Castaneda: La seudo vía del seudo guerrero

Publicado: Jueves, 08 de Septiembre de 2005 10:41 por en CULTURA
00mascara.gifRedacción.- Carlos Castaneda formó parte (murió en 1999) de la New Age por derecho propio. Durante treinta años predicó la “vía del guerrero” que, en el fondo, no era más que una forma de aludir a una educación que hiciera al sujeto dueño de sí mismo. Mientras vivió, Castaneda fue uno de los más sólidos puntales de la New Age. Estos apuntes formaban parte del estudio que realizamos sobre la New Age y que renunciamos a publicar en forma de libro.

Carlos Castaneda no penetró con excesivo brío en nuestro solar patrio. En realidad sus obras fueron primeramente publicadas desde 1968 por una editorial mejicana, pero pasaron desapercibidas durante mucho tiempo. Algunos vanguardistas de los setenta leímos a Castaneda y las reacciones fueron de lo más variadas; hubo quien se tomó sus relatos como una novela, algo así como un "Caballo de Troya" más sofisticado y para un personal infinitamente más culturizado. Otros tomaron el relato como una curiosidad antropológica sin más, ese fue mi caso; intenté ver paralelismos de las enseñanzas de Don Juan con otras doctrinas sapienciales, budismo, zen, caballería europea, etc.; tales paralelismos existían incuestionablemente, pero también resultaba evidente que la línea de transmisión de ese pensamiento era muy local y resultaba imposible conocer a algún representante vivo de esta tradición que accediera a abrir sus puertas. En consecuencia los libros de Carlos Castaneda fueron colocados junto a los de antropología en mi biblioteca Pero hubo unos terceros que tomaron a Castaneda al pié de la letra. Y lo más espectacular que aportaba Castenada a mi generación era un justificante para el uso, consumo y abuso de ciertas drogas psicodélicas.

Puedo decir que alguno de mis mejores amigos, quiso ver en el consumo de drogas un pasaporte para acceder a otros estados de conciencia. El problema radica en que quien no tiene un basamento muy sólido para su personalidad puede resultar arrastrado por la experiencia de la droga. La última vez que vi a mi amigo "castanediano", me preocupé por su tardanza en salir del lavabo; cuando salió tenía todos los síntomas de haberse inyectado heroína. Esa tarde, al recuperarse, tuvimos una larguísima discusión sobre la utilización de la droga en una búsqueda espiritual. No lo volví a ver, era agosto de 1991 y luego supe que mi amigo había recogido un análisis de sangre; se enteró entonces de que era portador del VIH y supo lo que debía hacer; en la soledad del lavabo de un bingo del extrarradio se inyectó, desesperada y voluntariamente una sobredosis de heroína.

Carlos Castaneda no pretendía que muchos de los hombres más brillantes de mi generación fueran arrastrados por la droga. Pero así ocurrió. Más o menos por esa época, el periodista Xavier Vinader me presentó a un amigo suyo norteamericano, Martin Lee, que deseaba hacer un reportaje sobre los contactos entre el terrorismo europeo y los países árabes y recababa la confirmación de algunos datos. Martin Lee, había escrito un libro fundamental para comprender las interrelaciones entre la CIA norteamericana y la difusión del LSD, sin el cual la contracultura hubiera sido impensable y el hippysmo jamás habría alcanzado las proporciones que tuvo. Lee apuntaba a la CIA como responsable de este tráfico de droga. Y ciertamente su documentación era abrumadora y muy difícil de refutar. Lee venía acompaña de su encantadora esposa, una india cherokee, con perfecto conocimiento del habla hispana. Una vez terminamos de tratar el tema del encuentro, vimos que nuestros puntos de coincidencia iban más allá de lo estrictamente profesional. Lee practicaba el budismo palî, una escuela que todavía no había llegado a España, más próxima al budismo de los orígenes. El y su mujer habían conocido personalmente a Carlos Castaneda; Lee le preguntó si todas las historias que contaba de Don Juan eran ciertas y Castaneda en un rasgo de sinceridad que le honra, afirmó que los cuatro primeros libros narraban episodios auténticos y que sólo los siguientes incluían fabulaciones siempre dentro de la línea trazada por Don Juan. Así que no todo es auténtico... lo cierto es que otros especialistas niegan por completo que las "enseñanzas de Don Juan" se correspondan con las de un auténtico brujo yaki.

Sea como fuere, quien si existe es "Carlitos" Castaneda aunque no siempre tuvo este nombre. Se llamó Carlos Arana hasta que en 1959 pudo nacionalizarse americano. Cursó estudios de antropología en la Universidad de California. En 1960 se desplazó a Arizona para estudiar la farmacopea india. En el curso de sus investigaciones conoció a Don Juan Matus. En todo el núcleo de enseñanzas que le transmitió, una parte, por encima de las demás, cautivó a los jóvenes occidentales; el peyote, el estramonio y el hongo, eran utilizadas habitualmente por el brujo para entrar en contacto con determinadas entidades. El peyote abría las puertas de Mescalito; el hongo, machacado y fumado, era llamado "humito", posibilitaba los desdoblamientos; el estramonio, por su parte, proyectaba lo negativo de nosotros mismos.

El conjunto era sorprendente sobre todo para una generación que deseaba por todos los medios justificar su afición a la psicodelia, etimológicamente, "estudio del alma". Había algo que no quedaba lo suficientemente claro en los textos de Castaneda y que nosotros mismos hemos tenido ocasión de comprobar.

La droga permite, efectivamente, aperturas de conciencia. Pero estas no son voluntarias, sino inducidas por unos agentes químicos exteriores. Y no siempre ocurre así. En ocasiones la misma droga provoca efectos completamente diferentes; una dosis de LSD puede provocar una visión angélica o bien sumir en la angustia, y todo dependerá del estado de ánimo del sujeto y de la carga de su psique en ese momento en la psique. A esto hay que añadir que la administración repetida de drogas aleja de los efectos iniciales y no siempre opera en la dirección de una apertura de conciencia. Para que esta se produzca se deben de dar determinados factores y el químico, siendo importante, no es el único. En primer lugar debe existir una completa relajación del Yo; todo aquello que es personal -deseos, impulsos, afanes, conciencia- debe de apartarse de la experiencia o, cuanto menos, permanecer aletargado. Esto es fácil de lograr en la primera experiencia con las drogas psicodélicas: uno no sabe lo que va a experimentar, no tiene la más mínima idea de las posibilidades encerradas en su cerebro y, por tanto, no espera nada, no busca nada, no desea nada. Pero luego, en experiencias siguientes, ya tiene un punto de referencia al que el Yo se aferra; en tanto que la primera apertura de conciencia produce un efecto de gozo que el Yo se encarga de registrar y racionalizar, las experiencias siguientes no son esperadas con el mismo vacío de conciencia que en la primera ocasión; existe entonces un deseo de revivir la experiencia, y ese deseo, precisamente, es el que ahoga la experiencia.

Fumar marihuana, tomar LSD, estramonio, "mescalito" y demás, apenas sirve para otra cosa que saber que esos otros mundos existen, tener una noción muy precisa de que lo que son los estados de conciencia diferenciados no es un recurso literario, existen -y tanto que existen- y proporcionan una sensación de realidad que puede entenderse perfectamente el porqué quienes los han atravesada se consideran "despiertos": es en esos momentos en los únicos que un hombre puede afirmar sin temor a equivocarse que está despierto y es la comparación de ese estado con el estado de conciencia ordinario el que puede ser definido como el de una conciencia disminuida.

Pero la experiencia de la droga se puede eludir. En primer lugar no hace de nosotros seres autónomos, sino progresivamente dependientes. Esto me recuerda a uno de esos espectáculos eróticos, los "peep-shows", paraíso de voyeristas y pajilleros. Cuando uno lanza la moneda y se abre la cortinilla, asiste a un espectáculo muy real pero que no tiene posibilidad de controlar, dirigir ni gozar, salvo que vaya colocando monedas y, antes o después, acabará saturándose. Tal es el papel de las drogas en la espiritualidad. En cambio, las técnicas de ascesis espiritual, suponen, no el goce visual, exterior e irreal del "peep show", sino la posibilidad de atravesar la cortina, tocar a la mujer que se desea y yacer con ella. La primera es una actitud pasiva -la de la droga como la del mirón-, la segunda es activa. Tal es la perspectiva en la que nos sitúan otras opciones de ascesis personal y, en concreto, las doctrinas sapienciales que como el budismo, de forma significativa, son llamadas "doctrinas del despertar".

Por lo tanto, no a la droga, tal es mi conclusión, no a algo que nada puede hacer para avanzarnos por el camino de la verdadera espiritualidad, salvo el mostrarnos, brevemente, cual es la meta; pensar que la droga sirve de algo sería pensar que un corredor del Tour de Francia puede llegar a París sin un entrenamiento previo, sin un esfuerzo constante y sistemático, sin unas etapas en su duro recorrido. Desconfíen de todos los que aseguran la iluminación a bajo costo y sin esfuerzo.

El uso de la droga y toda la teoría sobre el tonal y el nagual que se incluirían en la llamada "vía del guerrero" son las aportaciones de Castaneda a la New Age. Ultimamente han proliferado una nueva especie, los "nagualistas". Del nagualismo pasaremos al chamanismo. Pero no nos adelantemos.

El nagual constituye nuestro “verdadera naturaleza”, con ella nacemos, pero pronto la olvidamos y nos vamos convirtiendo en “tonal”. Un ser humano debe intentar recuperar el verdadero eje de su personalidad, entrar en contacto consigo mismo, es decir, invertirla marcha, y pasar del tonal al nagual.

Castaneda -y su maestro Don Juan Matos- sostienen que esto se realiza mediante una triple técnica: practicando el arte del acecho (el estar plenamente conscientes de lo que hacemos en cada momento, otros lo llaman "impecabilidad"), el arte del ensueño (controlar y dominar la conciencia incluso en estado de sueño, "encontrar las propias manos en los sueños"), y finalmente el desarrollo de la Voluntad que permite entrar en contacto con la fuerza presente en el universo. El objetivo de todo esto es alcanzar una conciencia plena del ser: el despertar al que aluden todas las tradiciones. Quien sigue la senda del despertar es, al decir de Castaneda, el guerrero.

Últimamente han surgido guerreros castanedianos por todas partes. Lo más sospechoso -y no quiero que se tome como muestra de machismo- es que los discípulos "aceptados y reconocidos" por Carlos Castaneda no son hombres sino mujeres. Y digo sospechoso porque en las tradiciones ancestrales la vía reservada para la mujer era diferente, igualmente digna, pero diferente. Como hemos visto, la cultura de la nueva Era es fundamentalmente telúrica y, por tanto, reduccionista (el modelo femenino es el hegemónico) y confusionista (se tienden a confundir las "vías" del hombre y las de la mujer). Las discípulas de Castaneda son buena muestra de ello, todas son mujeres, ni un solo "guerrero": Florinda Donner-Grau, Carol Tiggs, Taisha Abelar y las discípulas de estas Kylie Lundahl, Renata Murez y Nyei Murez... ¿dónde está la cuota masculina? ¿cómo puede ser que un camino de guerreros indios, sea asumido solo por un linaje de "guerreras"?. Estas "guerreras" han desarrollado una técnica, llamada "Tensegrity" o Tensigridad, consistente en unos pases mágicos extremadamente simples: "Doce movimientos para reunir bienestar y energía"... la dura vía del guerrero se ha sintetizado en estas fáciles movimientos. En otras palabras "sea usted guerrero tras seguir un curso de fin de semana". Así están las enseñanzas castanedianas en nuestros días.

Concha Labarta, directora hasta hace poco de "Nueva Dimensión" y en la actualidad [1997] en "Mas Allá de la Ciencia", asistió a uno de estos cursos en Méjico y pudo entrevistar a Florinda Donner-Grau. La entrevista fue breve y no porque Concha Labarta no sepa hacer las preguntas adecuadas que pide la situación, sino por que el curso se cobraba a 12.000 pts y las preguntas iban gratis: "durante años Carlos Castaneda enseñó tansegrity sin cobrar ni una sola peseta. Pero la experiencia nos ha demostrado que la gente ya no valora lo que no paga", frase absolutamente tópica que he oído cientos de ocasiones para justificar honorarios rayanos en el atraco neo-espiritualista. Siempre que oigo este argumento respondo lo mismo: "¿Acaso puede ponerse un precio a la verdad? ¿acaso la realización espiritual y lo absoluto se cotizan en bolsa? ¿acaso quien no valora lo que paga tiene alguna posibilidad de avanzar en el camino espiritual por el solo hecho de cotizar unos dólares?" Por favor... tanta historia para buscarse un fácil medio de vida.

Lo cierto es que a un público que no conoce en profundidad las doctrinas tradicionales, la formulación del pensamiento castanediano puede parecerle nuevo y original; en la Nueva Era las doctrinas tradicionales apenas son conocidas y si lo son, es a través del tamiz teosófico y ocultista, así que aun son más desconocidas aun por aquellos que creen que las conocen... En ese contexto no es raro que las formulaciones de Castaneda tengan éxito. Pero sus puntos débiles no están tanto en su teoría como en el origen de esta. No es ni siquiera seguro que Don Juan Matus existiera. Nadie ha logrado conocerlo jamás, ni siquiera aproximativamente o por referencias. Castaneda no es el único experto en brujería y chamanismo indio; ningún otro especialista, salvo él, ha logrado reconocer la "enseñanza de Don Juan" y lo más grave, ni la datura arbórea, ni el hongo eran utilizados ni conocidos por los indios de la zona. Luego estaban objeciones lingüísticas y las imposibilidades antropológicas. La conclusión de especialistas en chamanismo indio era bastante contraria a aceptar el sistema de Castaneda. Por lo demás, el mismo Castaneda en cada uno de sus libros iba introduciéndose más y más en un universo que perdía verosimilitud y ganaba en recreaciones novelescas.

Cuando leí "El segundo anillo del poder" tuvo la sensación de que Castaneda estaba en la misma ruta que "Lobsang Rampa", aquel fontanero inglés que sorprendido por el éxito de su primera novela -"El Tercer Ojo"- asumió cada vez más unos rasgos que no le correspondían y una temática progresivamente más fantasiosa a despecho de que se hiciera público que ni era lama, ni tibetano, ni siquiera tenía otro conocimiento de la región que por reportajes y descripciones de turistas. Sin embargo, hasta su muerte continuó diciendo que era la reencarnación de un lama...

Castaneda tiene una formación antropológica y un nivel cultural mucho más alto que el fontanero inglés que asumió la problemática personalidad de Lobsang Rampa; es posible que Castaneda reuniera en sus "cuadernos de campo" anotaciones correspondientes a distintos chamanes de la zona en la que fue a realizar su trabajo de botánica. Unió la realidad de unos sujetos efectivamente existentes, con relatos legendarios y posteriormente con elementos surgidos de su propia cosecha que se fueron intensificando a medida que su producción fue agotando las fuentes genuinas y las anotaciones originales. Así la "tensigridad" aparece en el momento en que ya todo es comercializable y ya muy poco debe quedar de la auténtica enseñanza de Don Juan.

De hecho en el pensamiento de Carlos Castaneda existen tres momentos radicalmente diferentes: cuando surgen sus primeras obras, EEUU vive los últimos momentos de la contracultura, el tema que ha sido dominante en ese período es el descubrimiento de la psicodelia; es el período en el que Carlos Castaneda insiste en la utilización de plantas alucinógenas. Pero luego, la sensibilidad de la población americana hacia las drogas, varía radicalmente. Castaneda, ni su don Juan vuelven a referirse a ellas. El peso de la obra castanediana en ese momento recae sobre "el camino del guerrero", en el que se exaltan las virtudes propias del luchador "el arte del acecho", la "impecabilidad". Este período coincide, más o menos, con el culto a yuppie, el guerrero triunfador del asfalto, el ejecutivo agresivo; hasta que finalmente, las recomposiciones de la industria americana, hacia finales de los ochenta acarrean un nuevo cambio de perspectiva. Los "tiburones" de la industria empiezan a tener problemas en sus empleos, han querido ir demasiado lejos, su figura se convierte en caricaturesca; unos ven rebajados sus sueldos, otros despedidos, buena parte de ellos están destruidos por el stress y la cocaina.

Castaneda cambia nuevamente la orientación de sus trabajos. Está de moda la New Age: la salud mental y física alcanzada a base de terapias extremadamente sencillas. Es entonces cuando Castaneda lanza al mercado neo-espiritualista la "tensigridad", unos "pases mágicos" que recuerdan extraordinariamente el "tai-chi", algo extremadamente fácil de seguir, sin complicaciones, con éxito asegurado apenas sin esfuerzo, al alcance de todos y además, difundido en cursillos de fin de semana a precios de mercado...

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© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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