Inmigración: integración, asimilación, segregación

Publicado: Viernes, 05 de Agosto de 2005 11:34 por en INMIGRACION
libro_negro1.gifRedacción.- Se decía que cuando Franco se desplazaba a cualquier capital, los servicios municipales de esa ciudad procedían a la “limpia” de mendigos para que Su Excelencia no percibiera una realidad social triste y gris. Se trataba de una falsedad: Franco, durante su penúltima visita a Barcelona, se acercó al Campo de la Bota. Lo que sí es rigurosamente cierto es que allí por donde va Zapatero, sus acólitos “limpian” de “sin papeles” la zona. Acaba de ocurrir en Lanzarote.

La España real y la España de Zapatero, aumentan diferencias

Ocurrió en Lanzarote. La isla, justo a Fuerteventura, las dos más próximas a las costas africanas, es uno de los pasos elegidos por la inmigración masiva para saltar a Europa. Algo aparentemente absurdo porque Lanzarote, geográficamente, está más próxima a África que a Europa, aunque culturalmente esté –por el momento- mas próxima a Europa que a África. La cuestión es que los “sin papeles” que llegan a Lanzarote, se quedan en la isla o bien son trasladados con cargo a los presupuestos generales del Estado, a la Península a la espera de la próxima regularización masiva que sin duda tendrá lugar antes del 2007. La situación en Lanzarote es dramática, no de ahora, sino desde hace ya cuatro años. Literalmente, la población ya no cabe en la isla. Se ha llegado a la superpoblación, gracias a la presencia masiva de inmigrantes que nadie tiene valor para repatriar. Porque, en el fondo, hace falta valor para adoptar decisiones de Estado y Zapatero no lo tiene hoy, de la misma forma que Aznar –aconsejado por Bush- nunca tuvo a la inmigración como problema.

En esto que el pasado 3 de agosto, al presidente se le ocurrió aparecer por la castigada isla de Lanzarote. Un aeropuerto pequeño que dispone de una sala de tránsito en la que la Delegación del Gobierno ha instalado un centro de acogida de inmigrantes ilegales. El centro, por supuesto, es pirata. Pues bien, cuatro horas antes de que ZP llegara al aeropuerto de Lanzarote, otro avión despegaba del aeropuerto trasladando a los ilegales acogidos allí. Lo sorprendente es que AENA estuvo intentando desmontar el centro desde el pasado mes de mayo, Los ilegales fueron trasladados a Fuerteventura, otra isla con superpoblación de ilegales, problemas de inseguridad ciudadana y el turismo pulverizado por la presencia masiva de inmigrantes.

Hay que decir que ZP que, por una parte habla de “humanismo”, predica “derechos” y corona sus sermones con llamamientos al “diálogo de las culturas”, ha mantenido en Lanzarote un “centro de acogida” que sin duda ofrecía peores condiciones de vida que cualquiera de los campos de exterminio stalinistas. Con los inmigrantes apilados en 400 metros cuadrados, sin comedir, sin lugar para pasear, separados del resto del aeropuerto por una reja, soportando temperaturas altísimas, sin duda el “centro de acogida” era, como mínimo tan espantoso como una travesía en patera por el Atlántico embravecido. Esos son los derechos humanos de ZP.

El problema de la inmigración se agrava

El gobierno ZP, en su increíble necedad, creía que una regularización masiva bastaría para solucionar el problema. Caldera, que pasa por ser ministro, cerraba la regularización masiva de mayo amenazando con graves sanciones a los empresarios que contrataran a ilegales y con órdenes de expulsión inmediata a los que llegaran sin papeles en regla. Todo eso se ha perdido como lágrimas bajo la lluvia. Ni se producen inspecciones masivas, ni todos los regularizados se han dado de alta en la seguridad social, ni se procede a repatriaciones masivas de ilegales. El efecto llamada está hoy en su mejor momento. Llegan tantos ilegales como el año pasado. El hecho de que el gobierno oculte las cifras es suficientemente elocuente de lo que está ocurriendo.

La alarma social está llegando a todas partes. Solamente los progres más cerriles –ZP entre ellos- y los beneficiarios de la inmigración –la patronal de construcción y hostelería- siguen encontrando alicientes a la inmigración. Pero, en el momento actual, existen fenómenos nuevos que antes no se había presentado en la sociedad española y en la inmigración masiva.

La mayoría de los cinco millones de inmigrantes que se encuentran en estos momentos en territorio nacional, han entrado entre 1999 y 2005. Puede cifrarse en algo menos de un millón los que existían antes de esa fecha. Algunos llevan ya 6 años en nuestro país, dentro de poco, los que lo deseen, podrán acogerse a la doble nacionalidad y tendrán derecho al voto, alterando gravemente los equilibrios políticos en España. Hacia el 2025, el incremento demográfico de la población de origen inmigrante, hará que cualquier candidato a la presidencia del gobierno deba, necesariamente, halagar a los inmigrantes para un obtener un voto que entonces será decisivo. ¿Qué implica esto? El halago solamente puede ir en tres direcciones:

- Desfiguramiento de la identidad española con la introducción del concepto de “integración” (que permite mantener las propias peculiaridades culturales en el seno del Estado), que llevará directamente a la “multiculturalidad y, consiguiente, a la pérdida de la identidad española.

- Promesa de ayudas social especiales para inmigrantes y estimulación de la “discriminación positiva”, con lo que el gran drama con el que terminará el primer cuarto de siglo será haber nacido étnicamente europeo, ser pobre, y no pertenecer a ninguna minoría étnica.

- Facilidades para la llegada de más inmigrantes que estimulará a un permanente efecto llamada y a un crecimiento exponencial de la población inmigrante que hacia el 2025 se estima que puede llegar a ser, como mínimo, un tercio de la población total.

Cuando el PSOE defendía el “papeles para todos” desde principios de los años 90, cuando el PP permanecía de espaldas al problema de la inmigración porque eso satisfacía a una parte de su cúpula (la representada por grandes empresarios de hostelería, construcción y sector agrícola), era imposible de prever para estos partidos lo que ahora resulta una cita ineludible: que iba a existir un crecimiento demográfico inesperado que alteraría absolutamente todos los planes y previsiones en todos los terrenos de la actividad del Estado: desde el consumo de energía hasta la educación, desde los presupuestos de asistencia social a los de sanidad, desde los de Justicia e Interior a la vivienda, todo, absolutamente todo, se ha visto alterado por la incrustación como hecho consumado de cinco millones de inmigrantes que hoy suponen un 12% de la población española. Difícilmente en un plazo tan breve, encontraríamos otra comunidad, cuya masa demográfica haya crecido de manera tan explosiva. Y, ni PP ayer, ni PSOE hoy, están en condiciones de definir la verdadera naturaleza del problema y plantear salidas adecuadas, realistas y viables, especialmente, para los bolsillos de quienes estamos pagando tanta imprevisión: los contribuyentes españoles.

El problema de las reagrupaciones familiares

Se han regularizado 750.000 inmigrantes que entraron ilegalmente en España, incumpliendo la vigente Ley de Extranjería. Incumpla usted una ley y acabará en la cárcel o con la cuenta corriente y sus propiedades embargadas, incumpla un inmigrante la legislación que le corresponde, a sabiendas, con premeditación y el hecho consumado, será un premio para acelerará su regularización. Incomprensible pero cierto. El hecho consumado solamente puede contrarrestarse con otro hecho consumado: la repatriación inmediata y la prohibición de retornar al territorio de la Unión de por vida. Solamente así, mediante medidas drásticas, puede anularse el efecto llamada permanente. No, desde luego, con premios como la regularización masiva.

Ahora bien, esta regularización implicaría en teoría que los 750.000 regularizados, desde el momento mismo de la regularización, pasan a ser trabajadores autónomos o trabajadores por cuenta de terceros. Así pues, desde el mes de mayo deberían de haberse generado 750.000 nuevas altas en la SS. Y no se han producido. Se han producido menos de la mitad, así que está claro que, puesto a incumplir la ley, sigamos incumpliéndola no dándose de alta en la SS. A ninguna inteligencia mediana se le escapa que la situación es mucho peor que la de hace un año: la mayoría de inmigrantes regularizados (más del 50%) siguen sin aparecer en los listados de pago de la seguridad social. Del resto se sabe que, o bien cotizan cantidades mínimas o lo hacen por media jornada. Y aún no se sabe de los que empezaron a cotizar en mayo, cuántos siguen cotizando en estos momentos. Es muy fácil dejar de pagar un recibo del régimen de autónomos que llega a una cuenta bancaria y que cuyo importe, luego, nadie reclama.

Para colmo, el problema que se abre el próximo año es el de las “reagrupaciones familiares”. Parece justo y humano el que los inmigrantes se reúnan con sus familias, pero lo que parece justo para la inmigración resulta absolutamente injusto para el país receptor. Porque, como hemos visto, el inmigrante crea más problemas a la comunidad nacional, de los que resuelve (de hecho solamente resuelve el problema de mano de obra barata que tienen ciertos sectores empresariales), la reagrupación familiar lo que hace es cargar una vez más los servicios del Estado con un contingente demográfico que llega automáticamente y que puede cifrarse que será en los próximos dos años, de entre tres y cuatro millones de inmigrantes más, que vienen a reunirse con el primer llegado de su familia. Esto sin contar con que en algunos hospitales del sur del Mediterráneo Español, los nacimientos de niños inmigrantes ya han llegado a ser tres cuartas partes del total de nacimientos. Para increíble que hace unos días, Leyre Pajín –esa absurda diputada del PSOE con rango de subsecretaria- haya explicado que, finalmente, el problema de la natalidad ya está resuelto en España. Lo que está resuelto es el problema de la natalidad de los extranjeros en España, no el del grupo étnico-cultural español.

Vamos a acabar la primera década del milenio con no menos de diez millones de inmigrantes. En torno al 20% y hasta ahora, todo lo que han aportado, tanto el PP como el PSOE, En esta materia, oscila entre la chapuza pura y simple, o la estupidez inspirada en los más altos valores éticos, morales e ingenuofelizotes.

¿Podemos absorber 10 millones de inmigrantes en 5 años?

La respuesta es no. Se ha demostrado en países con mucha más tradición en inmigración que España. No solamente es imposible, sino que es el principal riesgo que va a afrontar nuestro país en los próximos años. Ayer, precisamente, en la estación de Sax, pude ver un espectáculo que me hizo pensar: una madre marroquí, ataviada con el valo y la chilaba, acompañaba a sus tres hijas de menos de 12 años, a la estación de RENFE. Las tres niñas, vestían a la occidental, pues no en vano aún “no eran mujeres”. En el momento en que tengan la primera menstruación, la estética de esas niñas será alterada por la fuerza si es preciso: dejarán de utilizar trajes en los que muestren los brazos o los hombres o las pantorrillas, pasarán a utilizar el velo y reforzarán así su identidad originaria. Y lo que es peor, se alejarán de los estándares de vida occidentales que, desde la más remota antigüedad, han concedido a la mujer un puesto diferenciado pero igual en dignidad al varón, desde Grecia y Roma. El futuro que les espera a esas tres niñas es, desde luego, envidiable, comparado con el que espera a las niñas procedentes del islam subsahariano que, inevitablemente, en España o en los retornos esporádico a su tierra natal, sufrirán la más horrenda de las amputaciones que pueda haber concebido la perversión humana: la ablación.

¿Asimilación, integración o segregación?

Existen tres conceptos a considerar en el tema de las relaciones entre las comunidades inmigrantes y las comunidad originarias. Estos tres conceptos son: asimilación, integración o segregación.

Una comunidad inmigrantes es “asimilada” por otra comunidad cuando renuncia a sus particularidades culturales. Es “integrada”, cuando sigue manteniéndolas, pero acepta las particularidades de la comunidad que la acoge. Es “segregada” cuando cualquiera de las dos comunidades, la inmigrante y la receptora, siguen conservando sus particularidades culturales y profesándose un recelo mutuo que, inevitablemente, va creciendo.

Pues bien, las políticas de “integración” han fracasado en toda Europa. Ni una sola de estas políticas (cuando ZP subió al poder, dijo inspirarse en el “modelo holandés de integración” y, para su desgracia, este modelo saltó por los aires tras el asesinato de Theo van Gogh) ha logrado, resolver la cuestión de la inmigración, aun a pesar de haber invertido en saco roto ingentes cantidades de fondos. El progresismo, inevitablemente tiende a la integración. El problema es que, el progresismo olvida que en la cuestión de la inmigración existen dos partes: la receptora y la alógena. Si ésta rechaza la integración, ella misma se sitúa en el terreno que ha elegido libremente: la segregación, o más precisamente, la “autosegregación”. El modelo de integración que pretenden algunos sectores inmigrantes puede resumirse así: “dámelo todo y yo ya decidiré si me integro o no y cómo me integro”. Queda el modelo olvidado: la asimilación. El único que permitirá mantener la identidad cultural y étnica de los pueblos europeos.

No podemos defender otra cosa más que la asimilación: ¿quieres vivir en Europa? Bien, te admitimos en nuestra casa, pero debes cumplir nuestras reglas y asimilar una cultura, una tradición y una ética que, lo lamentamos, pero consideramos que son superiores a la tuya. Nosotros estamos orgullosos de ser europeos –no en vano, Europa ha hecho al mundo- así pues te ofrecemos que dejes en el baúl de los recuerdos tus particularidades tribales, tus supersticiones, sus miserias culturales, tus hábitos antropológicos que nos resultan incomprensibles en unos casos y odiosos en otros… y te asimiles a la comunidad en cuyo seno pides ser acogido. No te hemos invitado, vienes por que lo deseas. Y si vienes a nuestra casa, debes de cumplir nuestras normas. Aquí te ofrecemos algo más que un salario a cambio de tu fuerza de trabajo: te ofrecemos una cultura y una tradición superior a la tuya, cuyos logros son indiscutibles y que tu eres el primero en reconocer porque llamas a nuestra puerta. Así pues: deja en tu tierra todos los lastres ancestrales que han marchado con tu tradición y que han hecho de tu pueblo, un pueblo desgraciado y miserable, subdesarrollado y roto, y reconoce que no todas las culturas son iguales y que, ahora, tienes la oportunidad –si es que eres capaz- de asimilarte a una cultura superior a la tuya.

Este es el único discurso que va a convenir en los próximos años: el del reconocimiento de la identidad europea y la obligación de todo aquel que llama a nuestra puerta de ser como nosotros. O retornar a su país de origen. En el fondo, nadie le ha invitado. Ni siquiera los invitados ponen condiciones. Las condiciones las ponen los invasores. Y en cierto sentido, la inmigración es una invasión que solamente puede contrarrestarse con una propuesta clara y neta: ASIMILACIÓN

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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