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Infokrisis.- Desde hace meses, contemplábamos ordenar nuestras ideas en forma de un documento amplio que enfatizara los temas más importantes y las derivas más comprometidas que afronta la historia de España en estos primeros años del siglo XXI. Iniciamos hoy la publicación de este estudio con el nombre de RSXXI, Revisión Siglo XXI, que constará de quince partes y nos ocupará buena parte del verano de 2006. Creemos que la situación de nuestro país en este momento es crítica y que vale la pena hacer un esfuerzo intelectual por aislar los problemas que tenemos por delante.
I. Lo que quede de España en el 2011. La Gran Mutación. (1 de 15)
Las grandes mutaciones que afectan a los pueblos, derivan de la acción de grandes líderes políticos o de dirigentes mediocres. La mediocridad de José Luis Rodríguez Zapatero es incuestionable, pero aun así, de lo que no cabe la menor duda es que cuando termine su mandato, España no será la misma que en marzo de 2004. Y mucho nos tememos que aún falta mucho para que este país lo pierda de vista.ZP: el límite inferior del régimen surgido del consenso constitucionalSe ha dicho que ZP ha roto el consenso del que surgió la Constitución de 1979. Esto es solamente cierto a medias.
ZP es más bien el límite inferior del régimen surgido entonces.Existió en aquel momento un intento de superar la dicotomía entre las “dos Españas”. Harina de otro costal es si la derecha renunciaba sinceramente al franquismo o es que advertía, muy a su pesar, la imposibilidad de hacerlo pervivir en el tiempo; y si la izquierda aceptaba de buen grado la monarquía y el consenso o es que era consciente de que carecía de fuerza social para lograr la ruptura, y de que los poderes fácticos tenían demasiado peso como para poder llegar hasta donde la Plataforma y la Junta Democrática aspiraban.En ambas partes hubo de todo: existieron franquistas que se adaptaron por afán de supervivencia y ambición, como también hubo franquistas que se convencieron de las bondades del sistema democrático; así mismo, existieron antiguos demócratas sinceros y también estalinistas o resentidos que simplemente esperaban que, con el tiempo, la situación mejorase y pudieran ajustar cuentas con el pasado. ZP pertenece a estos últimos.Con ZP, España ha vuelto al guerracivilismo de 1977: la consideración de que solamente la izquierda defendió una posición “justa”, que la única “memoria histórica” que valía la pena defender era la de la izquierda, que solamente había que recordar las fosas comunes de los fusilados por el franquismo pero pasar de soslayo las checas republicanas, las masacres en masa organizadas por estalinistas (y no solamente de católicos y derechistas, sino de anarquistas y trotskistas), los saqueos y el caos en el que anarquistas y estalinistas habían sometido a la República…
A setenta años del inicio de la Guerra Civil, la impericia, la falta de ideas y el resentimiento de sujetos como ZP, han favorecido que este pueblo mire una vez más hacia atrás y piense en términos de enfrentamiento civil. Nunca como ahora se ha hablado de la guerra civil tanto y con tanta intensidad. Cadáveres políticos y ruinas humanas como Santiago Carrillo son paseados por foros y universidades para suscitar adhesiones y condenas. Se retiran las últimas estatuas de Franco y se realizan homenajes a los abuelotes de las Brigadas Internacionales, olvidando que acudieron, no a la llamada de la libertad, sino atendiendo a las consignas del KOMINTERN, es decir, a las órdenes de Stalin. La guerra civil está hoy más viva que nunca. A partir de los años sesenta, el propio franquismo evitó legitimarse en la victoria y prefirió recurrir al referéndum de 1966. La izquierda, durante casi tres décadas, ha preferido olvidar algo de lo que no puede estar muy orgullosa. Ha hecho falta que llegara ZP, con su visión miope y unilateral de la guerra civil, para que pensemos otra vez en términos de “dos Españas”; cualquier cosa, incluso mirar hacia el pasado más triste y duro, antes que juzgar objetivamente las constantes torpezas de ZP.ZP, el resentido, ZP, el mediocre, ZP, el tonto con ideas –o sea, el peor tipo de tonto- no procede de la izquierda consciente de superar la guerra civil, sino de la izquierda resentida que aspira a romper el consenso constitucional y llegar donde no pudo llegar en 1979.
La izquierda revanchista, cuya máxima aspiración es, en ocasiones, negar la historia y en otras, dar marcha atrás a la rueda de la Historia, es la peor de todas las izquierdas: la que hoy gobierna nuestro país.
Ocho años para desmantelar un país y un régimen
Afirmar en voz bien alta que las bombas del 11-M fueron las que favorecieron el tránsito de casi un millón de votos indecisos hacia el PSOE no es –como siempre ha afirmado ZP- negarse a reconocer su victoria, sino interpretarla en la única clave posible: el error de Aznar, alineándose demasiado radicalmente con Bush, hizo que bastaran unas bombas –de las que todavía no se sabe ni quien las colocó, pero sí con qué fin: precipitar un vuelco electoral, para que el PP perdiera, no sólo la mayoría absoluta, sino el poder.
Durante los dos primeros años, los errores de ZP han sido tantos y tan continuados, la mediocridad de su equipo ministerial tan absolutamente sin precedentes en la política española, sus propuestas y medidas tan banales en ocasiones o tan estridentemente absurdas en otras, que parecía ser un presidente de transición, cuya estancia en La Moncloa se limitaría a un mandato. Error. Se olvidaba que ZP no era mejor como jefe de la oposición de lo que es ahora como jefe de gobierno.
ZP es apenas un producto de PRISA. De hecho, si PRISA desapareciera de un día para otro, ZP no encontraría voceros que apuntalaran sus posiciones. Hace falta mucho estómago para defender la gestión de ZP. Pero PRISA sigue existiendo cada vez más fuerte: ZP ha sabido pagar el favor que le hizo la SER en la mañana del 11-M afirmando media hora después del crimen que se trataba de un atentado islámico.
En el momento en que ZP advirtió que el pacto con ERC le estaba costando demasiado caro en intención de voto, simplemente arrojó a la cloaca al aliado con el que había recorrido una parte del camino. Y otro tanto hizo con Maragall. Desde entonces las encuestas no dejan de sonreírle: el “diálogo” ha sustituido al “talante”. Pero de todos los “diálogos” emprendidos, solamente uno tiene visos de avanzar: el diálogo con ETA, esto es con “Josu Ternera”, esto es, el diálogo más innecesario toda vez que la lucha contra el terrorismo estaba ganada.Pero este “diálogo” es presentado a la población como un éxito histórico de ZP. No importa que, como mínimo desde el 2002, el PSOE viniera incumpliendo el Pacto Antiterrorista y dialogando con el entorno etarra. Y este “éxito” –esta claudicación facilitada por el futuro “acuerdo de izquierdas” PSE-HB- será presentado como activo del PSOE en la campaña electoral de 2008, garantizándole la victoria. Es triste y es bochornoso pero, en el momento de escribir estas líneas, todo induce a pensar que en las elecciones del 2008, ZP se impondrá nuevamente. Por la mínima, pero se impondrá en las urnas y esta vez sin necesidad de las bombas, aunque sí gracias, nuevamente, a PRISA.En 2008 todavía no serán perceptibles los efectos más nefastos de los cuatro primeros años de gobierno de ZP. Aún no será completamente visible la vacuidad de los llamamientos al diálogo, el efecto centrifugador de los estatutos de autonomía, la ingobernabilidad del país y el marasmo económico al que nos aproximamos irremisiblemente. En otras palabras, como mínimo hasta 2011 ó 2012 éste país no va a despertar de la pesadilla que está suponiendo ZP.
El problema es que apenas seis años le habrán bastado para desmantelar un país, desarticular una sociedad y poner en la picota un régimen. ZP, autor de la Gran MutaciónA pesar de su insolente mediocridad, de su banalidad peripuesta y afectada, de su lacerante falta de ideas y ausencia absoluta de capacidad política, ZP pasará a la Historia de España como el responsable de la gran mutación que está afectando a España y de la que, todavía hoy, la inmensa mayoría de españoles no es consciente de sus dimensiones, calado y alcance.
Los frentes de crisis son seis:
1. Deshilachamiento y liquidación del Estado
2. Crisis del multiculturalismo
3. Aislamiento internacional de España
4. Crisis socio-económica
5. Crisis de todos los valores sociales
6. Profunda reforma constitucional
La colusión de estos seis frentes de conflicto es lo que, inevitablemente, generará lo que hemos dado en llamar “la Gran Mutación”.  
1.        Deshilachamiento y liquidación del Estado
La tramitación del Estatuto Catalán y todas las reformas estatutarias anunciadas, el “proceso de paz” con ETA y sus intenciones de desembocar en un pacto de gobierno PSE-HB, indican a las claras que se ha creado una red de intereses regionales a los que ZP va a deber su permanencia en La Moncloa. Esta red de intereses, compuesta por dirigentes del PSOE, dirigentes nacionalistas y dirigentes de la izquierda alternativa, han terminado por sustituir a los intereses que daban coherencia y unidad al Estado.
Pero lo más trágico es que todo este proceso ha evidenciado la falta de modelo de Estado de ZP. O lo que aún es peor: que su modelo es el no-Estado, una especie de federación de autonomías sin apenas vínculos comunes, cuando la tendencia en Europa es justamente la inversa: reforzar los poderes del Estado en detrimento de las prerrogativas autonómicas.
Cuando ZP haya concluido su tarea de liquidación del Estado se hará evidente:
a) Que las reformas estatutarias, a pesar de haberse tramitado como leyes orgánicas, suponen una necesaria reforma constitucional.
b) Que esa reforma supone la irrupción del federalismo como estructura del Estado.
c) Que sería la primera vez en la historia que un Estado unitario se desintegra para luego recomponerse en forma de federación.
d) Que las nociones políticas de ZP son primarias, y que ni siquiera es capaz de distinguir entre Estado, Nación, Nacionalidad, Región, Autonomía, Unión, Federación, etc.
A partir de 2011-2012 uno de los principales esfuerzos de los gestores del Estado va a ser recomponer lo que quede del mismo, especialmente por el peso alcanzado por los partidos nacionalistas e independentistas. Pero nunca como en esos momentos va a ser tan absolutamente prioritaria la reconstrucción del Estado-Nación dentro de una Unión Europea, constituida como “unión de Estados Nacionales”.Si en 1976 la prioridad era la descentralización del Estado, en los treinta años siguientes lo que debía ser, inicialmente, un mero proceso de optimización de los recursos del Estado y de aproximación de la administración al ciudadano, se ha convertido en el caldo de cultivo de los nacionalismos más centrífugos. Y estos nacionalismos no son más que la cristalización de las ambiciones de dirigentes políticos regionales para alcanzar un mayor control sobre los recursos económicos generados por cada autonomía.
En 2006, la descentralización del Estado ha pasado a ser el saqueo de los recursos del Estado.El hecho es que el Estatuto de Andalucía define a esta autonomía como “nación”, al igual que Catalunya. Y que si ésta “blinda” competencias y el Ebro, la autonomía aragonesa blinda su tramo del Ebro y la andaluza, el Guadalquivir. Mientras, la reforma del Estatuto Gallego ancla sus “pretensiones históricas” en los 170 años de reino suevo. Y Catalunya, que jamás conoció la independencia y ni siquiera fue una “unidad sino un conjunto de condados incluidos en la Corona de Aragón, se forja una historia para uso del nacionalismo. Este Estado, el cacareado “Estado de las Autonomías”, es ingobernable.
Un Estado como al que nos va a conducir ZP en los próximos años, es literalmente inviable. En pocos años se demostrará que la reforma del Estatuto de Catalunya generará muchos más problemas de los que resolverá. El “Estado de las Autonomías” pudo haber sido un modelo de organización del Estado a condición de que:
a) Los nacionalismos no se hubieran mostrado nuevamente insaciables y aspirasen a mayores techos de autonomía, reivindicando cualquier parcela que implicara más cuota de poder.
b) El Estado hubiera sido administrado por “estadistas” en lugar de por iluminados sin principios, capaces de entregar a los nacionalismos cualquier cuota de poder regional a cambio de que apuntalasen su poder en la administración del Estado.
c) El electorado hubiera sido consciente de lo que estaba en juego, en lugar de dejarse arrastrar constantemente por los argumentos emotivos y sentimentales de los políticos nacionalistas, tras los cuales escondían sus ambiciones de controlar las llaves de la caja fuerte.
Ninguno de estos tres elementos se ha dado. Los nacionalismos no han sido “leales” con el Estado. Han pedido siempre “más”. No ha habido verdaderos estadistas en La Moncloa, sino auténticos equilibristas y audaces funambulistas para mantenerse en el poder.
Y en cuanto al electorado, a lo largo de la transición se evidenció que los partidos se sentían más cómodos con un electorado bastardizado, ignorante, sin criterio y apático, dispuesto a dejarse manipular por la aparición de un doberman o el estallido de unas bombas.
(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - 12.07.06  

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