El peligro marroquí: demografía incontenible

Publicado: Domingo, 23 de Enero de 2005 21:45 por en GEOPOLITICA
6.jpgRedacción.- La visita del Rey Juan Carlos I a Marruecos ha sido un gesto de pleitesía de la Casa Real hacia… la cadena PRISA, uno de los holdings con mayores intereses en Marruecos. Siguiendo el dictado de Polanco, el Rey ha leído unas frases para mayor gloria del “diálogo de civilizaciones”, olvidado ya por todos. Pero todas esas buenas palabras no impiden que Marruecos siga siendo el enemigo del Sur, con voluntad o sin ella. Los rasgos que se dan en la sociedad marroquí, son incompatibles con la estabilidad de sus vecinos.

Ofrecemos a continuación un fragmento del Capítulo I del libro de Leon Klein, “Marruecos, el enemigo del Sur” del cual quedan todavía algunos ejemplares en almacén. Recordamos que dicho libro sigue teniendo actualidad y que puede ser solicitado a adb@pyrelibros.com o bien en la Tienda PYRE, al precio de 15,00 €; así puedes contribuir al mantenimiento de esta Web

LA EXPLOSIVA DEMOGRAFÍA DEL MUNDO ARABE

En la orilla norte del Mediterráneo se da un modelo demográfico caracterizado por:

- equilibrio demográfico
- tasas de natalidad bajas
- tasas de mortalidad bajas
- aumento de la edad media de las poblaciones.

Por el contrario, en la orilla sur del Mediterráneo los fenómenos que se producen a solo 50 kilómetros de las costas de Gibraltar o a 150 de Pantelaria y Lampedusa, son inversos:

- crecimiento demográfico desenfrenado
- tasas de natalidad muy altas
- tasas de mortalidad medias
- disminución de la edad media e las poblaciones.

Si hay una palabra que defina esta contradicción es “desequilibrio”. En efecto, entre las dos orillas existe un desequilibrio creciente e imparable. Continuemos este análisis con más detalles.

Existen tres trozas en el Mediterráneo:

- Zona A formada por España, Francia, Italia, Yugoslavia y Grecia.
- Zona B formada por Albania, Chipre, Israel, Líbano y Malta.
- Zona C formada por Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto y Turquía.

La tasa de crecimiento demográfico de la Zona A es de un 0’9%, la tasa de crecimiento demográfico de la Zona B es de un 2’3% y la de la Zona C de un 2’5%. Esto implica que en el 2025, la Zona A albergará solo al 3&% de la población total del Mediterráneo. Algo sorprendente, por que en 1950 suponía el 66% y en 1985 el 52%. Por el contrario, los países islámicos hacia el 2025 tendrán el 60% de la población de la cuenca: el doble de lo que tenían en 1995 y cinco veces más que en 1950.

De estos países, los que constituían la Unión del Magreb Arabe suponían un 30% de la población total del mundo árabe en 1995. Estos países crecen con una tasa anual del 3%. Hoy, la población total de los países islámicos asciende a 300 millones. En el 2010, rebasarán en población a la Unión Europea y se configurarán como el tercer bloque demográfico tras China e India.
Sin embargo no se trata de un bloque que pueda compararse a ningún otro de los existentes. Llama la atención que la población total en edad de trabajar sea solamente de un 53% de la población total. Esto se debe a que la mujer no está incorporada al mercado laboral (menos de un 10% de mujeres trabajan en el mundo árabe, frente al 45% de Dinamarca y cifras ligeramente menos en otros países europeos. Pero además el mundo árabe tiene la tasa mundial más baja e “fuerza activa de trabajo”: un 53% de la fuerza de trabajo, es decir que de cada 100 personas en edad y disposición de trabajar, solamente lo están haciendo 53.

Hay otras particularidades que resultan sorprendentes n la demografía musulmana. La estructura sexual de los países occidentales representa un equilibrio entre hombres y mujeres, es decir, por 100 hombres existen 100 mujeres. Por increíble parezca la naturaleza, por caminos que se desconocen, ha logrado preservar este equilibrio... equilibrio que no aparece en el mundo árabe, donde por cada 100 mujeres hay 103 hombres. Los sociólogos y los analistas todavía no han explicado convenientemente este dato que sin duda está íntimamente ligado con el papel secundario, subordinado al varón e “inferior” que, en la práctica, atribuyen las sociedades islámicas a sus mujeres.

Este datos con lo que de sorprendente tiene no es quizás tan dramático como la estructura por edad de las poblaciones árabes y, en particular, de las magrebíes. La pirámide de edad es, sin duda, el indicador demográfico más importarte por que nos habla de cómo van a ser esas sociedades en el futuro; de ese datos pueden inferirse todos los demás, especialmente a cuánto va a ascender la “fuerza de trabajo”. No existe tarea de gobierno posible capaz de prever el futuro si no existe un riguroso análisis de la pirámide de población.

Pues bien, el factor más llamativo en la demografía árabe es que el 50% de sus poblaciones están formadas por jóvenes menores de 15 años. En el Africa subsahariana este porcentaje desciende al 45% (si bien con una mortandad mayor), mientras que en Europa está en torno al 21%. Algunos datos son extremadamente significativos: el promedio de nacimientos por mujer se eleva en Jordania e 7’7, mientras que en Europa no llega a 2 nacimientos por mujer y en algunas zonas (Italia y España) está por debajo.

Sin embargo, en lo relativo a las tasas de mortandad, las cifras e los Países Arabes coinciden con la media mundial: la tasa es del 12’6 por mil, mientras que las cifras promedio mundiales son de un 11’4 por mil. Esto se debe, sin duda, a las deficiencias en los sistemas de salud. Allí donde existen, la mortandad se reduce a tasas similares a los países occidentales (Kuwait con un 4 por 1000, por ejemplo). La edad media está situada en torno a los 56’3 años, cuando en Europa alcanza los 73’5 años.

En el Magreb los menores de 15 años representan el 50% de la población y aunque los demógrafos calculan que hacia el 2015 aumentará el peso del resto de edades, la edad media de la zona seguirá siendo extraordinariamente joven. La edad media de Argelia era en 1985 de 16 años, mientras que la de Europa Mediterránea alcanzada los 34 años.

DEMOGRAFÍA DEL MEDITERRÁNEO OCCIDENTAL

Pero centrémonos en el Mediterráneo Occidental y en sus características demográficas. Los datos son igualmente sorprendentes y preocupantes y la muestra más evidente de que en el Sur si puede definirse la perspectiva de futuro con una palabra, esa palabra es “crisis”.

Entre 1953 y 1980 los tres países más significativos del Magreb, Argelia, Marruecos y Túnez, simplemente duplicaron su población que pasó a ser de 22’6 a 45’2 millones de habitantes. En el 2002 llegaban a casi 80 millones y en el 2025 habrán alcanzado los 100. Estas cifras indican que:

- en 1950, los países del Magreb suponían 1/6 parte de la población de la Europa Latina.
- En 1980, este porcentaje había descendido a “casi” 1/3
- En 1990, el porcentaje pasó a “más” de 1/3
- En el 2025, pasará a ser de 2/3: es decir, 110 millones de habitantes, frente a los 170 que se prevén en la Europa Mediterránea.

Esto quiere decir que mientras la demografía del norte del Mediterráneo se mantiene en sus cotas de hace 15 años, e incluso en algunos países (Italia) tiende a descender, en el Sur se va duplicando con facilidad cada 30 años. Mientras las tasas de reproducción en la orilla norte son inferiores al 2%, en la orilla sur alcanzan el 4’5%.

Lo peor es que en el Sur el desarrollo económico, el tejido industrial y la capacidad inversora no alcanzan para proporcionar empleo a la mayor parte de la población joven. La fuerza de trabajo se duplica igualmente cada 20 años en el Magreb, pero no así el número de puesto de trabajo. Por lo demás, estos países tienen tasas de desempleo enormes, la estructura económica se ve incapacitada para, de un lado, disminuir estas cifras, y de otro facilitar trabajo a los jóvenes que aparecen ante el mercado de trabajo a riadas incontenibles y constantes. La emigración a partir del 2002 se ha convertido en una opción que resultará inviable para la mayoría. Antes bien, el problema puede agravarse con la llegada de repatriados segregados por el mercado laboral europeo.

La discusión en torno a la inmigración en Europa se centra en el hecho de que lo que hace falta en el norte (población) tiene en el sur un amplio superavit. La solución parece simple: se desplazan poblaciones del Sur hacia el Norte y así se logra un equilibrio. Pero las cosas no son tan sencillas. En otro lugar de esta obra aludimos a los problemas generados por la inmigración en los distintos países europeos, que en buena medida, son los problemas generados por la inmigración... magrebí. Tal como Guillaume Faye ha dicho con una sobriedad digna de encomio: “si bien la mayoría de magrebíes que llegan Europa llegan a trabajar, también es cierto que la mayoría de delincuentes son magrebíes”. Esto ha generado una percepción diferente de las poblaciones europeas hacia el fenómeno de la inmigración y una hostilidad creciente a la presencia de inmigrantes en el suelo de la Unión Europea.

A partir de ahora el Magreb ya no podrá contar con la válvula de escape de la inmigración para aliviar sus problemas internos. El endurecimiento creciente de la política de la Unión Europea en este terreno demostrará que las fronteras si pueden blindarse, que basta con que exista voluntad política para que la invasión de jóvenes norteafricanos sin oficio ni beneficio, ni cualificación profesional, puede ser cortada en seco. Para Europa, este objetivo es cada vez más perentorio.

Ahora bien, ¿qué es lo que quedará en el sur? Inestabilidad. Cuando millones de jóvenes menores de 15 años no ven una salida a su situación personal más que en la inmigración legal o ilegal y Europa cierra las puertas... esto implica que en los países de África del Norte va a existir una formidable inestabilidad en las próximas décadas.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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