Crevillente saqueado por magrebíes. Análisis de una crisis local

Publicado: Domingo, 13 de Noviembre de 2005 16:45 por en INMIGRACION
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Redacción.- En 2003-2004 vivimos en Crevillente, justo delante del cuartel de la Guardia Civil. Elegimos esa vivienda para evitar ser víctimas de la inseguridad ciudadana generada por el colectivo marroquí allí residente. Para un observador avisado, era evidente en 2002 que los magrebíes de Crevillente estaban creando problemas insoportables a la población. Ni el ayuntamiento de la localidad, ni la delegación del gobierno (cuando gobernaba el PP y hoy cuando gobierna el PSOE) hicieron absolutamente nada para cortar esta oleada de delincuencia. Crevillente es, sin duda, una de las zonas más conflictivas de nuestro país. Lo que está ocurriendo en Francia no tardará el ocurrir en esta ciudad del Vinalopó. Esta es la situación.
 
Algunos datos sobre la ciudad
 
Crevillente es una ciudad de casi 25.000 habitantes situada en el interior de la provincia de Alicante, a 32 kilómetros de la capital y perteneciente a la comarde del Baix Vinalopò. La mayor parte de la población habla valenciano, si bien no existe ningún tipo de conflictividad lingüística a causa de la tolerancia y liberalidad de sus habitantes.
 
La villa de Crevillente se halla emplazada al pie de la sierra del mismo nombre, la cual separa los Hondones y el Valle Medio del Vinalopó al Norte, de la Cuenca del Segura y la llanura litoral al Sur. El casco urbano presenta unas características muy singulares, como son la compleja y desordenada trama urbana de tipo islámico de su núcleo antiguo y sus barrios de cuevas vivienda, el tipo de vivienda más original de estas comarcas, excavadas en las laderas de los cerros colindantes a la sierra. La principal actividad, base de su economía, es la industria de la alfombra, cuyo antecedente se remonta a la Edad Media y está en la tradición de la manufactura del esparto y del junco. En el terreno cultural destacan las manifestaciones musicales, principalmente los cantos corales, y sus museos, así como su Semana Santa declarada de Interés Turístico Nacional y sus Fiestas de Moros y Cristianos.
 
Crevillent tiene una característica que hace que la conflictividad generada por la inmigración sea más acusada. En efecto, se trata de una población extremadamente dispersa en urbanizaciones y casas construidas sin ningún control, en las zonas rurales que rodean a la ciudad. Casi la mitad de los habitantes de Crevillente viven fuera del perímetro urbano (en torno a 10.000). Esas zonas suelen ser objeto de exacciones, robos y saqueos por parte de grupos de delincuentes, especialmente magrebíes, que viven en el núcleo urbano de la ciudad. Es en este núcleo, concretamente en el barrio de San Vicente Ferrer, en donde un 25% de la población es de origen magrebí. No se disponen de cifras exactas, pero la inmigración magrebí en Crevillent, puede oscilar entre 5 y 7.000 individuos. Es este colectivo el que se ha convertido en una fuente de conflictos y tensiones insalvables.
 
La Asociación Unificada de Guardias Civiles de Alicante (AUGC) ha denunciado las carencias de personal de la Institución Armada en Crevillent, concretando que se ha llegado al extremo de que algunas veces no se han podido montar patrullas de prevención de la delincuencia. La AUGC exige más plantilla y lamenta que para una población de más de 26.000 habitantes haya sólo 22 agentes. Además, asegura que Crevillent sufre una tasa de 54,23 delitos por cada mil habitantes y un incremento delictivo durante 2003 del cien por cien con respecto a 2000, aumentando los delitos contra el patrimonio más de un cien por cien, contra las personas más de un 80% y las falsedades documentales más de 133%. Además, la AUGC advierte que «esta población tiene una peculiar problemática surgida a raíz del incremento paulatino de una población flotante, no censada y de origen magrebí, que pudiera oscilar en torno a 5.000 personas, directamente relacionadas con la mayor parte de las actuaciones policiales».
 
La llegada masiva de inmigrantes ilegales
 
En 1990 llegaron los primeros marroquíes a Crevillente. Eran comerciantes, casi todos marroquíes e instalaron los primeros comercios regentados por ellos. Esta llegada se vió beneficiada por la crisis del sector textil y de la alfombra. Los magrebíes, ubicaron los comercios en la avenida principal de la ciudad, la de San Vicente Ferrer, gracias a que muchos crevillentinos deseaban alquilar locales y apartamentos para salir de la crisis. En pocos meses, los comercios y establecimientos regentados por inmigrantes se convirtieron en el gran almacén de la comunidad norteafricana de la provincia, cuyos componentes acuden a abastecerse. El establecimiento de muchos inmigrantes salvó de la crisis a muchos.
 
Los vecinos de Crevillent critican la falta de integración de esta comunidad. El hacinamiento de personas en apartamentos, la falta de respeto a las formas de vida españolas y ataques verbales a las chicas de la ciudad son las principales quejas. Son muchos los crevillentinos que aseguran que vendieron sus viviendas y se trasladaron a otros barrios por "ruidos, molestias y problemas con vecinos moros".
 
Los primeros magrebíes llegados abrieron la puerta a otros y, hacia 1999-2000, cuando se aprobó la nueva Ley de Inmigración patrocinada por el PSOE y todos los grupos políticos, salvo el PP, se produjo un espectacular “efecto llamada”. Poco después, en la misma avenida de San Vicente Ferrer, se instalaba la mezquita de la ciudad y, junto a ella, una curiosa tienda de moda islámica en donde, tanto varones como mujeres magrebíes pueden comprar chilabas de fantasía, moda 1001 noches… A decir verdad, el colectivo magrebí de Crevillente no ha sido una excepción a los demás colectivos presentes en toda Europa: en efecto, no ha hecho ni un solo esfuerzo por integrarse. Todo lo contrario.
 
Por eso llama la atención la ceguera –sino el etnomasoquismo- del concejal de Esquerra Unida (EU), Ignacio Candela, portavoz de su grupo y del PSPV en asuntos de inmigración, quien aseguró que todo el problema radica en que el ayuntamiento no ha impulsado suficientemente integrar a los magrebíes "sin medidas represivas, para permitir a los colectivos interesados implicarse en la vida social de Crevillent e integrarse en la sociedad". EU y PSPV rechazan el binomio que el PP establece de "inmigración igual a delincuencia". Pero el problema radica en que ni el PP ha hecho nada por cortar esa situación en Crevillente, donde gobierna, ni a EU-PSPV le ha importado otra cosa que no fueran los derechos de los magrebíes, por encima de la seguridad ciudadana. A decir verdad, la situación de la corporación crevillentina es vergonzosa y el silencio de todos los partidos, hasta que la población ha estallado, ha sido cómplice. En Crevillente, como en otros ciudades de la zona, los ayuntamientos parecen estar mucho más interesados en la recalificación del suelo que en cualquier otra tarea. Bochornoso.
 
Pero el terreno que los partidos han abandonado y del que han desertado, ha sido ocupado por un amplio movimiento ciudadano de masas.
 
Cuando la delincuencia es dueña de Crevillente
 
El 4 de noviembre de 2005, fueron detenidos 20 magrebíes por el robo y desguace de decenas de coches de lujo.  04 noviembre. Eran los mismos que un año antes ya habían resultado detenidos por su presunta implicación en el robo, desguace y posterior venta de un sinfín de coches de lujo. Después de quedar en libertad por orden judicial, unas pocas semanas les bastaron para reorganizarse y retomar su actividad en Crevillent, según se desprende de las actuales investigaciones. El Cuerpo Nacional de Los detenidos habían formado una gran red de contrabando de vehículos de alta gama sustraídos en la provincia. La intervención se produjo en el mismo desguace que a finales de noviembre del 2003 se apresó a una decena de sospechosos. La red delictiva marroquí sacaba del país la mercancía oculta en contenedores que, por vía marítima, eran enviados al Magreb. Mecánicos pertenecientes a la organización se ocupaban de volver a montar los modelos para su venta en el mercado negro. Los ladrones buscaban, sobre todo, coches de la marca Mercedes, junto con Audi y BMW.
 
Esta reiteración en la delincuencia no era única en el Crevillente invadido por la delincuencia. El 27 de septiembre de 2005, fue puesto en libertad el único detenido por un alijo de hachís que había resultado detenido… el día anterior. La decisión de los jueces de dejar en libertad al único detenido por la Policía Municipal y la Guardia Civil, en relación con la incautación de un alijo de hachís de casi 3.000 kilos en un chalet de la partida del Boch de Crevillent, ha causado sorpresa y desmoralización en el Ayuntamiento de la localidad. Hay magrebíes que han sido detenidos en 17 ocasiones y ni se les ha enviado a su país de origen ni se les ha encerrado entre rejas.
 
En julio de 2005, había resultado detenido un magrebí acusado del incendio de 18 coches. Ese mismo magrebí, había sido detenido un año antes y puesto en libertad tras destrozar otros 30 vehículos. Como vemos, también en España la quema del vehículo es una práctica habitual de magrebíes inadaptados.
 
Pero, además de la delincuencia propiamente dicha, Crevillente es objeto de todo tipo de molestias causadas por la apertura salvaje de locales de diversión –habitualmente propiedad de magrebíes- sin ningún tipo de licencia. El 22 de junio de 2005, el ayuntamiento se atrevió a reaccionar tímidamente precintando algunos de estos establecimientos (bares y locutorios, fundamentalmente) hasta que se tenga la preceptiva licencia de apertura. Esta actuación formaba parte de los compromisos adquiridos en la Junta Local de Seguridad de Crevillent en la que se propusieron más medidas para paliar la problemática de inseguridad en la zona de San Vicente de Ferrer.
 
Desde 2002 había algunos barrios de Crevillente en donde no era recomendable entrar, salvo que uno quisiera correr el riesgo de ser robado, saqueado o amenazado. Eran los barrios magrebíes. Pero no ha sido sino hasta 2005 cuando se ha sabido que un vecino ha estado grabando sistemáticamente a los delincuentes magrebíes, realizando sus trapicheos.
 
La sorprendente historia de Pedro Miñano
 
Un vecino de la calle Castellón de Crevillente, Pedro Miñano, estuvo grabando con su cámara doméstica imágenes de peleas, tráfico de drogas y otros delitos, durante 18 meses. Siempre los protagonistas de estas grabaciones eran magrebíes y siempre, Miñano consignó estas grabaciones en el Juzgado y en la Guardia Civil para avalar las denuncias que presentó. Pronto los magrebíes advirtieron que estaban siendo grabados, así que optaron por reiterar sus amenazas contra Pedro Miñano. El agosto de 2005, la prensa se enteró de las grabaciones de Miñano. Éste había optado por enciar las cintas certificadas y con acuse de recibo a la Delegación del Gobierno, principal responsable de la dejadez con la que es tomada la situación en Crevillente. Al aparecer en los medios, Miñano volvió a recibir amenazas de muerte por parte de los mismos inmigrantes magrebíes, que viven en la calle Castellón, que ya lo habían amenazado en anteriores ocasiones.
Los hechos sucedieron pasadas las cinco y media de la tarde. Pedro Miñano se encontraba grabando unas imágenes de la calle cuando los magrebíes comenzaron a amenazarlo de muerte una vez más. Miñano indicó que «había registrado las imágenes de unas personas que pasaban género de un coche de color blanco a otro vehículo», aunque fuentes de la investigación reconocieron que «en el vídeo no se reconocía la mercancía que estaban pasando». Eran, naturalmente, magrebíes. Agentes de la Policía Local de Crevillent se desplazaron hasta el lugar de los hechos, donde visionaron las imágenes tomadas por Pedro Miñano e identificaron la matrícula del vehículo que aparecía en el vídeo.

Entrevistado por un periodista, Miñano indicó: “Todos los días me amenazan, han tirado piedras a mi balcón, pero me da igual. Yo no puedo estar con los brazos cruzados viendo como las autoridades permiten que este pueblo se esté convirtiendo en lugar de paso de delincuentes”. Y a la pregunta de su se sentí desamparado por el gobierno municipal, contestó: “Sí, sin duda. Otros vecinos y yo hemos mantenido numerosas reuniones con el primer teniente de Alcalde, ya que el señor Asencio, nunca hasta el domingo ha querido hablar con nosotros. Siempre nos hemos ido con las manos vacías de estos encuentros. Nos han prometido muchas cosas pero casi nunca cumplen nada y, cuando lo hacen, resulta insuficiente. Nos parece bien que haya una patrulla de policía que pasea por la avenida San Vicente Ferrer, pero necesitamos más. La situación de inseguridad es casi insostenible. Necesitamos soluciones, y las necesitamos ya”. Algunos “bienpensantes” le han acusado de racismo, Miñano dice al respecto: “Muchos inmigrantes le empiezan a acusar de ser racista y de englobar a todo el sector magrebí dentro de la delincuencia, ¿teme que estos comentarios puedan restar credibilidad a su trabajo?
No, porque no es cierto. Yo no estoy en contra de los inmigrantes, sino de la delincuencia que se está concentrando en Crevillent. el domingo, tras la agresión que sufrí pude ver como parte de Crevillent me seguía a la Guardia Civil para poner la denuncia número 71. Me sentí en una nube, por fin la gente perdía el miedo a manifestarse”.
 
En poco tiempo, Miñano se convirtió en el exponente  más conocido de un fuerte movimiento vecinal que se sontió con fuera para convocar una asamblea de vecinos el 20 de octubre de 2005 en la Cooperativa Eléctrica. El propio Miñano explicó: “Queremos invitar a todos los vecinos a que acudan, ya que, es necesario estar juntos y ejercer presión. Hace unos meses recogimos firmas, en total conseguimos más de 10.000. Pedimos, en su momento, que la gente las enviara a un apartado de correos para reunirlas todas y presentar una denuncia conjunta en el Ayuntamiento. Extrañamente Correos perdió todas las firmas y no pudimos llevar a cabo la denuncia”.

La protesta vecinal en Crevillente
 
El 17 de octubre, la indignación y la rabia contenida fue el detonante que originó el domingo por la noche una situación que, según los vecinos, viene anunciándose desde hace mucho tiempo. Crevillent mostró su cara más amarga, el rostro unánime de más de dos mil personas que, a una sola voz, exigieron a las autoridades simple y llanamente «seguridad». Sobre las ocho y de forma totalmente espontánea cerca de 200 crevillentinos decidieron acompañar a Pedro Miñano que acababa de recibir amenazas por parte de un grupo de magrebíes en la puerta de su casa. A paso firme llegaron hasta el cuartel, donde la víctima, acompañada por presidentes de comunidades de vecinos, denunció. Mientras tanto, en la calle seguían concentrandose decenas de crevillentinos que incansablemente lanzaban gritos como «más seguridad», «todos a casa del alcalde». Algunos de los asistentes llegaron convocados a través de mensajes por teléfono móvil, como éste al que tuvo acceso La Verdad: «Tod2 a Kasa del alkalde stamos artos ya d los moro7».
 
La Guardia Civil intentó retrasar la salida de Miñano con la esperanza de que se calmaran los ánimos en la calle. La gente decidió no esperar y trasladar de inmediato la protesta a la casa del alcalde, César Augusto Asencio. Los manifestantes atravesaron la Avenida de Madrid y la Calle Santo Tomás hasta llegar al Parque Nuevo, donde se encuentra la vivienda del alcalde.

En el transcurso de la marcha, los congregados no dejaron de gritar sus improvisadas consignas para exigir «más seguridad». La gente animaba a todos los vecinos, que se asomaban a la calle, a sumarse a la protesta, invitación que aceptaron muchos, porque, tal y como decían algunos, «esto no es nuevo, este problema viene de atrás y los vecinos nos vemos impotentes». Los manifestantes preguntados coincidían en decir que «no somos racistas, sólo que vemos que los inmigrantes vienen a España porque no les gusta lo que hay en su país y luego nos lo quieren implantar a nosotros».

Una vez llegados a la casa del alcalde, los concentrados le exigieron a gritos que saliera «a dar la cara», algunos incluso pedían su dimisión. Pero lo más singular fue la reacción de los crevillentinos al ver el espectacular despliegue policial que defendía el domicilio del alcalde. «Exigimos que esa misma Policía esté en la Avenida San Vicente Ferrer, que es donde está la delincuencia, y no en la casa del alcalde donde no pasa nada».
 
El alcalde bajó a la calle y fue recibido con fuertes pitadas. Varios crevillentinos le increparon verbalmente. Una vez calmados los ánimos, Asencio pudo hablar con algunas de las personas que se dieron cita allí. Ya de madrugada, un grupo de manifestantes decidió abandonar las inmediaciones de la casa del alcalde para dirigirse de forma pacífica y silenciosa a una de las calles que es considerada como el despacho de la droga en Crevillent. Según fuentes vecinales, acabaron por sumarse más de dos mil personas a la improvisada protesta.
 
La respuesta de los vecinos de Crevillente había sido masiva. Tras la manifestación, los vecinos se habían organizado creando una plataforma para buscar soluciones a la inseguridad y rechazaron la propuesta del alcalde, el popular César Augusto Asencio, de instalar cámaras de vigilancia en algunas de las calles más conflictivas del municipio. Las cámaras era la única propuesta del ayuntamiento dirigido por el PP. Cámaras ¿para qué? Bastantes filmaciones tenía a su disposición el ayuntamiento, entregadas por Pedro Miñano. El problema no son las cámaras, sino la decisión de luchar contra la delincuencia sin perdón: no con “tolerancia cero”, sino con INTOLERANCIA ABSOLUTA.
 
Más de 1.500 vecinos de Crevillent acudieron a la convocatoria de cuatro colectivos vecinales (Asociación de Comerciantes de Crevillent, la Asociación Vecinos del Pont, Penyeta Reona y Asociación de Vecinos del Barrio Sur) dispuestos a exigir soluciones al problema de delincuencia que, todos reconocían, está asociado a la inmigración magrebí. La Casa de Cultura de Crevillent se quedó pequeña para acoger a tantos crevillentinos que quisieron sumarse a una plataforma constituida anoche para "conseguir un municipio seguro". No se registraron incidentes. Los organizadores realizaron varios llamamientos a la serenidad. Efectivos de la Guardia Civil se situaron a las entradas y salidas de la localidad y agentes de la policía local cortaron el acceso de vehículos a las inmediaciones de la Casa de Cultura. Los ánimos están caldeados en la población, aunque las reiteradas llamadas a la calma hicieron mella en los ciudadanos.
 
La Plataforma empezó a recoger firmas para exigir que se cumplan las promesas que en los últimos años han lanzado la Subdelegación del Gobierno, la Alcaldía y la Generalitat. Los vecinos piden un mayor control de la residencia de inmigrantes sin los papeles en regla y de las personas censadas en un mismo domicilio. Piden que se controle y erradique la venta de drogas al menudeo, y se solicita la colaboración de los vecinos para que denuncien formalmente cualquier hecho delictivo que conozcan. En la reunión se mostraron pancartas en las que se leía "Drogas no, seguridad sí". José Manuel Alfons, presidente de los comerciantes, manifestó. "No estamos desorganizados, ni somos cuatro gatos". Alfons aseguró que van a hacer un seguimiento de las promesas que se han hecho desde todas las administraciones. "El pueblo ha hablado y deben escucharnos". Luego se abrió un turno de intervenciones ciudadanas, con profusa participación. Algunos vecinos incluyeron alusiones al alcalde con frases como "Pago mis impuestos y quiero tener la misma seguridad que ellos".
 
La guerra política que se está llevando a cabo entre los diferentes partidos fue otro de los temas objeto de denuncia. De hecho, los asistentes solicitaron «más soluciones y menos enfrentamientos». De este modo hacían referencia a un debate que se celebró hace unos días en Telecrevillent en torno a la manifestación espontánea que tuvo lugar el pasado 9 de octubre y que desembocó en una agria discusión entre los representantes del PSOE y el PP. El portavoz de la reunión, José Manuel Alfonso, señaló, en referencia a los últimos sucesos acontecidos en la localidad, que los crevillentinos se sienten «avergonzados de salir en la Prensa siempre por este tipo de cosas, cuando los avergonzados deberían de ser los políticos». Los propietarios de establecimientos están indignados porque muchos locales de inmigrantes no cuentan con los permisos que exige la ley: «A nosotros nos obligan a tenerlo todo en regla mientras que ellos no tienen ningún permiso y abren cada día su negocio».

Pero ¿hay otros problemas en Crevillente?
 
Los primeros marroquíes que llegaron a Crevillente tienen miedo de que la llegada masiva de indeseables magrebíes termine por indisponer a la población contra ellos. No es raro, pues, que sean las asociaciones que representan a los magrebíes llegados hace 15 años los más interesados en que la situación no se desmadre.

Incluso los comerciantes de la comunidad marroquí de la ciudad de Crevillent muestran cerca de 200 denuncias por robos y desperfectos en sus establecimientos en los últimos meses, para demostrar que la situación de inseguridad que sufre la ciudad no sólo afecta a la comunidad autóctona. El alcalde de la localidad, César Augusto Asencio, del PP, de delincuencia protagonizada por inmigrantes norteafricanos afecta por igual a todos los vecinos de Crevillent, según los comerciantes magrebíes.
 
Uno de ellos, que reside en la localidad desde hace 14 años y asegura que se encuentra amenazado de muerte por varios compatriotas, confirma en parte las manifestaciones del alcalde. "Los causantes de todos estos destrozos, robos y despefectos son 14 o 15 que no hacen nada, que no vienen a ganarse la vida y que nos roban a nosotros, a nuestros trabajadores y a todo el mundo", afirma. Los comerciantes magrebíes "estamos cansados de padecer el alto grado de inseguridad que se vive en la zona y que, progresivamente, se extiende a otros barrios de la ciudad", indica la carta. La misiva describe la "ausencia absoluta de agentes de la autoridad y los delincuentes campando en total impunidad". Esta situación, "no nos impide reconocer que muchos de los culpables de la inseguridad ciudadana que denunciamos son de origen magrebí", prosigue la carta. "Nosotros queremos que se aplique la ley contra el delincuente, sea quien sea, y que se cumpla la legislación, y el que roba que no esté a los dos días causando problemas en la ciudad ni en mi local", señala un marroquí.
 
Así mismo, la asociación magrebí Dos Mares convocó en pleno Ramadán una reunión de todos los magrebíes que viven en Crevillent y que tendrá como escenario la mezquita, situada en la avenida San Vicente Ferrer, justo en el epicentro del problema. Según ha declarado el portavoz de esta asociación crevillentina, Hocein Flifla, «esta asamblea tiene como objetivo calmar y orientar a todos los magrebíes de Crevillent».  La concentración en la mezquita era una alternativa a la manifestación que se quería realizar en los próximos días. Flifla ha asegurado que la imagen del colectivo musulmán en Crevillent se está viendo muy perjudicada por toda la delincuencia que ha prosperado en el municipio en los últimos años. «Nosotros no sabemos quiénes son. Vienen y van, distribuyen la droga, delinquen y luego se marchan de la localidad. Pero los que realmente salen perjudicados de aquí son los comerciantes árabes de la zona», afirma el portavoz de la asociación magrebí Dos Mares. Si eso es así y no hay la menor duda de que, efectivamente, así es, lo normal sería que los comerciantes magrebíes colaboraran con la policía local y la Guardia Civil en la desarticulación de las bandas que viven en sus barrios. Resulta muy difícil pensar que la comunidad magrebí ignora quienes son y donde viven los delincuentes. Si, los dicen que hay 200 denuncias de robos presentadas por comerciantes magrebíes… Alguno tenía, forzosamente, que dar algún dato sobre quienes son los delincuentes, o algún rumor sobre quienes son y donde viven los culpables. Pero nada. Se trata de meras denuncias, especialmente motivadas para… cobrar las indemnizaciones del seguro. Denuncias sí, ayudas a desvelar los nombres de los delincuentes, no y, sobre todo, cobro del seguro.

Teniendo esto en cuenta, la afirmación de Hocein Flifla explicando el temor por la posibilidad de que los vecinos no sepan discernir entre los magrebíes que trabajan en sus comercios y aquellos que son traficantes, «puede que los crevillentinos nos estén metiendo a todos los magrebíes en el mismo saco y no debe ser así», no es más que un brindis al sol.  

A la vista de cómo estaban las cosas la asociación Dos Mares decidió suspender su concentración en la mezquita de Crevillent tras la oración multitudinaria, en la que tanto el imán como los oradores de la asociación Dos Mares se dirigieron a la comunidad magrebí de la localidad para pedirles tranquilidad y expresarles su más absoluto rechazo a la delincuencia. Según informó a este diario el portavoz de la asociación Dos Mares, los inmigrantes no consideraban preciso realizar la concentración después de comprobar que la oración del viernes por la tarde fue muy seguida por la comunidad magrebí, que acudió en masa a la mezquita. Esta oración del viernes es una de las más importantes en la época del Ramadán.


Hemos entresacado estos testimonios por que resulta altamente significativo que sean los propios musulmanes los que reconozcan que algunos sectores de la población magrebí están directamente implicados en la delincuencia que sufre la zona.  
 
Magrebíes: los que deberían pagar la pensión de nuestros abuelos, generan inversión en seguridad
 
En estos momentos la plantilla es de 47 agentes, aunque en realidad hay 36 policías. En el año 2003 de 35 policías se amplió a 41 y durante 2005 otras 6 plazas más, sumando 47, 12 agentes más, plazas estas que van a ser cubiertas en un futuro próximo puesto que se van a hincar los tribunales de oposición y también de modo interino se van a cubrir algunas bajas por traslados de la plantilla y gente. César Augusto Asencio, alcalde de Crevillent, afirmó que a principios de noviembre se aprobará en pleno el habilitar la cantidad económica necesaria para crear otras 6 agentes más de policías, que tendrán que ser convocadas y realizadas las oposiciones a finales del año próximo, con lo que la plantilla a medio plazo constará de 53 policías, colocando a Crevillent por encima de todas las poblaciones del interior de la provincia de Alicante de más de 20.000 habitantes.. Además hasta que se mejore el clima de inseguridad, se seguirá con la contratación de servicios extraordinarios de la policía, mientras no se cubran las plazas convocadas. El Alcalde pidió ayuda a la Subdelegada del Gobierno para que se pueda acelerar en lo posible la publicación de las plazas en el BOE.

El consistorio tomó la decisión de instalar unas vallas puntiagudas y molestas en la Avenida San Vicente Ferrer que impidan las concentraciones de magrebíes que hasta ahora venían sentándose en las barras de las actuales vallas y que impedían el tránsito de los peatones y con corros generaban molestias hasta altas horas de la madrugada y también se colocarán en los parterres de jardinería el mismo tipo de vallas donde antes no existían para impedir la descarga de vehículos o el paso masivo de personas desde los comercios a la calle, o viceversa, que destrozaban el césped .

Estas medidas eran absolutamente intrascendentes, porque el problema de fondo era desarticular a las bandas de delincuentes, ingresarlos en prisión y expulsarlos del país lo antes posible. Peor era la actitud de la delegación del gobierno que, en un alarde de mentecatez e irrealismo explicó que en Crevillent desde el año 2003 está habiendo un descenso real de delitos y por está aumentando el número de delitos resueltos. En lo que respecta a este año 2005 desde enero a septiembre se han cometido 975 delitos. El problema no es el descenso de los delitos, sino la gravedad de los mismos: toneladas de hachís incautados, robos masivos de coches y envíos al Magreb de las piezas, una vez desguazados, amenazas de muerte a los vecinos, no son “pequeños delitos”, sino de gravedad inusitada.

Y, por cierto, la delegación del gobierno, anunció que hasta el 2007 iba a ser imposible enviar más efectivos de la Guardia Civil a Crevillente… esto es, dentro de dos años. Para esas fechas, buena parte de la población autóctona de la ciudad, habrá abandonado la tierra que les vió nacer, dejando el campo libre a las bandas de delincuentes llegadas del Mageb.
 
Conclusiones
 
El caso de Crevillente no es único en España. La timoratez con la que el PP abordó la cuestión, en sus ocho años de poder, generó el que arribaran a España tres millones y medio de inmigrantes ilegales. Nada ocurrió por que los patrones del PP, hosteleros catalanes y canarios, terratenientes y constructores, precisaban mano de obra barata y, preferentemente, ilegal, esto es sin cargas sociales, para la buena marcha de sus negocios. Luego, en apenas 18 meses, el gobierno socialista de ZP consiguió en poco tiempo que entre un millón y un millón trescientos mil inmigrantes más llegaran en el más fenomenal “efecto llamada”  generado jamás en Europa.
 
A los poderes municipales, el tema de la inmigración no les ha importado excesivamente. Ellos, lo hemos dicho, están mucho más preocupados por “lo que da dinero”: la recaudación municipal, las multas de aparcamiento, la recalificación del suelo, las mordidas por negocios surgidos al calor del poder municipal, etc, que por la cuestión de la inmigración. Ni en un solo ayuntamiento de España se han tomado medidas efectivas para limitar la presencia de inmigrantes, Y mucho menos el gobierno socialista, propietario de las grandes ideas humanistas de “tolerancia”, “diálogo de civilizaciones”, “integración” y demás chorradas que ya han fracasado en toda Europa.
 
La delincuencia –en número de delitos y en importancia de los mismos- ha aumentado extraordinariamente en Crevillente y en toda España. Los que tenían que contribuir con su esfuerzo al pago de las pensiones de nuestros abuelos, se han convertido en una fuente de gastos, cada vez más insoportable. Cinco millones de inmigrantes, llegados en apenas ocho años, han desequilibrado todos los rubros de los presupuestos del Estado: sanidad, educación, prisiones, policía, magistratura, etc. Y ni el Estado central (preocupado en “grandes temas” y reformas absurdas), ni las comunidades autònomas (preocupadas todas por obtener más altas cotas de poder), ni mucho menos los ayuntamientos (aquejados de voracidad recaudadora y de afán recalificador) , han querido hacer absolutamente nada.
 
De repente, en Francia la revuelta de los magrebíes y el incendio de casi 10.000 vehículos, ha demostrado que aquellas aguas (similares en todo a lo que estamos viviendo hoy en España), han traído, más que lodos, torrentes de llamaradas.
 
A partir de ahora sabemos lo que tenemos ante la vista. El París en llamas de noviembre de 2005, es la España en llamas de ¿2007? Tenemos la guerra étnica a las puertas y todavía algunos siguen tendiendo la mano al que les degollará.
 
© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es
 
 
 
 
 
 



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