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Infokrisis.- El que una banda de asesinos, diezmada y desperdigada entre la cárcel, el exilio y bajo las piedras, se permita "declarar una tregua" al Estado, apenas sería un chiste si no estuviéramos en la "España de ZP". En el mundo de ZP, todo es posible, incluso renunciar al desmantelamiento de ETA y hacer todo lo posible por transformarla en un sujeto político de primera magnitud.

El test de ETA

Es evidente que ETA está realizando un test, necesario para saber hasta qué punto puede obtener beneficios en el mal llamado “proceso de paz”. Se trata de algo tan simple como ir tensando la cuerda y esperar a ver los resultados de cada movimiento. Si se envían cartas de extorsión, se trata de ver como los responsables del gobierno se deshacen en excusas intentando justificar lo injustificables; si se quema una ferretería, se trata de no expresar la solidaridad con el concejal de UPN y elogiar los desvelos de Otegui; si arde una oficina de seguros en solidaridad con un extorsionador que vendía “bonos de ETA”, hay que oír las explicaciones oficiales que vuelven a exculpar a ETA y a su galaxia de toda responsabilidad en el delito…

Lo que para el gobierno es la “comprobación del alto el fuego”, para ETA se trata también de comprobar hasta qué punto el gobierno ZP está dispuesto a bajarse los pantalones para obtener el éxito definitivo susceptible de llevarle a la mayoría absoluta en las elecciones generales de 2008. Y la comprobación, por el momento, está resultando muy alentadora para ETA. El gobierno está dispuesto a ceder lo indecible por obtener un titular: “Paz en el País Vasco” que podría eclipsar a cualquier otro subtítulo: “Los presos de ETA en libertad”, “Navarra en vías de unificarse definitivamente con Euzkadi”, “Referéndum por la autodeterminación en tres años”, etc.

El gobierno del caos

Andalucía una nación, Aragón camina hacia un nuevo estatuto (veremos como se conjugan los intereses aragoneses sobre el Ebro, con los catalanes, los riojanos y los cántabros), el estatuto valenciano con la “cláusula Camps”, reivindica aquello que otras autonomías puedan obtener en el futuro, Galicia recordando a los suevos, Catalunya con un Estatuto ambiguo que ganará en concreción cuando los nacionalistas lo desarrollen, ¿para cuándo Madrid-Nación?

A nadie se le escapa que un país dividido en 17 cantones es ingobernable. Personalmente vivo en la Comunidad Valenciana, a 15 kilómetros de la “frontera” con la Comunidad Murciana y a 6 kilómetros de distancia de la “frontera” con Castilla-La Mancha. Diez minutos en coche me llevan a tres realidades completamente diferentes. Sé que he atravesado una “frontera”, no por el cartel que la anuncia, sino por el estado de las carreteras. Cada “autonomía” lleva a cabo diferentes proyectos viales, sin contar con las autonomías colindantes, así puede darse el caso de que una autonomía desarrolle una carretera extraordinariamente avanzada que, llegada a la “frontera” de su comunidad, se convierta en casi un camino vecinal, porque la otra autonomía ha juzgado que las inversiones era más importantes en otros puntos.

De hecho, el gobierno ha sido víctima de su propia centrifugación nacional cuando ha aprobado una ley antitabaco que solamente conserva su espíritu restrictivo en las autonomías gobernadas por el PSOE, pero que ha sido completamente desnaturalizada en las gobernadas por el PP. En cuanto al tema de las carreteras, vale la pena detenerse un momento.

La siniestralidad española es líder en Europa. Vale la pena preguntarse el porqué. Ni la mayoría de los conductores españoles somos más suicidas que los europeos, ni los vehículos españoles son de peor calidad que los que circulan por Europa. Las reiteradas campañas de sensibilización de la opinión pública sobre la seguridad vial, ni las mejoras en la seguridad y estabilidad de los vehículos, traer una disminución de los accidentes y las víctimas. Y esto se debe a que el gobierno ZP (como antes los que le han precedido) han depositado todas las esperanzas de lograr una disminución en aquellos factores de menos incidencia.

Porque la siniestralidad de nuestro país se debe a dos factores fundamentales: el mal estado de las carreteras y la benevolencia con la que el poder mira los hábitos que ha asumido nuestra juventud, estadísticamente primer grupo social responsable de los accidentes. El primer factor es decisivo: existen en España 60 “puntos negros”, esto es, tramos de carreteras que, por lo que sea, o han sido mal trazados y son peligrosos, o se encuentran extremadamente deteriorados. Este problema solamente se resuelve mediante una inversión en infraestructuras de comunicación terrestres. Pero, para eliminar esos puntos, sería preciso que existiera un poder central que planificara el trazado, la reforma y la mejora de las vías con “puntos negros”, en lugar de dejarlo al albur de las comunidades autónomas. El segundo factor es todavía más grave: si toda la campaña contra el tabaco se hubiera dedicado a atenuar los efectos secundarios del botellón o del consumo de drogas, probablemente la siniestralidad entre los jóvenes habría descendido. Por que la siniestralidad esté íntimamente unida al alcohol y a las drogas.

Para el gobierno ZP resulta muy progre apuntar contra los fumadores, mientras que el consumo de drogas es visto con absoluta laxitud y el botellón es considerado como un derecho de los jóvenes. Mientras que la juventud francesa es capaz de salir a la calle un día y otro en defensa de sus derechos, la juventud española demuestra su alejamiento de la “res publica” a través del botellón. Es evidente que ZP no es el único culpable de esta situación. A todos los gobiernos les ha venido mejor una juventud tirada en los parques públicos, más colgada que una farola, que una juventud en pie en las barricadas. Los colgados de hoy son los mansos de mañana.

Hemos sacado a colación estos dos fenómenos –mal estado de las carreteras y siniestralidad a causa de uso y abuso de alcohol y drogas- simplemente como muestras del gigantesco caos en el que está inmerso nuestro país. El drama de nuestro tiempo consiste en que los políticos oportunistas, cobardes y sin escrúpulos como ZP, no tienen el menor interés en solucionar los problemas de la comunidad. Su interés prioritario se centra en lograr una “buena imagen” ante el electorado. Ellos mismos, utilizando los medios de comunicación, son capaces de crear los problemas adecuados y aportar las soluciones a los problemas que ellos mismos han “revelado”.

Por algún motivo el gobierno ZP ha decidido que el tema del tabaco o el de los simios es importantísimo, pero no así el del botellón o el del aumento asindótico de cánceres en algunas zonas de Andalucía; por algún motivo el gobierno ha decidido –seguramente a causa de las quejas de las aseguradoras- que la siniestralidad vial es gravísima –lo es- pero ha sentenciado que la culpa es de la falta de atención del conductor (que si utiliza móvil, que si oye la radio, que si fuma dentro del coche, que si no lleva cinturón, etc.). Las grandes soluciones consisten en hacer la vida imposible al fumador, reconocer los derechos humanos de los simios (¡) o, simplemente reclamar responsabilidad del conductor. Cuando las verdaderas soluciones están en otro lugar, acaso porque esos no son los problemas vitales de nuestra comunidad, y apenas son otra cosa que iniciativas “fáciles” mediante las cuales el gobierno buscar darse lustre… Como en la cuestión de los matrimonios gays, la financiación de las operaciones de cambio de sexo, la ley de violencia doméstica (que no ha detenido la violencia doméstica porque ha ignorado cuál es el único elemento nuevo que ha disparado este conflicto: la inmigración) y así sucesivamente.

Estas medidas innecesarias, aplicadas a problemas menores, es lo único que el gobierno ZP puede presentar en su activo en dos años de gobierno y tienen efectos electorales, acumulativos, pero limitados. Por eso, la cuestión del desmantelamiento de ETA es básico para asegurar el triunfo de ZP.

ZP rehén de ETA

El gran drama de la nueva situación es que, por primera vez en la historia de España, un presidente del gobierno, se ha puesto en manos de ETA. ZP, en sus dos primeros años de gobierno se puso en manos de ERC. Algunos pensaban que era imposible que se cayera más bajo. ZP ha demostrado que lo imposible es para él, algo habitual; porque ZP hoy es un rehén de ETA.

ETA sabe que ZP saldrá reelegido si acaba la violencia en el País Vasco. Tanto él como sus acólitos han ido tan lejos en sus declaraciones (López el secretario general de los despistados socialistas vascos ve como posible un acuerdo de gobierno con HB, las mujeres del PSV firman documentos en los que venían trabajando desde hace dos años –incumpliendo el Pacto Antiterrorista y por las Libertades- con las mujeres de HB), que el mantenimiento de las hostilidades por parte de ETA iba a suponer para el gobierno una losa tan pesada que, muy probablemente, sentenciaría el final político de ZP.

ZP y los suyos no quieren hundirse políticamente. Prefieren que todo se hunda en torno suyo antes que reconocer que su política antiterrorista es errórea, que su política de vertebración nacional es suicida y que la gestión de los asuntos que importan, no a minorías, sino a las amplias mayorías del país, da, por el momento un balance tan absolutamente miserable como ningún otro gobierno de la democracia. El manual del político socialista dice que jamás hay que reconocer los propios errores, que cualquier disfunción del gobierno debe atribuirse a la oposición y que cada palabra debe ser dicha para seducir a una parte del electorado.

Seducir quiere decir, en política, engañar con una fascinación que impida ver la realidad. ZP es un gran seductor –especialmente para aquellos cuyo cerebro tiene la complejidad del mecanismo de un botijo-, mucho más que un político, y un hacedor de espejismos, antes que un conductor de la realidad. ZP es el producto de la educación de la transición: un progre inconsciente e inconsistente, preocupado sólo por su imagen, carente de visión histórica, de sentido del Estado y de proyección política. Es como una mierda, pero sin el como.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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