La estatua de Franco y dos patéticas imágenes.

Publicado: Jueves, 17 de Marzo de 2005 23:19 por en ORIENTACIONES
franco.jpgRedacción.- Caldera se siente mejor sin ver la estatua de Franco. España se sentiría mejor sin ver a Caldera. Ayer pudimos ver la talla de gusano bien aplanado del Presidente del Gobierno escabullirse de una pregunta elemental: “¿Cuál es su idea de España?” Y Rajoy añadió: “por que alguna debe tener”. Rajoy se equivocaba: no tiene ninguna, a parte de los tópicos de la izquierda más rancia y desabrida. La reacción del gobierno para recuperar las décimas de popularidad perdida por la tarde en el parlamento, fue la retirada de la estatua de Franco.

¿Franco? ¿Para cuándo un juicio histórico?

Aún hoy resulta políticamente incorrecto, decir que durante el período franquista pasamos de la carretilla al 600 y de la cola de países del primer mundo, a un puesto, como mínimo, digno. Decir esto, sin reconocer paralelamente, que la mayor parte de la población aprobó activa o pasivamente los 40 años de franquismo y que, mientras vivió Franco y en la misma transición, no pudo haber ruptura, tal como preconizaba el PCE y las fuerzas que orbitaban en torno suyo (por que durante el franquismo no hubo más oposición que la del PCE), simplemente, por que no existía una base social suficiente para apoyarla.

La versión oficial es que existían unos “poderes fácticos” (policía, fuerzas armadas, magistratura) que impedían la ruptura. Pero eso no fue lo que se vio en los últimos meses del franquismo, cuando resultó extremadamente claro que el régimen seguía teniendo base social y muy amplia… lo suficiente como para disuadir a la izquierda de la “vía portuguesa” o de cualquier intento de “ruptura” que no pasara por una transición pactada.

En 1939, España era un país destrozado. En 1945, la derrota del Eje, acarreó el aislamiento internacional. Solo en 1952 pudieron abrirse las fronteras e iniciarse el Plan de Estabilización y los Planes de Desarrollo. Estos planes culminaron con un despegue de la economía española que creció en aquellos años al mismo ritmo que está creciendo ahora la economía China, en torno a un 8% anual.

Así pues, ¿cuál sería la interpretación más justa que podríamos dar al período franquista? Simplemente el de un período autoritario y paternalista en el que la concentración de poder, la planificación económica, la limitación de las libertades públicas, contribuyeron a realizar el único objetivo verdaderamente propuesto por el régimen: el desarrollo. Y, en este sentido, si la España de hoy es concebible gracias a los fondos estructurales, cuya llegada puso en marcha la mayor parte de obras públicas, pero a esa España se llegó gracias al desarrollismo franquista.

El problema era que en el seno del franquismo apareció fatalmente una contradicción entre una forma política autoritaria y la forma económica liberal. En el momento en el que la infraestructura económica precisó un marco democrático para acercarse a Europa (hacia mediados de los años 70, con Carrero aún vivo), presionó a la superestructura política para que se adecuase a las necesidades. A decir verdad, la transición no empieza con la muerte de Franco, sino en 1972-3 con las últimas decisiones de Carrero Blanco quien había decidido que el país evolucionara hacia “una democracia hasta los socialistas”, esto es, sin los comunistas y sin la extrema-izquierda. Muerto Carrero, otros asumieron y rectificaron el proyecto y no es raro que, finalmente, fuera un funcionario surgido del sector azul del Movimiento, Adolfo Suárez, quien tomó las riendas de la transición.

Cuando un régimen político quiere evolucionar del subdesarrollo a la estabilidad económica, no tiene más remedio que concentrar el poder político y no permitir que las luchas partidarias y los vaivenes electorales, alteren los planes de desarrollo: pasó con la URSS de Lenin y Stalin, pasó con la China postmaoista y pasó durante la España franquista. Ese es el papel histórico que le correspondió al franquismo.

El franquismo es historia, solo historia y nada más que historia

El franquismo duró de 1936 a 1975, esto es, 39 años. La democracia lleva ya de 1976 a 2005, en torno a 29 años. Apenas hay 10 de diferencia. Dentro de poco, la democracia habrá durado tanto como el franquismo. Hoy, la transición ya es historia de España y ya debería de examinarse y analizarse, no en términos periodísticos sino historiográficos. Con muchas más razón el franquismo.

Sin embargo, ello no es posible: podemos analizar como historia, episodios recientes como la Guerra del Vietnam o la guerra del Yonkipur, podemos revisar en términos históricos la caída del muro de Berlín o el conflicto de las Malvinas… pero no el franquismo, ni la guerra civil española. Y cuando alguien intenta realizar una revisión histórica de la guerra civil y concluye que las fuerzas republicanas tuvieron arte y parte en la tragedia que siguió, quien ha osado decirlo se enfrenta al ostracismo de lo políticamente correcto.

La creación de una “Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica” que, por no demás, no es sino la iniciativa de unos avispados que pretenden vivir de los presupuesto generales del Estado, es sobre todo, un símbolo de la pertinaz insistencia de la izquierda en llorar la división tradicional de las “dos Españas”, mientras que, por otra parte, se favorece y alimenta tal división entre esas dos Españas.

Es interesante recordar que durante el franquismo, tanto los portavoces oficiales como Santiago Carrillo (la única oposición real que tuvo el franquismo), se referirían frecuentemente a “la reconciliación”… lo que ocurre es que cada uno sostenía una cosa diferente. La “reconciliación” a lo Carrillo implicaba olvidar los propios crímenes. La “reconciliación” franquista, suponía excluir a los comunistas de cualquier juego político.

Lo más justo que, sin duda, hoy puede decirse, es que la guerra civil fue el episodio más trágico de toda la historia española del siglo XX. Como en todos los momentos de crisis, siempre aparecen personajes de una talla y de una grandeza superior a la normal. Y también es la hora de los criminales. Sería absurdo relegar al olvido a los grandes actores de uno y otro bando y seguir manteniendo la actualidad sobre los grandes criminales de aquel tiempo. Solo un ambicioso como Garzón podría sacar a colación, el día antes de dejar la Audiencia Nacional empantanada con decenas de procedimientos mal instruidos y peor planteados, un “juicio al franquismo”… En el tribunal de la historia no hay nadie completamente inocente y un juececillo ambicioso no es nadie para juzgar la historia.

El franquismo, hoy, en 2005, es historia, sólo historia y nada más que historia. Está claro que la izquierda progresista tiene una tendencia a considerar la historia como un campo especialmente diseñado para su uso y disfrute. Es el resabio del período marxista en el que la izquierda aseguraba con certidumbre casi teológica su interpretación de la historia. Y ésta le daba, cómo no, la razón a sus tesis. Sumido el marxismo en la cloaca de las ideologías, la vieja aspiración a la infalibilidad teológica quedaba anclada en el imaginario colectivo de la izquierda, en sus tradiciones ancestrales y en su poso irracional.

No es raro que ayer, los dinosaurios de otro tiempo, los Víctor Manuel, las Anas Belén, los Juan Diego, los Miguel Ríos, etc., estuvieran presentes –como por azar- en la ceremonia de desmontado de la estatua del Caudillo en Nuevos Ministerios. Son las “fuerzas de la cultura”… concepto enunciado por Santiago Carrillo en 1969 cuando, patrocinaba el “Pacto por la Libertad”, lanzado en las jornadas del Proceso de Burgos. Artistas crepusculares a la búsqueda de un lugar bajo el sol pálido de ZPlus, cuya voz temblorosa ya de por sí, tiembla aún más cuando piensa en las baladas de Serrat.

El “Cara al Sol” ante la estatua de Franco. Anacronismo.

La contrapartida de estos dinosaurios era un grupo de madrileños que cantó por última vez el Cara al Sol ante la estatua de Franco. Era también el aroma de otro tiempo. Al parecer, no habían advertido el paso de los años y que la persona a la que rendían tributo de lealtad, alzando el brazo, era una parte de la historia de España, en absoluto, un presente, encarrilado desde la transición por otros derroteros. El Cara al Sol y la escena nos hicieron retroceder ¿veinte? ¿treinta? ¿cuarenta años? ¿setenta años? La palabra que cuadra aquí es “demodé”.

Esas formas y usos, cuando se ven por TV, asumen su verdadera dimensión irreal y anacrónica. Con esos usos y formas, no hay manera de hacer política y sobre este punto, toda discusión es, a estas alturas, banal. Basta ver en TV la escena de ayer por la noche para advertir el anacronismo políticamente correcto de los Víctor Manuel y Compañía y el otro anacronismo, políticamente incorrecto, de los que cantaban el Cara al Sol en la noche oscura.

Cuando los períodos históricos terminan, los símbolos, las imágenes, los rituales y la parafernalia que los han adornado, terminan también. No darse cuenta de ello es convertirse en anacrónico e inscribir las propias opiniones políticas al margen de la realidad.

Cuando ZPlus no puede ofrecer más que símbolos…

El “talante” se ha agotado, incluso para sus propios aliados. Carod Rovira ya se lo dijo el primer aniversario de la victoria electoral bajo sospecha del 14-M: “eso del talante está muy bien, pero el federalismo se demuestra federando”. Cada vez menos gente cree en ZPlus. Hoy el corazón de los gays ha latido con júbilo cuando el ministro de justicia ha defendido el proyecto de ley que les permitirá ser papá y mamá al mismo tiempo. Si tenemos en cuenta que entre un 3 y un 5% del cuerpo electoral es de “orientación gay”, ZPlus se ha ganado una buena bolsa de votos. Pero ayer, evidenció demasiado a las claras carecer de idea de “España” y de “Estado”. Las preguntas de Rajoy fueron pertinentes, no por que las hiciera el jefe de la oposición, sino por que va siendo hora de que éste país sepa si hay algo más que “talante” en las neuronas de su jefe de gobierno; es bueno saber hacia dónde se orienta la nave. Pero ZPlus carece de ideas. Ayer lo evidenció demasiado a las claras. Por tanto, ayer mismo, por la noche era preciso recuperar crédito electoral. ¿Cómo hacerlo? Recurriendo a los viejos tópicos de la izquierda: que si la derechota, que si la guerra civil, que si el franquismo, que si las fosas comunes…

Pero, hablando de fosas comunes, ayer ZPlus, después de su bochornosa actuación parlamentaria, apareció en el homenaje sorpresa a Santiago Carrillo, quien le podría haber informado mucho y bien de lo que fueron las fosas comunes, las purgas estalisnistas y los asesinatos en masa. Carrillo, se declaró “comunista”. Mintió una vez más. Hay que recordarle que fue él quien en 1979 viajó a EEUU, invitado por el CFR, dio una conferencia en la sede del principal centro de poder mundial y de regreso, empezó a dinamitar el PCE, voluntariamente y con premeditación. Ese que ayer se declaraba “comunista”, anteayer se integró en el PSOE con las armas y bagajes que había conseguido arrastrar del PCE. Lo repetimos: el papel histórico de Carrillo, a partir de 1979 fue engrosar el arca de votos del PSOE, dinamitar el PCE y aportar el caudal de cuadros y votos que el PSOE necesitaba para alcanzar la victoria electoral de 1982. Y, además, luego, él mismo, en un gesto de sinvergonzonería sin precedentes, ingresó en el PSOE con sus últimos mohicanos. El oportunista de ayer, se declaró “comunista”… cuando todos sabemos lo que era: una vieja culebra reptante del estalinismo, que envió a morir a sus camaradas a España, a sabiendas –recordar a Julián Grimau-, que embarcó a su partido en la loca aventura guerrillera del Valle de Arán, que protagonizó la masacre de Paracuellos y que, finalmente, traicionó a su partido y a sus camaradas, haciéndolo estallar y transvasándolos al PSOE. Ese es Carrillo: un anciano de 90 años, dinosaurio de un período en el que Europa estuvo dividida en dos bloques y en el que él se posicionó con el stanisnismo. Pero, nos guste o no, Santiago Carrillo es historia. Su vida podría titularse: historia de una traición permanente. Muchos de sus antiguos camaradas –Semprún, entre otros- han revisado la gestión del líder del PCE y, desde luego, sólo un ignorante como Zplus pudo ayer alabar sus méritos. La historia de Santiago Carrillo va íntimamente unida a la traición y al crimen. Pero es historia… y, en tanto que tal, sus fechorías solamente deben preocuparle a él, justo en este momento en el que tiene menos viva por delante de la que ya ha vivido.

ZPlus está intentando agitar los fantasmas del imaginario colectivo de la izquierda en estos momentos en los que su gobierno empieza a hacer aguas: el presidente del Congreso habiendo presentado la dimisión, el ministro de economía habiendo hecho otro tanto en dos ocasiones y sin saber por donde salir del entuerto, las ministras Vogue con sus departamentos empantanados por la ausencia de iniciativas, los ministros Zero, legislando para minorías, la economía habiendo registrado el peor balance en muchos años, la UE corrigiendo al alza las previsiones de inflación del gobierno y la baja las previsiones de crecimiento económico, la centrifugación en su mejor momento para nacionalistas e independentistas, y así sucesivamente… No es raro que ZPlus intente ampliar su discurso vacío, torpe y mendaz, intentando suscitar las reacciones más viscerales de los elementos más irracionales de la izquierda: la lucha contra el fascismo, Manthaussen, Carrillo, etc…

ZPlus está resucitando la eterna lucha entre las dos Españas. Él y no otro. Ante la falta de ideas, recurre a los iconos. ¿Qué hará cuando se acaben también los iconos? ¿Qué seguirá a la centrifugación nacional y a la trituración social? Pocos políticos de la historia reciente de España han resultado tan absolutamente desprovistos de “sustancia”, vacíos y torpes. Pocos políticos causarán un daño tal a nuestro país como este “boboman”, “bambi”, “sosoman”, ZPlus o como se le quiera llamar. Pero a él también, la historia le demandará responsabilidades. Como a Carrillo. Como a Franco. El problema es que ZPlus es “presente” y aun queda mucho para que se convierta en historia, o mejor, en historieta, a la vista de su talla política, como máximo de la misma altura que una mierda bien aplanada. Día a día nos lo recuerda

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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