Gaudí y las enseñanzas del abate Sebastián Kneipp

Publicado: Miércoles, 19 de Enero de 2005 19:31 por en CULTURA
gaudi.jpgRedacción.- Presentamos el capítulo XIII del libro “Gaudí y la masonería. Caso Abierto” dedicado a estudiar las vinculaciones del arquitecto con la masonería barcelonesa de su tiempo. En próximas entregas iremos sirviendo más anticipos de esta obra exhaustiva. En este primer capítulo se explica por primera vez el origen de algunas costumbres particulares de Gaudí que siempre han llamado la atención.

En la segunda mitad del siglo XIX, se formó en Barcelona, un caldo de cultivo, que hoy llamaríamos “alternativo”, en el que florecieron socialismo utópico, vegetarianismo y naturismo, frenología, teosofía, espiritismo, escuelas librepensadoras y positivistas, anarquismo y movimientos sociales avanzados, universalistas y esperantistas, y un largo etcétera. Este ambiente duró, prácticamente, hasta la guerra civil e incluso, algunas supervivencias, pudieron prolongarse durante la postguerra. Lamentablemente, no existe ningún estudio monográfico sobre este ambiente tan rico y variopinto, como desconocido. Sin embargo, en algunas biografías de personajes concretos, podemos encontrar algunas pinceladas sobre dicho ambiente. En este sentido, la biografía de Mariano Cubí escrita por Ramón Carnicer, es una fuente inagotable de datos, así como la obra de Sánchez i Ferré sobre “La maçoneria a Catalunya”, pueden servirnos para hacernos una idea del “panorama ideológico” de la Ciudad Condal en la segunda mitad del siglo XIX. Y resulta sorprendente saber que menudeaban las manifestaciones callejeras de estos grupos en los que vegetarianos, teósofos, agrupaciones corales, partidos de izquierda, espiritistas, socialistas utópicos, cooperativistas, círculos librepensadores y masónicos, acudían, cada uno con sus estandartes y afiliados, conscientes de que pertenecían a un mismo linaje dividido en distintas familias. Afirmamos que éste fue el ambiente del que Gaudí se nutrió en sus años de juventud.

Afirmamos que, a partir de su último año en Reus, cuando, junto a sus dos jóvenes amigos, redactan el proyecto de restauración de Poblet, ya había asumido una parte de estas ideas, que las mantuvo a lo largo de sus años de estudio en la Escuela de Arquitectura y que se desengañó de ellos, muy probablemente por sus relaciones con la Cooperativa Obrera Mataronense y cuando, a través de su mecenas, Eusebio Güell y del Marqués de Comillas, pudo conocer a las grandes figuras de la Iglesia Católica que influyeron en la rectificación de su pensamiento: desde Verdaguer a Collell, y los obispos de Astorga y Vich, Grau y Torras i Bages. Es, en ese momento, cuando supera su gran crisis interior y se orienta, cada vez con pasos más decididos por la senda del catolicismo. No es esta segunda parte de su evolución la que nos interesa: ha sido tratada hasta la saciedad por sus biógrafos más minuciosos.

¿Cómo llegó Gaudí a lo que hemos definido como “ambiente alternativo”? Reus, como hemos visto, era la segunda ciudad de Catalunya en la época en que nació. Grandes figuras de la política y la intelectualidad del momento habían nacido en aquella ciudad: el poeta romántico Joan Bartrina, el general Prim, el pintor Fortuny. Sabemos que hubo logias masónicas y círculos librepensadores. Sabemos que operaron partidos y agrupaciones de izquierda, utopistas y jacobinos. Y sabemos, finalmente, que cuando los tres amigos de Reus redactan el proyecto de restauración de Poblet, están impregnados de este ambiente. No sabemos exactamente por qué los padres de Gaudí lo enviaron a Barcelona a cursar el último año de bachillerato. Si ha dicho que fue para alejarlo de los disturbios políticos (pero en Barcelona las cosas no estaban mucho mejor que en Reus, sino todo lo contrario e, incluso, aunque esa fuera la razón, daría lugar a pensar que los padres veían con preocupación la evolución de las ideas de su hijo y prefirieron alejarlo de las “malas compañías”) y para que acompañara a su hermano mayor, Francisco, que estudiaba medicina en la Ciudad Condal (y es significativo que fuera matriculado en un instituto laico y no en alguno de los muchos colegios religiosos que existían en la misma zona, próxima a la escuela de medicina en la que estudiaba su hermano). Pero el misterio, a estas alturas, no es Gaudí, sino su padre. De él se saben muy pocas cosas: que era hábil calderero, hijo y nieto de caldereros, casado con una mujer procedente de este gremio… y poco más. Sabemos también, gracias a Joan Bergós, que “Su padre se hizo naturista, según el método del abate Kneipp, y con las prácticas hidroterapeuticas se curó las varices de las piernas que los médicos no conseguían curarlo; en vista de la eficacia del sistema, Gaudí adoptó algunas prácticas. Hasta en pleno invierno se lavaba todo el cuerpo con agua corriente, friccionándose intensamente; así hacía ejercicio y masaje a la vez” (1). Lamentablemente, no sabemos si esta adhesión del padre del arquitecto hacia las prácticas recomendadas por Kneipp, se produjo en su tierra natal de Tarragona o bien cuando, tras fallecer su esposa, se trasladó con su sobrina a Barcelona, ayudando a su hijo en la administración de su estudio de arquitectura. Lo importante, en cualquier caso, es recordar que el abate Kneipp era uno de los puntales de este ambiente alternativo al que hemos aludido. La adhesión al medio vegetariano y naturista procedía, pues, en Gaudí de su padre. Es decir, que la familia, en algún momento, estuvo predispuesta a asumir estas teorías alternativas aplicadas a la salud, quizás a causa de la muerte de su hijo mayor que, precisamente estudiaba medicina, o quizás a causa de la mala salud que tuvo el arquitecto desde muy niño.

Bergós cuenta, por ejemplo, “al día siguiente de su nacimiento fue bautizado en la Parroquia de Sant Pere de Reus (…) El niño se desarrolló con dificultad, obligando a alargar el período de lactancia”, y más adelante, “antes de los seis años empezó a sufrir los ataques de reumatismo articular que reaparecieron en diversas ocasiones en el transcurso de su vida. Esta enfermedad tuvo consecuencias importantes en la formación del muchacho: le hizo frecuentar las estancias en el Mas, donde recordaba que muchas veces había de ir montado en un burro porque el dolor le impedía caminar” (2). Estos ataques reaparecieron en distintos momentos en la vida del arquitecto. Van Hensbergen explica que “oyó a sus padres hablar sobre su próxima muerte” (3).

La madre de Gaudí fallece en 1876 su hermano Francisco y, pocos meses después, su madre; la hermana de ésta, Rosa, apenas le sobreviviría tres años. Posteriormente el arquitecto reconoció que en ese período sufrió una fuerte depresión y, poco después empezó un diario (que abarca del 22.11.876 al 25.01.877). Es, a partir de ese momento cuando su hija pasa a vivir con el padre de Gaudí. En sus treinta y seis años de vida parece que solamente existe una fotografía de ella, con el doctor Santaló y su familia y Gaudí y su padre. Al parecer, Gaudí pidió consejo al doctor sobre anatomía para la fachada del nacimiento y también sobre dieta y nutrición.

Por cierto que en esa foto Gaudí está fumando un puro con el gesto distraído. Si recordamos el proyecto de Poblet, allí los tres jóvenes sostienen la conveniencia de vender tabaco y abrir un estanco en el monasterio. Otros autores también han recordado que, en su juventud, le encantaba la buena mesa y los tabacos seleccionados. Algo que no encaja con el odio que, posteriormente, adopta en relación al tabaco y a los fumadores. Rosa Egea, murió de tuberculosis y era propensa a la taquicardia (1912), probablemente agravada por el creciente alcoholismo de la muchacha, tras la muerte del padre del arquitecto (1906). Bergós dice que “tan ajeno como era Gaudí al vicio del alcohol, sufrió mucho al ver que su sobrina se bebía el agua del Carmen”.

La foto de Gaudí fumando es de 1904. Lo cierto es que, inmediatamente después de esa foto Gaudí empieza a mostrarse intolerante con el tabaco. Solía ordenar a sus subordinados “Tire el cigarro” y frecuentemente lo argumentaba: “Dios no hizo las narices para que echaran humo como una chimenea” (4). En otra ocasión el pintor castellonense Joan Porcar explicó la anécdota de que en cierta ocasión, Gaudí hablaba sobre el Escorial en términos poco elogiosos; Porcar no le hacía mucho caso y seguía fumando; esto sacó de sus casillas a Gaudí el cual le increpó: “Es un cigarrillo lo que perderá a los valencianos”, y Porcar añade: “Desde aquel día me tuvo cierta manía”. Porcar, intentando mejorar la relación y aprovechando que se encontró al arquitecto acompañado por el escultor Matamala en una parada de autobús, les pagó el billete. Los dos artistas ni siquiera le hicieron caso. Al día siguiente, para fatalidad de Porcar, se volvió a encontrar a Gaudí y lamentó el cáncer de Matamala que había llegado a que le extirparan la nariz. Gaudí literalmente le dijo “Fot el camp” (5). Pero lo más sorprendente es que el abate Kneipp en sus miles de páginas de consejos higiénicos y dietéticos, no tiene ni una sola línea contra el tabaco. De hecho, él mismo era un moderado fumador de puros. Así puede entenderse la foto de Gaudí con el puro, junto a su padre. Así pues, hay que pensar que cuando empezó a denostar el tabaco era en el último período de su vida a partir de 1914, cuando se dedicó exclusivamente a las obras de la Sagrada Familia. Quizás la edad, la muerte de sus familiares más próximos y de sus mejores amigos (Berenguer, Matamala, Maragall, Güell) y la conciencia de que había atravesado una grave enfermedad nerviosa (en 1910), le indujeron abandonar el tabaco, incorporando una prohibición que Kneipp no había realizado nunca.

Indudablemente, el estilo de vida que llevó, como mínimo después de la muerte de su sobrina y quizás en un período situado en torno a la muerte de su padre, estaba inspirado en la dieta que llegó, precisamente a su padre a los 92 años de vida, en un tiempo en el que la vida media estaba en torno a los 50 años. Paseaba cada día 3 km por el Park Güell y sostenía que, como la distancia ideal que había que recorrer cada día era de 10 kilómetros. Había dicho a Bergós: “He llegado a la conclusión de que el total de caminar durante el día tiene que ser de unos diez kilómetros y que los cambios de altitud aumentan la eficacia del ejercicio; por eso los días festivos, indefectiblemente vamos a la escollera y cada tarde subo a dormir al Park Güell” (6). El método de Kneipp llamaba a este procedimiento “kinesioterapia o terapia del movimiento” y, la modalidad que practicaba Gaudí, “entrenamiento dinámico”, que seguía en su aspecto de caminar, pero que, en realidad, podía incluir natación, bicicleta, correr, etc.

Pero todo esto no impidió la crisis de 1910, seguramente, producta de una multiplicidad de factores: “Tensiones, poco descanso, mala alimentación, salud llevada al límite, desembarcaron en una anemia cerebral o, como diríamos hoy, una depresión nerviosa” (7). La estancia en Vic en el domicilio señorial de Doña Concepción Vila, no le sirvió de mucho. La habitación que Doña Concepción le había destinado le desagradó por su hedonismo y, al parecer, durmió en el suelo. Cuando algún solicito vigueta se ofrecía a acompañarlo por los recorridos artísticos de las inmediaciones, el paseo se solía hacer difícil. El arquitecto no apreciaba lo que veía: “No es arte verdadero, sólo copias de obras mediterráneas”.

Aprovechaba para denostar a Van Eyck o Rembrandt a los que calificaba de “artistas de comedor burgués, decoradores de tercer orden”. Joaquín Vilaplana, familiar de Doña Concepción, debió de sufrir el carácter difícil que mostraba Gaudí en ese momento. Posteriormente dijo que “le dio la impresión de que Gaudí poseía una gran cantidad de conocimientos, pero que prefería aparecer como un snob de la humildad y la pobreza” (8). Las tres semanas que estuvo en Vich no sirvieron de gran cosa, tan solo para que diseñara unas farolas muy criticadas que fueron, finalmente, derribadas en 1924. Seguían los problemas en el Colegio de las Teresianas, en Palma de Mallorca las cosas no iban mejor y cabildo estaba alarmado por los gastos desmesurados, la urbanización del Park Güell era evidente que había fracasado y las obras de la cripta Güell estaban detenidas. Para colmo, el doctor Santaló, a la vista de los síntomas –accesos de fibre intermitente y escalofríos- diagnosticó “fiebre de Malta”. En la primavera de 1911 estaba tan débil, que Santaló tomó la iniciativa de llevarlo al Puigcerdá. Se alojan en el Hotel Europa y Gaudí demuestra ser muy consciente de qué es lo que le ha llevado hasta ese extremo. Dirá a Santaló: “Presiento que mi curación no es cuestión de medicamentos sino de norma de vida” (9).
A esas alturas, era evidente que los remedios y las medicinas alternativas no le habían ayudado mucho, lo cual no fue obstáculo para que siguiera siendo vegetariano hasta el final de sus días y siguiera a rajatabla los peculiares consejos del abate Sebastián Kneipp.

En 1894, cuando se terminan los cimientos del Pórtico del Nacimiento, Gaudí se encuentra en un estado de exaltación mística extrema. Es entonces cuando evidencia su segunda crisis emocional grave en el famoso episodio del ayuno cuaresmal que deja al arquitecto postrado en su lecho en situación de extrema debilidad que su amigo, colaborador y dibujante, Opisso, reflejó en un apunte.

Bergós da cuenta de que Gaudí sufría una disfunción ocular. Un ojo le permitía ver bien a larga distancia, pero con el otro solamente podía apreciar los detalles próximos. Le recetaron un monóculo, pero terminó rechazándolo en beneficio de los baños oculares de agua fría recomendados por el abate Kneipp. La única crítica que se permitió realizar jamás a su admirado obispo Torras i Bages fue, precisamente, utilizar gafas: “Cuando alguien tiene problemas en al vista, lo mejor es hacer ejercicios con los ojos y lavárselos con fuerza” (10). El abate Kneipp en sus estudios sobre hidroterapia daba instrucciones precisas para lavarse todas las partes del cuerpo, con agua natural, fuera cual fuera la época del año. Gaudí seguía estas instrucciones, por lo que nos cuentan sus biógrafos, al pie de la letra.

El sistema de Kneipp preveía baños de agua externo e internos, vahos (Gaudí los hacia con eucalipto) y lo que llamaba “envolturas”. Habitualmente consistía en un “lienzo basto de lino”, colocado mojado sobre la parte del cuerpo que se pretendía sanar y que se mantenía con imperdibles (hoy los discípulos de Kneipp recomiendan ligarlos con velero). Se sabe que Gaudí se frotaba las plantas de los pies con fragmentos de hielo y que se colocaba vendas en las piernas, según cuentan sus biógrafos, para protegerse del frío. Pero esto no parece muy coherente; unas simples vendas apenas pueden proteger del frío húmedo de la Ciudad Condal. Es mucho más probable que Gaudí, a la vista de los problemas que tuvo su padre en las piernas a causa de las varices y que sanó gracias a los tratamientos recomendados por Kneipp, fuera sobre sus pasos. El caso es que en varias ocasiones, sus acompañantes vieron como entraba en algún portal para volver a colocarse las vendas que se le habían soltado. En el método Kneipp, estas envolturas húmedas, tienen como finalidad sustraer o acumular calor según la duración con que sean aplicadas.

En cuanto a la costumbre de aplicarse hielo en las plantas de los pies, iba en la misma dirección que la costumbre de su padre de andar descalzo sobre la hierba: el abate Kneipp así lo recomendaba e incluso hoy sus discípulos sostienen la existencia de una “estrecha relación entre la actividad vasomotora de la piel, de la pelvis menor y de la garganta, y entre los pies y el resto de los órganos” (11). En realidad, el abate Kneipp no recomendaba “andar sobre hierba”, sino “sobre rocío o nieve”, descalzo, por supuesto. E incluso recomendaba andar así durante uno o dos minutos, aumentando el tiempo paulatinamente hasta llegar a cinco (12). Y Gaudí andaba… en 1906 iba al oratorio de San Felipe Neri donde realizaba la confesión diaria. Los domingos llegaba hasta la Catedral y luego solía ir a la escollera del puerto y a la Barcelonesa. De regreso, seguía el Paseo de Colón hasta el monumento y luego ascendía por las Ramblas, frecuentemente acompañado por el escultor Matamala y Alfonso Trías, hijo del abogado Trías que vivía como él en el Park Güell. Quizás algo más de diez kilómetros los domingos…

Se sabe, así mismo, que su alimentación, al menos en el último período de su vida era exigua, apenas un poco de lechuga, un vaso de leche, unas gotas de aceite sobre la lechuga, nueces, confitura de remolacha y pan con miel, todo ello acompañado por mucha agua. En ocasiones comía algo de frutos secos o pasas (13). También se sabe que comía verduras con sal y un poco de aceite vegetal. En algún texto hemos leído que, ocasionalmente, mezclaba la leche con cítricos e incluso tenía alguna teoría al respecto. Siempre, después de comer, tenía la costumbre de limpiarse las manos con miga de pan mojada en agua. “Explicaba que las ensaladas, la lechuga y la escarola son la forma más sencilla y perfecta de tomar aceite, preparado así para su emulsión; que es un error que la leche con frutas, incluídos los cítricos, combinen mal, que es todo lo contrario: la piel de las frutas es el mejor regulador intestinal. Todo lo que comía lo acompañaba con pan y no bebía aun que no hubiera comido nada más que frutos secos; acababa siempre con miga de pan, que hacía de “esponja limpiadora de la dentadura”; después bebía un poco de agua” (14). Y estos hábitos dietéticos contrastan con los que mantuvo, siempre según Bergós, el arquitecto en otros tiempos: “Gaudí, de joven, había sido un gran gourmet, pero nunca fue goloso; en su madurez, primero por convencimiento de la moda naturista, después para combatir los ataques reumáticos que reaparecen alguna vez y finalmente por ascetismo, llegó a un grado de frugalidad extraordinario; hasta tal punto que un día, paseando por la escollera, no pudo evitar comer excepcionalmente fuera de hora unas cuantas almendras crudas, diciéndome: “Siempre tengo hambre y no me he levantado de la mejo que no me quedaran ganas de comer”” (15).

Van Hensbergen explica que en 1911 se le diagnosticó brucelosis, quizás como resultado de su costumbre de beber leche sin pasteurizar. El mismo autor atribuye el mal carácter del arquitecto a la enfermedad: “Uno de los síntomas más potentes y perturbadores de la brucelosis son los cambios de humor súbito, que pueden terminar en depresiones suicidas. Van acompañados de ataques de cólera, intervalos de concentración, agotamiento físico, dolores de cabeza intensos, inflamación glandular, sudores nocturnos, artritis dolorosas” (16). Algunos de estos síntomas son los mismos que los de la depresión. Las depresiones, sin embargo, suelen ser recurrentes. Gaudí, él mismo, al morir su madre, su hermano y su tía, en un plazo corto, cuenta que sufrió un estado depresivo. Cuesta entender si lo que le ocurrió durante el ayuno de 1894 fue una crisis mística aguda o un nuevo estado depresivo, o una mezcla de ambos. Y, por lo mismo, la brucelosis sirve para explicar algunos exabruptos del arquitecto. Si a esto unimos una hernia que le obligó a llevar bastón y la extraña costumbre de llevar zapatos de piel con suela de esparto, habremos completado el cuadro clínico de Gaudí. ¿A dónde nos lleva?

Cuando aparece una figura de estatura desmesurada, todos los que se encuentran en su entorno quedan empequeñecidos. De su sobrina de treinta y tantos años se sabe muy poco y de su padre de 92 no se sabe mucho más. Sin embargo, están ahí, rodeando al arquitecto día a día, hasta principios del siglo XX. Da la sensación de que, al menos el padre, tuvo un peso decisivo en la educación de Gaudí y en la adopción por éste de algunas peculiaridades de su comportamiento. Sabemos que conoció la obra del abate Kneipp gracias a su padre… pero sabemos también que, absolutamente todas las peculiaridades de su vida cotidiana –dieta, hábitos higiénicos, largas caminatas- no fueron otra cosa que el resultado de la aplicación de los principios del abate Kneipp que recibió de su padre. Si los descontextualizamos se quedan solo en excentricidades. Y en este terreno, Gaudí no era precisamente un excéntrico: todo lo que hacía era seguir el sistema de Kneipp metódicamente y hasta su muerte.

Resulta imposible recabar más datos sobre su padre. Deberemos reconocer que no sabemos absolutamente nada sobre él. Ni, por lo demás, tampoco hay muchas posibilidades de obtener hoy información. Pero si contextualizamos el marco en el que surgieron las especulaciones dietéticas e higienistas del abate Kneipp, deberemos convenir que pertenece a ese “entorno alternativo” al que hemos hablado al principio de este capítulo. A decir verdad, no sabemos por qué su padre abandonó el oficio de calderero, y vendió el “mas” La Calderera. Se ha dicho que para pagar los estudios del joven Antonio Gaudí… pero, esas mismas biografías, han señalado por activa y por pasiva que, desde muy pronto, trabajó para pagarse la carrera. No sabemos mucho sobre las opiniones del padre de Gaudí y es raro por que desde que llegó a Barcelona con su sobrina hasta que murió en 1906 pasaron algo más de 25 años. Todo lo que se sabe del padre es que tuvo como médico de cabecera al doctor Cubero, que seguía los consejos del abate Kneipp gracias a lo cual se curó las varices y que administró los dineros del arquitecto. Gracias a Bergós se ha podido saber que cuando Francisco Gaudí, padre del arquitecto, se encontraba en estado preagónico, preguntó los nombres de los diputados elegidos en las elecciones (17). Lamentablemente, de la frase, no puede deducirse cuáles eran sus preferencias políticas. Todo esto tiempo dio para una foto con la familia Santaló y para un dibujo de Opisso. Poco realmente. De hecho nada. Debieron llevarse bien, padre e hijo, nada hay que permita intuir lo que hoy sería una “guerra de generaciones” o algo similar. El padre fue un ejemplo para el hijo. Y el hijo llevó algunos consejos del padre hasta extremos muy radicales, como en su fidelidad al abate Kneipp.

Todavía está por llegar el historiador que investigue (y la institución que subvencione…) el “ambiente alternativo” de la Barcelona decimonónica en el que tuvieron eco las enseñanzas del abate Kneipp, proliferaron los clubs naturistas y vegetarianos, las asociaciones espiritistas y teosóficas, los círculos de librepensadores y de positivistas, las ideas utopistas y cooperativistas. Pero todo esto existió en una Barcelona que, a partir de 1936, lo dejó atrás y que las velocidades de transformación, siempre aceleradas, han hecho que olvidáramos, incluso nosotros ciudadanos de la antigua Colonia Julia Augusta Faventia Paterna Barcino, este tejido que formó parte de nuestro pasado reciente.

¿Qué queda de la lectura de estas páginas? La duda sistemática que en este caso se traslada del arquitecto a su padre. ¿Quién fue en realidad Franciso Gaudí Serra? ¿qué hizo a lo largo de sus 92 años de vida? ¿qué pensaba? ¿cómo llegó a conocer y practicar la dieta de Kneipp? ¿estaba vinculado al tejido alternativo en el que se compartían estas y otras ideas no menos excéntricas? Ninguna de estas preguntas pueden ser contestadas, pero contribuyen a traspasar una parte del “misterio Gaudí” a su padre.

¿Qué sentido puede tener, entonces, incluir un capítulo sobre esta temática en un libro sobre las relaciones, presuntas o reales, entre Gaudí y la masonería? Las logias masónicas –algunas más que otras, por supuesto- eran una parte de este “tejido alternativo”. Como ha analizado Pere Sánchez Ferré en su estudio sobre la masonería en Catalunya, librepensadores, vegetarianos, teósofos, libertarios, socialistas, republicanos, francmasones, solían manifestarse de forma unitaria.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

NOTAS

1. “Gaudí, l’Home i l’Obra”, Ob. Cit., pág. 31.

2. “Gaudí, l’Home i l’Obra”, Ob. Cit., pág. 23 y 25

3. “Antonio Gaudí”, Ob. Cit., pág. 39.

4. Frases citadas en “Gaudí, de piedra y fuego”, Ob. Cit., pág. 273.

5 “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit., pág. 393.

6. “Gaudí, l’Home i l’Obra”, ob.cit., pág. 31.

7. “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit., pág. 305.

8. “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit., pág. 309.
9. “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit., pág. 373.

10. “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit., pág. 394.

11. Los discípulos de Kneipp han resumido en una página web las características generales de los tratamientos recomendados, puede compararse con las costumbres y hábitos de vida de Gaudí, para ver que son completamente coincidentes: http://www.unizar.es/med_naturista/hidroterapia/Lacurakeneipp

12. Una buena recopilación de los remedios y principios del abate Kneipp puede leerse en “Water Connection”, Marc Ams, Las Mil y una Ediciones, Madrid, 1987.

13. “Gaudí en la intimidad”, Cordoner Blanch, pág. 89.

14. “Gaudí, l’Home i l’Obra”, Ob. Cit., pág. 32.

15. “Gaudí, l’Home i l’Obra”, Ob. Cit., pág. 32.

16. “Antonio Gaudí”, Ob. Cit., pág. 259.

17. “Gaudí, l’Home i l’Obra”, Ob. Cit., pág. 32.

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