Cómo se ha llegado a dónde estamos en materia estatutaria

Publicado: Miércoles, 25 de Enero de 2006 12:47 por Ernesto Milá en NACIONAL
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Infokrisis.- Llevamos 20 meses hablando de “nou Estatut”. Cada dos meses, la situación ha ido cambiando. Los giros copernicanos se han sucedido por una y otra parte. Ahora, cuando ya nos encontramos en la recta final del Estatut, vale la pena repasar las distintas fases de este conflicto y, así mismo, las consecuencias que va a tener el nou Estatut tal como saldrá del Parlamento Español.


El aislamiento del PP como exigencia del tripartito

El “Pacto del Tinell”, que daba carta de naturaleza al tripartito catalán, establecía como primer punto de compromiso, el aislamiento del PP, tanto en Catalunya como en el reto de España. Era, evidentemente, una imposición de ERC, dado que consideraba que el principal enemigo del proyecto de “nou Estatu”, iba a ser el PP.

Con el paso de los meses, esa estrategia pareció equivocada. Rajoy llegó a decir en un momento de euforia: “Estamos solos, si solos, con parte del PSOE apoyándonos”. Era una percepción errónea que se ha puesto dramáticamente de manifiesto en el momento en que CiU –verdadero artífice de los que ha quedado de “nou Estatut”- ha sellado el pacto autonómico con el PSOE.

El PP, cometió el error de creer en la palabra de Zapatero. Cuando, poco antes de concluir las deliberaciones en el Parlament de Catalunya que llevaron al cierre de un texto estatutario de máximos, ZP había dicho que aceptaría cualquier documento que surgiera del Parlament de Catalunya. Evidentemente, mintió, exageró o simplemente dijo algo imposible de cumplir. A partir de ahí, el PP abordó una estrategia equivocada que ha sufrido distintas alteraciones hasta llegar a la crisis estallada entre Acebes y Piqué.

Las variaciones del PP

La actitud del PP ha atravesado distintas etapas en relación al Estatut. La primera ha sido enrocarse en la inconstitucionalidad del texto que iba escupiendo el Parlament de Catalunya. Esto implicaba que, si el texto salía adelante, el PP se limitaría a presentar demanda de inconstitucionalidad una vez aprobado el Estatut en el Parlamento, como ley orgánica.

Esta posición tenía un problema: escoraba al PP hacia la derecha con excesiva claridad. Mientras ZP intentaba que su credibilidad se basara en una moderación que era solamente falta de carácter, el PP aparecía ante la opinión pública como un partido radical, crispador y obsesionado. Por lo demás, no resolvía la cuestión de la actitud del PP en el parlamento cuando el texto se presentara a debate. En esa primera etapa, daba la impresión de que el PP iba a estar ausente de la discusión y se limitaría a la citada demanda de inconstitucionalidad.

Pero el grado máximo de intención de voto que alcanzó Rajoy fue cuando, bruscamente, a última hora, presentó cientos de enmiendas al proyecto, evidenciando que estaría presente, artículo por artículo, en la discusión parlamentaria. Esto permitía que el PP, pudiera afirmar ante la totalidad del país, sus posiciones y demostrar que el texto era anticonstitucional, artículo por artículo.

Esta actitud irritó ampliamente a CiU y a ERC, no digamos al PSOE, y no albergamos la menor duda de que ha sido la razón por la que CiU ha modificado ampliamente sus posiciones iniciales, y aceptado recortes al texto del Estatut ante la imposibilidad de defenderlo soportando el fuego parlamentario del PP, artículo por artículo.

Pero ocurrió lo que se podía esperar: el tripartito más CiU, presentó un Estatut de máximos, impulsado, con entusiasmo, por ERC, con satisfacción por CiU y por compromiso con el PSC. El texto del Estatut, evidentemente, tal como salió del Parlament, no podía pasar el trámite parlamentario ni evitar caer en flagrantes inconstitucionalidades. Era evidente que se iba a producir una modificación del texto en la negociación previa a su entrada en el Parlamento Español. El PP nunca creyó que esta modificación fuera sustancial. Pero lo fue.

La experiencia histórica de CiU

La jugada maestra correspondió a CiU. Sabiendo que la opinión pública española castigaba al PSOE por su encame con ERC, se presentó como representante del “seny” catalán y de la moderación. A pesar de que haya sido ahora cuando al PSOE le quede solamente exteriorizar la ruptura con ERC, los socialistas habían decidido en noviembre este giro copernicano.

Cuando CiU, asumiendo posiciones radicales en Catalunya, retrasó la firma del pacto hasta la negociación bilateral entre ZP y Mas, de lo que hablaron no fue solo del Estatut, sino del apoyo a un Estatut rebajado por parte de ZP, a cambio del apoyo parlamentario de CiU al gobierno. Y ambos comprobaron que era la mejor solución: situar de nuevo a CiU en la clave de la gobernabilidad del Estado, a cambio de alejar la fetidez contagiosa de ERC.

CiU no es un partido radical, ni sus bases asumirían radicalismo alguno. La burguesía catalana huye de cualquier radicalismo que no beneficie a sus negocios. La burguesía catalana sabe perfectamente que el 70% del comercio catalán se realiza con el resto de España, así que Catalunya no puede prescindir ni oponerse a lo que es su mercado preferencial.

CiU se radicalizó en la etapa de negociación en el Parlament. Fue mucho más allá de ERC. Pero luego, en España, frenó y dio marcha atrás, asumiendo una moderación que evidenciaba la debilidad de ERC.

En esta situación, el PP ha quedado desorientado y rebasado. Las ganancias adquiridas en el último año, se han desmoronado en apenas 24 horas, de la noche del domingo a la noche del lunes pasado. Y le va a costar remontar la situación de desorientación en la que se ha encontrado. La propuesta del PP se convocar una referéndum sobre el Estatut en toda España tiene una difícil, sino imposible, desembocadura. Y, por lo demás, el Estatut que, finalmente, se aprobará tendrá poco que ver con el que salió del Parlament de Catalunya.

¿Y Maragall? ¿y el tripartito?

El misterio es lo que ocurrirá a partir de ahora en Catalunya. Por el momento, el tripartito está muerto y enterrado. Sólo falta que el facultitativo extienda la partida de defunción. De hecho, Artur Mas ya ha proclamado que si ERC no está de acuerdo con el texto pactado, que rompa el tripartito y se convoquen elecciones anticipadas. Carod-Rovira, en este momento, está en el basurero de la historia. Veremos si es capaz de salir de allí.

La única carta a la que puede jugar ERC es la de proclamar la traición de ZP y Mas a las decisiones del pueblo catalán expresadas en el texto que salió del Parlament de Catalunya. Una argumentación de este tipo puede ser creíble para el electorado catalán, a condición de que lo haga sin estridencias. No creemos que Carod, Puigcercós, Ridao o Benach, habituados al verbalismo radical y engordados por dos años de protagonismo, sean capaces de mostrar moderación.

La otra posibilidad de que ERC avance sus posiciones es, añadiendo a la argumentación anterior, a elementos nacionalistas del PSC, incluido el propio Maragall. El actual presidente ha sido dejado en la estacada por ZP, ha sido excluido de las negociaciones sobre el Estatut y, a causa de sus intemperancias, es evidente que no va a repetir como candidato del PSC. Es fácil pensar que ERC intentará atraer a Maragall, a sectores de su partido y a franjas de electores del PSC, hacia su órbita.

Lo previsible es que CiU regrese al Palau de la plaza de Sant Jaume y la duda estriba en si Durán i Lleida recibirá un ministerio en el gobierno socialista en los próximos meses. Por que, si ZP quiere remontar encuestas, deberá dar un golpe de timón en el interior de su gabinete y remodelar algunos ministerios. La presencia de Durán en el gobierno no sería mal considerada por la opinión pública. En el fondo, Durán ha sido la persona que más veces ha sido “ministrable” en España: con Felipe González, con Aznar, con ZP...

¿Qué traerá el nuevo Estatut?

El proyecto surgido del parlament de Catalunya era un proyecto independentista sin más. El proyecto pasteleado en la oscuridad con Mas y ZP será nacionalista. Algo más nacionalista que el Estatut anterior. Es la vieja táctica de avanzar peldaño a peldaño y pasito a pasito, que los radicales, en su ingenuidad, jamás podrán entender. O dicho de otra manera: es la teoría del salchichón. Ya que no nos podemos comer un salchichón de golpe, es preciso comérselo rodaja a rodaja, esto es, paso a paso. ERC quería comerse lo que quedaba del salchichón, de un solo golpe. CiU era consciente de que la totalidad del salchichón –la independencia- era insostenible y que, a lo más que podía aspirarse, era a avanzar lo máximo posible y esperar dentro de 25 años, avanzar otro poquito.

Lo que si se ha mantenido –seguramente para desarmar a ERC- han sido los elementos básicos “sentimentales” de la ideología nacionalista: la declaración de Catalunya como “Nación” en el preámbulo del Estatut y todo lo relativo a la lengua catalana, como única lengua oficial y obligatoria. Naturalmente, el texto final dejará suficiente ambigüedad como para que se suceda una nueva ráfaga de conflictos lingüísticos. Y en cuanto a la referencia a la nación, es evidente que permitirá que partidos independentistas, aumenten su presión y pasen a considerar a Catalunya como “nación sin Estado”. Estos elementos harán que la “cuestión catalana” siga vigente en los próximos 25 años.

Pero a CiU lo que le interesa especialmente es poder disponer de más fondos en la caja. En este sentido han pasado del 35% al 50% de propiedad de los impuestos recaudados en Catalunya. Es decir, han mejorado la caja. Pero esta reforma se producirá en toda España. La diferencia estriba en lo que se llevará Catalunya en los próximos siete años, en concepto de compensación, para la creación de infraestructuras. Esa cantidad es lo que Carod ha llamado despreciativamente “unos reales”. Pero, incluso en esta materia, se ha dado marcha atrás. No habrá una Agencia Tributaria Catalana.

Si es cierto que el Estatut ha rebajado extraordinariamente sus perspectivas iniciales, que, salvo en la cuestión lingüística y en el tema “nación”, en el resto no parece que vayan a existir motivos de inconstitucionalidad y que, finalmente, todo ha sido una estrategia de CiU en la que ERC ha caído: alumbrar un Estatut de máximos, para luego rebajar sustancialmente el techo y dejar que ERC quede como los extremistas radicales de siempre, apeándolos del gobierno catalán y de lo que durante 20 meses ha sido su privilegiada situación en la política española.

De todas formas, el problema no estará cerrado. Lo que CiU ha cortado era solo una rodaja del salchichón que le permitirá seguir avanzando hacia el control total de la caja, en los próximos 25 años. En la próxima negociación del Estatut del 2030, CiU intentará subir la recaudación de impuestos del 50 al 75% y esta vez si insistirá en la creación de una Agencia Tributaria “nacional”. ERC, por su parte, tendrá las manos más libres para presentar a Catalunya como “nación oprimida”, porque, a fin de cuentas, será una “nación” no independiente...

El Estatut del 80 y la Constitución del 79, con sus ambigüedades y sus malentendidos deliberados, se convirtieron en los años siguientes, en una fuente de tensiones. El nou Estatut no va a ser menos. Primero se abandonó la idea de “unidad de España”, para aludirse a “España como nación compuesta por nacionalidades y regiones”, más tarde, la “nacionalidad” pasó a ser “nacionalidad histórica” y, al parecer la “historia”, empezaba solo en la II República. Luego se confundió deliberadamente “nacionalidad” con “nación”. A continuación, amparados en esta confusión, las “nacionalidades históricas” se convirtieron por arte de la ignorancia semántica, en “nación”. Mañana, las “naciones” harán de la reivindicación de la independencia el eje de su actividad.

Mal asunto. Veremos si el pueblo español logra entender este proceso. Hasta ahora se ha dejado confundir, aburrir y engañar por políticos más partidarios de negociar en la oscuridad de conventículos situados de espaldas a la opinión pública. Veremos también si el PP muestra una agilidad suficiente como para entender y explicar con claridad este proceso.

Porque, si no logra comunicar con la opinión pública, vamos a tener ZP durante otra legislatura, apoyado esta vez por CiU y sin el desgaste que implicaba el lastre de ERC.

Al PP catalán le va a tocar desempeñar un papel fundamental en esta tarea. Las tensiones internas entre Acebes y Pique son significativas. Piqué –originario del PSUC- representa el “centrismo” en el seno del PP, pero hace falta saber si ese centrismo reporta votos en Catalunya. Piqué hoy y otros muchos dirigentes del PP ayer, se equivocan al disputar a CiU la misma clientela electoral: la burguesía catalana, en su intento de reconstruir la Lliga de Cambó en el siglo XXI. El día que el PP caiga en la cuenta de que su electorado potencial son los castellanoparlantes residentes en el cinturón industrial de Barcelona, quizás logre arrancar y alcanzar niveles que lo hagan decisivo en la política regional.

© Ernesto Milà - Infokrisis – infokrisis@yahoo.es


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