Euskal Herria… no va bien. Balance postelectoral

Publicado: Lunes, 18 de Abril de 2005 11:09 por en ORIENTACIONES
1979.jpgRedacción.- Las elecciones del 17-A, deberían de haber hecho despertar de su paranoia nacionalista a Ibarreche. En los próximos días se verá si el lendakari mantiene un mínimo contacto con la realidad o si sigue instalado en la utopía mesiánica. El Estatuto Vasco tiene ya 25 años, pero las más altas cuotas de autogobierno de una región en Europa, no han servido para resolver la “cuestión vasca”. De hecho, hoy está peor que nunca. La situación generada en el País Vasco es nueva. Vale la pena analizarla con calma. Esta es la primera contribución.

La lengua vasca… peor que nunca, pero más subvencionada que nunca.

En los últimos 10 años, la autonomía vasca se ha gastado –atención al dato- un BILLON de pesetas en la promoción del euskera. Hubiera sido imposible invertir tanto dinero en una partida tan poco rentable. Es cierto que la cultura no puede medirse en términos de rentabilidad económica, pero lo que tampoco puede hacerse es cultivar la lengua vasca como forma de barrenar la unión con España y justificar el independentismo. Ese ha sido el error del PNV: utilizar la lengua como arma arrojadiza y como ariete del nacionalismo.

El resultado no ha podido ser peor: hoy el euskera es obligatorio para acceder a la administración vasca, existe una “inmersión total” en la lengua vasca en la enseñanza… pero, la situación del euskera es lamentablemente, peor que nunca. Algunos datos evidencian el fracaso nacionalista en la gestión de su propio patrimonio cultural.

Solo son vascoparlantes uno de cada cuatro vascos. Salvo en los valles de Guipúzcoa y en las zonas pirenáicas de Navarra, el vascuence se bate en retirada en las zonas urbanas. El horror del gobierno vasco ha sido absoluto cuando las estadísticas han demostrado que, incluso los que adoptan por la inmersión lingüística en vascuence, al llegar a los 25 años, dejan de hablar esta lengua, incluso dentro de su propia familia y en su círculo de amistades y se adaptan a la lengua castellana.

Los motivos para expresar esta actitud son muchos, pero el gobierno vasco no los ha hecho públicos. Mientras que, el joven y adolescente tiende a adoptar actitudes rebeldes y es el producto de una enseñanza tendenciosa y altamente ideologizada en sentido antiespañol en las ikastolas, cuando alcanza cierta madurez, tiende a ver las cosas de otra manera. El nacionalismo, en la mayoría de seres normales, se cuya con la edad y los viajes. A los 25 años, los jóvenes educados en el “odio a España”, moderan sus posiciones y abandonan bruscamente la cruzada antiespañola.

La TV vasca ha debido de construir un canal completamente en lengua española si quería sobrevivir en la dura lucha de las audiencias. Para colmo, algunos programas que han logrado pasar los férreos controles ideológicos del PNV, ridiculizan la actual situación vasca: esa familia en la que un hermano es policía autónomo y el otro “niño de la gasolina”, sin ser hilarante, evidencia el drama de las “dos españas” en versión vasca. O esos esquetchs sobre el amor homófilo que nace entre el policía autónomo y el “niño de la gasolina”, es suficientemente elocuente sobre la desmesurada tasa de homosexualidad que hay en aquella zona.

Para colmo, en la última legislatura del parlamento autónomo, se produjeron la mitad de intervenciones en lengua vasca que en la legislatura anterior. Esto, sin olvidar, que en las ruedas de prensa convocadas por las distintas fuerzas políticas vascas, incluidas las nacionalistas, la lengua española domina ampliamente.

En los años 60, existía ya la Academia de la Lengua Vasca y se publicaban revistas y semanarios en vascuence. Existía una inmigración interior, pero la cultura vasca estaba aguantando bien el tirón sin necesidad de estar subvencionada. No faltaban grupos folklóricos vascos, e incluso los hogares de la OJE vasca tenían su rondallas en donde ejecutaban piezas tradicionales del cantoral vascuence.

La diferencia entre una cultura subvencionada y otra viva, es que la segunda no precisa estar constantemente en el pulmón de acero, cuidada como una especie en vías de extinción y encerrada en el parque temático-autonómico. Una cultura viva, es una cultura popular. Una cultura subvencionada es –suele ser- una cultura de partido. Una cultura al servicio del nacionalismo que vive de ella. Porque nos equivocaríamos si achacásemos solamente a mala gestión, el haber dilapidado un BILLON de pesetas en la promoción de la lengua vasca. También aquí hay mucho de corrupción y un saqueo sistemático de los fondos públicos. Una vez “el patriotismo es el último refugio de los bribones”.

El tiempo se ha acabado para el nacionalismo

Un buen día de diciembre, Ibarreche volvió al Pais Vasco con su plan bajo el brazo. Había sido rechazado por el parlamento del Estado. Volvió y decidió convocar elecciones anticipadas. El lendakari demostró que era de los pocos gobernantes capaces de adelantar unas elecciones, por el mero placer de perderlas. Hay que decir, que las encuestas –especialmente, las del gobierno vasco- les eran ampliamente favorables. Lo que demuestra, en primer lugar, que las encuestas hechas por los amigos, tienden siempre a contentar al que las paga; y, en segundo lugar, que el miedo a evidenciar una opinión política no nacionalista, sigue siendo grande en el País Vasco. De hecho, en las encuestas realizadas ayer a pie de urna, solamente 1 de cada 20 vascos reconocían haber votado al PP y en las encuestas telefónicas realizadas antes, se daban análogas proporciones cuando se preguntaba por lo que habían votado en las anteriores elecciones…

Ibarreche volvió al País Vasco, con la decisión de imponer a Madrid el “ámbito de decisión vasco”, el único que para él contaba. Además, estaba persuadido de que ZPlus tragaría lo que hiciera falta; su instinto nacionalista le decía que ZPlus tiene la mandíbula blanda y había comprobado directamente que carecía de ideas. ZPlus le “aconsejó” la “vía catalana”, justo en el momento en el que esa vía quedaba evidenciada ante el electorado por culpa de un 3% pronunciado a destiempo por Maragall a causa de su lamentable y permanente estado de confusión mental en el que vive, saltando por los aires. Así que Ibarreche estaba tranquilo. ZPlus no tenía redaños suficientes como para oponerse al plebiscito y oponerse al nuevo estatuto.

Ibarreche olvidaba lo esencial: que las encuestas menos favorables, indicaban que apenas un tercio de la población vasca estaba por la independencia y que, de hecho, apenas un 14% tenía una vaga idea de lo que era el “Plan Ibarreche” y que, a fin de cuentas, la inmensa mayoría, opinaba que el Estatuto había funcionado, así que no se veía muy claro ese énfasis en cambiarlo.

Además Ibarreche olvidó analizar el voto nacionalista. Fue así como se engañó en cuanto a su naturaleza. Se trata de un voto, fundamentalmente agrario, propio de algunos barrios capitalinos y de zonas rurales. Por lo demás, ese voto está muy desigualmente distribuido y, solamente pueden considerarse “vascas” en sentido estricto, buena parte de la provincia de San Sebastián y los valles pirenaicos de Navarra… que ni siquiera forman parte de la Comunidad Autónoma Vasca. En Alava, el nacionalismo tiene una implantación muy superficial y en Bilbao se bate ampliamente en retirada. Ibarreche, al ver las ikastolas repletas de alumnos, pensó que iban a ser futuros votantes nacionalistas y, en cualquier caso, tras una estancia entre los “chicos de la gasolina” pasarían a ser “vascos de estricta observancia”, esto es, nacionalistas. Se equivocó. A los 25 años, los jóvenes vascos, tienen tendencia a modificar sus comportamientos.

El suicidio de ETA

Luego estaba ETA. Y decimos “estaba”, en pasado. ETA es un cadáver que ni siquiera tiene capacidad para autoescanear dónde están los topos que desde hace cinco años no dejan que un comando esté operativo más de un mes. Hace ya meses, en nuestro libro “11-M, los perros del infierno”, nos hicimos eco de las información recogidas insistentemente en distintos medios: los topos de ETA están en la cúpula de ETA; el pacto es: “tu me ayudas a cortar las uñas a tu propia organización y yo dejo que te evapores con el tesoro de ETA”. Ese tesoro es notable: son los fondos reunidos durante cuatro décadas de atracos y extorsiones. Es demasiado fácil saber quien es el topo de la seguridad del Estado dentro de ETA: fíjense, simplemente, en quien no está detenido y cómanse a su salud un filete de Ternera…

No se le puede reprochar al topo su falta de convicción en la estrategia de ETA. Lo único que le queda es liquidar a la organización, sin quemarse a sí mismo. Sea como fuere, ETA, en tanto que organización terrorista, está muerta y enterrada. Queda su “frente político”. Los resultados de ayer dicen que se encuentra en el mejor momento: ha roto su propio techo electoral y con una sigla nueva ha sido capaz de recolectar 9 diputados. Error: esos diputados y esa sigla son una muestra de la crisis del “frente político” de ETA.

En efecto, es muy distinto el margen de maniobra de una sigla que se llame “unidad popular”, “Herri Batasuna”, que el de otra que se llame “Partido Comunista”. Un pacto entre HB y el PNV, podría haber sido viable. De hecho, lo fue en Lizarra, pero ¿se atrevería Ibarreche a pactar con un Partido Comunista sin que los mentores del nacionalismo moderado, católicos, capitalistas y conservadores, le excomulgaran?

ETA ha vivido demasiado, gracias al balón de oxígeno que siempre le propinó el nacionalismo y gracias a la torpeza de la que hicieron gala los distintos equipos de interior durante el anterior período socialista, portento de errores, enormidades, crímenes y expolios. Pero el férreo marcaje que realizó la seguridad del Estado a partir de 1992 y de 1996, la dispersión de presos que ha sumido en la desesperación a los más duros de la banda, el Pacto Antiterrorista, la conjunción de un machaque policial y legislativo, terminó como era de esperar: con traiciones, delaciones, defecciones y errores infantiles.

ETA ha muerto. Esperamos que dentro de 20 años, los últimos etarras encarcelados den testimonio con su ejemplo de que los crímenes se pagan dentro de una sociedad democrática y que su estancia en prisión recuerde el fin que espera a los que osan asesinar y atentar contra lo más sagrado que puede tener una persona: la vida.

El problema para Ibarreche y para el nacionalismo era que, mientras existía ETA, ellos podían aparecer como la moderación. Era mejor la moderación que el radicalismo, así que “unos golpeaban el árbol y otros recogían las nueces”. Ahora nadie golpea el árbol, pero el nacionalismo quiere recoger las nueces. Y es ZPlus el que creen que puede dárselas.

ZPlus: no es la solución, sino gran parte del problema

Nicolás Redondo Terreros decía ayer: “el problema es que el PSOE no ha aprendido a hablar con el PNV”. Tenía razón. El nacionalismo es una forma de romanticismo irracional. Tenderle la mano es arriesgarse a ser malentendido. Para el nacionalismo, cualquier propuesta de sentarse a negociar es una muestra de debilidad. No digamos en el caso de ZPlus, quintaesencia misma de la debilidad, y arquetipo de la cobardía más acrisolada.

En diciembre, con el lendakari vencido y cabizbajo, le faltó tiempo a ZPlus para “tenderle la mano”. Ahora, el lendakari no tiene otra alternativa más que aceptar esa mano. Va a ser esa mano la que le salve del hundimiento final. Si el vencedor de estas elecciones es el PSE, falta saber cómo va a gestionar esa victoria. El zorro Ibarreche está estudiando en estos momentos cómo avanzar gracias a la ovejita ingenua de ZPlus. Por poco sentido que le quede de la realidad, Ibarreche debe saber a estas horas, que su plan, como mínimo se va a retrasar 4 años. Así que todo su problema consiste en cómo avanzar aunque sea unos pasitos más adelante en relación a la situación actual.

Las simetrías electorales solo le dan una opción: pactar con el PSE. Al menos, habrá que reconocerle astucia. Si pacta con el PCTV, evidenciará, fanatismo y alteraciones psíquicas graves. Si intenta resucitar el tripartito que gobernó hasta ayer, nadie tendrá duda de que está instalado en el irrealismo más absoluto. Así pues, el pacto que se impone el PNV-PSE.

En las actuales circunstancias, resulta difícil ver de qué manera puede concretarse ese pacto de gobierno. El PSE aceptará la reforma del Estatuto, alardeando de que el PNV ha aceptado el “Plan López”, mientras que el PNV, al conseguir arrancar la definición del País Vasco como “Nación”, podrá alardear de que están más próximos a la independencia que ayer. Pero, la reforma del Estatuto implica muchos más puntos de polémica y, aunque el PSE vasco tenga “hambre atrasada” de gobierno, corre el riesgo de que le ocurra algo parecido a lo que ha vivido IU en los últimos cinco años, cuando cualquier frase de Madrazo (hoy, políticamente, fenecido, el pobre lumbreras) suponía la pérdida de unos cuantos cientos de votos en el resto del Estado.

Algunos socialistas vascos, recuerdan la anterior coalición PNV-EA-PSE, con cierta moriña… Si, pero la situación actual es muy diferente. En aquel tiempo, el nacionalismo aceptaba la constitución y el estatuto. Hoy lo cuestionan. En aquel tiempo, ETA era fuerte. Hoy es un despojo. Entonces gobernaba en Madrid un estadista de proverbial mala uva y reconocida astucia. Hoy, en Madrid gobierna un moco fofo, con pocas ideas y menos carácter. Porque ZPlus no es la solución: sino, en estos momentos, en los que vencer al nacionalismo (terrorista o no), es posible, ZPlus se obstina en hacerle el boca a boca, abalanzarse hacia el teléfono y felicitar al lendakari en funciones, tendiendo su mano y bajándose los pantalones en el mismo gesto.

Y hay otro problema: en los años 80, el nacionalismo albergaba esperanzas en que una colusión entre el terrorismo y el proceso de vasquización cultural de la sociedad vasca, terminarían generando un tejido social nacionalista, perfectamente arraigado en la sociedad vasca e irremplazable.

Ya hemos visto que esto no ha ocurrido. La lengua vasca está atravesando una crisis muy superior a la que vivía en los años 60, cuando todavía existía una sociedad tradicional vasca, la de siempre, la de “Dios y Leyes Viejas”, leal hacia el Estado Español, vasca pero no nacionalista, orgullosa de su raza y de su cultura, pero sin discutir su lugar en la “casa común española”. Una vez desaparecida esa sociedad (a causa de la irrupción de la sociedad tecnoburocrática, del proceso de mundialización, etc.), la cultura vasca se extingue y no hay subvención alguna que la salve del mismo riesgo que corre el lince español, la desaparición.

La decepción electoral nacionalista, el fracaso de la vasquización de la sociedad, el rechazo explícito al Plan Ibarreche, la escasa euforia que suscita la aventura independentista y su inviabilidad en la Unión Europea, deberían hacer reflexionar a los dirigentes del PNV. Dudamos que eso ocurra. Estamos persuadidos de que se limitaran a pactar momentáneamente con el PSE, esperando mejorar posiciones para atacar en breve.

Excluiríamos, de partida, una reacción extrema (resucitar Lizarra mediante un pacto PNV-PCTV), inviable en la situación de defensiva estratégica en la que está obligado a situarse el nacionalismo. Pero, claro, que estas apreciaciones solamente valen para gente normal. ¿Puede ser considerado normal el lendakari que ha descrito al País Vasco como el mejor de los mundo, ese lugar idílico en donde todo es verde y pastoril, la más democrática y tolerante de las sociedades, en donde todo el mundo goza y se divierte? No, decididamente, el lendakari es tan anormal como Arzallús, cuya voz patriarcal, ayer, echamos en falta.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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