RSXXI. Más allá de la derecha y de la izquierda. (VI de XV)

Publicado: Miércoles, 19 de Julio de 2006 23:11 por Ernesto Milá en SIGLO XXI
20060719231139-rsxxi.gifInfokrisis.- Cuando el zapaterismo se escurra por las letrinas, hará falta un considerable esfuerzo de enderezamiento nacional. No bastará entonces con un mero cambio de gobierno, hará falta una reforma tan profunda y un cambio tan radical en la marcha de las cosas que el PP no estará en condiciones de liderarla. El postzapaterismo, necesitará algo más que una política de derechas.

No hay mal que por bien no venga o el cabalgar al tigre.

El viejo refrán castellano nos sitúa ante una fórmula de carácter universal que los orientales conocían como “cabalgar al tigre”. Evola nos explica, en su obra del mismo título, que la única forma para no ser afectado por los ataques de un tigre, consiste… en subirse a sus lomos y esperar que el tigre quede agotado.

El zapaterismo es una tragedia para nuestro país, pero indudablemente, sus errores están siendo de tal magnitud que puede desencadenar involuntariamente un fenómeno de recuperación. Hoy, es imposible detener los desmanes del zapaterismo. Mañana, esos desmanes pueden ser susceptibles de generar una reacción liberadora que arrase con los restos del zapaterismo y neutralice todas las formas de “progresismo” de una vez y para siempre. En este sentido hay que ver al zapaterismo como un mal necesario: como la consecuencia agónica y terminal de las ambigüedades con las que se abrió en 1977 el actual período de la Historia de España.

El felipismo, más que un gobierno de “izquierdas”, fue el saqueo generalizado del Estado en nombre de la izquierda; pero, a decir verdad, la mayoría de sus iniciativas, objetivamente, fueron continuistas en relación a UCD. Fue Suárez quien inició la aproximación a la OTAN y a la CEE, aunque al felipismo le correspondería la responsabilidad de la integración en estos clubes. Personajes como los hermanos Solana –el telefonista de Clinton, verdugo de Yugoslavia y el presidente de la Telefónica- difícilmente pueden ser considerados como hombres de izquierda, y otro tanto podría decirse de Narcís Serra y las distintas camarillas económicas de la época, por no hablar de la saga de energúmenos iracundos e irresponsables que gobernaron las cúpulas de Interior. El felipismo no fue un gobierno de “izquierdas”, sino pura y simplemente el ejercicio del bandidaje (y en ocasiones del terrorismo) desde la dirección del Estado. O como convertir al Estado en el Establo.

Con el zapaterismo estamos ante un gobierno verdaderamente “de izquierdas”, que asume sin rechazar ni uno, los tópicos de todas las variantes de las izquierdas reales e irreales: desde el ecologismo, el amor a los primates, el laicismo en educación, el diálogo por el diálogo, la multiculturalidad, el humanismo coriáceo y fofo y cualquier otra chorradita arquetípica de la izquierda post-marxista. El resultado no se ha hecho esperar: la ruina total del Estado, incluso un proceso en marcha de liquidación del Estado y una fuga hacia delante permanente. Lo dicho: el zapaterismo inocula la vacuna antiprogresista para una generación, como mínimo.

Por eso decimos: no hay mal que por bien no venga. Las ambigüedades de otros tiempos se han terminado; por fin, ha llegado el ambiguo entre los ambiguos, el gobierno surgido del armario y del zapatero, la caricatura esperpéntica del ser progre. Como si el personaje de Perich, “Quico el progre”, todavía no se hubiera dado cuenta de que su tiempo ya ha pasado y que le queda un largo camino por rectificar. Porque la izquierda tiene una asignatura pendiente: rectificar desde su irrupción misma a finales del siglo XVIII, con aquella masacre colectiva, aquella locura institucionalizada a la que se llamó “revolución francesa”. La izquierda todavía debería rectificar hasta sus primeros pasos fuera del útero materno.

Mientras el zapaterismo no estaba sentado en la Moncloa, todos pensábamos que la dialéctica izquierda-derecha carecía de sentido, ambos eran términos superados, conceptos hemipléjicos que la Historia había ido dejando atrás. Pero Zapatero se ha encargado de demostrar que los ideales “de la izquierda humanista de siempre”, permanecen vivos. Y va y los aplica. El precipicio se abre bajo nuestros pies. Es la gran ocasión histórica de precipitar al abismo a la izquierda humanista y progre, de una vez y para siempre. Pero, ¿en nombre de la derecha?

El segundo logro del zapaterismo: la derecha no podrá resolver la crisis.

Hay una segunda cosa a agradecer a Zapatero: las dimensiones de la crisis que ha abierto son de tal magnitud que un eventual retorno de la derecha al poder –inevitable por lo demás, a partir del inicio de la segunda década del milenio- no estará en condiciones de resolver los conflictos abiertos.

Hasta ahora, la dialéctica derecha-izquierda en un marco democrático se concentraba en que una resolvía los desaguisados de la otra, y viceversa. Cada una corregía políticas erróneas aplicadas por la otra y la resultante final era –o debía ser- una mejora progresiva de las políticas. Si un gobierno decidía aumentar la presión fiscal y eso no daba soluciones, el gobierno siguiente la reducía y en paz. Y así sucesivamente. Eso valía cuando el traje tenía algunas manchas; para lustrarlo bastaba ponerlo en la lavadora, esto es, convocar nuevas elecciones y aplicar políticas de corrección. Pero hoy el traje no está simplemente sucio, está literalmente, hecho jirones; no es un traje más o menos sucio, es un harapo pestilente. Ya no hay lavadora que pueda devolver el lustre inicial al Estado.

La importancia que el zapaterismo revista en la Historia de España –y tal como será recordado en los libros de historia y de criminología- es que ha desencadenado una crisis tan profunda que un mero cambio de gobierno no logrará dar marcha atrás. O dicho de otra manera: un eventual triunfo del PP en 2011 o 2012, no resolverá la situación. El drama es doble e implica:

- Que se ha ido demasiado lejos para poder dar marcha atrás y llegar al punto en el que partió el problema (14-M, 2003).

- Que la ruta emprendida por el zapaterismo no puede tener como fin más que la desintegración de la sociedad, el deshilachamiento del Estado y la atomización de la sociedad.

Y, por tanto:

- En el post-zapaterismo será necesario algo más que un mero cambio de gobierno.

- El PP solamente puede aportar un cambio de gobierno.

El Estatuto de Catalunya es irreversible, como también lo es que los mismos principios que lo han inspirado se trasladen al País Vasco, Andalucía, Aragón, Galicia y así sucesivamente. En cada región, incluso las clases políticas de derechas van a aspirar a controlar las llaves de la recaudación fiscal. Catalunya no va a ser la única que tenga este privilegio. Y el Estado, finalmente, va a terminar desapareciendo de toda la geografía nacional, siendo sustituido por 17 microestados federados y en situación de conflictividad constante. Va a ser muy fácil que aparezcan demagogos por todas partes que defiendan con uñas y dientes las “conquistas en la construcción nacional” de Catalunya, del País Vasco, de Galicia, de Andalucía, de Murcia o de Canarias… basta con decir: “el dinero de los andaluces, para Andalucía” como se ha dicho “el dinero de los catalanes para Catalunya”. La fuerza irracional de argumentos emotivos de este tipo va a hacer imposible que el PP pueda dar marcha atrás en la aplicación del Estatuto de Catalunya y de los que le seguirán.

Para que el PP fuera capaz de asumir la titánica tarea de revertir los errores del zapaterismo, sería preciso que fuera algo más que un partido permanentemente preocupado por las encuestas y el impacto mediático: sería preciso que fuera, no un partido, sino un “movimiento”, y que estuviera en condiciones de reconstruir, no solamente los aspectos más escandalosos de la gestión zapateril, sino al mismo Estado.

Por citar solamente unos puntos:

- ¿Alguien cree realmente que el PP cuestionará la absurda política “familiar” de ZP o que se atreverá a reformar la ley de “matrimonios gays”? Da la sensación de que no. Y, no solo eso, sino que en la misma Comunidad de Madrid, el tema gay está perfectamente integrado en los esquemas mentales de la dirección pepera.

- ¿Alguien cree realmente que el PP puede ser capaz de solucionar la tragedia educativa? Probablemente, en este tema el PP tenga un programa educativo mejor que el PSOE… pero los maestros nacionales de que dispone para aplicar ese programa son los mismos que los de que dispone el PP. No se ve de dónde podría sacar “cuadros docentes” en número suficiente para abordar una reforma educativa que invirtiera la tendencia al estallido de la enseñanza pública.

- ¿Alguien cree realmente que el PP estaría en condiciones de elaborar una nueva política exterior creíble y que suscitara confianza en los actores geopolíticos euroasiáticos? La política exterior aznarista no está tan lejos y sus errores difícilmente podrán ser olvidados y superados por la clase política pepera.

- ¿Alguien cree realmente que el PP puede neutralizar la ofensiva centrípeta? Hay que recordar que la reforma del estatuto balear y del valenciano se han realizado a instancias del PP y que, en el fondo, no constituyen más que un “regionalismo” sin “nacionalistas”, pero con el mismo objetivo nacionalista: limitar al máximo la intervención del Estado en cada autonomía y crear polos de poder regional.

- ¿Alguien cree realmente que el PP va a poder resolver la cuestión de la inmigración, de la seguridad ciudadana, del paro o de la deslocalización? Hace solo un poco más de dos años, el PP permanecía de espaldas a estos problemas, dejó que fermentaran bajo sus ocho años de gobierno y ese período está hoy demasiado cerca como para que pueda olvidarse y creerse que existe una política decidida de reformas acompañada de la voluntad inquebrantable de ponerla en práctica.

En el fondo, durante la transición se pudo percibir a las claras que:

- la izquierda felipista tenía el “marchamo democrático” bien arraigado, pero sus iniciativas fueron completamente antidemocráticas: desde el GAL, hasta la corrupción, y desde la expropiación de RUMASA hasta su entrega a los amigos, desde la gente guapa hasta el pelotazo… Frecuentemente, el felipismo se comportó como la dictadura más criminal que hayamos conocido en Europa en el último cuarto de siglo.

- la derecha heredera del franquismo sociológico, llegó a la democracia cargada de complejos: la mayoría de sus líderes o eran hijos de franquistas o no habían estado presentes en la lucha antifranquista, así que cuando tuvieron el poder, allí donde lo tuvieron procuraron respetar las reglas del juego democrático…

De la “democracia ficción” a la partitocracia y a la plutocracia

Pero el tiempo ha ido pasando. Hoy las referencias a la “democracia” por parte tanto de la derecha como de la izquierda, son meramente emotivas y sentimentales; se conviene que la democracia es el mejor de los sistemas posibles porque garantiza las libertades políticas y sindicales, la libertad de expresión y manifestación y se consulta a la población en media docena de consultas electorales cada cuatro años… Sólo hay un problema:

- Esta “democracia” no es “la democracia”.

- Esta “democracia” es “partitocracia” (poder omnímodo de los partidos)

- Esta “democracia” es “plutocracia” (poder del dinero y de los grupos de presión económicos)

Quien se atreva a calificar este sistema de “democrático” deberá responder a algunas cuestiones:

- Para que exista democracia electoral debe existir igualdad de oportunidades. Y ésta está completamente ausente, no solamente para los partidos minoritarios, sino para los que están en la oposición. El que tiene en su mano los resortes del Estado depara trato de favor a sus amigos, les entrega medios de comunicación que se unen a los de titularidad pública. ¿Qué igualdad de oportunidades puede haber en estas condiciones?

- Para colmo, una democracia implica el voto consciente y responsable, no el voto arrojado a la urna como podría arrojarse al retrete. Sería de esperar que los “demócratas” elevaran el nivel cultural y la conciencia crítica de la población… pero no, eso podría ser perjudicial para ellos, así que prefieren la bastardización cultural de la población, abolir cualquier tendencia crítica y cualquier capacidad de análisis e igualar por lo bajo: que el voto de un premio Nóbel valga lo mismo que el de un asesino en serie.

- Para que exista democracia las instituciones deberían ser un reflejo de la sociedad: y no lo son. El país real cada vez se parece menos al país oficial. La población está vuelta de espaldas a la clase política, vota por inercia, sin interés y sin convicción. Y eso cuando vota. Así se produce un desfase entre la opinión pública y las medidas de los gobiernos.

- Para que exista democracia deberían darse dos elementos: compromiso de los partidos con los programas y consultas populares ante decisiones graves. Lo primero es pura ficción: los programas están para no ser cumplidos, tal como proclamó Tierno Galván, y el recurso al referéndum es algo que horroriza a la clase política.

- Para que exista democracia es preciso que exista división de poderes. Y esto no existe: el parlamento es la caja de resonancia del gobierno, el poder judicial es, en gran medida, un títere del gobierno y el gobierno lo es de los grupos económicos que lo han llevado hasta allí. Así pues, la división de poderes ha sido sustituida por la subordinación de todo poder al poder económico.

La ley d’Hont, la merma de las fracciones de la población que acuden a votar, el absoluto desprestigio de la totalidad de la clase política a todos los niveles y la desconfianza que suscitan en le población, las listas cerradas y bloqueadas y el hecho de que ningún partido proponga reformar el sistema electoral, son elocuentes de la situación de ficción democrática en la que vivimos. Si esto es democracia es que no hay vida antes de la muerte…

Así pues, la conclusión es que:

- a la reforma radical que será preciso abordar cuando concluya el zapaterismo, se añadirá la:

- necesidad de una profunda reforma del sistema político y de los mecanismos democráticos de representación.

O dicho de otra manera: la democracia del Siglo XXI todavía está por inventar. De lo que no cabe la menor duda es que la democracia del siglo XX, basada sobre las ideas del siglo XVIII, no va a estar en condiciones de regir a las naciones del siglo XXI.

Y nos da la impresión de que el PP tampoco va a estar en condiciones de responder a las necesidades de reforma profunda del sistema democrático. Ciertamente, nos faltan argumentos para comparar la irresponsabilidad diaria de la gestión zapaterista con lo que supuso la gestión aznarista, pero NO ALBERGAMOS LA MENOR DUDA DE QUE EL TIEMPO DE LAS SOLUCIONES HEMIPLEJICAS YA HA PASADO A LA HISTORIA.

No es que no haya una “política de izquierdas” y una “política de derechas”: es que hoy ya no tienen sentido. Se trata de sustituir el dogmatismo por la eficacia, las opciones hemipléjicas por la apertura de miras. Se trata de conjugar la gestión correcta en el día a día, de una sociedad y de un sistema mundial extremadamente complejos, con políticas redactadas con visión de Estado y de futuro.

Detrás de la era de las derechas y de las izquierdas se acerca la hora de conjugar PRAGMATISMO con PRINCIPIOS, dentro del marco de construcción de una DEMOCRACIA REAL frente al simulacro de democracia (partitocracia y plutocracia) que vivimos.

Seguramente, ZP nunca sospechó que el post-zapaterismo era una tarea titánica que precisaba mayores esfuerzos y mayores dosis de imaginación que las que puede aportar el PP. ZP es el extremo terminal de la decadencia de la idea del Estado y de la idea democrática surgida en 1979. Tras él, no solamente habrá que barrer sus disparates sino constituir un movimiento de reforma del Estado y de recuperación democrática que, necesariamente, deberá ir más allá de una mera “derecha” para transformarse en un verdadero movimiento situado más allá de las derechas y de las izquierdas.

Hay otros elementos, así mismo, no específicamente nacionales, que apuntan a la proximidad de momentos decisivos. Quizás nuestra generación tenga su ocasión de vivir una de esos “momentos inspirados de la Historia”.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

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