AMERICA, AMERICA ¿QUIÉN ESTA DETRÁS DE BUSH?

Publicado: Lunes, 11 de Octubre de 2004 23:46 por en INTERNACIONAL
6.gifRedacción.- Se acercan las elecciones norteamericanas. Puede suceder cualquier cosa, de lo que no tenemos la menor duda es de que el período comprendido entre primeros de septiembre y finales de noviembre de 2004, va a ser una época densa en acontecimientos políticos en EEUU. Iniciamos una serie de artículos sobre los sectores que han apoyado al gobierno Bush. Estos son...

Cuando suceden acontecimientos como los atentados del 11-S, o cuando se organizan movilizaciones como las que desembocaron en la invasión de Irak y de Afganistán, todos estos episodios no son motivados por la ambición y la falta de escrúpulos de un solo personaje. Máxime cuando estamos hablando de George W. Bush, un botarate irrelevante, sin experiencia política, capitán fracaso en los negocios puestos generosamente en bandeja por papá y un individuo sin ideas. No, no es en Bush en donde hay que encontrar la explicación a los terribles acontecimientos que se han ido sucediendo en los últimos tres años, sino en la colusión de distintos tipos de intereses que han coincidido y mancomunado sus esfuerzos. Para estos intereses es poco importante quien esté en la Presidencia de los EEUU, lo que importa es que siempre, desde hace casi doscientos años, los funcionarios elegidos por el pueblo, han servido con fidelidad perruna los intereses de las dinastías económicas norteamericanas. Sólo que en los últimos años, han aparecido nuevos actores en escena.

Básicamente, el presidente Bush ha encarnado cinco tipos diferentes de intereses, en buena medida complementarios:

Los intereses del complejo militar-industrial

Los intereses de las petroleras

Los intereses del lobby judío norteamericano

Los intereses del integrismo cristiano norteamericano

Los intereses de los think tanks conservadores

Únanse todos estos intereses y se entenderán las distintas decisiones de la administración norteamericana, desde la proliferación de los vuelos de espionaje sobre China en la primavera de 2001, hasta la promesa de retirada de 75.000 soldados norteamericanos de Europa y Japón, realizada hoy 15 de agosto.

EL COMPLEJO MILITAR INDUSTRIAL

Cuando el crecimiento económico se estanca o su ralentización se vuelve insoportable, siempre una guerra tiende a favorecer las inversiones y a promover el desarrollo de determinados sectores de la industria. Desde los años 50, en los que el presidente Eisenhower, en su acto de entrega del poder a J.F.K., habló del poder del complejo militar-industrial, la sombra de este grupo de presión formado por la industria armamentística y un sector del Pentágono, se ha proyectado sobre las principales intervenciones norteamericanas en el exterior. Vietnam fue, desde luego, el episodio más brutal. Gracias a los 10 años que duró la intervención norteamericana empresas que hasta ese momento se encontraban al borde de la quiebra –la Augusta Bell, entre otras- consiguieron convertirse en acciones en alza, gracias a los casi 2000 helicópteros inutilizados por los vietcongs en las selvas indochinas. Si bien, J.F.K., manifestó ciertas reticencias ante el poder omnívoro del complejo militar-industrial, su sucesor, Lyndon B. Jhonson, entregó prácticamente el control de la administración a sus amigos tejanos, íntimamente implicados con este grupo. Se supo lo que ocurrió después.

Hoy, el complejo militar-industrial ha prolongado su poder a través de la investigación sobre nuevas tecnologías, aplicadas al campo armamentístico. Su área de influencia llega desde la NASA, a compañías de catering que sirven vituallas a las tropas norteamericanas destacadas en el exterior. La complejidad de los programas de investigación hace que los presupuestos que se destinan, procedentes del contribuyente norteamericano, sean un botín ciertamente preciado. Pero, para que la industria militar-industrial funcione es preciso, de tanto en tanto, reponer armamentos, reabastecer arsenales, esto es, organizar, de tanto en tanto, guerras conquista y agresión que, EEUU no ha detenido en absoluto desde los primeros momentos de su historia. Afganistán e Irak son las últimas muestras, pero la agresión contra México y contra España en el siglo XIX figuran como las primeras.

LAS PETROLERAS

A partir de 1973, con el embargo petrolero impuesto por el mundo árabe tras el desastre que supuso la guerra del Yomkipur, el petróleo se ha configurado como el primer elemento estratégico internacional. A partir del 11-S, esta tendencia se ha afirmado inequívocamente. Las invasiones de Afganistán e Irak, son ambas del mismo cariz: son guerras del petróleo.

El petróleo es un bien finito. En 25 ó 30 años, como máximo, no quedará una sola gota de petróleo en todo el planeta. En la actualidad, no solo es el primer combustible mundial, sino que es la sangre que mueve la industria. Las investigaciones para encontrar fuentes sustitutivas, o bien van retrasadas y son todavía problemáticas (energía de fusión), o bien no pueden abastecer toda la industria (energías eólica, fotovoltaica, etc.). Para colmo, el ascenso de nuevos actores internacionales (China, India, América Latina), hace que el consumo de petróleo aumente desmesuradamente. Los primeros beneficiarios de este aumento son las petroleras… no los países productores de petróleo, sino los operadores que colocan en el mercado de los hidrocarburos, esta riqueza.

Y estos operadores están presentes en la administración americana hasta extremos absolutamente asfixiantes. Es posible que todos los presidentes norteamericanos desde Theddy Roosevelt, no hayan consultado todas sus decisiones con las petroleras… pero es igualmente cierto que ninguno ha gobernado contra las petroleras. Y Bush, hijo y nieto de petroleros y petrolero a su vez, no podía ser menos.

Para las petroleras, los objetivos son dos: de un lado asegurar el suministro de petróleo a los EEUU, colocando los “marines” cerca de los principales yacimientos petrolíferos. De otro, asegurarse el mayor índice de beneficios. Por lo demás, también se trata de prolongar al máximo las reservas petrolíferas. ¿Cómo lograr todo esto? De un lado, provocando guerras que sirvan para encarecer artificialmente el precio del petróleo (lo que está ocurriendo hoy), así se logra que no todos puedan pagar la factura petrolera, solamente las naciones industrializadas; así se logra evitar que el consumo se dispare y que las reservas que, en teoría no durarán más de 20-25 años, puedan prolongarse algo más, limitando su consumo.

Por eso los EEUU se han embarcado en la loca aventura iraquí. El asedio a las tropas norteamericanas no es un factor inesperado; por el contrario: era perfectamente previsible, como lo era desde el principio, la imposibilidad de controlar la totalidad del territorio afgano para permitir el paso al petróleo del Caspio y como era previsible que la resistencia chiita y basista, paralizara la producción irakí. Sólo así podía forzarse un alza artificial en el precio del crudo, que limitará su extracción, prolongará las reservas y generará cuantiosos beneficios para los operadores.

EL LOBBY JUDIO DE WASHINGTON

Este lobby ha existido siempre. Existió durante la Segunda Guerra Mundial y no ha disminuido su peso y su influencia en las siguientes administraciones, antes bien, la ha aumentado. El lobby judío actual tiene una serie de características sorprendentes: mientras que la opinión del judaísmo norteamericano es netamente progresista, los judíos incrustados en la administración, se caracterizan por defender un pensamiento conservador rayano en la locura. Son conservadores, especialmente en lo que respecta a la política norteamericana respecto al Estado de Israel.

La diferencia con anteriores administraciones ha consistido en que, nunca como en la Administración Bush, los intereses, no del judaísmo norteamericano, sino del Estado de Israel, han estado tan presentes y de una forma tan directa.

La vida del Estado de Israel depende de la división del mundo árabe y de la prolongación de su situación de extrema fragmentación y debilidad. Saddam Hussein era un riesgo para la seguridad de israel mucho más que para la seguridad de EEUU. Entre otras cosas, por que apenas 1500 km separaban Bagdad de Tel-Aviv, mientras que Washington está a más de 25.000 km. Saddam era un riesgo para la seguridad de Israel. Si solamente hubiera sido el petróleo lo que codiciana la administración Bush, es seguro que hubieran podido “entenderse” con Saddam, como se han ido entendiendo con cualquier otro sátrapa en todo el mundo. Pero había algo más: Israel y su seguridad.

De ahí que, desde el momento en que los Boeing se estrellaron contra las Torres Gemelas, el lobby judío tronó contra la destrucción de Saddam y los medios de comunicación amamantados por este lobby, fueron unánimes en decretar la culpabilidad de Saddam y dar crédito a la falaz ecuación “Al Qaeda = Saddam”.

Por lo demás, fue Bush quien animó a Sharon a realizar la innoble provocación en la explanada de las Mezquitas en 2001 que marcó el inicio de la Segunda Intimada e hizo saltar por los aires los acuerdos de Camp David. Y ha sido en este tiempo que Bush a envalentonado a Sharon y le ha permitido realizar las más crueles atrocidades contra el pueblo Palestino. No en vano, el lobby judío de Washington gobierna con Bush… es la propia administración norteamericana.

EL INTEGRISMO CRISTIANO NORTEAMERICANO

Hasta aquí, los actores eran suficientemente conocidos: judíos, petroleros, halcones… Pero a partir de principios de los años 80 fue cobrando forma en el interior del pueblo americano una fórmula religiosa que, desde Europa, no es sino un seudo-espiritualismo, ingenuo, infantil y supersticioso. Inicialmente fueron los telepredicadores, de entre los cuales emanaron figuras como Bill Graham que ha gozado siempre de la confianza de los presidentes norteamericanos a partir de Carter. Pero tras Graham han llegado otros muchos y, sobre todo, lo que ha aparecido es un movimiento escatológico y milenarista: los “cristianos renacidos”.

Este grupo ha alcanzado un peso social determinante entre el electorado norteamericano. Opinan que Dios influye decisivamente en sus vidas, cada día y están dispuestos a pararse a hablar con “dios” y escuchar sus consejos. Se trata, por supuesto, de una situación de neurosis, en la que no encontramos nada ni de religioso, ni de espiritualidad, sino simplemente un reflejo de las mismas líneas que han dado vida al movimiento de la “new age”.

Pero hay en ellos algo mucho más preocupante. Su componente escatológica que tiene el libro del Apocalipsis de Pablo como un texto de referencia y de carácter “histórico”. En efecto, lo que se dice en el Apocalipsis, es lo que ocurrirá mañana. Allí, para este sector, están escritos los rasgos del futuro, hasta en el más mínimo detalle. ¿Qué nos dicen el Libro? Nos dice que nos aproximamos a la Segunda Venida de Cristo, nos dice que el Estado de Israel sufrirá una Gran Tribulación, que la prostituta de Babilonia atacará y nos dice que, finalmente, las fuerzas del Bien triunfarán sobre el mal y se creará una era mesiánica de paz y armonía celestial.

En esa óptica es evidente que sus mentores no permitirán que “cese la tribulación de Israel”, mediante una paz con los palestinos, es evidente que Irak, donde se sitúa el Edén bíblico, entre el Tigres y el Éufrates, llamado a ser el centro del nuevo paraíso mesiánico, donde habitaba el “Gran Tirano” (Saddam, identificado con la “Gran Prostituta”…), a donde fue llevado en cautividad el pueblo judío, y donde se desarrolló buena parte de los episodios narrados por el Génesis… la ocupación de un país como Irak tenía un sentido extraordinario para la corriente de los “cristianos renacidos”… de los que el propio George W. Bush forma parte.

LOS THINK-TANKS CONSERVADORES

Los “laboratorios de ideas” conservadores son extremadamente peligrosos porque dan forma a todo lo anterior. Gracias a ellos, las intuicios, oscuramente presentidas por “cristianos renacidos”, judíos ultraconservadores, halcones y petroleros, son formulados en forma de doctrinas racionales y asimilables por la “intelligentsia”.

Estos think-tanks han existido siempre y proliferan en los últimos años de forma vertiginosa. Es de su seno del que se han desprendido los Fukuyama, los Huntington, y demás glorias del pensamiento neoconservadores que ya tuvieron su primera primavera en el período Reagan.

Pero no olvidemos que estos grupos están interrelacionados con el lobby judío, con las petroleras, con los halcones y con los ultraconservadores militantes. ¿Y nada más…? Esto es lo sorprendente que, a partir de estos think-tanks, también se tienden puentes hacia el sector neo-liberal de la administración. En efecto, mientras los neoliberales tienen el control de determinados centros del poder mundial (el CFR, Centro de Relaciones Exteriores, la Comisión Trilateral y otros muchos grupos menores y especializados), los cerebros conservadores trabajan mancomunados con los ideólogos del nuevo liberalismo norteamericano del que han asumido, fundamentalmente, sus tesis geopolíticas. Aquí es donde es preciso leer necesariamente a Brzezinsky y su libro “El Tablero Mundial”, para percibir hasta qué punto estamos hablando de los mismos intereses.

No nos engañemos: también los liberales norteamericanos están ganados por el ideal de la expansión americana inscrito en los billetes de a dólar: “La nación elegida por Dios”. Por que la “intelligentsia” norteamericana se tiene por el “pueblo elegido” de la modernidad, como los judíos lo fueron de la antigüedad. Mientras que los documentos emanados por los ultraconservadores destilan agresividad, irracionalidad, misticismo apolíptico y visceralidad, los documentos emanados por el lobby neoliberal, dicen y proponen exactamente lo mismo, solo que a través de un planteamiento metálico, racional, lógico y, si se nos apura, inhumano.

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Esos cinco elementos están presentes en distinta medida en la actual administración americana. Entre ellos existen, por supuesto, interrelaciones; no siempre pueden establecerse líneas nítidas y fronteras definidas, pero lo que es preciso entender es que en lo esencial existe consenso entre estas componentes y, gracias a ese consenso, se ha logrado una extraña unanimidad en las aventuras coloniales de Bush. No nos engañemos, con Kerry las cosas no variarían en lo sustancial, no solamente por que los presidentes pasan, pero los lobbys permanecen, sino por que Bush y Kerry comparten su militancia en “Skull and Bonnes”, la sociedad secreta a la que pertenecieron sus padres y en el caso de Bush, su propio abuelo, Prescot…

© Ernesto Milá – infoKrisis – infokrisis@yahoo.es

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