2005 será el año de la Gran Convulsión

Publicado: Viernes, 31 de Diciembre de 2004 00:17 por en ORIENTACIONES
ibarreche.jpgRedacción.- El año 2004 ha terminado con densos nubarrones sobre el panorama político nacional. Más densos que en los peores momentos de la transición. ZP ha traído la Gran Crispación, comparado con la cual la Pequeña Crispación del período aznarista, parece un juego de niños. ZP ha creado los problemas rompiendo los equilibrios políticos que se habían creado en la transición y ha abierto interrogantes que se desvelarán a lo largo del 2005. Por que a ZP, además, de “bambi”, “el cansao”, y otros tantos apelativos que responden perfectamente a su “ideosincrsia”, le podemos añadir otro más: el de “bombero pirómano”. Allí donde hay normalidad crea una polémica y allí donde existe, la exacerba. Todo ello, eso sí, con “buen rollito”.

El Plan Ibarreche, adelante

Batasuna ha hecho lo que era lógico: ha salvado su honor ante sus electores, dividiendo su voto. Era lógico que apoyara, finalmente, el plan secesionista. Cerrada la puerta a la vía insurreccional y a la estrategia de guerra de guerrillas, liquidada ETA, al nacionalismo radical le quedaba solo la vía gradualista para intentar mejorar sus posiciones y superar el trauma que supone el funeral de ETA. Permach, Otegui y Salaberría han apoyado la iniciativa con los votos justos para que saliera adelante. No podían hacer otra cosa y, de hecho, era lo más inteligente que han hecho en muchos años. Ahora bien…

Ahora es cuando el PNV tiene un verdadero problema. Aunque la debilidad esté instalada en la cúpula del Estado, ZP no es “el Estado”, sino un gestor que no puede ignorar la realidad de la correlación de fuerzas, tanto en el País Vasco como en el resto de España.

Ciertamente, el Partido Socialista Vasco es en buena medida responsable de lo que está ocurriendo. Presos de la tesis de que el nacionalismo es imprescindible para la gobernabilidad del País Vasco, en 1984, aun habiendo ganado las elecciones autonómicas, entregaron la “lendakaritza” al PNV. Desde entonces, una parte del corazón de los socialistas vascos ha estado con el nacionalismo moderado. Verdadero drama, por que la otra parte les decía, cada vez con mayor rotundidad, que precisamente el nacionalismo era el responsable de la situación de pre-guerra civil que había estallado en la zona desde la transición. Recordamos, una vez más, nuestra tesis: el verdadero criminal político en el País Vasco no es ETA (ETA es una banda de deficientes mentales, sedientos de sangre y de un primitivismo y una simplicidad insultantes para el sentido común), sino el nacionalismo, radical o moderado, pero el nacionalismo a fin de cuentas.

Esta tesis no la ha compartido nunca un sector del PSE. Odón Elorza, arquetipo de la cobardía, ha ido allí en donde, no sólo los nacionalistas moderados, sino también los radicales, le han marcado. Y no ha sido el único. De hecho, solamente en el período en que Redondo Terreros ocupaba la Secretaría General, las cosas han estado claras: hay culpables y hay inocentes, hay asesinos y asesinados, no hay medias tintas. Pero, en cualquier otro período –incluso en los momentos más duros del GAL-, los socialistas vascos siempre han tendido una mano al PNV con el que gobernaron durante ocho largos años en los que la educación vasca se convirtió en el troquel de nuevos batasuneros y cantera de Jarrai y de ETA.

Hoy penúltimo día del año, 39 diputados han votado que sí y 35 que no. De haberse abstenido los tres miembros de Batasuna, el resultado habría sido 36 a 35; y si hubieran seguido el voto de sus demás compañeros de grupo, el resultado habría sido de 36 a 38... esto es, habría sido rechazado. Los 3 batasunos han dado su voto, después de poner verde a Ibarreche y a su “plan”, por que de lo que se trataba era de agradecer al “putchista” Atucha, el no haber disuelto el grupo parlamentario de Batasuna y, sobre todo, salvar la cara ante el electorado propio que en las próximas elecciones habrá sido ganado en buena medida por el PNV. Pero, en el fondo, la postura de Batasuna reconoce la derrota estratégica de ETA y el fin de una época.

El discurso de Ibarreche era exultante desde el momento en que sabía que tres batasunos iban a votar por su plan. Aseguró que “nada ni nadie le impedirán convocar un referéndum para ratificar su proyecto soberanista” (aun a pesar de que una encuesta pagada por el propio gobierno vasco, demostraba hoy mismo que la población no estaba para muchas aventuras y que el nivel de desconocimiento de las propuestas de Ibarreche era absoluto). En un alarde de cinismo, dos días después de que Atucha realizara la maniobra más vil y miserable que ha protagonizado un presidente de una cámara legislativa, propia de repñublicas subdesarrolladas y babaneras, robando un voto por un evidente error técnico, después de ese insulto a la democracia y al sentido común, Ibarreche se ha permitido dar lecciones de democracia: “la esencia de la democracia y la clave de la solución es el derecho de la sociedad vasca a decidir su propio futuro” y más adelante: “Vamos a darle la palabra al pueblo”… pero la encuesta del propio gobierno vasco indica que el pueblo permanece muy ajeno a estas iniciativas y, en cuanto a que un nacionalista pontifique sobre la “esencia de la democracia”, después del tufo a golpe y a fraude protagonizado por Atuche con la cuestión del “voto perdido”, es, literalmente, repugnante.

En lo que Ibarreche tiene razón es en que “no hay vuelta atrás”. No la hay. Ni para el PNV, ni para ERC: o llegan hasta el final –lo que lleva al enfrentamiento- o quedan como mentirosos ante su electorado. El PNV está obligado a insistir en esta política durante la campaña electoral de las autonómicas vascas de primavera e intentar, por todos los medios –por todos- obtener una mayoría absoluta que le permita llevar su plan a referendo.

Las dudas de otro tiempo del PSE, su entrega del poder al PNV en 1984, han traído estos lodos. Y, en estos momentos, ZP no es la persona, precisamente, con más carácter y energía para afrontar esta situación. El problema que entra en la curva previa a la recta final, a partir de hoy, alcanzará su máximo clímax a partir de conocerse el resultado de la consulta autonómica de primavera: si el PNV obtiene mayoría absoluta (lo cual no parece evidente) la secesión está servida. Si los resultados se mantienen como en esta legislatura, nos espera más crispación. Si, finalmente, el “bloque constitucionalista” supera al PNV, no parece tan claro que los socialistas vascos prefieran pactar con el PP antes que con el PNV. La tesis de Pachi López sigue siendo igual de suicida que la que ha adornado al socialismo vasco en otros tiempos: no se puede excluir al PNV de la gobernabilidad. Y esta posición con ese portento de debilidad y de “buen rollito” que se sienta en la Moncloa, da como resultado una secesión por fases.

El bobo y sus bobos

Cuando ZP se preocupa de decir que no ve ninguna diferencia entre “nación” y “nacionalidad” (a despecho de todos los tratadistas que si la ven) lo que está haciendo es apoyar a la fracción del PSE que ha propuesto una redefinición del País Vasco como “nación” en su proyecto de reforma del Estatuto. A estos genios se les olvida que a toda “nación” corresponde un “Estado”, no una “administración autónoma”.

En realidad, la opinión pública y, particularmente, los analistas políticos, incluso los que inicialmente han sido más próximos a ZP y encontraron en él presuntas virtudes, están más que alarmados por la deriva que está tomando el país. El hombre que decía haber llegado para eliminar la “crispación”, ha conseguido que en ocho meses, la crispación parezca haber realizado un parto múltiple. Está clara cuál es el “pequeño defecto” de ZP: no sabe decir que no.
Vienen los maricones a pedir matrimonio en igualdad condiciones que los héteros. Dice que sí. Aparecen las asociaciones de feministas eternamente airadas tronando contra la violencia doméstica y pidiendo leyes que creen la figura del “divorcio-exprés” y les dice que sí. Llega Maragall a la Moncloa a tomar café y, de pasada, le dice que, por cierto, “Catalunya es una nación”. Y ZP, asiente. Luego aparece Bono e Ibarra diciendo que la única nación es España… y, claro, también dice que sí. Y cuando no tiene ni idea de lo que hay que decir, crea una comisión para que otros pongan las ideas y él poder decir si, a A y a no-A.

Esta incapacidad para decir “no” es el principal handicap de ZP-Presidente. Una cosa es postular “talante” y “buen rollito” en la campaña electoral y en los primeros meses de gestión y otra tener que afrontar la política cotidiana: el no es al político lo que el agua al pez, aquello con lo que tiene que bregar si desea sobrevivir.

Pero la falta de personalidad de ZP se hace cada día más palpable incluso para sus propios correligionarios. Muchos empiezan a pensar que se equivocaron en el congreso del 2000. En estas navidades han proliferado los chistes sobre Moratinos (uno de los ministros que iniciaron su andadura con más prestigio acumulado, hoy es una pura irrisión), las ministras del 50% de cuota, sin excepción, han demostrado su nulidad y su inadecuación para el cargo. Cuando la Justicia está en un marasmo absoluto, López Aguilar reforma cualquier cosa menos la Ley del Jurado que hoy casi apoya y que ha sido otra de las causas de la paralización del sistema judicial, crea leyes donde no hacían falta (violencia doméstica) por que ya existía un código penal explícito y promueve una reforma de las altas instancias judiciales para rodearse de magistrados que sirvan al PSOE con fidelidad perruna. Por su parte, Alonso, desde Interior, anda perdido, ZP le ha dicho que monte una “alarma antiterrorista” y él lo ha montado; en realidad, vive de las rentas del período anterior y todavía no ha aterrizado en un cargo que le supera, visiblemente. Bono ha demostrado ser un cateto en el cuartel. Caldera… ha promovido la ley de regularización masiva de inmigrantes que va a complicar el problema de la inmigración como ninguna otra medida anterior. En resumen: un fracaso de gestión que rebasa cualquier previsión por pesimista que fuera. No es posible que sean tan malos gestores… pues si, ha resultado que son mucho peores de lo que podíamos imaginar y de lo que el país puede asumir.

El gobierno ZP es la evidencia más clara de la justeza del “Principio de Peter” según el cual, un incompetente, para seguir destacando, se ve obligado por una tendencia natural, ha elegir como colaboradores a gente con un mayor nivel de incompetencia, los cuales, a su vez, por supervivencia, nombrarán a otro nivel inferior de incompetentes y se preocuparán de eliminar a aquellos funcionarios y mandos que hayan demostrado eficacia.

La que se avecina por Catalunya

Las encuestas de la Generalitat de Catalunya son más triunfales que las del gobierno autónomo vasco. Una encuesta confirmaba hoy mismo que Maragall se “había consolidado” como presidente de la Generalitat. Bien es cierto que, leyendo la letra pequeña, recibía la calificación de 5,1 en una escala de 1 a 10, pero, al menos un aprobado pelado le servía para evitar el oprobio del suspenso. La misma encuesta no ha preguntado por su “cap de govern” del que lo único que se sabe es que cada tarde a las 19:00 se va para Torredembarra (150 km de la Plaça de Sant Jaime) a reponer fuerzas. Si hubieran preguntado por él en la encuesta, muy probablemente el problema no sería calificarlo, sino que los encuestados le conocieran.

En realidad, a lo largo de este año, Maragall ha hecho “grandes planes”. Tiene su propio proyecto de reforma del Estatuto y lo va a tirar adelante con los votos de todos los partidos, incluida una fracción del PP que no se siente con ánimos de poner un poco de sensatez en el asunto. Vamos a ver: si en el País Vasco el 60% de la población ignora los contenidos del Plan Ibarreche y el 60% dice que el Estatuto vasco está bien como está… en Catalunya, si hay un tema que no está en la calle y que no interesa a los ciudadanos es, precisamente, la reforma del Estatut.

Maragall es una de esas personas que tienen vocación de “estadista”, pero no de gestor. Ya en su período de alcalde de Barcelona, aparecía cada mañana por su oficina con grandes proyectos, la mayoría de los cuales se le olvidaban con la quinta Ginebra a.m. De tanto en tanto, alguno salía bien (los Juegos Olímpicos, por ejemplo). No es de extrañar que, a lo largo de este año, los peajes hayan subido más en Catalunya que en cualquier otra zona de España o que las zonas azules de Barcelona sean las más caras de España, cuando, en realidad, el programa de ERC o el del propio PSC preveían abaratar estos costes. La realidad es que, a fuerza de preocuparse por los “grandes temas” (que si el Forum, que si una reforma del Estatut, que si la reforma Constitucional, que si Catalunya en Europa, etc), los temas cotidianos han sido completamente olvidados por el Govern. De hecho, hace un año, nadie daba un duro por la continuidad del actual tripartito mucho más allá de 20 o 24 meses. De ahí que los tres partidos que componen el gobierno catalán, estén mucho más preocupados por apalancar a sus miembros en puestos clave, enriquecerse ellos mismos y a los amigos en el tiempo más breve posible (en sólo 10 meses se han duplicado los gastos de imagen del gobierno catalán en relación al período anterior… cuando nadie, en realidad, sabe en qué se gastan esos fondos, por que nunca como hoy existe la sensación de falta de gobierno en Catalunya) y, “trabajar” al propio electorado. Tal es el trabajo que realiza Carod desde que fue apeado del Govern a causa de sus chupitos con la cúpula de ETA.

Por que Carod está en campaña electoral permanente. Es posible que haya llegado a su techo electoral. Los resultados del cava catalán en la campaña de Navidades van a ser elocuentes: si las ventas se han reducido más de un 30%, Carod será un cadáver político.

Ayer mismo, Carod participó en la manifestación posterior a la derrota de la selección catalana ante la Argentina (0-3 y un millón de euros en el gasto de traer a los argentinos al amistoso en el que los equipos catalanes eludieron emplear a sus jugadores más emblemáticos, por cierto). La derrota picó y dolió, pero mucho más el hecho de que solamente, entre 5.000 personas (cifras reales) y 10.000 (cifras oficiales) se manifestaran en las Ramblas pidiendo selecciones catalanas.
El nacionalismo catalán es curioso: sus únicas fechas emblemáticas son derrotas. El 11 de septiembre es una derrota. A partir de la Batalla de Muret, el nacionalismo catalán no puede exhibir más glorias que las derrotas propias en los escenarios más exóticos. Es el nacionalismo de la derrota y la amargura interior, de la queja permanente y el lloriqueo constante que tanto y tan bien practicó Pujol con una maestría digna de encomio. Es normal que con una derrota de 0-3, el nacionalismo catalán recupere sus mejores hábitos y se manifieste por las Ramblas con pancartas contra las olimpiadas de Madrid 2012. Parece que lo del cava no ha sido suficiente. El riesgo es que el boicot al cava catalán (los empresarios del sector no son, precisamente, los más nacionalistas, por cierto) se extienda a otros sectores puede resultar la tumba de ERC. En Catalunya nadie torpedea impunemente al mundo empresarial. Allí, hasta el más nacionalista habla en tagalo, si es necesario, para realizar una venta.

Doce meses de gestión, un verano en el que un autobús recorrió toda Catalunya promoviendo el nuevo Estatut, no han servido para gran cosa. La discusión no está en la calle, pero llegará el día en el que ZP deberá decir lo que hacer: dirá, por supuesto, que sí. Ahora bien, eso no le generará por ensalmo la mayoría de 2/3 que requiere en la cámara baja para modificar la constitución. Así que, ERC seguirá su campaña electoral y, necesariamente, deberá romper amarras con ZP. Eso le beneficiará en Catalunya, pero perjudicará a su socio, tanto en Catalunya (Ciutadans pel Canvi - PSC) como en el Estado (PSOE). Pero ¿qué le importa a Carod que se hunda su socio? En el fondo, Carod alberga un profundo resentimiento contra Maragall y los socialistas por hacer de corifeos a la derecha que tronó cuando el asunto del chiquiteo con la cúpula de ETA en Persignan. Y, Carod nunca ha ocultado que quiere la poltrona de Maragall. De ahí que Maragall haya intentado protegerse otorgando a CiU y a Mas el título de líder de la oposición con despacho, gabinete y presupuesto propio.

Así pues, una previsión realista implica que la fecha de caducidad del tripartito catalán se situará entre julio y septiembre y que, muy probablemente, tendremos elecciones anticipadas en el último trimestre del 2005. Esto entrañará también la pérdida de apoyo parlamentario por parte de ZP y si, ERC asume una postura obstruccionista, no le quedará a ZP más remedio que disolver las cortes.

En esa hipótesis, el PP, si quiere recuperar la mayoría absoluta (que va a ser necesaria para recomponer el país de los destrozos del año y medio de ZP), va tener que darse prisa en asumir un nuevo curso y enterrar definitivamente las líneas más problemáticas de la política exterior aznarista. Eso, o de lo contrario, el aznarismo va a pesar como una losa sobre Rajoy, de la misma forma que la sombra de Felipe González, pesó sobre la calva del candidato socialista en las elecciones del 2000. Y tampoco esto parece claro que pueda ser asumido por un PP que, tras haber superado sus problemas internos, precisa tiempo e ideas nuevas para recomponer su credibilidad ante el electorado de centro-derecha.

Mientras no aparezca otra fuerza política de envergadura capaz de atraer a una franja de electores del PP y, al mismo tiempo de ganar el voto de descontentos de la izquierda, el PP permanecerá como el niño autista, confortado en su mundo interior y en la seguridad de que no tiene competencia en el tema de la unidad nacional, las iniciativas anti-ZP, o el torpedeo a la política del absurdo de ZP.

Eso es lo que, como mínimo, podemos esperar de 2005. Luego están, naturalmente, los males mayores: una economía que cojea, una opinión pública que considera que su situación personal es peor ahora que hace un año, un “efecto llamada” que va a convulsionar la vida española, unos patronos que se van a resistir a sacar a la superficie a los dos millones de inmigrantes ilegales, un gobierno que, no sólo carece de ideas, sino que tiene malas ideas, y, una situación internacional en la que los primeros entusiasmos de ZP de creación de un eje “hispano-franco-alemán” se habrán disuelto, con un referéndum sobre la Constitución Europea que promete batir records de absentismo en el electorado y así sucesivamente.

Todo esto induce a pensar que 2005, va a ser el año inolvidable que pasará a la historia como el “año en que todos sufrimos”.

© Ernesto Milà – infokrisis –infokrisis@yahoo.es

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