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Infokrisis.- Cuando el cine argentino buscaba la "alta intelectualidad" y era un dechado de "cine de autor", lo pretencioso y pedante eran su denominador común. Habitualmente, ese cine -salvo honrosas excepciones- era incorporable. Afortunadamente, algunas pautas han cambiado. Hoy en Argentina se hace buen cine y ese cine nace del cambio de registro operado por algunos directores. "Tiempo de valientes" es una muestra brillante del nuevo cine argentino.

Infokrisis.- Cuando el cine argentino buscaba la "alta intelectualidad" y era un dechado de cine de autor, lo pretencioso y pedante era su denominador común. Habitualmente, ese cine -salvo honrosas excepciones- era insoportable. Afortunadamente, algunas pautas han cambiado. Hoy en Argentina se hace buen cine y ese cine surge del cambio de registro operado por algunos directores. "Tiempo de valientes" es una muestra brillante del nuevo cine argentino.

Las dos obsesiones de los argentinos: psicoanálisis y militares

Hace falta ser argentino o, al menos, estar familiarizado con la historia argentina reciente para poder apreciar esta brillante película. Desde finales de los años sesenta, en el imaginario colectivo de los argentinos han cobrado forma dos obsesiones: el psicoanálisis y los militares.

No tengan duda: los psicoanalistas proliferan desde entonces como hongos. En el caso de “Tiempo de Valientes”, uno de los dos protagonistas –Diego Peretti- es psicoanalista y, por más señas, judío. Casi un tópico nacional-argentino. En la primera media hora de la película, esta obsesión está siempre presente: el querer interpretar cualquier acontecimiento de la vida en función de los tópicos psicoanalíticos, su voluntad obsesiva de reducir cualquier problema a la sexualidad y los recuerdos de la infancia, su artificiosidad…

Pero a partir de la primera media hora, la película –que en principio parecía un remake argentino de “Una terapia peligrosa”- toma un sesgo diferente y en la cinta aflora la segunda obsesión nacional argentina: los militares y, más en concreto, los servicios de inteligencia.

Desde mediados de los años setenta, a causa de la participación del estamento militar en la guerra contra el terrorismo, los militares quedaron identificados como un grupo siniestro, capaz de cualquier depravación. Por supuesto no era así, los militares no habían hecho otra cosa que responder a la irresponsabilidad de unos dirigentes terroristas que se creían lo suficientemente fuertes –aunque en realidad eran excesivamente estúpidos- para sembrar el terror en todo el país, sin caer en la cuenta de que la respuesta sería contundente. Lo fue. Los militares respondieron al terrorismo de los montoneros y del ERP con otro terrorismo de efecto contrario… sólo que mucho más contundente.

Luego vinieron los gobiernos democráticos, pero el estamento militar no pudo recuperar el prestigio que tenía en los años 60 y 70. Frecuentemente quedaron identificados con la corrupción y con el saqueo del Estado. No era exactamente así. De hecho, el único colectivo que puede ser tildado de delicuescente es la clase política. Pero, a efectos de opinión pública, los servicios de inteligencia fueron considerados como algo siniestro, capaz de cualquier abuso de poder y corruptela. Esa sensación dura todavía hoy y esta película lo recoge en los 70 minutos que siguen a la primera media hora.

Un cine simbiótico

Si nos preguntan el género al que pertenece esta película, nos costará responder. De un lado, es una comedia. La sonrisa, e incluso la carcajada, afloran con frecuencia a lo largo del metraje. Y es un humor de calidad: no esperen ni sal gruesa, ni chistes fáciles o humor de contenido sexual o demagógico. Pero nos equivocaríamos si viéramos en “Tiempo de Valientes” una mera comedia. Es comedia, pero también es algo más.

A partir de la primera media hora se mantiene la comedia, pero aparece un nuevo género: la intriga policíaca. “Tiempo de Valientes” es una película policíaca. El fondo de trama es policíaco. Hay algo también de cine de acción e incuso de western. La música que acompaña a las escenas en la última media hora es de Ennio Morricone. También hay guiños al ciclo de Rocky y a la Jungla de Cristal o a James Bond.

En el fondo, el éxito de la película radica en ser una sucesión de referencias cinematográficas y géneros, que tiene como denominador común el humor. La simbiosis de estilos no hace que la trama decaiga en ningún momento ni que el director utilice recursos groseros para hacer sonreír, al estilo de las películas de Mel Brooks (“La loca historia de las galaxias”, “Sillas de montar calientes”, “El jovencito Frankenstein”, etc.) en las que apenas se busca otra cosa que la risa fácil, o mejor, la carcajada grosera e insolente. No es éste el caso de “Tiempo de Valientes”. Las referencias cinematográficas que aparecen no implican una copia servil con fines satíricos.

Guión brillante, entretenimiento asegurado

Un policía se deprime porque su mujer le engaña con otro, así que su jefe opta por asignarle un psiquiatra para que lo acompañe en su servicio. Se trata de un psiquiatra freudiano y judío que aborda el tratamiento según las normas clásicas del freudismo. A partir de ese momento, la pareja del policía y el psiquiatra se hace inseparable. El primero es enviado a investigar un doble asesinato. El policía, aún deprimido por la cornamenta, es invitado por el psiquiatra a cenar. En la conversación que sigue, el policía descubre que la mujer del psiquiatra también le engaña desde hace cuatro meses. Ahora ya no hay solamente un deprimido, sino dos. Así que, para olvidar sus penas, se concentran en la investigación. El psiquiatra abandona las pautas freudianas que hubiera debido aplicarse a sí mismo y el policía enfoca de manera profesional la investigación sobre los dos asesinatos.

Esta investigación les lleva al Ejército Argentino pues, no en vano, los dos asesinados son militares. A partir de pistas fragmentarias, logran reconstruir lo que ha ocurrido y entrevistarse con un individuo que resulta ser militar y miembro de los servicios de inteligencia. Es él quien ha comprado a un ladrón el coche en el interior del cual aparecieron los dos cadáveres. Pero, en lugar de detenerlo, este individuo, logra zafarse y el policía y el psiquiatra resultan arrestados y enviados a la sede del servicio de inteligencia.

El psiquiatra es inmediatamente puesto en libertad y, una vez en su casa, recibe la llamada de un militar al que le dejaron la tarjeta en el inicio de la investigación. Éste ha recordado que los dos asesinados estaban implicados en la compra fraudulenta de un contenedor de residuos radiactivos. El psiquiatra se siente vigilado, pero logra neutralizar al asesino enviado por los servicios de inteligencia para matarlo. A partir de ahí, y con ese as en la manga, decide liberar al policía, secuestrado en la sede de la inteligencia militar. Lo hace de tal manera que da la sensación de ser un experimentado agente secreto.

Tras la liberación, psiquiatra y policía consiguen neutralizar el robo de material radiactivo de una central nuclear. Tras esta brillante operación, ambos compañeros reciben la oferta de integrarse en los servicios de inteligencia… lo que da pie a segundas partes que esperamos superen en sentido del humor y originalidad a esta primera película de la pareja protagonista.

Cuando el humor es el último refugio de los tiempos de crisis

Solo un psiquiatra no freudiano podía prever que la gigantesca crisis sufrida por la República Argentina a partir de 2001 no iba a terminar desmigajando el ser argentino, sino que la clase media iba a reaccionar y, en un proceso psicológico –y, por supuesto, no freudiano-, estaría en condiciones de sublimar su tragedia nacional recurriendo al humor.

Desde 2001, Argentina ha exportado películas brillantes de distintos géneros, pero especialmente “películas simbióticas” en las que el humor se cruzaba con distintos géneros. “Las nueve reinas” es una de esas películas que, en el fondo, abrió el camino a “Tiempo de Valientes”. Y no son las únicas.

Existe cierto paralelismo –salvando distancias- entre este moderno cine argentino y una parte del cine español de los años 40 y 50. Edgar Neville practicó el mismo sincretismo de géneros que ahora vemos en el cine argentino. Humor, intriga policíaca, realismo fantástico, comedia costumbrista, son algunos de los géneros que Neville –falangista de pro y franquista de estricta observancia, por lo demás- entremezcló.

En la España de la época, lo gris y la desesperanza se daban frecuentemente la mano, y el cine era una de las pocas diversiones –además del baile de los domingos por la tarde- de aquella sociedad que tenía pocas expectativas. Como la sociedad argentina de hoy. El humor acompaña los tiempos de crisis.

El buen cine no precisa un presupuesto desmesurado

“Tiempo de Valientes” no es una película de alto presupuesto. Es más bien una película con evidentes limitaciones económicas. Apenas se nota. No hay ni efectos especiales ni grandes despliegues de medios ni persecuciones insensatas de coches ni aparatosas caídas. Lo que hay es una correcta dirección, una correcta interpretación y un eficiente trabajo de montaje y guión ¿Qué otra cosa más hace falta para que una película tenga éxito? Nada absolutamente.

En la misma tarde en que hemos visto esta película hemos asistido a la proyección de “X-men III”. Inenarrable. Sería difícil encontrar una película más vacía, con una interpretación más mediocre y un guión particularmente poco imaginativo; pero, eso sí, con unos efectos especiales omnipresentes y que suponen –junto a la nómina de lo actores- la parte del león del presupuesto. El cine norteamericano ha dominado el cine mundial, mientras en los otros centros de producción no se dominaba el lenguaje cinematográfico y los códigos de comunicación visual. Mientras, en Europa y en Iberoamérica se optaba por un cine “de autor” pretencioso, pedante e insoportablemente progresista, el cine americano tenía como único fin entretener al espectador.

Pero ahora esa voluntad ya ha aparecido tanto en Europa como en Iberoamérica. El próximo estreno de “Alatriste” o películas francesas a lo “Vidoq”, a lo “Cyrano” o a “Los ríos de color púrpura” (primera entrega, por supuesto), son un indicativo de que Europa ha superado las limitaciones que tuvo en otro tiempo y de que, de tanto en tanto, todavía reaparecen. Europa puede competir con EEUU en cine, a costa de que una legislación proteccionista obligue a las distribuidoras –mayoritariamente controladas por consorcios norteamericanos- a servir unos mínimos de productos europeos. Y a condición, por supuesto, de huir del cine pretenciosamente intelectual y del intimismo intrascendente, del “cine de autor” –casi siempre mediocre- que tanto atrae a los directores europeos más subvencionados.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 14.08.06

 

 

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