El eje de la Defensa y sus exigencias en el siglo XXI

Publicado: Domingo, 12 de Diciembre de 2004 01:16 por en GEOPOLITICA
000000.jpgRedacción.- Esta última entrega del trabajo sobre geopolítica de España en el siglo XXI, está destinado a la redefinición de lo que creemos son conceptos básicos para la Defensa Nacional. Para ello es preciso abordar la cuestión de en dónde exactamente se encuentra el eje de la misma. A partir de ahí, introduciendo una valoración de tipo político, estaremos en condiciones de definir el marco en el que, a nuestro criterio, debe reconstruirse una nueva política de defensa y seguridad.

En los últimos treinta años no ha existido unanimidad en cuanto a los ejes estratégicos de la defensa nacional. Faltaría saber si hoy es viable cualquier tipo de defensa nacional a la vista de lo miserable de los presupuestos dedicados a este fin. Pero, dejando aparte este espinoso problema que, desde luego, ZP y el recluta Bono no tienen la más mínima intención de resolver, la cuestión central sigue siendo sobre qué eje estratégico se estructura la defensa nacional. Vamos a intentar realizar una aportación en este sentido.

EL EJE CANARIAS – GIBRALTAR – BALEARES

Toda la polémica estratégica en los últimos cuarenta años en España ha girado sobre el consabido tema de la prioridad dada al mar o al territorio, esto es a la prioridad que debía darse a la defensa naval o a la defensa territorial. Está claro que, dada la división tradicional en distintas armas, la Marina ha defendido sus tesis y el Ejército de Tierra los suyos. Según haya sido mayor o menor el prestigio y la hegemonía de una u otra arma, ha triunfado una u otra tesis; por supuesto, las orientaciones del poder político han pesado también extraordinariamente, tal como veremos en el curso de este estudio.

Tras la firma de los acuerdos de cooperación con los EEUU en 1956 y tras el establecimiento de la base de Rota, entonces bajo control total norteamericano, triunfó la tesis de que el Estrecho de Gibraltar era el “pivote fundamental” sobre el que descansa toda la defensa nacional. No es por casualidad que esta tesis se enseñó como doctrina oficial, tras la desarticulación de los últimos maquís (Quico Sabater y Ramón Vila Capdevila (a) “Caraquemada”, muertos en Catalunya en 1963 y sus bandas dispersadas y en fuga) quedó claro que la única amenaza sobre la defensa nacional que podía pesar venía del Sur. Por otra parte, la firma de los acuerdos con los EEUU, aún cuando no nos incluían en el dispositivo de la OTAN, si, desde luego, nos incorporaban a la “defensa occidental” y, por la particular situación geográfica de la Península, era evidente que a España le correspondía la defensa de los accesos al Mediterráneo y –tal como se evidenciará a partir de la primera crisis del petróleo, de la guerra del Yonkipur (1973) y de la ofensiva soviética sobre la “ruta del petróleo” (1973-1983)- el control sobre el último tramo de la “ruta del petróleo” que, desde el Golfo Pérsico, bordeando África, llegaba hasta Europa.

Para asegurar estos objetivos, los teóricos de la defensa nacional establecieron un “eje estratégico” comprendido entre Baleares y Canarias, teniendo al Estrecho de Gibraltar como pivote. Y en todos los planes de la defensa en esa época quedó reflejado este planteamiento estratégico.

A partir de 1976 y hasta el final de la transición (que puede considerarse concluida en el período comprendido entre el 23-F de 1981 y la victoria socialista en octubre de 1982) prácticamente todo el país quedó paralizado por los traumatismos de la época y, por otra parte, las FFAA se vieron afectadas por tres presiones de distinta matriz:

- la ominosa retirada del Sáhara y la conciencia clara de haber abandonado a su suerte a un pueblo hasta entonces amigo.

- el choque entre el juramento de fidelidad militar y los sucesos que alteraron profundamente el panorama político español.

- las tensiones interiores que desembocaron en distintos procesos golpistas y en un descontento, desorganizado en su mayor parte, pero mayoritario, que se daba en el seno de las FFAA, especialmente en el Ejército de tierra.

En este contexto, era imposible replantear los planes de la Defensa e incluso acometer la necesaria renovación del equipamiento. A pesar de la importancia de determinadas decisiones políticas que se adoptaron en aquel momento (creación del Ministerio de la Defensa en 1977, como fusión de los ministerios correspondientes a los tres ejércitos (tierra, mar y aire) y constitución posterior de la Junta de Jefes de Estado Mayor), los planes estratégicos no variaron.
A medida que avanzó la transición, se hizo evidente que España entraría antes o después en la entonces llamada Comunidad Económica Europea y que el paso previo en la época, era la incorporación a la OTAN. A medida que la transición fue desembocando en la estabilización del sistema democrático, los teóricos de la defensa confirmaron las tesis estratégicas imperantes desde los años 60. El almirante González-Llanos en 1980 explicó que “El centro de gravedad de nuestra estrategia es la zona del Estrecho con sus accesos, prolongados hasta las Islas Baleares y las Canarias”. Y este planteamiento ya se hacía pensando en la próxima incorporación a la OTAN.

EL POR QUE DE ESTE EJE ESTRATEGICO

Por nuestra parte, consideramos que ese eje estratégico era válido en 1963, en 1980 y, mucho más, en 2004. En primer por que era evidente que, liquidado el maquís en 1963 e, incluso, liquidada ETA a partir de finales de los años 90 (con todo el potencial residual que se ha prolongado hasta nuestros días, siempre en progresivo agotamiento), de la frontera francesa no podía venir ninguna amenaza. Así mismo, a medida que se evidenció el desplome interior de la URSS a mediados de los años 80 (a causa del empantanamiento en Afganistán, de la rebelión polaca que desmanteló la red de alianzas defensivas de la URSS, de la “guerra de las galaxias” de Reagan que puso el listón armamentístico a un nivel que la URSS no podía alcanzar y del crecimiento de las etnias no-rusas dentro de la URSS), resultó evidente que la amenaza tampoco podía proceder ni de la fachada Atlántica ni de la específicamente cantábrica.

El único problema posible podía proceder –y las acciones terroristas marroquíes contra la guarnición de Ifni, los sucesos del Sáhara, a partir de los ataques del FPolisario y, posteriormente, de la “Marcha Verde”, así lo demostraban- del Sur y en el Sur se encontraban el mar de Alborán y la zona del Estrecho con su prolongación atlántica. Aunque no se decía para evitar roces diplomáticos, lo cierto es que, a partir de la independencia marroquí de 1956, quedó claro que el nuevo Estado asumía la tesis defendida hasta entonces por el Istiqlal según la cual el territorio “histórico” al que aspiraba Marruecos era el comprendido por el territorio del Principado de Tánger, el Marruecos francés que habían dado lugar en su independencia al Reino de Marruecos, más la franja de Ifni, el Sáhara Occidental español, Ceuta, Melilla, las Islas Adyacentes, las Islas Canarias, la zona argelina de Tinduf y Bechar, Mauritania y Malí hasta el río Senegal. A esta ficción geopolítica, el Istiqlal le llamaba el “Gran Marruecos”. A medida que éste país avanzó en su independencia, el Istiqlal consiguió que su proyecto imperialista en la zona, fuera asumido por la mayor parte de fuerzas políticas y sociales del país… especialmente por la Casa Real.

Era evidente que la doctrina del “Gran Marruecos” convertía, automáticamente, a éste país en adversario de España: en apenas una década, Marruecos logró el dominio sobre la franja de Ifni y consiguió apoderarse en la práctica del Sáhara Occidental mediante un golpe de efecto de repercusiones internacionales –la “Marcha Verde”- convirtiéndose, oficialmente, en “administrador” del territorio y, en la práctica, incorporándolo al “Gran Marruecos”. Esta dinámica hacía que sólo a los ciegos y tontos –y en España han abundado políticos con esos rasgos- se les escapara que, la misma dinámica de los hechos, iba a hacer que las próximas piezas del dominó marroquí fueran, por éste orden, las Islas Adyacentes, Ceuta, Melilla, y, finalmente Canarias. Esto sin olvidar que en algunos medios, no precisamente extremistas, marroquíes en antiguo reino nazarí de Granada figura como “zona islámica” a recuperar y en medios ligeramente más radicales, toda España, esto es Al-Andalus, se considera zona marroquí… Y esto tiene una importancia capital, por que lleva directamente –mucho más que la Cumbre de las Azores- a los criminales atentados del 11-M.

Este planteamiento –que era válido ayer y, acaso, mucho más válido hoy- hacía, no sólo del punto geográfico en sí mismo del Estrecho de Gibraltar, sino de toda la zona, el “pivote de la defensa”, pues no en vano precisamente por ahí pasa el cordón umbilical que une el territorio continental con las plazas de soberanía en África y es por ahí por donde, necesaria, deben discurrir los convoyes de ayuda ante una eventual ofensiva marroquí sobre esos territorios.
La historia ha demostrado la justeza de estos razonamientos. En julio de 1936, Franco pudo asegurarse el apoyo a los núcleos sublevados andaluces, gracias al llamado “Convoy de la Victoria” que trasladó al grueso del Ejército de África hasta la Península y, posteriormente, el cierre del Estrecho a la flota republicana, con lo que la cornisa cantábrica debió de soportar un bloqueo que apenas lograron superar los “bous” armados de la república y del gobierno vasco.
Es evidente que una zona geográfica no se defiende concentrando solamente medios y sistemas en su entorno, sino asegurando también sus flancos. Los dos flancos de la zona de Gibraltar son las Islas Canarias y las Islas Baleares. Con este eje o “arco defensivo” cualquier ataque que venga del sur puede recibir una respuesta adecuada y obligar al agresor a combatir en dos frentes, en una situación de inferioridad estratégica.

LA DEFENSA NACIONAL SEGÚN FELIPE GONZALEZ…

Al formarse el primer gobierno socialista, fue nombrado Ministro del Interior un verdadero relaciones públicas que ni siquiera había realizado el servicio militar. Toda la habilidad y el don de gentes de Narcis Serra se proyectó, más que en las salas de planificación de las FFAA, en los banquetes y recepciones, en las que pudo desplegar sus dotes de relaciones públicas, cautivando, fundamentalmente al público femenino (“las militaras”, o esposas de militares) a las que deleitó tocando para ellas el piano y departiendo con sus maridos demostrando que los socialistas no eran esos “lobos con piel de cordero” tal como pensaban hasta entonces Milans del Bosch y sus compañeros (Milans estaba convencido en 1982, por ejemplo, de la que la victoria socialista entrañaría su inmediato fusilamiento, en un estado de espíritu que no era único en el seno de las FFAA de la época, pero si significativa).

En la Directiva de la Defensa Nacional 01/1984, Felipe González asumió la tesis de la Marina sobre el eje defensivo Canarias – Gibraltar – Baleares, sin añadir ni una sola sílaba. Esta aceptación reflejaba también el clima de la época y la pérdida de confianza que pesaba sobre el Ejército de Tierra del que se sabía que la mayor parte de sus cuadros habían asistido con indisimulada hostilidad los sucesos de la transición, a diferencia de la Marina que había aceptado con más facilidad la realidad de los hechos.

En problema con que se encontraron los socialistas fue que, a partir de 1983 sus esfuerzos en materia de defensa se orientaron hacia la integración en la OTAN… y este planteamiento de la Defensa chocaba con la opinión de los futuros aliados dentro de esta instancia. La transición estaba demasiado próxima como para que los “vecinos” no temieran eventuales “regresiones”. Además, Inglaterra mantenía el contencioso de Gibraltar y vio con malos ojos el traslado del cuartel general de la Marina de El Ferrol a la base de Rota y, con ella, el grueso de la flota. Tampoco percibió como “acto amistoso” la reorganización del Ejército de Tierra con el envío de las unidades de élite al sur y mucho menos aún, la creación del Mando de Artillería de Costa del Estrecho. Los ingleses estaban en su derecho de pensar que España intentaba restarles protagonismo en la zona del Estrecho y que buena parte de este despliegue de efectivos se realizaba para controlar a las fuerzas armadas inglesas desplegadas en la zona.

Por otra parte, las necesidades del gobierno socialista de congraciarse con el estamento militar, incluso cierto “nacionalismo” del que el gobierno socialista hizo gala en sus primeros momentos (en EEUU se consideraba que los socialistas españoles y Felipe González eran “jóvenes nacionalistas”…) y algunas iniciativas posteriores (la organización de los eventos del Vº Centenario, la Exposición Universal de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona) tendían a proyectar la imagen de España sobre el mundo. Por todo ello, los socialistas reiniciaron la presión para la recuperación de Gibraltar, tema que incluso figuraba en la Directiva de la Defensa de 1984.

Pero en 1985, el Plan Estratégico Conjunto incluyó una novedad que muy pocos advirtieron: la referencia a Gibraltar había desaparecido y se aludía al eje Canarias – Península – Baleares. Se aludía a un concepto estratégico nuevo, el de “amenaza no compartida” con el que se situaba la posibilidad de una agresión contra zonas del territorio nacional, no incluidas en el Tratado de Washington: era una alusión a Ceuta, Melilla y Canarias. De hecho, cuando se produjeron los sucesos de Ifni, las Fuerzas Aéreas no pudieron utilizar los reactores F-86 Sabre, ni siquiera los transportes tácticos DC-3, contra los terroristas marroquíes que atacaron, a causa del acuerdo con Washington. En aquella ocasión, por última vez en la historia, las versiones fabricadas en España de los viejos aviones alemanes, los cazas ”Messeresmith 109”, los bombarderos tácticos “Heinkel 111” y los transportes de tropas “Junkers 52”, alzaron el vuelo para sostener a nuestras unidades de Regulares, Paracaidistas y Legionarios, sitiados en Ifni… mientras los modernos F-85 Sabre, debían quedarse en tierra a éste lado del Estrecho.

DENTRO DE LA OTAN, SIGUEN LOS PROBLEMAS

En 1986, finalmente, España entra en la OTAN. Parece que en esos momentos ya puede hablarse con más libertad sobre los temas militares y sobre todo lo que atañe a la Defesa Nacional. En ese momento, resulta altamente irónico que después de tantas y tan vivas discusiones sobre el asunto del “eje estratégico”, finalmente resultara –tal como reconoció el Instituto Español de Estudios Estratégicos en 1987 que: “España carece de nivel adecuado para ejercer su dominio sobre el Estrecho”. Lo más terrible era que, ni siquiera la modernización abordada en aquella época de las fuerzas armadas (planes META, FACA y Programa Naval), iba a conseguir situarnos en condiciones de defender el pivote sobre el que dependía nuestra seguridad. Claro está que en aquel momento se consideraba que el enemigo era la URSS y estaba claro que las unidades españolas no iba a poder contener en ningún caso los fabulosos cruceros de las Fuerzas Navales Soviéticas, dotadas de una capacidad tecnológica y de fuego insuperable.

Además de este problema aparecieron las fricciones con los socios de la OTAN, especialmente con Inglaterra, que subsistirán hasta 1997 y que solamente fueron salvadas mediante la intervención de Madeile Albright. Inglaterra aceptó la desaparición del mando aliado de Gibraltar. Portugal, a pesar de las buenas relaciones tradicionales, manifestó recelos –que también fueron superados- a causa de que la incorporación de España, disminuía sensiblemente su peso en la OTAN.
En los últimos años del socialismo, cuando está claro que el “enemigo” se ha desplomado y que al menos durante un largo período, la URSS primero y la CEI después, no supondrán una amenaza para la seguridad nacional, existe cierta ambigüedad en cuanto a los objetivos de la defensa.

En ese tiempo, los últimos años del socialismo, FG acariciaba la idea de convertirse en un líder de proyección mediterránea, aumentó su intervención en los asuntos de Oriente Medio y en el contencioso palestino-israelí y convocó una Conferencia Mediterránea que, finalmente no llegará a realizarse, pero que tenía como finalidad, aprovechar la proyección internacional conseguida por España gracias a los eventos del 92, a fin de consolidar una posición de “potencia media” en esta importante zona geopolítica. FG aspiró a ser el interlocutor de “occidente” con Ghadafi (por entonces aún no respuesto del bombardeo norteamericano sobre Trípoli de 1986), estrechar lazos con el FLN argelino, que se había quedado sin aliado tras el desplome de la URSS y, particularmente, con Marruecos y Túnez. Era evidente que había que tender la mano y ahorrar cualquier iniciativa que supusiera que las FFAA españolas apuntaban contra el “enemigo del Sur”.
Es por todo ello que en ese período, desaparecen de las Directivas de la Defensa Nacional y de los Planes Conjuntos de Operaciones, las referencias hacia el Norte de África y la Zona del Estrecho, a pesar de que, al producirse la Segunda Guerra del Golfo (ocupación de Kuwait por parte de Irak y subsiguiente Operación Tormenta del Desierto), el Estrecho de Gibraltar apareció como una zona estratégica de primer orden a través de la cual pudo abastecerse a las tropas americanas desplegadas en Arabia Saudí. Un año antes, en el Ministerio de la Defensa español se había empezado a abandonar la idea del “eje estratégico” y, lo más sorprendente, es que en 1992, en la Directiva de la Defensa Nacional de ese año, ya no hay ninguna referencia a Gibraltar, mientras que, por el contrario, se dice: “Nuestra seguridad no se inscribe a un espacio territorial propio e inmediato, ya que los intereses de nuestra nación también requieren ser protegidos fuera de los límites de ese espacio”, lo que implicaba una alta dosis de indefinición que prosiguió en los años siguientes en beneficio de una definición claramente terrestre los principios estratégicos. En el Concepto Estratégico de 1993, incluso, se califica la tendencia anterior como una “fijación estratégica por el sur” y la Península pasa a ser el centro de gravedad de la defensa.

Es fácil percibir en todo ello una recuperación del prestigio del Ejército de Tierra que había resultado pulverizado con los proyectos golpistas de principios de los años 80. En esta concepción el territorio peninsular pasa a ser el “centro de gravedad” y la “base fundamental de proyección de fuerzas”. Es cierto que, los acontecimientos de la Segunda Guerra del Golfo, mostraron la importancia del territorio peninsular como zona de tránsito para el despliegue norteamericano en Arabia Saudí y que, prácticamente, todos los transportes aéreos que partían del territorio norteamericano, se veían forzados a repostar en las bases americanas en España. Pero con esto lo que se evidenciaban eran los intereses estratégicos de los EEUU, no de España.

Al producirse la victoria de 1980 sobre el Ejército Iraquí, George Bush pudo proclamar ante sus tropas desplegadas en Arabia Saudí el “nuevo orden mundial” del que los EEUU se consideraban, como el presidente reclamó, como la única potencia con “fuerza moral suficiente como para liderarlo”. En ese momento, podemos marcar el tránsito de una distribución bipolar del mundo que había regido desde 1945 hasta ese momento, a una distribución unipolar. Esta nueva situación partía de la base de que ninguna potencia podía disputar a los EEUU la hegemonía mundial. No es de extrañar que en 1995, el Plan Estratégico Conjunto aludiera a la “inexistencia de enemigos”, haciéndose eco de las directivas de la OTAN. Pero las cosas distaban mucho de estar claras y, por lo demás, el paréntesis unipolar, como luego se ha demostrado, apenas ha podido ser mantenido durante veinticinco años, pues, no en vano, las la reordenación de fuerzas con posterioridad a la invasión de Irak, y a las dificultades del ejército de ocupación norteamericano por pacificar el país, quedó claro que las potencias que componían el tablero euroasiático, habían percibido, perfectamente, cuál era la principal amenaza para su estabilidad: los EEUU y, mientras que especialmente a partir del segundo mandato de George W. Bush, EEUU aparecía como una potencia en declive, resultaba evidente que la Unión Europea se sentía cada vez más reforzada, Rusia había manifestado de nuevo su voluntad de recuperar el espacio perdido en el terreno internacional y China se configuraba como una potencia emergente, lo que sólo podía implica, la desembocadura en un mundo multipolar. Pero ni en los últimos años del primer período de gobierno del PSOE, ni siquiera en la primera legislatura del PP, cuando aún no tenía la mayoría absoluta, podía preverse todo esto.

LA POLITICA DE DEFENSA DEL PP

En la primera legislatura de Aznar, el principal suceso traumático que afecta a la defensa nacional, es el ataque de la OTAN sobre Yugoslavia, impulsado por el intervencionismo norteamericano, en lo que ha constituido la única actividad ofensiva que ha desarrollado la Alianza Atlántica a lo largo de su historia. En esas operaciones extrañas en donde ni España ni cualquier otro país europeo se jugaba absolutamente nada, ni podía aspirar a ver en los ataques aéreos un objetivo estratégico de ningún signo (ni siquiera en el terreno de los cacareados “derechos humanos” había mucho que defender, pues no en vano, las bandas terroristas de la UÇK cometían crímenes y exacciones en número y frecuencia mucho mayores que las milicias regulares serbias), participaron aviadores españoles, mientras que el “telefonista” que transmitió las órdenes de ataque del Despacho Oval de la Casa Blanca al general Wesley Clark, es decir, el Secretario General de la OTAN, fue el socialista español Luis Solana. Los bombardeos sobre Kosovo y, posteriormente la invasión norteamericana de Afganistán nunca ocultaron que su interés estratégico único estaba al servicio de los EEUU, algo que en Europa solamente se percibió con posterioridad a los acontecimientos y entrañó cambios sustanciales en la actitud europea entre octubre de 2001 (invasión de Irak) y verano de 2002 (cuando EEUU manifestó claramente que entre septiembre y fin de año invadiría Irak, si bien no estuvo en condiciones de hacerlo, tanto por causas políticas –su aislamiento creciente- como por causas estrictamente militares –lentitud en el despliegue- hasta mayo del año siguiente). En ese período la Unión Europea –al menos el “núcleo duro”- toma conciencia de sí misma y tiende a emanciparse de la estrategia intervencionista norteamericana y a recuperar un perfil propio. Aznar no verá las cosas de este modo.

En la política aznarista hay dos tiempos perfectamente definidos. Antes y después de la cumbre del G-8 en Canadá (julio 2002). En aquella cumbre ocurrió el “flechazo” entre Aznar y Bush a raíz de sus conversaciones sobre records deportivos. En buena medida el giro proamericano de la política española a partir de mediados de 2002 se produce a partir de ese momento y, bajo la impresión de la reacción francesa durante la crisis de Isla Perejil. Error, por que en política exterior, la estabilidad (en las amistades y en las enemistades) es fundamental y, porque los vaivenes en política exterior no pueden estar al albur de las filias y las fobias de los gobernantes de turno.

En la primera parte de su período de gobierno, Aznar definió como “interés estratégico inmediato, la estabilidad del Mediterráneo y la garantía de acceso al Estrecho”. Acto seguido solicitó la desaparición del mando aliado de Gibraltar que, finalmente, se logró en 1998, con la adquiescencia de Inglaterra tras múltiples resistencias. Ahora quedaba solo abordar el problema del Sur. En el Libro Blanco de la Defensa aparecido en 2000, Gibraltar, el Mediterráneo Oriental y el Norte de África quedan, se menciona de nuevo como “zonas de interés estratégico”, con alusión explícita a Gibraltar. Esta orientación seguirá en años anteriores y en particular en la Revisión Estratégica de la Defensa que ligó la seguridad española a la estabilidad general en el área mediterránea. Ahora bien, ese año ya habían ocurrido muchas cosas como para que no se reconociera la existencia de una inestabilidad creciente.

En primer lugar, las prospecciones petrolíferas que el gobierno concedió a REPSOL en 2001 ocasionaron lo que, eufemísticamente, se llamó “desencuentro” entre España y Marruecos y la retirada del embajador marroquí. Pocos meses después estallaba la crisis de Perejil. Pero todo esto ocurría cuando el destino energético de España dependía en buena medida del gaseoducto de Tarifa y de las exportaciones de gas natural argelino que pasaban a través de Marruecos. En esta situación de dependencia energética creciente, cualquier tensión podía ser considerada como vital para los intereses nacionales.

En esto (principios de julio de 2002) se produce la aventura marroquí en Isla Perejil. Poco antes se había producido el relevo de Piqué por Ana de Palacio en Exteriores y, acto seguido, casi sin solución de continuidad, tuvo lugar la cumbre del G-8. Aznar llegó resentido por el silencio francés ante la innoble agresión marroquí. Era evidente que en ese momento Chirac mantenía la política histórica que a lo largo del siglo XIX y XX había protagonizado en África del Norte: afianzar su presencia en la zona, debilitando a España. Eran los restos de la “grandeur” francesa. Aznar lo entendió como una ofensa personal (olvidando que el éxito de la lucha antiterrorista dependía en buena medida de la actitud francesa o que buena parte de nuestras exportaciones e importaciones tienen más que ver con Francia que con cualquier otro país europeo) y encontró en Bush a un confidente y amigo con el que sintonizó fanfarroneando sobre marcas atléticas (4 kilómetros en 6 minutos, 22 segundos…). Allí nación una amistad que tuvo como resultado un giro copernicano en la postura internacional de España: euroescepticismo, desconfianza y alejamiento hacia el “núcleo duro” de la Unión, intento de liderazgo de los países de tamaño medio de la Unión, y, particularmente, presencia en la Cumbre de las Azores, con un apoyo decidido a la intervención en Irak que contrastaba con el 90% de oposición en la opinión pública.

Durante la crisis de Perejil, la Palacios logró que su amigo Colin Powell mediara a favor de una salida negociada que permitiera una salida airosa a unos o a otros. Powell así lo hizo, pero a poco que se examine el resultado de su gestión, se verá que la nueva situación benefició especialmente a Marruecos. De ser Isla Perejil una posesión española sin limitaciones de ningún tipo, pasó a ser una posesión española en la que nuestro país no podía ejercer ningún derecho de soberanía, ni siquiera colocar la bandera nacional… Lo que Aznar nunca entendió es que EEUU estaba iniciando una aproximación hacia los países de África del Norte, uno de cuyos objetivos era restar esta zona a Francia de su esfera de influencia, pero que esta operación no era solamente contra Francia… sino que suponía una situación de “prevengan” ante toda la Unión Europea… de la que España formaba parte con una integración creciente (el Europa, la principal amenaza contra la economía norteamericana, hacía año y medio que circulaba por nuestros bolsillos).

A partir de ese momento, la política exterior de Aznar que, antes de Perejil había sido realista y en el área de defensa logró algo que no habían alcanzado los socialistas (el desmantelamiento del mando aliado de Gibraltar), se tornó errática y pasó a ser una fotocopia reducida de las líneas básicas de la administración Bush. Así, por ejemplo, en la Revisión Estratégica de la Defensa de 2002 se aludía a las “acciones anticipatorias” como traslación del concepto estratégico norteamericano de “ataque preventivo”. En ese momento, Bush ha logrado que el PP en pleno acepté sus tesis sobre “estados canallas” y “estados fallidos” y, especialmente, la valoración del “terrorismo internacional” como inspirado por el “eje del mal”. Y, en la medida en que el “terrorismo internacional” es un enemigo difuso, más teórico que real, y toda la teoría en torno al “eje del mal”, los “estados fallidos”, “estados canallas”, etc, un mero artificio teórico para justificar una política mesiánica y expansiva, estas ambigüedades llevaban a conceptos estratégicos inaplicables: ¿”acciones anticipatorios”? ¿contra quién? ¿en qué casos? ¿de dónde podía venir el terrorismo internacional en España? Y en este terreno, no estaban claras las cosas. ¿Se iba a atacar a Francia, rompiendo cualquier legalidad internacional, al saber que existía una célula de ETA en tal o cual zona? ¿no era más prudente instar a la seguridad del Estado francesa a que interviniera? Y otro tanto podía decirse si el foco terrorista se situaba en Marruecos. Está claro que Aznar aludía a otros países y que era una forma de justificar la intervención en Irak. Ahora bien, está demasiado claro que el Golfo Pérsico está demasiado alejado de España como para poder incluirlo en nuestra zona de influencia geopolítica. Este tipo de apreciaciones puede generar errores definitivos en la conducción de los asuntos del Estado. Recuérdese que mientras Julio César, militar invencible y apoyado por la maquinaria militar más temible de su época, se detuvo ante los boques de Germania y autolimitó la zona de influencia imperial al estanque mediterráneo y a sus accesos, demostrando ser, además de un gran caudillo militar, un hábil político y un estratega notable, Alejandro Magno, salió del área geopolítica propia de Hélade para llegar, de victoria en victoria, hasta las puertas de la India… y no poder dar acompañar la extensión espacial de una duración temporal, demostrando, precisamente por esto, ser un brillante general, pero carecer de cualidades políticas. España en Irak estaba muy lejos de su zona geopolítica de influencia. En realidad en la Revisión Estratégica de 2003, se aludía a que “España debe mantener una capacidad operativa propia y suficiente que le permita mantener el control del Estrecho”. Y no estaba claro que los programas META, FACA y PRONA hubieran conseguido –tal como el Instituto Español de Estudios Estratégicos proclamó en 1987- alcanzado el nivel adecuado para asegurar nuestras exigencias defensivas en la zona del Estrecho. Digamos que Aznar aspiraba a jugar en primer división, cuando tenía un equipo propio para una liga regional. Reconocer la realidad del propio espacio geopolítico, las capacidades reales defensivas y ofensivas, son los adornos que deben corresponder al estadista de altura. Desconocerlos, implica caer en aventuras de dudoso final. Y, aun reconociendo el patriotismo y las intenciones de Aznar (“Hacer que España salga de su rincón y pese de nuevo en el mundo”), era demasiado evidente que el fin propuesto no tenía nada que ver con las posibilidades reales.

¿AMENAZAS IMPREVISIBLES O AMENAZAS DEMASIADO REALES?

Cuando la impreparación y el amateurismo se instalan en el poder, la defensa nacional salta en pedazos. Pues bien, hoy la impreparación, el amateurismo y la demagogia están en el poder. En el Ministerio de Defensa las únicas actuaciones de su titular han tenido dos ejes en absoluto militares, sino simplemente políticos: las reiteradas acusaciones al PP de haber engañado a la opinión pública por el incidente del Yakolev-42 (nadie va a discutir que existen responsabilidades políticas del Ministro Trillo y que, probablemente existen también responsabilidades de mandos de la Defensa Nacional que en otro tiempo hubieran depurado “tribunales de honor”, proscritos en la actualidad) y las reiteradas alusiones a la unidad nacional y al papel de las FFAA en dicha unidad (declaraciones que son la contrapartida equilibrante de las declaraciones en sentido contrario realizadas por los aliados más conspicuos del PSOE, gracias a los cuales gobierna, ERC, PNV e IU, hasta el punto de que puede dudarse de la sinceridad de tales declaraciones y de que no intenten otra cosa que neutralizar las declaraciones en sentido contrario). Por lo demás, en estos ocho meses del segundo mandato del PSOE, no se sabe de ninguna otra iniciativa digna de tal nombre que haya partido del ministro Bono.

La doctrina oficial actual es que la “amenaza es imprevisible”. Pero no lo es. En realidad, cualquier amenaza es imprevisible desde el punto de vista de cuando se va a concretar, pero muy previsible si se examina de desde dónde va a proceder. Hoy más que nunca, el enemigo está al Sur, siempre al Sur y solo al Sur. Es más, el enemigo tiene nombres y apellidos, se llama Marruecos y la monarquía alhauita, se llama “Gran Marruecos” y se llama islamismo. Y lo que es peor, el “enemigo del Sur” ya ha iniciado una guerra de baja cota contra España. Negarse a reconocer esto, en beneficio de un simplista, ingenuo y amateur propuesta de “diálogo de civilizaciones” es suicida e irresponsable para la defensa nacional.

Mientras los planes de la defensa vayan a remolque de las iniciativas de políticos obtusos e insensatos que ni siquiera tienen una mínima visión de Estado, carecen por completo de una visión geopolítica de la situación mundial (y ni siquiera los responsables de Exteriores estén en condiciones de realizarla), mientras no haya una voluntad política de asegurar la defensa nacional y de llamar a las cosas por su nombre, España seguirá sin poder articular una estrategia realista de defensa. Y lo que es peor: el flanco sur de la defensa europea estará desguarnecido.

Decimos que Marruecos tiene planteada una guerra de baja cota contra España. Este concepto implica la existencia de un conflicto iniciado por una de las partes que evita recurrir a “métodos calientes”, y basa su actuación en un desgaste progresivo del adversario. Es el modelo de conflicto que Marruecos está siguiendo contra España, especialmente a partir de 1998, cuando muere Hassan II, y llega al trono Mohamed VI y su camarilla. Este período, por lo demás, coincide con tres hechos fundamentales a tener en cuenta:

- Aumento de la dependencia española en materia de energía, del gaseoducto de Tarifa que transvasa el gas natural argelino hasta Sevilla.

- Descubrimiento de bolsas petrolíferas en el Este marroquí, fronterizo con Argelia, en la franja costera del Sáhara Occidental administrado por Marruecos y en aguas territoriales canarias reivindicadas por Marruecos y

- Aumento de la influencia norteamericana en Marruecos y Argelia, con la paralela y progresiva disminución de la influencia francesa.

Todos estos elementos crean un cuadro particularmente inestable y sensible que no puede ser eludido. Así mismo, para un análisis de la situación, no pueden eludirse tres elementos decisivos:

- que la doctrina del “Gran Marruecos” no ha sido rechazada oficialmente por el régimen marroquí y que en el salón del trono de Rabat, en el tapiz situado sobre el sillón real, pueden verse, lo han visto todos los embajadores de España que allí han presentado sus cartas credenciales y la Familia Real española que allí ha visitado a su homóloga marroquía, el mapa del Gran Marruecos incorpora incluso a Canarias en su diseño…

- que Marruecos vive una situación de inestabilidad interior que irá creciendo a medida que crecen tres elementos clave:

o La demografía que hace que cada veinte años se duplique la población del país.

o La economía y las estructuras feudales que hacen que el sistema económico y los parámetros por los que se rige no respondan a las exigencias demográficas: cada vez hay más distancia entre ricos y pobres y, por tanto, más resentimiento y odio social.

o La difusión del islam fundamentalista cada vez más extendido gracias a la financiación de los grupos wahabitas saudíes que hacen que hoy, el 30% del islam marroquí esté fuera del control de la Casa Real y el 50% de la población marroquí vea con buenos ojos a Bin Laden y Al Qaeda (sea lo que sea que es…)

- que las reformas políticas y económicas en las que se confió durante el primer año de reinado de Mohamed VI, están atascadas y que, en contra de lo que se proclama desde Rabat, la distancia .antropológica, sociológica, cultural, política y ética, que separa a la Unión Europea de Marruecos, está aumentando de día en día.

Ahora bien, antes hemos hablado de una “guerra de baja cota”. Es preciso afinar este concepto. Por que lo importante no es lo que Marruecos dice, sino lo que hace. Está claro que, en los foros internacionales y en las conversaciones entre dirigentes de ambos países, Marruecos manifiesta la mejor de las voluntades para resolver los equívocos y las situaciones de “desencuentro”. Pero esto es importante, pertenece al “doble lenguaje” que suele ser la clave antropológica y cultural habitual en todo el mundo árabe. Lo importante es lo que hace Marruecos, algo que no deja de ser intranquilizador. La guerra de baja cota se libra en cuatro frentes:

- Cuando Marruecos atenta contra la salud pública, permitiendo sin prácticamente hacer absolutamente nada, salvo absorber fondos comunitarios, que cada año crezca la superficie de cultivo de hachís, destinado a la exportación, el 80% en dirección a España. No se trata de una droga dura, ciertamente, pero es una droga que altera la percepción de la realidad, crea un modelo de carácter apático, sin motivaciones de ningún tipo, “buenista”, situado en un contexto que no tiene nada que ver con el real. Mediante el narcotráfico, Marruecos debilita el carácter y la voluntad, especialmente de la juventud española.

- Cuando Marruecos atenta contra la seguridad ciudadana, permitiendo sin prácticamente hacer absolutamente nada, que miles de inmigrantes propios y procedentes del África Subsahariana, crucen diariamente el Estrecho en un fenómeno de colonización de carácter masivo sin precedentes en la historia. Está claro que estos contingentes crean el campo de cultivo para futura reivindicaciones y para la internacionalización del problema de Canarias, por ejemplo. Los atentados del 11-M y las estadísticas sobre la delincuencia practica por súbditos marroquíes en España son elocuentes: tras ganar la batalla contra la delincuencia española, las fuerzas de seguridad del Estado están perdiendo la batalla contra la delincuencia venida de fuera de España y en gran medida llegada a través de Marruecos. El silencio previo a los atentados del 11-M de los servicios marroquíes sobre la militancia fundamentalista de los que luego resultaron detenidos e inculpados es elocuentes, como es elocuente el que el día 13-M, funcionarios marroquíes entregaran documentación sobre la presunta militancia integrista de esos mismos sujetos… documentación que habían ocultado anteriormente a su detención. Esto sin mencionar el hecho de que desde el 11-M se vive una situación de “efecto oleada” en el tránsito de inmigrantes ilegales por el Estrecho, efecto que el ministro Caldera intenta minimizar a fin de hacer que el país acepte su proyecto de regularización masiva. Hay que recordar que en zonas como Ceuta y Melilla, la población de origen marroquí ya es mayoritaria.

- Cuando Marruecos atenta contra la integridad nacional, manteniendo sus reivindicaciones sobre el Gran Marruecos, cuando en las mezquitas moderadas, el mapa de expansión del islam abarca hasta el antiguo reino de Granada y en las mezquitas wahabitas llega hasta los Pirineos, cuando periódicamente mantiene abierta la cuestión de Ceuta y Melilla y las Islas Adyacentes y, sobre todo, cuando, inducido, seguramente por EEUU a fin de comprobar la unidad de respuesta de la OTAN y de la UE, asaltó Isla Perejil en el último acto de piratería que se tiene constancia en el Mediterráneo y cuando reivindica las aguas de Canarias donde Repsol obtuvo en 2001 permiso para realizar prospecciones.

- Cuando Marruecos atenta contra la economía nacional, impidiendo a nuestros buques que faenen en sus aguas territoriales, unilateralmente ampliadas y que se niega pertinazmente a discutir, a cuando exporta masivamente productos agrarios a precios que hunden la agricultura española, o bien cuando sostiene la existencia del gaseoducto de Tarifa como chantaje para evitar represalias por exacciones cometidas en otros terrenos, o cuando las remesas de euros enviadas por los inmigrantes marroquíes en España suponen una fuga divisas, o bien cuando los sistemas españoles de educación, sanidad, protección social, se ven sobrecargados por el peso de los contingentes marroquíes en nuestro país.
Y, por supuesto, junto a estas estrategias de guerra de baja cota, se unen los chantajes propios de una guerra convencional, como las compras masivas de armamento por parte de Marruecos, justificadas para hacer frente al FPolisario (que desde hace una década no realiza acciones armadas), en especial su programa de rearme naval que apunta directamente contra España (pues, no en vano, el FPolisario carece de marina y diversos acuerdos mutuos de cooperación magrebí aseguran, al menos sobre el papel, la amistad con los vecinos (Argelia y Mauritania).

A esto hay que añadir una nueva situación internacional que todavía parece no ser captada por los responsables de la Defensa y que se basa fundamentalmente en el “decoupling” operado entre la Unión Europea y los EEUU. La intensidad que imprimió el presidente Aznar a la aproximación a su homólogo norteamericano George W. Bush, ignoraba el hecho esencial: que el “núcleo duro” de la UE se había distanciado por completo de la línea seguida por la administración americana tras la invasión de Afganistán. Es en ese momento, cuando desde Europa se comprueba que EEUU está dirigido por una banda de aventureros, en donde los intereses petroleros, los del complejo militar-industrial, los intereses de los fundamentalistas cristianos y de los neoconservadores que forman el núcleo duro de la administración Bush (y la dirigen sin ninguna duda y ningún escrúpulo. Véase nuestro trabajo “¿Quién está detrás de Bush?” en la Zona de Descargas), no coinciden en absoluto con los de Europa. Es más, son contrarios a los intereses de Europa. Además, la estabilización de la moneda única europea, ha sido un golpe para la hegemonía del dólar que, a partir de ahora, no es la única moneda internacional de intercambio. Para colmo, la catastrófica situación económica de los EEUU (deuda exterior de 600.000 millones de dólares, jamás conocida por país alguno, y la necesidad de hacer llegar cada día a través de las bolsas, 2000 millones de dólares para asegurar el consumo interior, unido a la pérdida de confianza en el dólar y en las empresas norteamericanas a partir de las quiebras del 2001-2) hace que, justamente en este momento, no estén en condiciones de permitir la “disidencia europea”. Este análisis, finalmente, nos lleva a definir a EEUU, no como enemigo desde el punto de la defensa nacional, pero sí como “elemento de inestabilidad internacional”. Algo que no puede ser eludido a partir de ahora por los estrategas de la Defensa.

EL TERRORISMO INTERNACIONAL COMO FACTOR DE DESESTABILIZACION

Pero a este elemento hay que añadir otro más y último: el terrorismo internacional. Para cualquier analista, está claro que no hay nada claro sobre quien mueve los hilos del terrorismo internacional, ni se sabe exactamente lo qué es, ni a qué intereses responde, ni siquiera si se trata de algún tipo de operación cuyas raíces van mucho más allá de lo que se ve en la superficie (como seguramente así es). Pero, a fin de cuentas, el hecho último es que existe un terrorismo internacional que, no es, desde luego, un factor de desestabilización internacional (el factor de desestabilización, insistimos son los EEUU que utilizar en terrorismo islamista como “casus belli” para justificar sus aventuras exteriores), pero sí un elemento que puede cristalizar en perturbaciones locales de gravedad como los sucesos del 11-M.

Lo más probable es que este terrorismo sea, en buena medida, producto del “efecto contagio”, generado por islamistas independientes, sin capacidad de organización, ni de análisis político, que hayan decidido –por odio y resentimiento hacia Europa y a causa de la brecha cultural, social y antropológica existente entre la sociedad europea y la islamista- lanzarse a destruir allí donde puedan: en España, en Francia, en Holanda, etc, tal como se ha visto en los últimos meses.
Existe la sospecha de que no es solo el odio y el resentimiento quienes figuran como motor último de la acción de estos grupos, sino sus aspiraciones a “reconquistar” España, para ellos Al-Andalus, tierra del islam que fue “usurpada por cruzados e infieles”… Habitualmente, los proyectos terroristas se asientan sobre locuras colectivas como esta. Pero no hay que olvidar que una encuesta publicada a principios de 2004, establecía que el 50% de la población marroquí veía con buenos ojos la acción de Bin Laden y, una encuesta anterior, explicaba que el 60% de los marroquíes están dispuestos a abandonar su país… en dirección, preferentemente a España, y en cuanto a franja de edad, el 80% de ellos, eran menores de 30 años, es decir, jóvenes. Gracias a las antenas parabólicas los jóvenes marroquíes conocen lo que creen que es la sociedad española: playas en las que las mujeres van en top-less (cuando sus mujeres lucen velor y chilabas hasta los pies), gente de origen islámico como Zidane convertidos en multimillonarios, y una sociedad a la que consideran débil e incapaz de defenderse (a ello le inducen también, algunos de sus amigos y familiares que en Marruecos sufrirían amplias penas de prisión sin juicio y palizas solo por robar unas naranjas en el mercado, mientras que en España, detenidos una y otra vez por pequeños hurtos, jamás entran en prisión, ni pasan más de 24 horas en comisería…). Además, España, en su óptica, da con solo pedir: da enseñanza islámica en las escuelas, da becas de alimentación y libros gratuitos a los niños, da asistencia médica a todos los residentes, subvenciones, alimentos gratuitos a través de Caritas, Cruz Roja, ONGs, etc, etc, etc. No es raro que en Marruecos exista una voluntad migratoria como nunca antes, especialmente por que en el país, no existe ningún tipo de posibilidades de despegue económico para los jóvenes, gracias al sistema feudal y particularmente odioso de acumulación de capital en las clases favorecidas y de empobrecimiento absoluto y laminación de las franjas intermedias de la sociedad que convergen con las clases más necesitadas. Un sistema “a la europea” es solo viable cuando existe una clase media amplia y extendida y que percibe posibilidades de mejorar su posición. En Marruecos no existe nada de este estilo.

No es raro que Marruecos no haga nada para impedir la oleada migratoria. Gracias a ella se libera de una presión demográfica… pero también y sobre todo, política. Los más pobres, son precisamente quienes se van, es decir, los que no deben nada a la Casa Real, ni oran por la salud del “príncipe de los creyentes” en la red de mezquitas oficiales, sino que manifiestan su fe islámica en las mezquitas wahabbitas que han proliferado por todo Marruecos. Solamente en el Valle del Rif, la zona más pobre de Marruecos hasta hace poco, el cultivo de hachís, la ha convertido en zona de recepción de inmigración interior…

Está claro que en estos momentos existen entre 600 y 700.000 marroquíes en España. Esto es, según las estadísticas, 300 ó 350.000 de ellos –como mínimo- serían simpatizantes de Bin Laden y, por tanto, estarían en disposición de apoyar iniciativas terroristas. Sobre esta base social, puede arraigar un movimiento terrorista organizado del que las células desarticuladas desde el 11-M son solamente las primeras avanzadillas.

Ahora bien, esta amenaza terrorista existe… pero no con la gravedad ni con la repercusión internacional que le atribuyen los EEUU y en su momento, José María Aznar. En absoluto.

Es absolutamente falsa la distinción entre “Estados Canallas” (aquellos Estados cuya clase dirigente alimenta núcleos terroristas e intenciones agresivas: dentro de la mitología americana, Saddam Hussein y sus cacareadas “armas de destrucción masiva” jamás vistas) y “Estados Fallidos” (aquellos cuya debilidad y fracaso a la hora de cristalizar han favorecido el que cayeran en manos del terrorismo internacional: el Afganistán talibán… colocado ahí por los propios americanos en 1995). Y es todavía más falsa la existencia de un “eje del mal” que, en la práctica estaría solo formado por micropotencias de cuarto o quinto orden, ninguna de las cuales, por los demás, manifiesta en estos momentos, intenciones agresivas ni contra EEUU, ni contra la UE.

La amenaza terrorista existe, pero puede ser controlada a través de tres vías:

- Un reforzamiento de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, a partir del reconocimiento del hecho real –aunque políticamente incorrecto- de que en estos momentos el 80% de la delincuencia (y especialmente los episodios más graves) están protagonizados por súbditos de países extranjeros.

- Un reforzamiento del arsenal legislativo y un endurecimiento de la ley de extranjería así como un endurecimiento y fluidez del procedimiento de repatriación y expulsión, así como cualquier otra medida orientada a contener el “efecto llamada”.

- Una selección del tipo de inmigración que conviene a la sociedad y a la economía nacional: en tanto que “enemigo del Sur”, se trata de cerrar el paso a toda inmigración procedente de Marruecos, y evitar, así mismo, el aumento de los contingentes islamistas en el territorio nacional.

Pues bien, mientras persista la actual situación política, con un presidente de gobierno que en su ingenuidad criminal e ignaro en conocimientos políticos, geopolíticos, antropológicos y antiterroristas hasta el punto de afirmar, ante el cuadro que hemos descrito (y cuya realidad objetiva parece difícilmente cuestionable), que el terrorismo se combate con el “diálogo de civilizaciones”, mientras persista esta situación, decimos, ninguno de los tres puntos va a mejorar, sino que, previsiblemente, todos ellos van a sufrir situación de crisis: la delincuencia y la degradación social y ciudadana llegarán a extremos como en Francia en donde existen 1200 zonas de “non droit” controladas por bandas de energúmenes de origen magrebí y donde en algunas prisiones el 82% proceden del Magreb, particularmente de Argelia, el gobierno lejos de reconocer el hecho, intentará reforzar las garantías de los inmigrantes para detener y neutralizar las medidas de expulsión, la reforma de la ley de extranjería, redoblará el “efecto llamada” a lo largo del 2005, y, para colmo, seguirán aumentando los contingentes procedentes de las zonas musulmanas de la antigua Yugoslavia (especialmente de Kosovo, protagonistas de buena parte de los más sonados episodios de delincuencia), del Magreb y Pakistán, zonas en donde el integrismo islámico se difunde con mayor velocidad…

Es absurdo ignorar que todos estos elementos van a plantear problemas muy serios, incluido el recrudecimiento del terrorismo, justo en los momentos en los que ETA es un despojo y la delincuencia podría estar reducida a la mínima expresión aceptable en una sociedad civilizada.
ALGUNAS CONCLUSIONES PROVISIONALES

El enemigo está en el Sur si bien una quinta columna está llegando a nuestro país y colonizando, particularmente, aquellas zonas que Marruecos reivindica: Canarias, Ceuta y Melilla. Es decir, también hay un enemigo interior que, progresivamente, va tomando cuerpo y que podría llegar a protagonizar, en el límite de secuencias terroristas, intentos insurreccionales en zonas en las que son mayoría.
Todo ello en un contexto internacional en el que los EEUU se han convertido en el principal factor de inestabilidad y en el que Eurasia (del que España es su prolongación extraña y su límite occidental) va a ver el ascenso de tres actores geopolíticos: la Unión Europea, la Rusia reconstituida y la China en proceso de ascenso. La estabilidad y la seguridad mundial dependen del multilateralismo y del entendimiento entre estos tres actores eurasiáticos.
De esta valoración –insistimos, una valoración difícilmente refutable- deben partir las coordenadas para una revisión del concepto y de las líneas estratégicas de la Defensa Nacional. Y en este sentido creemos que hay que ser audaces y realistas.

Realismo implica reconocer:

- Que la apresurada transformación de las FFAA de reemplazo por las profesionales se ha saldado con un clamoroso fracaso.

- Que no existe dotación presupuestaria para una defensa nacional de envergadura y que no hay voluntad política de asumirla.

- Que la sociedad española no ha valorado suficientemente el nivel de riesgos que va a afrontar en el futuro.

- Que los conceptos clásicos no responden a las necesidades impuestas por la realidad de los hechos y que las amenazas de siempre procedentes del sur han adquirido hoy una nueva dimensión.

- Que los despliegues actuales de las FFAA, especialmente del Ejército de Tierra no responden a las necesidades nuevas.

Y todo lo dicho hasta ahora debe concretarse en unas líneas maestras a definir por los estrategas de la Defensa, pero en las que, sin duda, deberán estar presentes los siguientes elementos:

- Si resulta difícil volver al ejército de reemplazo y no hay presupuesto suficiente para ampliar el ejército profesional, habrá que tender hacia nuevos modelos de reclutamiento y defensa. En nuestra opinión, existen salidas para esta situación:

- Tender hacia un ejército con rasgos similares en su entrenamiento al suizo basado en entrenamientos cortos pero intensos y continuados.

- Tender a la dispersión de unidades y a la formación de “núcleos de defensa territorial” al modo del ejército yugoslavo durante el período titoista.

- Tender solamente a la formación de unidades de despliegue e intervención rápida y a la creación inmediata de unidades formadas por reservistas en cuanto surgieran los primeros síntomas de crisis.

- Tender en el Ejército de Tierra a centrar el entrenamiento y los planes estratégicos en el desarrollo de la forma tradicional de combate que se ha dado en nuestro territorio: la guerra de guerrillas contra el enemigo interior (aquel que ya se encuentra en nuestro controlando porciones de nuestro suelo) y que apareció contra Roma, contra la primera invasión islámica y contra la invasión napoleónica, especialmente, pero que también se manifestó en las guerras carlistas del siglo XIX.

- Tender en el Ejército del Aire a priorizar tres ejes: los cazabombarderos tácticos especializados en el ataque a objetivos en tierra, VTOL (de despegue y aterrizaje vertical), los cazas de altura especializados en la defensa contra ataques aéreos y la aviación de transporte STOL (despegue y aterrizaje cortos), de aterrizaje y despegue en espacios reducidos y no habilitados como campos de aviación.

- Tender a una Marina cuyo eje táctico sean pequeñas unidades de combate, extremadamente móviles y con alta potencia de fuego, acumulables en zonas de conflicto, de construcción barata, poca tripulación y dotadas de sistemas tecnológicos de vanguardia y cuyo eje estratégico lo constituya una ampliación de la flotilla de fragatas y un segundo portaeronaves, cada uno de los cuales se desplegara en ambas alas del “eje estratégico”.

- Tender a la formación de un cuerpo de oficiales de élite en los que se priorice la capacidad de mando, el liderazgo sobre la tropa, la capacidad de organización y de respuesta autóma ante situaciones excepcionales, antes que la obediencia mecánica a la cadena de mando, la burocratización o la sedentarización, con unos salarios equiparables a cargos de responsabilidad equivalentes en la vida civil.

- Tender a una proyección de los valores de las FFAA sobre la sociedad (espíritu de sacrificio y de entrega, patriotismo, disciplina, lealtad, fidelidad a la palabra dada, espíritu de iniciativa, voluntarismo en defensa de la comunidad, sentimiento de honor, formación del carácter, austeridad, dureza, espíritu de aventura, visión estratégica y capacidad de reacción táctica, etc) salvando la brecha que se ha abierto entre estos conceptos y una sociedad permisiva, egoísta y desmovilizada en cualquier otro plano que no sea en el del propio beneficio.

- Desplazar buena parte del esfuerzo de las FFAA hacia la sociedad. En este sentido parece lógico que determinadas profesiones (funcionarios de los cuerpos de seguridad del Estado, vigilantes y guardias jurados, bomberos, etc.) deban estar solamente abiertas a aquellos ciudadanos españoles que han servido en las FFAA. O de lo contrario el límite de 12 años para los “soldados profesionales”, supone un handicap que siembra dudas respecto a su futuro en la vida civil. De otra parte, es preciso que en estos momentos en los que se viven momentos de interés por los deportes de aventura, los tres ejércitos deberían de promover la creación de “clubs” y “asociaciones” en los que se impartieran cursos de supervivencia, escalada, paracaidismo, vuelo deportivo, submarinismo, navegación, artes marciales, sociedades de tiro deportivo, etc, en donde jóvenes civiles con espíritu aventurero y deseoso de vivir experiencias y situaciones de riesgo y tensión, pudieran ser formados por especialistas de las FFAA y constituir, en la práctica, círculos ligados al concepto de defensa territorial a la yugoslava que hemos propuesto anteriormente. Se trata de aprovechar los caracteres más activos y dinámicos para la defensa nacional, indirectamente, aun cuando por motivos personales no se sientan inclinados a integrarse en el “ejército profesional”, pero puedan recibir una formación del carácter y una preparación técnica que haga de ellos, elementos activos en caso de emergencia del “peligro interior”. En este mismo sentido, nos parece fundamental que los medios de comunicación del Estado, en especial la TV, dediquen espacios y series dedicados a las FFAA y de la misma forma que en la actualidad hay series que dramatizan la vida en hospitales o comisarías de policía, también deberían de existir series que mostraran los aspectos de la vida militar, en especial, la tarea humanitaria de despliegue en zonas de conflictos que nuestras FFAA han realizado en los últimos años. En general, todo este tipo de iniciativas debería ser considerado como un aspecto de las “operaciones psicológicas”.

- Dentro de esta perspectiva es preciso también estimular la vinculación entre la Universidad y las FFAA a través de programas de cooperación e investigación. Un ejército del futuro será un ejército tecnificado y, aun cuando el valor, la disciplina, la audacia y el sentido táctico, seguirán siendo esenciales en el desarrollo de los combates, cada soldado deberá disponer de una formación completa en el manejo de distintos recursos tecnológicos. Existen armamentos cuyo desarrollo no es posible sin la cooperación intereuropeo, pero también existen sectores de la defensa cuyas necesidades pueden ser cubiertos por la industria local y que pueden beneficiarse de programas de investigación desarrollados de común acuerdo con las Universidades. Es preciso recordar que las necesidades de las FFAA siempre han supuesto un estímulo para la industria nacional y que, incluso durante el período franquista en donde hasta última hora existió siempre un cierto aislamiento internacional, España logró vender aviones, armamento ligero y equipamientos en muchos países. Así mismo, hay que recordar que las necesidades de la defensa naval deberían ser satisfechas por los propios astilleros españoles que figuran entre los mejores del mundo.

A demás de estas medidas, deberá tenerse en cuenta los siguientes postulados:

- La línea de incorporar masivamente extranjeros a la búsqueda de regularización, más allá de las unidades tradicional como la Legión, debe ser abandonado y considerada como una aventura insustancial, humillante y que deja el 7% de la defensa nacional en manos de soldados de fidelidad a la bandera, como mínimo, dudosa.

- En el territorio peninsular el enemigo a abatir va a ser interior y los planes deberían trazarse en función de los riesgos de insurrección que pudieran aparecer entre comunidades alógenas espoleadas por odio y resentimiento o bien por agentes exteriores: para eso es preciso una reorganización territorial del Ejército de Tierra allí en donde este riesgo va a estar más presente. Y para ello habrá que realizar un seguimiento constante de la evolución de los acontecimientos, sin establecer patrones estáticos de dispersión de unidades, sino al paso con la evolución de los acontecimientos.

- La posibilidad de que existan procesos secesionistas en algunas comunidades debería ser completamente desechado en el marco de la Unión Europea. La complejidad de las sociedades modernas, especialmente en Europa, y la misma dinámica y necesidades de gestionar un espacio geopolítico tan amplio como la UE, restan cualquier credibilidad y valor a futuros procesos secesionistas que no tendrían eco ni lugar en el marco de la UE.

- La eje estratégico Canarias – Gibraltar – Baleares debe ser mantenido, reformulado y consolidado como exigencia estratégica. Pero es preciso varias su orientación sensiblemente. Hoy, la función de ese eje, ya no es velar por la integridad de la ruta del petróleo, o simplemente controlar los accesos oriental y occidental al Estrecho, sino:

- cortar la oleada inmigratoria procedente del sur, para lo que hay que potenciar inevitablemente los cuatro sistemas que la Defensa Nacional tiene establecidos en la zona: el Sistema Integral de Vigilancia Electrónica (gestionado por la Guardia Civil contra los tránsitos clandestinos en el Estrecho), el Sistema Santiago de Captación de Señales Electromagnéticas del Estado Mayor de la Defensa que aporta información estratégica, el Centro Zonal de Coordinación y Salvamento de Tarifa, que identifica a los buques que atraviesan el Estrecho y, finalmente, el Centro de Operaciones del Mando de Artillería de Costa del Ejército de Tierra que realiza el control militar de superficie y, por tanto, que contribuye al aumento de la vigilancia en la zona. De lo que se trata, precisamente, es de ampliar estos sistemas a las zonas de Canarias y Baleares de tal forma que el eje estratégico sea, finalmente, una línea defensiva contra penetraciones de baja cota.

- prever un eventual recrudecimiento de las reivindicaciones de Marruecos sobre Ceuta, Melilla y las Islas Adyacentes, con la posibilidad de establecer un corredor aeronaval que asegure el refuerzo inmediato y el despliegue de unidades de élite que refuercen instantáneamente la integridad territorial y defensa de Ceuta, Melilla y las Islas Adyacentes.

- Vincular la defensa nacional a la defensa de la Unión Europea y, al mismo tiempo, tender a una desvinculación de la OTAN. De hecho, en la actualidad, tras los sucesos del 11-S, es bueno que los estrategas de la Defensa atribuyan a la OTAN la catalogación de “organismo muerto” o, como máximo, “agonizante”. Contrariamente a lo que creían los EEUU, principales valedores de la incorporación de los países del Este a la Alianza, lejos de contribuir al refuerzo de la misma, lo que han acelerado es su integración en la UE y, con ellos, su alejamiento progresivo de la esfera de influencia de los EEUU. Cada vez más voces se alzan para reclamar la reactualización de la Comunidad Europea de Defensa, corregida y amplia, o bien de la constitución de un organismo europeo de Defensa a partir de la desvinculación del mando americano y del europeo. No hay que perder de vista que, económicamente, Europa y EEUU son hoy rivales económicos, quien dice rivalidad hoy, dice enemistad mañana, esto en el peor de los casos; en el mejor, la reorientación de la política norteamericana –eje central del Plan Rumsfeld- hacia el Pacífico y la envergadura creciente de la UE, va a hacer que sucesivas administraciones norteamericanas pierdan todo interés en participar en la defensa y seguridad de Europa (por lo demás ¿ante quién y contra qué?), esto va a generar, automáticamente, el que Europa deba estar en condiciones de asegurar su propia defensa y esto solo puede hacerse, en este momento, a partir del “núcleo duro” de la Unión, Francia y Alemania y es, en función de estos países, que habrá que tejer los vínculos de cooperación.

- Queda el contencioso de Gibraltar. Y queda por realizar la valoración de Inglaterra dentro de la actual distribución de papeles en la escena internacional. Inglaterra se debate en estos momentos entre la fidelidad a su tradición atlántica y al eje anglosajón y su situación de nación europea, miembro de la UE. Dentro de la UE, es, indudablemente, uno de los tres motores que aportan más fondos para la construcción europea, sin embargo, la fidelidad histórica respecto a EEUU, hace que tenga un pie en cada lado del Atlántico. Eso no era un problema mientras Europa fue solo un “mercado común”. A partir de Maastrich cuando se decide avanzar en la construcción política de Europa, Inglaterra empieza a estar rota entre dos fidelidades y ostenta una situación única en el continente. En el momento de escribir estas líneas resulta difícil prever cuál va a ser la orientación política inglesa en los próximos años y el coste que va a pagar Blair por su alineación con EEUU en la cuestión iraquí. Pero, todo induce a pensar, que éste país no podrá mantener por mucho tiempo su ambigüedad y que, antes o después, deberá decantarse por el dólar o por el euro, antes o después deberá reconocer que en cincuenta años su imperio ha quedado desmigajado y que la retirada de tropas situadas más allá del Este de Suez (1969) o el alquiler de bases militares a EEUU (Diego García en el Indico), o el mantenimiento de la colonia de Gibraltar, no van a hacer que vuelvan pasadas glorias a la corona. Y en este sentido, debe quedar clara la voluntad de cualquier gobierno digno de llamarse español, de reivindicar con la mayor energía posible, la retrocesión de la colonia, aun respetando un fuero particular para los “llanitos”. Pero está claro que España no puede renunciar al control sobre la plaza de Gibraltar, ni a perpetuar una situación de colonialismo dentro de la Unión Europea. La cuestión se complica extraordinariamente si nos atenemos a lo dicho sobre el hecho estratégico más importante en los últimos años, el cambio progresivo de status de EEUU en relación a Europa, que ha pasado de “país amigo”, a “país competidor” y de factor de estabilidad dentro de un mundo bipolar a principal factor de desestabilización mundial. Inglaterra se encuentra en una posición demasiado ambigua como para no favorecer la posición de la administración norteamericana y, por tanto, es urgente la recuperación de Gibraltar en la perspectiva futura de declarar el Mar Mediterráneo como un “mare clausum” cerrado a la navegación de marinas potencialmente hostiles y desestabilizadoras.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Comentarios  Ir a formulario