Los problemas del liderazgo y la

Publicado: Martes, 02 de Agosto de 2005 11:38 por en sin tema
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Redacción.- Presentamos la segunda entrega -de una serie de cinco...- en donde se abordan los problemas del liderazgo. En esta ocasión se trata el tema de la "tesorería". Recientemente hemos reivindicado en DN algo tan simple como que el partido dispusiera de un tesorero que gozara de la confianza de toda la organización. La respuesta ha sido -y es curioso- el levantamiento de un experiente sancionador. En las líneas que siguen, posiblemente, quien corresponde se entere de lo que es un tesorero y de su necesidad. Tarde, desde luego, pero más vale tarde que nunca. [nota tres años después: hemos repasado casualmente este artículo y no tenemos nada que ñadir salvo que: se empieza no teniendo tesorero, sigue luego la infidelidad en la custodia de fondos, finalmente la reconversión de un partido en una secta, paso necesario para evitar que algún "disidente" exija la figura de un tesorero... finalmente, la secta se cierra sobre sí misma y cualquier parecido con un partido político pasa a ser pura coincidencia. 21 de febrero de 2008]


Las funciones del “tesorero”

Se suele considerar al tesorero como la persona que administra los fondos de una organización. Y se entiende que administrar es llevar las cuentas de ingresos y de gastos. Con una persona honesta al frente de la tesorería de cualquier organización política, se debería lograr una correcta administración de recursos. Pero la cosa es mucho más compleja de lo que a primera vista parece.

Este concepto de tesorería valdría para una tribu urbana (reunimos tantos dineros y nos los gastamos en tantas cajas de cerveza, luego nos quedan X euros…), pero la administración de fondos de una organización es algo mucho más complejo y requiere un tratamiento más amplio. Si alguien tiene en mente el concepto de un tesorero reducido a la mínima expresión de anotador de cifras en dos columnas –debe y haber- que rectifique. Tal concepto no sirve ni para administrar una mercería de barrio.

Entendido en un sentido mucho más amplio y exacto, la tesorería implica una correcta administración de todos los aspectos económicos que se refieren a la vida de una asociación. No se trata solo de administrar, sino también de prever ingresos y gastos, buscar de dónde pueden provenir los ingresos y, finalmente, realizar estudios económicos y de viabilidad financiera de la organización. Vamos a analizar rápidamente todas estas funciones.

Primera tarea: Recaudar fondos

Una tesorería debe, necesariamente, tener relación con el departamento de encuadramiento y organización. Tenemos tantos afiliados… luego, recaudamos tanto de cuotas al mes. Es elemental: si se ignora el número de miembros de la organización, no puede existir una correcta recaudación de fondos. Lo que implica, inevitablemente, que todos los afiliados del partido deben estar censados en una base de datos central.
Es absolutamente intolerable la existencia de afiliados a organizaciones locales, cuyas cuotas son recaudadas por estas mismas organizaciones y que están fuera del control central de la organización. Sin embargo, este proceso se repite habitualmente en muchas organizaciones políticas cuando se producen determinadas circunstancias.

Segunda tarea: Redistribuir fondos

La recaudación de cuotas tiene dos “direcciones” posibles:

O bien, la organización central realiza el cobro de las cuotas mediante recibo bancario y, posteriormente, envía a los grupos locales, el porcentaje de las cuotas que le corresponde: 50% para la organización local, 50% se queda en la organización central.

O bien, las organizaciones locales realizan la recaudación y posteriormente envían a la organización central el porcentaje que les corresponde.

Algunas organizaciones más complejas realizan una diferenciación entre tres niveles de organización: organización central, organización provincial y organización local (15-35-50%, respectivamente. El procedimiento no importa, la dirección tampoco, lo que importa realmente y lo que cualquier organización normal contempla es que una parte de las cuotas revierten necesariamente en la organización central y otra parte en la organización local cuyos miembros aportan los fondos…

Cuando los delegados de provincias en una reunión de la Mesa Nacional de una organización renuncian, por votación, a que las organizaciones locales, renuncien a percibir el porcentaje que les corresponde, estamos ante un grave error que dice muy poco de los que han votado a favor: en la práctica, eso implica, que las organizaciones locales carecen de vida y de actividad política y, por tanto, no precisan recursos propios. O bien implica que los delegados locales prefieren votar a favor de una resolución que les perjudica para congraciarse con quien lo propone. Lo cual es todavía peor, pues indica su incapacidad para dirigir el trabajo político en su demarcación

Tercera tarea: Captación de fondos

Las cuotas no bastan. La mayor parte de afiliados de una organización política suelen pagar las cantidades mínimas establecidas en los estatutos. Así pues, no puede esperarse que, a través del sistema de cuotas, una organización se pueda autofinanciar. En este sentido, la tercera tarea del responsable de tesorería de una organización debe ser capaz de:

Estimular a aquellos afiliados que dispongan de cierta comodidad económica a que aumenten su cotización al partido y

Prever otros canales originales de ingreso de fondos.

Para lo primero es preciso tener en cuenta que el afiliado no da sus fondos a cambio de nada, ni éticamente tampoco es admisible exigirle continuamente derramas, sin darle contrapartidas. En organizaciones de nuestro estilo, existen muchos afiliados descolgados de cualquier organización local que están poco integrados en la organización y que, ya sea por su aislamiento geográfico, o por falta de tiempo, en muy pocas ocasiones están en disposición de realizar trabajo de partido junto a otros afiliados. Para ellos, hasta ahora existía el “boletín interno”, un elemento de propaganda necesario en cualquier partido y que no debe limitarse solamente a dar cuenta de las actividades que realiza la organización, sino que también debe facilitar elementos de análisis, orientaciones y difundir aquel material teórico y político que todo afiliado debe conocer. Hoy, naturalmente, existe Internet como medio de transmisión de la información, pero, Internet no está al alcance de todos y, por lo demás, nada todavía puede sustituir al boletín interior que todos afiliados esperan en su casa y que leen con detenimiento y dejan a otros conocidos. Internet requiere otro tipo de material, dirigido a un público más amplio y difundido entre un público también más extenso. Si la organización no da nada a cambio de la cuota, difícilmente podrá explicar porqué pide aumentos de cuota o derramas. Yo te doy, luego yo te pido un esfuerzo…

Para lo segundo, la imaginación del tesorero es el elemento básico que ayudará a encontrar soluciones y fórmulas: bonos, concursos, sorteos, petición de créditos, búsqueda de subvenciones públicas, etc. Como vemos, el tesorero no es un simple anotador de ingresos y gastos en dos columnas de un folio, es mucho más que eso y precisa una portentosa imaginación y, preferentemente, un conocimiento del mundo de los negocios y de la dinámica de grupos.

Cuarta tarea: Planificar gastos

Por ello entendemos dos tareas extremadamente importantes. De una parte, el tesorero debe prever con anticipación el capítulo de ingresos y de gastos: si se ingresa tanto en seis meses, se puede gastar esa cantidad, no más, a menos que la organización se encuentre en un instante político trascendental que aconseje solicitar créditos o cualquier otra tarea que estimule la llegada de fondos a la misma.

Existen actividades que el tesorero debe analizar en compañía de otros sectores. Por ejemplo, una campaña política en torno a un tema X. La finalidad de esa campaña es siempre dinamizar el crecimiento del partido en función de ese tema concreto de agitación. Si en una campaña se invierte 6000 euros, no se trata de que sea una inversión a fondo perdido, sino que esos 6000 euros regresen a las cajas del partido en los meses siguientes, a través de las cuotas aportadas por los nuevos afiliados en los meses posteriores a su integración. Más afiliados, más fondos. Más fondos, más campañas. Más campañas, más influencia política. Cada campaña, en sí misma, debe de cerrarse con la posibilidad de equilibrar cuentas en los dos meses siguientes a cerrarse. Si una campaña ha costado 6.000 euros, en los dos meses siguientes se trata de que los X afiliados que han llegado a la organización a través de la misma, aporten en sus cuotas, esa misma cantidad. Una campaña que ha costado esa cantidad, debe de “producir”, unos 200 afiliados nuevos que paguen unos 15 euros al mes (200 afiliados x 15 euros cuota mensual x 2 meses = 6.000 euros). La recuperación económica es total y el partido puede abordar otra campaña similar.

Está claro que si, una inversión no se traduce ni en afiliación, ni en recuperación de lo invertido, alguien ha fallado. De ahí que estatutariamente puedan pedirse responsabilidades a quien haya fallado: al diseñador, al planificador de la campaña, a los grupos locales, al presidente, o a todos ellos por igual. Si, por el contrario, se parte de la base de que todas las campañas son a fondo perdido y de que no importa ni los resultados, ni los ingresos, ni los nuevos afiliados, sino solamente que “se hable de la organización”, entonces ésta sigue instalada en el infantilismo y en la falta de madurez. Jamás una organización avanza en esa dirección.

Quinta tarea: Analizar gastos

No todos los gastos tienen la misma importancia. Existen gastos prioritarios (el boletín interno, la realización de campañas de propaganda, etc.) y otros que son secundarios (los gastos suntuarios de las “jerarquías”. La misión de un tesorero es dictaminar sobre la mejor utilización de los recursos, impedir los gastos superfluos y orientar los fondos hacia los esenciales. Y, por supuesto, intentar abaratar todos los costes.

Imaginemos una situación: un grupo de inmigrantes españoles afiliados a la organización, solicitan ayuda para constituir una célula de la misma en, digamos, Venezuela. Piden que un responsable del partido acuda a Caracas para inaugurar las actividades. El tesorero realiza el correspondiente análisis económico de la inversión: si lo que puede aportar esa delegación en los meses siguientes, supera la inversión, ésta es asumible, si no ocurre así, es posible que la delegación se convierta en un quemadero de fondos. Otro ejemplo: si la estructura de una organización puede soportar solamente el mantenimiento de una docena de delegaciones, todo lo que exceda de ese número debe ser examinado cuidadosamente, o de lo contrario, se formarán delegaciones que no se está en condiciones de mantener, ya sea por que no se les puede enviar material político o simplemente por que precisan un tutelaje constante y la transferencia de cuadros políticos a esa zona (lo cual se traduce en gastos de desplazamiento, albergue, alimentación, etc.). ¿Para qué tener más delegaciones que las que se pueden mantener? ¿No es mejor concentrarse en las delegaciones sólidas con posibilidades de desarrollo que aventurarse en la creación de nuevas delegaciones que no se van a poder mantener? Algún “dirigente” nos dirá: “contra más delegaciones tengamos, más sensación de solidez daremos”. Error. Esta es una percepción ingenua e infantil: una delegación fuerte hace más por una organización política, que un organigrama cuidadosamente dibujado de delegaciones distribuidas en todo el territorio nacional y cuya virtualidad clama al cielo. Las delegaciones se crean para que funcionen, no para que figuren en un organigrama tan inútil como bien dibujado…

¿Realizar un mitin en la localidad X? Bien, veamos los gastos: tanto de alquiler de local, tanto de publicidad, tanto de desplazamiento de tal o cual dirigente del partido, tanto en dietas y tanto en albergue… ¿resulta un precio a pagar que pueda ser asumido o de un precio excesivo? Es evidente que hay delegaciones prometedoras a medio plazo y hay que apostar por ellas. Pero se trata de que el tesorero y la dirección nacional del partido sean extremadamente claros en el análisis de las posibilidades de cada delegación: ¿de cuántos cuadros políticos con experiencia puede disponer la organización? ¿qué situación existe en la provincia? ¿hay condiciones objetivas para que una opción como la nuestra arraigue en esa provincia? ¿existe excesiva “competencia” de otras organizaciones similares? ¿es posible superar a esa competencia a corto plazo? Es evidente que las respuestas no están solo en manos del tesorero, sino de la totalidad de la dirección: el secretario de organización debe aportar sus datos, el presidente debe de ser capaz de apreciar y valorar los datos políticos, y el secretario general, de establecer el plan de actuación en esa provincia. Y a la vista de todo eso, el tesorero establecerá si esa delegación es viable o no lo es, si tiene interés o no lo tiene, etc.

A la vista del informe del tesorero la dirección y la delegación concreta, pueden corregir algunos de los parámetros: probablemente, en lugar de acudir un refuerzo de 6 militantes de otros puntos, el presupuesto no dé para más de 1; y, quizás, si en lugar de ir los 6 a un hotel de cuatro estrellas, el que va, es albergado por un afiliado local y si, de los gastos iniciales, solamente hay que abonar los gastos de desplazamiento y parte de la alimentación… posiblemente, los gastos habrán descendido 80% del presupuesto inicial y, por tanto, la iniciativa será viable. Ahora bien, lo que es inadmisible es ser, en todo esto, juez y parte: proponer actividades, realizarlas uno mismo, quemar sin ningún tipo de censura ni de control los fondos que se estimen oportunos y al cabo de seis meses, tener esa delegación en el mismo punto muerto que estaba al inicio, reducida a un mero punto en el mapa-organigrama del partido. Cero + cero no dan nada tangible.

Sexta tarea: Elaborar los presupuestos anuales

Finalmente, el tesorero debe de tener a su cargo el establecimiento del presupuesto anual de la organización. En este terreno, las desviaciones presupuestarias son admisibles… mientras no sean excesivas. La elaboración de unos presupuestos con pocas desviaciones en su ejecución, son muestra de madurez en la organización. Para elaborarlos deben participar varios responsables, no es tarea única del tesorero. Cada responsable de un área de trabajo debe de ser capaz de prever los recursos que va a consumir y de planificar el trabajo que va a realizar; no es lo mismo un año sin elecciones que un año en el que tendrán lugar tres competiciones electorales. Para que sea posible establecer unos presupuestos rigurosos, la organización debe disponer de cierto grado de madurez y sus cuadros deben estar necesariamente bregados en el trabajo político.

Una “dirección política” digna de tal nombre no es aquella que concentra bajo su férula más “poder”, sino aquella que evidencia más eficacia y que se muestra capaz de integrar a los mejores elementos de la organización. Una dirección eficaz es lo contrario de una dirección personalizada y polarizada en una sola persona. Habitualmente, los dirigentes inmaduros confunden la necesidad de que el cartel electoral esté dominado por un solo rostro, con la necesidad, así mismo ineludible, de que la organización esté dividida en áreas autónomas de trabajo, al frente de las cuales estén responsables eficaces y que sean capaces de coordinarse entre sí para exprimir la eficacia al máximo de sus posibilidades. En este contesto, la imagen del tesorero, es la imagen de “uno más entre los mejores”.

Si la figura del tesorero está ausente y todo el poder está concentrado en una sola mano, es normal que se caiga en el subjetivismo: el “líder máximo, gran timonel y ayatolah de la organización” tendrá sus preferencias. No es que se quede dinero de la organización para sus gastos personales… es que tenderá a administrar subjetivamente los fondos. En lugar de desplazarse en autobús o tren, preferirá desplazarse a tal o cual delegación en avión o coche propio, multiplicando los gastos; en lugar de elegir una delegaciones fuertes para concentrar esfuerzos, se dispersará en desplazamientos a lugares en los que por algún motivo le apetece viajar. Mirará de ir a hoteles de cuatro y cinco estrellas, antes que ser albergado en domicilios de otros afiliados… y así sucesivamente. Todo esto, repetido día tras día, sin las consideraciones críticas de un tesorero digno de tal nombre, harán, finalmente, que no sea posible ni publicar boletines internos, ni realizar campañas de propaganda, ni siquiera pagar a los proveedores… Aun, hasta aquí, la honestidad, como el valor al soldado, se le supone. Honestidad, si, pero también irresponsabilidad, uno de los peores cócteles que se dan en dirigentes políticos.

Y no digamos si la honestidad, poco a poco, se va relajando. Si las cuotas se pagan en la mano y si no media recibo alguno; si la mayoría de gastos son de “prestigio” pero no suponen avances reales; si el dinero que un afiliado dona para una campaña concreta no se utiliza para esa campaña, sino para cualquier otra tarea y si, finalmente, a fuerza de pedir militantismo, voluntarismo, entrega y sacrificio, lo único que se está pidiendo es una cuota que nadie sabe a donde va a parar ni en qué se utiliza, porque jamás se han visto originales de facturas, listas reales de ingresos bancarios y de afiliados reales, y ni siquiera se tiene conciencia de los costes de tal o cual actividad. Y no importa si entre todos los miembros de un organismo de dirección existen buenas relaciones y amistad más allá de la camaradería: razón de más para ser transparente en los gastos y para aceptar la “tiranía” de un tesorero.

Casi estaríamos dispuestos a acabar estas notas realizadas a volapié añadiendo que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. En absoluto. Todas estas notas tienen como origen la petición realizada al partido en el que milito para que, sin más dilación, se nombre a un tesorero. No había tenido ocasión de explicar las tareas que corresponden a un tesorero; ahora lo hemos hecho. Y nos parece algo absolutamente increíble, tener que escribir quince folios en Courier 12 a doble espacio, sobre algo tan elemental, normal y lógico como es la figura del tesorero y las tareas que le corresponden, que no damos crédito a por qué la presidencia de DN se niega pertinazmente a nombrar un tesorero aceptado por todas las partes. A partir de aquí es muy fácil realizar una crítica a lo que han supuesto los últimos 10 meses de DN: sin fondos, sin inversión en publicidad, sin inversión en boletines internos, y con una opacidad económica absoluta que no puede por menos que generar todo tipo de inquietudes, rumores y comentarios en el interior de la organización.

Realmente ¿había falta escribir 15 folios sobre este tema? Para que la dirección actual de DN y algunos afiliados se enteren de lo que la lógica y el sentido común, por sí mismos, debería de haberles iluminado. ¿No a la figura de un tesorero? Ahora sólo queda explicar el por qué… No basta con expulsar a los que utilizan la lógica y el sentido común. Hace falta, algo más: precisamente, ejercer la lógica y el sentido común, dos de las cualidades del dirigente político. Si están ausentes no hay liderazgo político que valga.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

[en caso de querer realizar algún comentario, enviarlo por email a infokrisis@yahoo.es y será incluido, salvo que se trate de las habituales estupideces propias de los estúpidos que siembran con su baba este blog en los últimos días]

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