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Infokrisis.- El último comunicado de ETA permite realizar una asociación entre el Pacto de Santoña (la rendición del "ejército gudari" de Napoleonchu -el lendakari Aguirre- a los italianos durante la guerra civil) y el "proceso de paz" recientemente en curso. Una vez más, no hay nada nuevo bajo el sol, aquello que fue está volviendo a ser. Vale la pena que los árboles no impidan ver el bosque. Para ello es preciso, una vez más, revisar la marcha de las conversaciones ETA-ZP.

Cuando a ZP se le iluminó [brevemente] el cerebro…

El 10 de febrero de 2006 ZP compareció después de la reunión del consejo de ministrillos para dar a conocer personalmente el notición de la jornada. “Estamos en condiciones de afirmar que puede empezar el fin de la violencia”. El llamado “proceso de paz” (por llamarlo de alguna forma) había comenzado. Sólo unos días antes se había producido un giro importante en las relaciones entre ZP y los partidos catalanes. Sin aviso previo y sin más síntomas que lo indicado en las encuestas, ZP decidió enviar a las letrinas su pacto con ERC y, de paso, dejar de sentirse tributario de los favores concedidos en otros tiempos por Maragall que, por el mismo gesto, terminó, igualmente, en las mismas letrinas que ERC.

ZP había comprendido el valor de las encuestas y llegado a la conclusión de que no puede gobernarse contra ellas. Esos sondeos penalizaban a ZP por su pacto con ERC. Carod era, en aquellos tiempos, el hombre más odiado de España (mal que le pase es tan español como Lagartijo o la cornamenta del toro de lidia). Así que, cuando los sondeos indicaban empate técnico entre ZP y el PP, el maestro del talante y de la ideología soft, dejó plantado, descompuesto y sin novia a Carod; y lo hizo sin pestañear.

Esas mismas encuestas indicaban que un proceso de paz podría ser bien acogido por el electorado. Era cuestión de sacar a la superficie lo que el PSOE llevaba ya urdiendo desde el 2002, vulnerando las cláusulas del Pacto Antiterrorista. Sí, porque desde esas fechas, el PSE mantenía relaciones confirmadas con HB. En el momento en que ZP daba su rueda de prensa el 10 de febrero de 2006, soplaban buenos tiempos para una iniciativa de ese tipo.

ZP venía mascullando esa iniciativa desde hacía meses; la había llevado incluso al parlamento, solicitando “autorización” para iniciar conversaciones con ETA, que solamente deberían hacerse "si ETA renunciaba a la violencia” y si “no implicaba un diálogo político”… ETA declaró la tregua, sin renunciar a la violencia e, incluso, con posterioridad a esa fecha ha seguido cobrando el “racket de protección” a los empresarios vascos, enviando nuevas cartas de extorsión y realizando esporádicas acciones de kale borroka. A lo que hay que sumar amenazas, coacciones y presión psicológica contra ciudadanos vascos no nacionalistas. Y, por lo demás, si se excluía el diálogo político, ¿de qué diablos iba a hablarse? ¿Solamente de los presos? ¿De Navarra? ¿De la relegalización de HB? ¿Acaso no son todas estas cosas “cuestiones políticas” ?

Es evidente que la hermenéutica del lenguaje no le interesa absolutamente nada a ZP y que, para él, las palabras no quieren decir lo que sus letras sugieren sino que solamente encuentran su significado exacto en lo que él mismo lleva en la mente.

El problema era que, en esos días, ZP era perfectamente consciente de que el proceso de paz era complejo y no podía resolverse en un par de rondas de conversaciones. El optimismo que reflejaba unas semanas antes se volvió, a partir de febrero de 2006, mucho más atenuado y “responsable”. ZP dejó planteado el tema como una “cuestión moral” (la necesidad de paz), que había que abordar aunque fuera un camino peligroso y difícil. Ese proceso podía tener o no éxito, pero a él nadie le achacaría no haber intentado un arreglo que implicase el fin de la violencia. En fin, una muestra del talante aplicado a ETA…

Cómo están las cosas en este momento del verano de 2006

Vamos a enumerar los puntos que han ido saliendo a la superficie en esos meses, a raíz de las declaraciones de los dirigentes socialistas vascos y de ZP:

- El proceso de paz tiene como finalidad la desmovilización de ETA y su reconversión en un partido político, derivado de la antigua HB, que goce de los parabienes legales.

- Este nuevo partido legalizado se estrenaría en las elecciones municipales del 2007; su orientación sería “de izquierdas y abertzale”.

- Los socialistas vascos albergan la esperanza de repetir el proceso que desmovilizó a ETA(pm) y a terminar integrando o pactando con la nueva HB, tal como lo hicieron a principios de los 80 con Euzkadiko Ezkerra.

- El objetivo final de la operación es sustituir la antítesis nacionalismo-antinacionalismo, por la antítesis derecha-izquierda.

- Este objetivo se traduce en un “gobierno de izquierdas” en el País Vasco tras las próximas elecciones autonómicas, en la que a la derecha se sitúen los dos partidos burgueses (PP y PNV) y en la izquierda el PSE y la nueva HB.

- Hasta este momento no se ha informado de contactos directos entre las partes, y ambas insisten en sus respectivas posiciones: reivindicativas en la parte de HB y pacifistas en la de ZP…

Por eso, vale la pena conocer en este momento en qué fase de los contactos nos encontramos y en qué fase se encuentra el proceso.

No podemos demostrarlo, pero tenemos la certidumbre moral de que el silencio y la falta de datos no se debe a estancamiento de los contactos, sino a que éstos ya han tenido lugar, antes y después de la petición de ZP de autorización al Congreso de los Diputados e, incluso, antes de que subiera al poder.

Escenificación, palabra clave de los contactos ZP-ETA

ZP y ETA saben que el problema que tienen por delante no es pactar. De hecho, el pacto es simple: los últimos mohicanos de ETA ven como sus presos salen por goteo, sus últimos dirigentes se reparten el botín e inician una prometedora carrera en la izquierda abertzale que, sin duda, les llevará a ocupar puestos decisorios en la administración autonómica; mientras, por parte socialista, ZP pasa a la historia como el pacificador y se asegura una cómoda reelección en 2008. Lo que cada parte arranque de la otra es secundario en relación a estos beneficios inmediatos.

El problema no es el pacto en sí, sino como hacer digerible este pacto a los electores de cada opción. ZP corre el riesgo de ser tachado del hombre que abandonó a las víctimas y se alió con los verdugos, además de político débil y de mandíbula blanda. En cuanto a ETA, corre el riesgo de que surjan disidencias en su interior y que se vea, de nuevo, el surgimiento de una opción radical que acuse a la pactista (Josu Ternera) de haberse bajado los pantalones y que airee que 40 años de lucha no han servido absolutamente para nada. Y, de hecho, la dificultad de las negociaciones no está tanto entre ZP y ETA (que, en nuestra opinión, ya tienen todo el pescado vendido y los puntos del acuerdo están claros y han sido aceptados por las dos partes), como entre ZP y ETA de un lado y sus electores y partidarios de otro. Así pues, lo importante no es pactar, sino contentar a los propios electores, prepararlos para que su confianza y sus tragaderas en las bondades de ZP y de ETA permanezcan incólumes.

Para eso hace falta escenificar el proceso de paz, lograr que cada actor represente su papel con convicción para no defraudar a sus partidarios o a la opinión pública. Estamos en ese momento: el de la escenificación. Algo muy habitual en el nacionalismo vasco.

La guerra civil en el Norte. Un pequeño encuadre

ZP ha sido en estos últimos dos años el principal promotor del guerracivilismo. En tanto que político de provincias, con un bagaje cultural e histórico muy limitado y una ideología hecha de media docena de tópicos habituales en la concepción del mundo progresista, ZP tiene tendencia a interpretar la guerra civil de manera maniquea. A un lado sórdidos militares franquistas, fascistas asesinos y curas retro, todos ellos capaces de las peores aberraciones y crueldades y acérrimos enemigos de cualquier aroma de libertad. De otro lado, unos bienintencionados leales a la república, criaturas surgidas de un relato de Heidi y políticos con el mismo fuste que Ned Flanders, el vecino santurrón de los Simpson. Unos representaban el mal absoluto, los otros eran la hipóstasis de todas las virtudes laicas.

ZP ve así las cosas, no de otra manera. De ahí que haya cometido el gran error de resucitar el guerracivilismo y dar alas a los historiadores revisionistas sobre el conflicto. Craso error, porque si alguien debe avergonzarse de algo son los partidos nacionalistas y la izquierda en general. Excesos los hubo por las dos partes, pero el descontrol del bando republicano hizo que esos excesos fueran todavía más sangrientos e, incluso, que el PCE fuera cómplice en la eliminación sistemática de sus enemigos, tanto de izquierdas como de derechas. Las órdenes de Stalin eran “asín” y el PCE no era más que una sucursal de la política exterior soviética en España. Y así siguió siéndolo hasta la “perestroika”. Carrillo cobró de Ceaucescu hasta que éste fue fusilado.

Todo esto viene a cuento de que, probablemente, de no haber resucitado ZP el guerracivilismo, no nos habríamos preocupado de las miserias del bando republicano y hubiéramos preferido correr un tupido velo sobre aquel conflicto fratricida. Gracias a ZP hemos revisado la literatura aparecida recientemente en torno a un tema que tiene mucho que ver con el “conflicto vasco”: la guerra en la cornisa cantábrica.

Aquello fue la vergüenza de la República, y el mismo Franco dijo en más de una ocasión que la guerra se había ganado en el Norte. Efectivamente, el Norte quedó en manos republicanas: toda Asturias y Cantabria, y las provincias de Guipúzcoa y Vizcaya. Era una zona rica: minas en Asturias, altos hornos e industria en el País Vasco y capitales en Santander. Pero había un problema: Asturias era socialista y anarquista, Santander derechista y el País Vasco nacionalista y ultraderechista. Además existía otro problema: para asegurarse la lealtad del PNV, el Frente Popular concedió, una vez desencadenado el conflicto, un amplio y generoso Estatuto de Autonomía a las provincias vascas. Fue a partir de este momento cuando el PNV dejó de pensar en términos republicanos para hacerlo sólo en una perspectiva nacionalista.

En realidad, como hemos dicho, el PNV era el partido de la alta burguesía vasca, de los empresarios de Neguri, hombres de comunión diaria, gentes de orden y conservadores natos, esto es: ultraconservadores, que nada querían saber con comunistas, socialistas, anarquistas… y mucho menos si eran asturianos. Y en medio estaba Cantabria, donde la derecha había vencido en las elecciones de febrero del 36 y una de las pocas provincias con una falange activa y unas fuerzas de derechas muy implantadas tanto en Santander como en el campo. En otras palabras: la cornisa cantábrica estuvo dividida en tres áreas completamente diferentes, con intereses diferentes y fuerzas políticas hegemónicas diferentes. Lo que ocurrió luego, entre el 18 de julio y la liquidación de los últimos focos de resistencia de la izquierda asturiana a mediados de 1937, tuvo mucho más que ver con el surrealismo que con una guerra civil.

Las cosas llegaron a tal extremo que los gudaris vascos fueron acogidos en Santander irónicamente, con carteles de “Bienvenidos los corredores vascos”, cuando hubieron de retirarse a esa provincia; mientras que esos mismos gudaris plantaron sus metralletas sobre los altos hornos para evitar que los dinamiteros asturianos los pulverizaran. A esto se unía otro problema: no había un País Vasco republicano, sino dos: el afecto al nacionalismo y el que lo era a los partidos de izquierda. Además hay que añadir las fuerzas militares de la República dirigidas por Gamir Uribarri, incapaces en todo momento de coordinar milicias ácratas, socialistas emboscados, nacionalistas poco interesados en cooperar con un militar español y milicianos vascos de izquierdas boicoteados por mandos vascos de derechas. Si el caos puede ser definido de alguna manera, toma como referencia al “frente norte republicano”. Es lo malo del guerracivilismo, saber que, a la postre, los propios no solamente no son los buenos de la película sino que, además, fueron los que más errores cometieron.

El precedente: cuando el PNV perdió la memoria histórica. Santoña

Y ahora es cuando llegamos a lo que tiene importancia para valorar el actual proceso de paz. Desde el 18 de julio, el PNV estuvo dividido entre dos opciones: ponerse del bando republicano o del franquista. De hecho, los elementos que les unían al franquismo eran muchos más de los que les unían a la república. Ahora se sabe que miembros del PNV contactaron en Alemania con el gobierno hitleriano y que, antes, los contactos entre representantes del PNV y el conde Ciano tendían a buscar un interlocutor válido, con ascendiente sobre Franco, con el que pactar, para evitar hacerlo con los odiados “españolistas”.

Cuando el ingeniero Goicoechea se pasó al bando franquista con los planos del “cinturón de hierro” de Bilbao, Bilbao supo que estaba perdido. Era el momento de sellar la paz, como fuera. En ese momento, el padre Onaindía, comisionado por el lendakari Aguirre, ya había iniciado contactos con los italianos a través del cónsul italiano en San Sebastián. Ya estamos en la vía de las negociaciones.

En el fondo esas negociaciones no aspiraban a más que a traicionar a la República. Sí, traición es la palabra que conviene. Hay muchas formas de justificar una traición. En el caso del PNV era la “realpolitik”, pero nunca se reconoció. Aguirre se siguió sintiendo republicano y definiéndose como tal hasta su muerte a pesar de que su traición, en opinión de Franco, había sellado el destino de la República.

Las peticiones del PNV para rendirse a los franquistas eran suficientemente significativas: a cambio de la rendición, los franquistas no realizarían ni saqueos ni fusilamientos, se permitiría que los altos cargos del PNV y de la administración vasca huyeran y se les facilitaría la huida, los batallones gudaris contribuirían al mantenimiento del orden público hasta que llegaran los franquistas y evitarían destrucciones de la industria; luego se constituirían en prisioneros, pero no serían enviados a otros frentes de guerra al servicio de los franquistas salvo los gudaris que lo desearan.

Lo mas sorprendente era que, en esos mismos momentos, mientras Onaindía negociaba y llegaba incluso al despacho del Conde Ciano (ministro de exteriores italiano y yerno de Musolini), Aguirre negociaba su fidelidad con Azaña y Prieto y les pedía que los batallones gudaris fueran conducidos por mar a Cataluña para iniciar desde el Pirineo aragonés una ofensiva por Jaca que les permitiera reconquistar el País Vasco. La cosa tiene gracia, porque pasar 20.000 gudaris desde el País Vasco hasta Catalunya era difícil, pero mucho más difícil lo era el que unas tropas que no habían mostrado gran acometividad durante la guerra, de la noche a la mañana se convirtieran en fieros leones capaces de romper el frente aragonés estabilizado desde el principio de la guerra. Pero ésta es otra historia, y si la hemos mencionado es porque evidencia la mala fe del nacionalismo vasco: mientras Aguirre negociaba con Azaña, su hombre de confianza, el padre Onaindía, lo hacía con los italianos y antes con el Vaticano… El nacionalismo era la reedición de Jano el dios bifronte, dios de los cruces de caminos.

Entre que los nacionalistas vascos querían vender cara la paz y que la situación militar cada vez les era más desfavorable, llegó un momento en que no tenían ya nada que ofrecer. Habían sido militarmente batidos (como ETA en la actualidad) y se obstinaban en partir de máximos cuando cada vez tenían menos ases en la manga.

El hecho de que recurrieran a los italianos como interlocutores se basaba en dos motivos. De un lado en que los nacionalistas preferían antes negociar con extranjeros (italianos o alemanes, poco importaba) que con españoles franquistas. Y era absurdo porque, a fin de cuentas, el mando supremo e indiscutible lo tenía Franco, así que todo lo que ataban los italianos en tierras de España podía ser desatado por Franco en cualquier momento. El segundo motivo era que los italianos acababan de ser batidos en Guadalajara y aspiraban a un éxito político-militar que les reivindicara a ojos de la opinión pública mundial. La pacificación del País Vasco hubiera sido ese éxito y hubiera contribuido a mejorar todavía más las relaciones con el Vaticano, pues no en vano la Roma papal se sentía comprometida con el destino de los “católicos vascos”. Ambos elementos hicieron que las negociaciones entre los fascistas italianos y los ultraconservadores vascos progresaran… pero demasiado lentamente.

Cuando ya no quedó territorio vasco que defender y los batallones vascos se encontraban acantonados en la franja fronteriza con Cantabria, ya dentro de esta provincia, el gobierno vasco llegó a la conclusión de que allí no quedaba nada por defender. No se sentían solidarios con la República y, en su miopía, no estaban dispuestos a luchar por nada que no fuera el territorio vasco. Y no sólo eso, en los últimos momentos de presencia de gudaris en el País Vasco, no solamente ya no obedecían órdenes del mando militar republicano, sino que ni siquiera estaban dispuestos a defender otra cosa más que… su pueblo, su aldea. Hubo batallones que se negaron a retirarse del pueblo del que eran mayoritariamente sus miembros, no solamente para evitar que los milicianos comunistas, socialistas y anarquistas lo saquearan (lo que parece comprensible), sino también y sobre todo porque no entendían una lucha que fuera más allá de los límites de su pueblo. Así pues, cuando el gobierno vasco se exilió a Santander, ya no quedaban motivos para la lucha. La rivalidad y desconfianza mutua con los milicianos asturianos era tal, que impedía continuar la lucha a su lado.

Y fue entonces cuando el padre Onaindía transmitió de nuevo las propuestas de Aguirre y de Aguariaguerra (presidente del PNV). Se trataba de JUSTIFICAR la rendición de cara a la galería. No se trataba de concentrar a los batallones gudaris en Santoña y poner las armas a la funerala, sino de SIMULAR que la división Flechas Negras del Comando de Tropas Voluntarias italianas iniciara una ofensiva en la zona y “cortase” el territorio santanderino, de tal forma que las tropas gudaris quedaran aisladas. Así pues, Aguirre justificaría ante Azaña que había habido “resistencia hasta el final” y que, cuando ya era humanamente imposible resistir, los gudaris se habían rendido a los italianos… Todos contentos: la República honraría a los batallones gudaris enfrentados al fascismo internacional en la encantadora Santoña, los italianos se habrían reivindicado de la derrota de Guadalajara, el Vaticano contento con haber evitado un conflicto entre católicos vascos y católicos españoles, Franco habría dado un paso decisivo en su “segundo año triunfal” tras la batalla de Brunete… y el PNV habría salvado, naturalmente, la cara, vendiendo como una derrota militar lo que era, pura y simplemente, UNA TRAICIÓN A LA REPÚBLICA. Aún hoy, mentar Santoña a los nacionalistas vascos supone recordar uno de los episodios más bochornosos, y si en los últimos años diversas obras “revisionistas” han puesto el dedo en la llaga, se ha debido a que los documentos del padre Onaindía han ido saliendo a la superficie y a que los jerarcas del PNV de la época han muertos todos.

La palabra clave del Pacto de Santoña -en el que los batallones vascos se rindieron sin combatir, a los italianos- era ESCENIFICACIÓN. Esa misma escenificación es a la que hoy asistimos en el “proceso de paz” entre ZP y ETA. Ambos están escenificando una comedia a efectos de contentar a su clientela…

El “proceso de paz” en peligro…

El último comunicado de ETA hace sonreír y demuestra el “nivel teórico” de la banda. A mediados de semana ETA aseguraba que el proceso de paz estaba en peligro por culpa del PNV y del PSOE. Y esto es relativamente cierto. El PNV mira con extremo recelo el proceso de paz. Sabe perfectamente que el fondo de la cuestión no es desmovilizar a una organización fantasmal, derrotada y pulverizada, dividida y traicionada interiormente, sino la formación de un “frente de izquierdas” que los desaloje del poder. Desde que se ha iniciado el “proceso de paz”, el lendakari parece haberse difuminado; el PNV en casi seis meses no ha sido capaz de aportar ni una sola noticia de primera plana a los periódicos. La “mesa de partidos” no da la impresión de que logre devolver el protagonismo a la lendakaritza. Y eso sigue siendo malo para sus perspectivas electorales.

En este comunicado, ETA ha utilizado el lenguaje de otro tiempo: represión, detenciones y torturas sistemáticas, ofensiva contra la izquierda abertzale y todo un cúmulo de despropósitos orientados a demostrar que “sigue en forma”, que es capaz de acusar al Estado, de hablarle de tú a tú, que su combatividad sigue incólume. El último comunicado de ETA no es sino el primer acto de su campaña electoral para las elecciones municipales.

La respuesta de ZP ha sido inmediata y la que se esperaba.

ZP aseguró en Las Palmas que "lo único que está en crisis total y definitiva es la violencia, quien la ampara y quien se esconde tras ella". Insistió en que el único camino que va a transitar este Gobierno para llegar a la paz y acabar con la violencia es el de la legalidad y la democracia, "en todos y cada uno de sus principios"; empezando, dijo, por la Ley de Partidos. Y añadía: "Quien quiera defender sus ideas democráticamente cabe en la democracia y para ello tiene que respetar la legalidad. Trabajaremos duro por el empeño de la paz, del fin de la violencia, de la libertad definitiva de tanta gente en el conjunto de Euskadi y España". Así pues, las víctimas “pueden estar tranquilas”, los constitucionalistas respirarán tranquilos, ZP no va a vulnerar ninguna legislación; una vez más, el comunicado le ha permitido vender “prudencia” y “talante”, nada de exabruptos, nada de enviar a paseo a unos asesinos que no tienen nada que negociar porque han sido derrotados en todos los frentes (tal como los dirigentes expulsados de la banda reconocieron en 2005)… ZP también escenifica de cara a la galería.

Conclusión: que las hojas no impidan ver el bosque

En los próximos meses se van a multiplicar comunicados de este tipo, tiras y aflojas de este combate de boxeo con tongo, tan bochornoso como la “rendición” de las “agotadas tropas gudaris” en Santoña. Rendición de pastel entonces y combate de boxeo con tongo y número de asaltos fijos ahora.

Porque esta comedieta de malos actores y pobres aprovechados va a durar lo que las encuestas indiquen que debe durar. No terminará ni antes ni después, sino cuando ambos contendientes hayan reivindicado su “buen nombre” ante su parroquia: ZP ante el centro político, ETA ante el mundo abertzale. Ambos son traidores profesionales. Lo sabe Carod Rovira y lo intuyen algunos militantes abertzales que no se explican cómo es posible que la policía haya detenido cúpula tras cúpula de ETA desde 2002, haya encarcelado a generaciones enteras de militantes de ETA… pero haya respetado a Josu Ternera de manera inexplicable, es decir, al mayor partidario de colocar el cartel de “cerrado por liquidación final” en ETA. Que los abertzales no son muy espabilados es evidente. Si lo fueran –como los nacionalistas en la guerra civil- hubieran negociado cuando eran una amenaza, no cuando son pura ceniza. El hacha etarra tiene el mango roto y alguien ha cambiado la piedra de granito por piedra pómez. La negociación actual no eliminará la violencia del País Vasco; liquidará quizás al sector mayoritario de ETA, harto de tener una celda de 2x3 metros como único destino, pero muy difícilmente atenuará la presión que sufren los no nacionalistas. La negociación actual tiene otra dimensión: servir de elemento táctico para un despegue en intención de voto de ZP, todavía demasiado próximo al PP, y garantizar la jubilación de Ternera y de un pequeño círculo de etarras privilegiados que han utilizado a la banda como carne de cañón en los últimos tiempos. Y, solamente en un segundo plano, configurar una nueva geometría política en el País Vasco: derechas (PP-PNV) contra izquierdas (PSE-HB). También ahí hay mucho a repartir…

¿Proceso de Paz? Comedieta, sainete, género chico, quizás género ínfimo, actitudes granguiñolescas…, poco más. Fraude, en definitiva, a la opinión pública. En los setenta años que van de Santoña al proceso de paz, los elementos son los mismos: en Santoña, mientras los dirigentes peneuvistas huyeron en puente de plata, las bases se quedaron afrontando su destino (que no fue particularmente suave); en el actual “proceso de paz”, unos cuantos dirigentes abertzales, más Josu Ternera, van a “pillar”, ya sea el botín de ETA o bien los caudales de la administración vasca una vez esté en sus manos. Buena parte de las bases seguirán en prisión: porque la opinión pública ha determinado que ese es el lugar de los asesinos.

¿No veis en todo esto, ayer y hoy, algo innoble, desagradable, si no miserable? Un fraude a la esperanza, pero sobre todo y por encima de todo, una traición a las víctimas.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 20.08.06

 

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