RSXXI. Hacia una profunda reforma constitucional (V de XV)

Publicado: Miércoles, 12 de Julio de 2006 19:49 por Ernesto Milá en NACIONAL
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Infokrisis.- En las cuatro entregas anteriores, hemos diseñado un cuadro de la España contemporánea, bastante pesimista. Esta es la España de ZP. Para concretarla, el rey de la ideología "soft" aspira a que su sistema político cristalice en una profunda reforma constitucional que deberia concretarse en su eventual segundo mandato. Cuando un mediocre intenta pasar a la historia con calzador, hasta las consecuencias mas extremas pueden preverse.

 

 

 

1.        La próxima reforma constitucional

EE.UU. tiene una Constitución de más de 200 años. La Carta Magna inglesa no se ha tocado desde fines de la Edad Media, la Constitución de la V República francesa ha superado los cuarenta años. Sin embargo, la Constitución Española parece ya vieja y desgastada y apenas cuenta con algo más de un cuarto de siglo.

En 1979 la Constitución pudo gustar o no, lo que es innegable es que fue fruto de un consenso y que ese consenso nacía de la voluntad de superar la dicotomía entre las dos Españas. Ciertamente, aquella Constitución fue excesivamente ambigua en algunos puntos, especialmente en el tratamiento de las cuestiones “regionales”. Finalmente, ha bastado la aparición de un iluminado como ZP, provisto de una ideología “soft” para que estallaran todas las contradicciones contenidas desde 1979. Hoy, más que nunca, aquellas aguas trajeron estos lodos.

El problema radica en que los esfuerzos para superar las “dos Españas” se han venido abajo en apenas dos años. Un individuo nefasto, surgido del republicanismo decimonónico de provincias, se obstina en negar la Historia y considerar actualidad política los hechos históricos de hace 70 años. Dado que la Constitución de 1979 se había realizado bajo la influencia de los “poderes fácticos franquistas” (y -justo es decirlo- de una derecha sociológica franquista que, como mínimo, suponía algo más de la mitad del país: por eso, como decíamos antes, la ruptura fue imposible), era preciso volver al punto de partida: julio de 1936.

Por eso no puede sorprender que un analfabeto político como ZP realice las más absurdas e infantiles gesticulaciones políticas para exaltar lo que desde niño le inculcaron: la pureza republicana, la maldad congénita de los franquistas y lo que oyó en su adolescencia, a saber, que la Constitución del 79 se había pactado bajo la presión del franquismo sociológico, del ejército y los poderes siniestros en los que se atrincheraba el bunker franquista… Y ahora que ha alcanzado el poder, se propone realizar un ajuste de cuentas con la Historia, bajo la forma de una profunda reforma constitucional.

De esa reforma lo primero que peligra son las dos instituciones que en la tosca mentalidad de ZP se presentan como la quintaesencia del franquismo:

- La Monarquía y

- La Iglesia

Antes ya hemos visto las medidas que apuntan contra la línea de flotación de la iglesia española, queda ahora por decir algo sobre la Monarquía.

Desde hace dos años vivimos la exaltación y el "revival" de la “República”, pero no de cualquier república, sino de la Segunda República Española, seguramente el régimen más degenerado y corrupto del siglo XX en España. Que aquel régimen tiene muy poco de ejemplar es algo que solamente parece escaparse a ZP. Que recuperar la memoria histórica puede ser contraproducente, a menos que, también aquí, se blinde al objeto rescatado: en el fondo bastaría una ley para equiparar república y libertad y considerar como un ataque a los derechos humanos fundamentales recordar las checas, Paracuellos, el desgobierno republicano y el papel golpetero de los socialistas en Asturias… Si ZP no llegará a tanto no es por falta de ganas, sino porque los primeros efectos contraproducentes de la recuperación de la memoria histórica ya se han producido: en efecto, nunca como en estos dos años se está recordando tanto y de manera tan crítica la gestión republicana.

Ahora bien, la exaltación republicana de ZP y las frases más surrealistas que ha pronunciado (“el rey es republicano”, sin ir más lejos) contemplan, en última instancia, la transformación efectiva de España de Monarquía en república. Un tránsito así permitiría a ZP pasar a la Historia de España y cerrar el ciclo iniciado con la insurrección del 18 de julio: las cosas volverían  a estar como estaban entonces. El ajuste de cuentas con la Historia se habría consumado.

Pero la reforma constitucional prevista por ZP tiene otra dimensión: el modelo de Estado. Para ZP es preciso adecuar la fórmula y la forma de la nación al período globalizador que vivimos. Inútil recordar a ZP que la globalización está en crisis. El cerebro de ZP no piensa a la misma velocidad con que se desarrollan los acontecimientos, es un cerebro ralentizado por la arenilla progresista y por sus tópicos enfermizos. Para un progre es imposible pensar que lo más progre de la época puede terminar dando marcha atrás: y la globalización lo está dando. Solo que ZP no lo percibe.

¿Cómo será el modelo de Estado que hubiera encajado con el modelo globalizador? Sencillo: el no-Estado, o si se quiere, el liberalismo absoluto allí donde el “pueblo” decida. ¿Y la “nación”? ZP ignora lo que es una nación, confunde nación, nacionalidad, región y autonomía en un todo inextricablemente confuso. Para ZP la nación se crea y se destruye por una mera votación. Si Catalunya quiere ser una nación, a pesar de que no lo haya sido nunca, basta la decisión de la tercera parte de su cuerpo electoral para crearla. Y si Andalucía se plantea serlo, no hay problema. En cuanto a si España es también una nación, lo será si lo quieren sus electores… Y si el Valle de Arán un día decidiera ser nación dentro de la nación catalana, dentro de la nación española y dentro de la nación europea, ¿por qué habría que negarse? En el fondo, dice ZP, no hay que tener miedo a las ideas nuevas…

Durante dos años ZP ha permanecido mudo ante las insistentes preguntas sobre qué modelo de Estado pretendía. Se ha atribuido este inquietante silencio a que carecía de ideas, pero es mucho más grave: su idea es que las naciones son mutables y reordenables en cortos espacios de tiempo. Una nación unitaria puede, mañana, pasar a ser una federación y, pasado, una confederación para, al otro, ser dos naciones diferentes o veintidós, ¿qué importa? Solo tienen miedo a la voluntad popular aquellos que no confían en la voluntad popular, nos suele decir…

En el reino de la ambigüedad en el que se mueve ZP, en torno suyo se despiertan todo tipo de ambiciones. La sensación que da ZP es de extrema debilidad de carácter y de ideas, pensamiento blando y pensamiento “soft”, ante el cual cualquiera puede sacar partido. Por eso, ZP es apoyado por ecolocomunistas, independentistas, nacionalistas, regionalistas, incluso por sus propios detractores socialistas… Cada uno cree que puede sacar el mejor partido de tanta debilidad.

Pero, tarde o temprano, habrá que coger el toro por los cuernos y poner un nombre y unas reglas de juego a este modelo de Estado. Si ZP sale reelegido en 2008 –y en nuestra opinión volverá a reiterar mayoría simple, ajustada, pero suficiente para gobernar- la reforma constitucional será inevitable.

ZP se sitúa en el terreno del federalismo asimétrico maragallano: España es un conjunto de nacionalidades, naciones y regiones con distintos grados de autonomía y conciencia nacional; por lo tanto, no todas pueden pesar lo mismo (federalismo asimétrico). Así pues, la futura Constitución contemplará estas asimetrías consensuándolas en la medida de lo posible.

Lo que quede de España, desde luego, ya no será una “nación” convencional y mucho menos una “monarquía”, sino algo extraño. Por lo demás, el futuro de la Monarquía está sentenciado y probablemente con la aquiescencia de la propia Casa Real. La Casa Real ya ha jugado su papel en la Historia de la España contemporánea. El momento crítico es el de la sucesión de Juan Carlos I por su hijo. No parece que éste se sienta muy motivado a “reinar” y muy bien pudiera ocurrir que se “licencie” al heredero asegurándole que ni sus propiedades ni sus rentas serán tocadas. Un tránsito, en definitiva, pacífico. Y de la misma forma que Franco realizó en 1967 una “instauración y no una restauración”, pero, a fin de cuentas, resultó ser una restauración, lo más probable es que la república de ZP asuma el nombre de la que feneció por sus propios achaques en 1936-39. Por una pirueta grotesca de la historia, nos arriesgamos a que la II República continúe setenta años después, como si tal cosa. Se agradecerían al Rey y al heredero los servicios prestados y lo más probable es que éste enviara un último mensaje a la nación recordando la obligación de todos los españoles a contribuir en la tarea de engrandecimiento de España y bla, bla, bla.

Cabe decir que las dos líneas de la reforma constitucional que ZP tiene en perspectiva para su segundo mandato son:

- Forma de Estado: que enlazará con la II República.

- Modelo Territorial: federalismo asimétrico variable a voluntad.

Junto a estas dos grandes líneas, ZP optará por incluir elementos y temas que hasta ahora ninguna constitución mundial ha osado introducir:

- Igualdad hombre-mujer en todos los terrenos, por ley y a rajatabla, sin excepciones y forzada allí donde el normal curso de las cosas no la lleve.

- Derechos de los “matrimonios” homosexuales y de las adopciones por parte de parejas homosexuales. Por extensión, derechos de los transexuales a cambiar de sexo cuando gusten.

- Reconocimiento constitucional del derecho al aborto y a la eutanasia.

- Facilidades para la concesión de la nacionalidad española a inmigrantes (futura base electoral socialista).

- Equiparación de la Iglesia Católica con cualquier otra confesión y de cualquier confesión, incluida la Iglesia, a las ONGs.

- Derechos de los animales y equiparación de los derechos de los simios superiores a los derechos humanos.

- Condena y censura constitucional a algunos momentos de nuestra Historia particularmente odiados por ZP.

- Establecimiento de España como “país de las tres culturas”, “paraíso multicultural” y “pueblo mestizo”.

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Se tiene tendencia a pensar que ZP es un accidente en la Historia de España. Y en cierto sentido lo es: está puesto ahí por quien ideó las bombas del 11-M. No tiene otros méritos más que haber permanecido sentado ante el paso de la bandera americana y haberse opuesto al envío de tropas a Irak. Las bombas del 11-M hicieron el resto, fuera quien fuera quien las puso. ZP es algo más que un accidente:

- Es la quintaesencia de la inconsciencia progresista hecha política.

- Es el límite extremo de la falta de sentido de Estado.

- Es la consecuencia de la falta de nivel cultural de la clase política.

- Es el ejemplo más pristino de político “globalizador”.

- Es el representante de una España que quiere comerse a la otra.

- Es el iluminado que aspira a pasar a la Historia de España, aunque por nuestra parte pensamos que su lugar es el estercolero de la historia.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - 12.07.06.

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