridad asegurada. La fórmula es, inevitablemente, infalible. "La educación de las hadas" es la muestra de por qué el cine español no levanta cabeza. Un dramón multicultural basado solamente en el actor argentino de moda en la temporada 2004-2005, no basta para hacer digerible una película.

Una película “multicultural”

Después de ver “La educación de las hadas”, uno se pregunta qué mensaje nos ha querido transmitir su director, el albaceteño José Luis Cuerda. Y no es difícil descifrarlo: ¿a qué sabe una película protagonizada por un argentino, en la que los dos papeles femeninos representan a sendas mujeres, francesa y argelina, casada la primera con un piloto de combate italiano y la segunda perseguida por integristas islámicos que liga con un músico étnico de la plaza Real de procedencia tan desconocida como exótica, y todo ello rodado en la selva del Montseny a pocos kilómetros de Barcelona? Pues así, en principio, tiene todo el tufo de parecer indicar un mensaje multicultural y multiétnico. A esta perspectiva se une el hecho de que el protagonista desagradable de la película es un calentorro y sexista, violador y psicopatón, por supuesto español de Catalunya… En la cultura multiétnica los roles están perfectamente delimitados por los intelectuales orgánicos de turno.

Ver a Bebe haciendo de argelina es algo irreal y poco creíble y, no sólo por su falta de tablas como actriz, su inexpresividad y, en ocasiones, la comicidad involuntaria de las escenas (en un momento dado se levanta del asiento con tres costillas rotas y… se da un golpe contra una viga, cayendo desmayada. Si de lo sublime a lo ridículo hay un paso, Bebe, de la mano del director, ha recorrido este trecho a zancadas).

Pero ver a Ricardo Darín, con su acento bonaerense cerrado, paseándose como Pere por su casa en la selva del Montseny, redescubriendo sus recuerdos de infancia en una caja y diciendo “Pucha, ¿no tenés vos recuerdos?”, es algo irreal a tenor de que la acción se ubica en la Catalunya profunda. El multiculturalismo sigue siendo así…

Se nos olvidaba decir que, por aquello de la globalización, el guión se basa en una novela de Didien van Cauwelaert que, por lo demás, hasta es entretenida, pero que tiene muy poco que ver con el dramón infumable y acalambrao que ha dirigido Cuerda.

Una película edificada sobre la “moda Darín”

Ricardo Darín no es un mal actor. Es más, incluso podemos aceptar que es ocasionalmente brillante y creíble en sus papeles. Bordó su papel en “Las Nueve Reinas” y volvió a bordarlo, amparado en su fama, cuando desembarcó en España y se paseó por los mejores teatros madrileños realzando las piezas con sus representaciones. Pero un buen actor necesita siempre un buen argumento. Y el de “La educación de las hadas” renquea por todas partes.

Existe cierta tendencia en España al papanatismo. Basta con que un campeón de tenis gane un par de torneos para que todas las compañías se le disputen para su publicidad, sin tener en cuenta que, cuando uno de estos fenómenos mediáticos aparece en muchos anuncios de distintas marcas, el impacto es infinitamente menor que si concentra sus apariciones al servicio de una sola. Pues bien, cuando un actor tiene éxito, especialmente en la tele (los personajes de “Siete Vidas”, los de “Aquí no hay quien viva”, etc.), su caché se dispara y pasa a aparecer en una temporada en media docena de películas. Lo peor de estos fenómenos mediáticos momentáneos es que, en general, cuidan poco la elección de sus papeles y la calidad de sus interpretaciones y, a la vuelta de dos o tres años, ya han terminado por redimensionar a la baja su carrera artística. Le pasó a Santiago Segura con sus últimos bodrios alimentarios (“Isi Disi”, “Pocholo y Borjamari” y la tercera parte de “Torrente” sumida en el irremediable foso del humor de sal gruesa y con sobredosis de cutrez incluso superior a la deseada) y corre el riesgo de ocurrirle a Ricardo Darín.

Una película no alcanza el éxito solamente gracias a la presencia del actor de culto de ese momento. No es viable realizar una película solamente con el concurso de Darín y cojeando en todo lo demás.

De todas formas, hay que reconocer que el verdadero protagonista de esta película aburrida, ñoña y trágica no es Darín, sino el niño co-protagonista. Ese niño dará que hablar si encuentra directores suficientemente avispados como para saber aprovechar sus cualidades de naturalidad y vis comica. Pues bien, no hemos logrado saber el nombre de ese actorazo en ciernes; en el cartel del film solamente aparecen los nombres de Darín, Bebe e Irene Jacob…

La tragedia de la tragedia: la subvención

La película está financiada por el Instituto de Crédito Oficial y el Instituto de Finanzas de la Generalitat y avalada por el Ministerio de Cultura… Demasiados avales y subvenciones para un resultado tan mediocre y para un argumento de endeblez insultante. Pues bien, esa película la hemos pagado usted y yo.

Es imposible que el cine español levante cabeza. El hecho de que cada año se realicen un 25% de películas que no llegan a estrenarse en los circuitos comerciales, un 50% de películas mediocres y olvidables en grado sumo, un 20% de películas que llaman la atención por algún motivo y, apenas un 5% de películas que lograrán atraer a algo de público, indica a las claras cuál es la situación del cine español.

De hecho, cada año apenas se realizan dos o tres películas que llaman verdaderamente la atención. Y, casi siempre, se trata de ese cine intimista y casi neorrealista que responde malamente a los códigos del lenguaje cinematográfico de 2006. Luego, en “Los Goya” se reparten premios a directores que merecerían ser encerrados por el despropósito que han hecho y a unos actores cuyo mejor mérito es haber hecho alguna declaración políticamente correcta o tenida como tal. Si hay algo decepcionante en este país, además de su clase política, es el listín de miembros de la Academia del Cine, casi en su conjunto.

“La educación de las hadas”, dramón increíble, es la muestra más pristina de una película que jamás debió rodarse. Ésta es España y ése es “nuestro” cine y, nunca mejor dicho lo de nuestro, porque lo pagan incluso los que no van al cine. El drama de nuestro cine se llama subvención indiscriminada: el 30%. Basta con elevar los costes de producción para que esa subvención alcance hasta el 100% del coste real. Los beneficios los da la taquilla y, si no hay beneficios, que le quiten lo bailado al artífice del destrozo.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 20.08.06

 

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