Lo que está en juego en el País Vasco

Publicado: Miércoles, 06 de Abril de 2005 17:58 por en ORIENTACIONES
arbola.jpgEn esta convocatoria, el electorado no deberá pronunciarse solamente por una u otra candidatura, sino que deberá aceptar o rechazar un proyecto secesionista: el Plan Ibarretxe que, embarrancado en el Parlamento Nacional, se ha convertido en el programa electoral del PNV. Ibarretxe intenta legitimar su plan a través de las urnas y, para ello, aspira a obtener la mayoría absoluta que le permitiría desencadenar el proceso independentista, reconociendo sólo el “ámbito de decisión vasco”.

Esta jerga nacionalista implica, en la práctica, que el lendakari será el lendakari del 51% de los vascos, contra el 49% de los vascos. Es decir, lo mismo que ha sido hasta ahora… Sin embargo, mientras ha durado la vinculación del País Vasco a España, esa mitad de la población vasca se ha sentido respaldada y aliviada, aún sabiendo que eran considerados ciudadanos de segunda en su propia tierra por un gobierno autonómico fanatizado por el nacionalismo más rancio y extremo.

En realidad, lo único que demuestran los resultados electorales en el País Vasco desde hace casi dos décadas, es una profunda división de la sociedad vasca: una división generada y radicalizada progresivamente por el nacionalismo.

Pues bien, en estas elecciones, el PNV se siente suficientemente respaldado como para presentar su proyecto independentista como programa. Teme que la descomposición de ETA le impida utilizar el chantaje del terror en las próximas convocatorias electorales y sabe que está ante su última oportunidad: independencia, ahora o nunca.

II. LOS ERRORES DE OTRO TIEMPO SE PAGAN AHORA

Hay una serie de elementos que deben, necesariamente, tenerse en cuenta. El actual estatuto vasco es el hijo de todos los errores y debilidades de la transición y de las ingenuidades que se cometieron en aquel momento en el que todos creyeron a Arzallus cuando se presentó como la alternativa moderada a ETA, cuando explicó que un techo autonómico alto bastaría para desmoviliza a ETA. Y todos le creyeron…

Pero, antes que este error, hubo otro no menos notable: pensar que ETA y el PNV eran esencialmente diferentes. En realidad, no eran más que dos estrategias derivadas del mismo ambiente nacionalista: ETA es hija del PNV y de su inactividad de cómodos burgueses durante el franquismo. ETA ha podido prolongar su existencia hasta nuestros días gracias a la cobertura política que el PNV siempre le ha facilitado y que ha contribuido a que una escuálida banda de criminales tuviera en algún momento un peso político real.

Todos estos errores son imposibles de concebir sin recordar lo que fue la transición y cómo se hizo. Hoy, cuando se tiende a mitificar el “ejemplo español”, es justo recordar que la transición se realizó en una situación de vacío de poder. No existió otro poder entre 1976 y 1983 que el poder internacional que forzó la transición, los llamados “poderes fácticos” y el poder de quien utilizaba el terror para imponer sus condiciones. El hecho de que en el País Vasco actuara ETA fue el elemento determinante para el Estado Autonómico “asimétrico” que tenemos hoy. El “café para todos” de Suárez fue la respuesta: pero las tazas eran desiguales, más “largas” para el País Vasco y más cortas para el resto.

Tras las debilidades de la transición, se añadieron los errores del período socialista. Si durante la transición ETA se benefició de una amnistía general, tras la cual siguió asesinando, no sólo como si nada hubiera pasado, sino con mucha más violencia y crueldad; luego vino el período caracterizado por el saqueo de los fondos de Interior, el caso Roldán, el caso Vera, la corrupción generalizada en el Ministerio del Interior y, finalmente, como corolario de todas las corrupciones y errores, el caso GAL. Los nacionalistas encontraron en todos estos elementos, material suficiente para torpedear, no a sus responsables, los socialistas, sino al Estado. Porque, a decir verdad, en buena parte de ese período, nacionalistas y socialistas gobernaron juntos en el País Vasco.

Pero hubo algo más grave: la victoria socialista en las autonómicas de 1986 fue seguida por la renuncia del PSE a encabezar un gobierno no nacionalista. No sólo eso: la presidencia del gobierno fue entregada a un nacionalista. La teoría que tenía éxito en aquel momento en filas socialistas, establecía que era imposible gobernar en el País Vasco sin el nacionalismo…

Este error llevó a otros muchos, de los que el PSE, solamente se vio libre de ellos en el período en el que estuvo presidido por Redondo Terreros, en cualquier otro período, el “alma socialista” se ha visto escindida entre los que apreciaban de dónde venía el riesgo y la intolerancia y aquellos otros que creían que había que arrimarse al nacionalismo para evitar ser objetivos del nacionalismo más radical.

El último capítulo de esta larga serie de errores ha sido cometido por ZPlus: creer que se podía tender la mano al PNV, a ETA, a HB, al nacionalismo radical… y salir indemne, creer que todo era “cuestión de talante” y que el nacionalismo estaba crispado por que Aznar les había provocado. No: el nacionalismo está crispado con quien no le concede la independencia, se llame Aznar o ZPlus, sólo que éste último aún no se ha enterado. El nacionalismo “lo quiere todo” y quien no está dispuesto a dárselo es, por este mismo hecho, considerado como su adversario.

III. EL NACIONALISMO COMO PATOLOGIA SOCIAL

ETA es hoy un despojo fétido y putrefacto, carcomido por los topos y las traiciones, que ni tan siquiera está en condiciones de cometer un par de atentados sin que toda su infraestructura y sus comandos más “secretos” caigan… ETA es una organización terminal y en liquidación, sin futuro más allá de las rejas de la geografía carcelaria española. La eficacia con que las fuerzas de seguridad del Estado –no gracias, desde luego, a la Ertxantxa– y la legislación antiterrorista aprobada entre 1999 y 2001, han reducido el problema del terrorismo a su verdadera dimensión residual.

Pero los episodios de terrorismo que se han sucedido desde 1976 hasta hoy demuestran que hay algo más preocupante que ETA en el País Vasco: la actitud que, tanto quienes matan, como los nacionalistas, adoptan ante los asesinos, esa sensación de que “son chicos de la gasolina”, “loa muchachos descarriados, pero en el fondo buenos patriotas”, es tan cómplice como la actitud de quien marca a la víctima y la de quien aprieta el gatillo.

El discurso absolutamente irreal en el que está instalado el lendakari, para el que el País Vasco es el mejor de los mundos, un lugar idílico de paz y progreso, en donde todos viven en paz, olvida la marginación de la que es objeto la mitad de la sociedad vasca, el genocidio realizado contra la cultura española, las agresiones y amenazas constantes a las que se ven sometidos los sospechosos de “españolismo” y, finalmente, los casi 200.000 vascos que en los últimos 20 años han abandonado su país de origen para instalarse en otras regiones.

El nacionalismo ha propiciado esa situación demostrando lo que es: no una ideología política, sino una patología social. Esa patología, infesta con su baba contaminante a una parte de la sociedad vasca y genera el caldo de cultivo vírico para todo tipo de intolerancias. La patología social vasca, dramáticamente, se traduce en un déficit de libertades democráticas en aquella zona de España.

Esa patología social deriva de la esencia misma del nacionalismo: el irracionalismo. Surgido de los restos del período romántico, el nacionalismo sabiniano, como todo nacionalismo, tiende a exaltar desmesuradamente y fuera de toda medida, lo propio, con razón o sin ella, y realizar una construcción artificiosa de mitos e interpretaciones tendenciosas en las que aparece como redentor. Manipulación de la historia, construcción de un “pasado nacional” ficticio e improbable, servidumbre de la historia a la causa nacionalista, son los rasgos de este proceso que en el caso vasco adopta sus aspectos más extremos y surrealistas.

Detrás de todo esto lo que hay es, en el fondo, muy simple: un déficit democrático en el País Vasco. Los “derechos nacionales”, construidos artificialmente con distintos materiales míticos y a través de la manipulación de la historia, termina anteponiéndose sobre los derechos políticos y humanos. Así puede entenderse bien lo que ocurre en el País Vasco.

IV. EL BLOQUE CONSTITUCIONALISTA A LA DERIVA

Frente al bloque nacionalista, la sociedad vasca está escindida en el bloque constitucionalista; pero no se trata de un bloque homogéneo, sino desgarrado por las ambigüedades del PSE. Hay que recordar que en 1978 el PSOE de Navarra formaba parte del PSE y los socialistas consideraban a la “ikurriña”, la bandera del PNV, como la propia de la Comunidad Foral de Navarra… con estos antecedentes, puede entenderse que los Odón Elorza, los Patxi López y demás, hayan presentado una especie de “plan”, verdadero experimento de “fusión”, entre lo peor del nacionalismo y lo peor del socialismo, el “Plan López” con el que el PSE se presenta a estas elecciones.

Por su parte, el PP, en cada elección autonómica cambia de candidato esperando no se sabe bien qué. El problema radica, no en la figura, sino en el mensaje: porque si bien es cierto que el PP tiene un mensaje claro (no a la reforma del Estatuto, mantener la actual situación como está, no a la negociación con ETA para acabar con el terrorismo, etc.), ese programa es imposible de realizarse mientras una parte del electorado vasco siga vinculado a un socialismo vacilante y cuyos líderes son partidarios de la estrategia de la ambigüedad.

El problema que tiene el PP en el País Vasco y en el resto de España es que, si bien sus aspiraciones e ideales en materia nacional están generalmente bien orientados, en materia social hace gala de una total indiferencia. En el País Vasco o en Cataluña, amplias masas populares, procedentes de la inmigración, son y sienten españolas, sin embargo, en tanto que trabajadores, no están dispuestos a ceder su voto a un partido que, si bien asume la defensa de sus derechos nacionales, no está tan claro en lo que se refiere a sus derechos sociales.

Estos dos elementos terminan restando coherencia y credibilidad al bloque constitucionalista e impiden que tenga la credibilidad de sectores sociales vascos opuestos al plan Ibarretxe.

V. PROBLEMAS NACIONALES Y PROBLEMAS REALES

Para el nacionalismo sólo existen problemas nacionales, reivindicaciones y techos autonómicos nuevos a conquistar… cada vez más alejados hasta la independencia final, considerada como el principio de un mundo idílico y bucólico en el que “los vascos y las vascas vivirán en comunión con la naturaleza construyendo el paraíso terrenal”… No es una caricatura, es la culminación del mesianismo nacionalista que sitúa su objetivo más allá de donde la razón, la lógica y cualquier sentido de la medida, indican que sería perjudicial para toda la comunidad vasca.

A fin de cuentas, la independencia vasca es económicamente inviable. Un proceso independentista entrañaría una inmediata fuga de capitales. Es probable que solamente quedara en la zona el comercio de barrio y las cooperativas de Mondragón… que no bastan, evidentemente, para asegurar la viabilidad económica de una nación independiente. Por lo demás, un País Vasco independentiente no tendría sitio en Europa. A ningún gobierno europeo se le escapa que un ejemplo de este tipo haría que, inmediatamente, aparecieran “independentismos” intemperantes en cualquier pequeña región de no importa qué país.

El nacionalismo, tiende a desconocer los problemas reales en beneficio único y exclusivo de los problemas “nacionales”, tiende a subordinar problemas económicos, políticos, sociales y derechos humanos, al “proceso de construcción nacional”. En su prisma desenfocado con el que el nacionalismo percibe la realidad, los problemas de al gente normal, el caos sanitario, el déficit de los ayuntamientos, las carencias en infraestructura, la especulación inmobiliaria, las dificultades para formar familias jóvenes, las bajas tasas de natalidad, la inmigración masiva, el trabajo precario, los contratos basura, la falta de calidad de la enseñanza, etc, todo ello, no son problemas realmente existentes para el nacionalismo… que lleva gestionando 25 años los asuntos vascos y que si bien ha acometido con éxito relativo un proceso radical de “euskaldunización” de la sociedad, ha fracasado en todo lo demás.

El nacionalismo tiene respuesta para los problemas que él mismo ha definido y creado (los problemas de la “construcción nacional”), pero carece de soluciones para los problemas reales que bullen en la sociedad y que los dirigentes nacionalistas, enfeudados en sus lujosas villas de Neguri, no conocen.

VI. EL TRIPARTITO VASCO Y SU RESPONSABILIDAD

Hay un elemento que no puede olvidarse en el actual laberinto vasco: el papel de Izquierda Unida… Si hoy Ibarretxe está sentado en la poltrona de la presidencia del gobierno vasco, es gracias a un partido residual, sin ninguna credulidad, ni implantación en la sociedad vasca, sin ni un solo cuadro político con preparación y categoría suficiente para asumir tareas de gobierno. Javier Madrazo es el hombre gracias al cual Ibarretxe puede exteriorizar su locura enfermiza desde la lendakaritza.

Madrazo, en el fondo, es el cáncer de Izquierda Unida en el resto del Estado. Sus frecuentes ruedas de prensa y sus propuestas, a menudo incomprensibles, restan cientos de votos a la coalición de la que forma parte en el resto de España. Llegado del ambiente “cristiano comprometido”, desplazó pronto a los últimos militantes comunistas de la orilla izquierda de Bilbao que quedaban a título residual. A partir de ese momento siguió una línea cuyo “humanismo” y estupidez han supuesto un precedente a la aportación de ZPlus a la política española.

Madrazo y ZPlus son dos “vidas paralelas”: ninguno de los dos tiene una idea propia ni sobre el futuro del País Vasco, ni sobre la futura ordenación autonómica de España, pero ambos apelan al “talante”, a “oír al pueblo”, para compensar sus carencia ideológicas y su falta de imaginación. Donde ZPlus alude a “oír a los presidentes autonómicos”, Madrazo propone el “derecho de autodeterminación para que el pueblo se pronuncie ante el Plan Ibarreche”, aunque él afirme que “votará no al Plan Ibarreche” por que lo suyo es un “Estado Federal o Confederal, pero no un independentismo”…

Este discurso incoherente en el que se apoya lo que no se cree y no se sabe exactamente lo que se creee, finalmente, no sólo no logra sacar a IU-Vasca de su situación de indigencia electoral, sino que, además, sume en la más profunda desconfianza al electorado ante IU en todo el Estado.

Resulta absolutamente dramático que las simetrías electorales hagan que la gobernabilidad del País Vasco dependa de un personaje tan mediocre y gris como Madrazo, pero esto da medida de la situación política en la zona, en donde cada lacayo del nacionalismo tiene su lugar en la administración al margen de su capacidad real de trabajo y de su preparación.

VII. EL PAIS VASCO ES UN CIRCULO IDENTITARIO, PERO…

El éxito del nacionalismo radica en que halaga a su comunidad, mientras denigra a otras. Cuando las soluciones políticas nacen para resolver problemas, el papel histórico del nacionalismo consiste en crearlos. Vale la pena preguntarse si los ideales del nacionalismo vasco tienen alguna razón de ser.

El País Vasco supone un círculo identitario, pero ni es el más mejor definido, ni siquiera el más importante. El País Vasco no es un todo homogéneo. Navarra no es el País Vasco, es otra comunidad histórica. Por lo demás, la sociología de Vitoria es completamente diferente de la de Guipúzcoa y ésta diferente de la de Bilbao. Solamente en el interior de la provincia de Guipúzcoa existe cierta homogeneidad de la población vasca autóctona que el nacionalismo toma como modelo para generalizarlo.

En esas zonas, desde el punto de vista étnico y cultural, existe otro sustrato, efectivamente, diferenciado de las poblaciones vecinas. Ahora bien… ¿qué importancia debemos atribuir a esto? ¿se trata de una “nación”? ¿bastan unos rasgos étnico-culturales para definir una “nación”? Por lo demás, el actual País Vasco es lo que queda de las poblaciones íberas primitivas. En cierto sentido, los vascos fueron… los primeros “españoles”. Contrariamente al misterio que cultiva el nacionalismo sabianiano, el origen de la etnia vasca ha sido aclarado por la arqueología, la etnología, la hematología y la lingüística. Los linajes vascos tienen que ver con los irlandeses, y también con los bereberes y los guanches. No suponen algo diferenciado completamente de cualquier otro conjunto étnico.

Además, no hay que olvidar que la historia vasca ha ido paralela al resto de la historia de los pueblos peninsulares. Asturias, Covadonga, fue el núcleo desde el que irradió la Reconquista, el núcleo mismo de “lo español”. Pues bien, en otro tiempo hasta ahí llegó la influencia de las tribus vascas. Y lo mismo puede decirse de esa influencia hacia el Este que irradió hasta el Pirineo leridano. En el nombre primitivo de Granada, Iliberri, encontramos así mismo raíces vascas. Esto sin olvidar que, a partir del siglo XV, la historia es común y que los vascos figuran en todas las empresas acometidas por España.

Sentirse vasco es asumir una determinada identidad. Supone estar próximo a la “tierra natal”, a la “patria carnal”… es asumir un “círculo identitario”. Pero no es el único concebible, ni siquiera el más importante políticamente. Este primer círculo identitario tiene, si se quiere, una importancia emotiva y sentimental, y cultural, pero hay otros círculos identitarios que tienen una importancia no desdeñable. La “Nación”, por ejemplo: esto es, España. Porque el País Vasco es una “nacionalidad” (un conjunto étnico-cultural que forma parte de una unidad política mayor), mientras que España es una nación (una unidad político-histórica dotada de una misión y un destino cuya expresión administrativo-política es el Estado) y Europa, en la práctica, es una federación (un conjunto de Naciones-Estado, asociadas para lograr fines comunes en función de un origen geopolítico y cultural común).

Hablar de la “cultura vasca” no puede suponer, en ningún caso, ignorar que esta cultura se inserta dentro de un marco mayor –la “cultura español”– la cual, a su vez, se inserta dentro de otro marco más amplio –la “cultura europea” derivada de la cultura clásica greco-latina y de la catolicidad con que se tiñó en la Edad Media. El nacionalismo extrema la importancia del primer círculo identitario, para desconocer los otros dos, y, en su obsesión antiespañola, ignorar la dimensión nacional del Estado.

Las naciones no se crean ni se destruyen por voluntad democrática de sus habitantes en un momento puntual de la historia. Un referéndum no va a servir ni para crear una “nación vasca”, ni para destruir una “nación española”. Las naciones son proyectos históricos que se transmiten de generación en generación y para cuya formación hay elementos que superan ampliamente la “voluntad popular” coyuntural de un momento concreto del devenir. La “nación vasca” nunca ha existido. Han existido “pueblos vascos”, ha existido una lengua vasca con variedades dialectales y ha existido una cultura vasca con diferentes expresiones, cuyo ámbito de influencia no se reduce al actual País Vasco… de la misma forma que la cultura española no se detiene en las fronteras de la Comunidad Autónoma vasca. Han existido suficientes movimientos históricos, demográficos y políticos como para simplificar las cosas dicientes: “aquí termina el País Vasco, allí empieza el España”.

El Pais Vasco es la “tierra natal” de sus habitantes. España es la realidad histórica, la Nación-Estado y la constante dentro de la cual se articula políticamente el País Vasco. Europa es la federación que agrupa a los Estados Nacionales del continente que han percibido que en este mundo globalizado solamente la colaboración entre distintos Estados puede dar la “dimensión nacional” suficiente, la masa crítica, como para pesar en la modernidad.

Por todo ello rechazamos el Plan Ibarretxe: por que supone una enésima forma de narcisismo nacionalista que acentuando un círculo identitario, desconoce a los otros dos: estigmatiza a España y no tiene lugar en Europa.

VIII. LO QUE SUPONE ESTAR FUERA DE LAS ELECCIONES VASCAS

En estas elecciones de 2005, resulta altamente dramático y significativo que ningún partido nacional, alternativo, social y popular haya estado presente en las candidaturas. Ello se ha debido a multitud de factores y evidencia, así mismo, un buen número de carencias.

Ha quedado demostrado, en primer lugar, que no existe en este momento ninguna fuerza real, con capacidad de operar en el País Vasco. Los círculos de simpatizantes vascos de Democracia Nacional han sido repetidamente agredidos por los “batasunos”, el riesgo de ser objeto de atentados persiste y no se trata de enviar a nuestros militantes a correr más riesgos de los debidos. En este momento, es preciso no olvidarlo, no existe una situación de normalidad en el País Vasco; existe una ofensiva nacionalista contra la libertad de expresión y de organización de todos los que no son nacionalistas.

A todo esto se unía la dificultad propia de esta convocatoria electoral en donde va a existir una inevitable polarización entre el “bloque abertzale” y el “bloque constitucionalista”. Es evidente que no tenemos nada que ver con el mundo abertzale… pero también está claro que sentimos absoluta repugnancia por las posiciones de un sector del bloque constitucionalista que es capaz de practicar una política sin principios con tal de “tocar poder” y de ceder ante los grandes temas del nacionalismo vasco esperando con ello amansarlo. Tal es la intención del “Plan López” que no cesaremos de combatir.

En esta situación de polarización, es evidente, que no existen posibilidades de insertar una tercera fuerza en condiciones de desequilibrar la balanza. Antes bien, la presencia de una fuerza sin capacidad para obtener un diputado, pero sí para arrastrar unos cuantos cientos de votos, podría ser suficiente como para hacer perder algunos diputados al bloque constitucionalista, en beneficio del bloque abertzale. En estas condiciones, la presentación de una candidatura de Democracia Nacional, se juzgó excesivamente peligrosa en todos los sentidos.

Ahora bien, estas deben ser las últimas elecciones en las que una candidatura alternativa, nacional, social y popular, no está presente en una contienda electoral. Cuando se cierren las urnas, cuando termine la campaña, va a ser preciso reiniciar el trabajo político en el País Vasco, reunir a los militantes dispersos, organizarlos discretamente para estar presentes en las protestas contra el plan Ibarretxe que sin duda se sucederán antes de fin de año.

Todo esto es preciso insertarlo dentro de una perspectiva de reagrupamiento de las distintas fracciones nacionales, sociales y populares en todo el territorio nacional. El País Vasco no puede ser un ente aislado del resto de España, ni de Europa. Allí donde hay los mismos problemas de base (inmigración masiva, precariedad, especulación, contratos basura, bajas tasas de natalidad, dificultades para formar parejas, alto precio de la vivienda, servicios públicos reducidos a la mínima expresión, amenazas contra el Estado del bienestar), allí hay que estar presente.

IX. TODOS PERDERAN, ESPECIALMENTE LA SOCIEDAD

En estas próximas elecciones vascas, no habrá vencedores, pero sí vencidos. El primer vencido será el pueblo vasco que, una vez más, habrá experimentado el carecer de clase política de envergadura: con unos líderes políticos aventureristas o incapaces de articular un “frente constitucional”, con unas opciones cuyos programas giran todos en torno al hecho nacional en lugar de afrontar los problemas reales de la sociedad vasca. El segundo vencido será, paradójicamente, el partido que se alce con la victoria que será siempre una victoria limitada y relativa sin fuerza social ni moral suficiente como para imponer una solución que no vaya en contra del otro 49% de la población.

Estas elecciones sellarán la estratificación del electorado vasco y su fractura vertical en dos polos. Ciertamente, el voto nacionalista, en cada elección, va ruralizándose, pero el voto constitucionalista se demuestra incapaz de romper su propio techo: las dos Españas, más que en ningún sitio, existen en el País Vasco.

Tanto si el bloque abertzale se alza con la mayoría absoluta, como si queda en minoría, es evidente que va a intentar aplicar su plan soberanista. Si obtienen la mayoría, se creerán en condiciones de convocar un “referéndum” en el “ámbito de decisión vasco” y si quedan en minoría y deben ceder el poder, harán todo lo posible para que el País Vasco resulte ingobernable. Por otra parte, las soluciones intermedias (la fórmula nacionalistas más socialistas) dejarían con un regusto amargo a las dos partes y el episodio no sería más que un tiempo de espera hasta la siguiente ofensiva nacionalista.

Estamos persuadidos de que lo peor está por llegar en el País Vasco. Y es triste que sea, precisamente en el momento en el que el terrorismo ya no tiene ni siquiera la piedra para afilar cuchillos y se encuentra completamente desarticulado, el nacionalismo impida la resolución del “problema vasco” que él mismo ha creado.

Es mejor irse haciendo a la idea de que la “cuestión vasca” puede terminar mal… y que de hecho va camino de terminar muy mal. Hay que irse haciendo a la idea de que en caso de radicalización del panorama, la constitución prevé mecanismos para la defensa de la integridad del Estado. Ahora bien, hay que preguntarse si ZPlus tiene redaños suficientes como para hacer otra cosa que enarbolar una sonrisa, vender talante en grageas o decir a todo el que acude a la Moncloa que “si”… En el año de gobierno ZPlus es evidente que a la cabeza del Estado está un individuo cobarde, sin personalidad, sin energía y sin convicciones, alguien a quien los nacionalistas ni respetan ni temen, alguien de cuya debilidad, por el contrario, piensan que pueden obtenerlo todo. Todo induce a pensar que no están desencaminados.

Por que si el problema en el País Vasco es el nacionalismo, en el Estado es ZPlus; ambos conflictos suponen la peor de todas las situaciones posibles.

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